El musgo blanco

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© Albert Masó & Elizabeth Gallo
¿Una fotografía aérea hecha desde una avioneta que sobrevuela un bosque? A simple vista podría parecerlo, pero, si nos fijamos atentamente, veremos que no estamos observando el dosel de una selva, sino que se trata de una presa muy cercana al terreno. Y las supuestas copas de los árboles, en realidad son bolitas de musgo blanco

 

La decoración de los pesebres navideños suele hacerse con musgo, que normalmente pertenecen a especies abundantes. Sin embargo, en los países nórdicos también se utilizan líquenes de renos, que resultan muy decorativos. Al introducirse esta práctica en nuestro territorio, se recoge una especie poco frecuente (Cladonia mediterranea), y esta práctica hace peligrar su supervivencia.

La tradición navideña implica varias costumbres que suelen ser entrañables y que nos llevan a desearnos paz, armonía y felicidad. Sin embargo, algunas prácticas no están exentas de un cierto grado de agresión al medio natural. Pensemos, por ejemplo, en el gran número de abetos —y de muchos otros árboles— que concluyen sus días en Navidad, aunque la mayoría proceden del cultivo y se hacen campañas de sensibilización y recogida.

Estas iniciativas, de una efectividad que algunos ponen en duda, como mínimo demuestran una preocupación por el problema… Ahora bien, ¿quién se acuerda del musgo de los belenes? Al fin y al cabo, «es una planta inferior», diga quizá mucha gente.

    «La tradición navideña implica varias costumbres que aunque suelen ser entrañables no están exentas de un cierto grado de agresión al medio natural»
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© Albert Masó & Elizabeth Gallo
Ambiente típico donde crece el musgo blanco: terreno arenoso-pedregoso pobre en nutrientes, situado en un claro de la vegetación arbustiva de alrededor. En condiciones óptimas puede formar una alfombra más o menos continua de considerable extensión.
  «Lo más respetuoso con la naturaleza es promocionar ornamentos plásticos»

 

EL LIQUEN DISFRAZADO DE MUSGO

Aunque no lo parezca, el musgo blanco no es musgo, sino un liquen de la familia de las cladoniaceae (orden de los lecanorales). El género es uno de los más diversificados (cerca de 400 especies) y puede tener un talo primario (cuerpo vegetativo) poco visible, del cual sale un podecio (portador del aparato esporífero), ramificado y vertical, muy aparente. Nuestro protagonista pertenece al subgénero Cladina —como el resto de los «líquenes de renos»— que se caracteriza por un talo primario muy reducido, y por un apotecio prolífico y muy ramificado. Es el que más se ve y presenta poca fijación al substrato, hasta el punto de que una ráfaga de viento puede desprender algún trozo, el cual, en forma de propágulo, dispersa la especie

La profusa ramificación (mayoritariamente dicótoma) les proporciona un típico contorno redondeado, en forma de globo. Es de color marfil, con tonalidades amarillo-verdoso. Vistas de cerca, recuerda a la copa de un árbol. Los líquenes de reno se llaman así porque sirven de alimento para estos cérvidos durante el duro invierno de las tundras árticas, sobre el suelo gélido al que se han adaptado. Son pues muy resistentes a las inclemencias del tiempo y algunas especies viven en las tierras arenosas de la taiga, mientras que otras llegan a los Pirineos.

Sin embargo, nuestro musgo blanco crece sobre todo en los claros de los bosques mediterráneos y en comunidades arbustivas poco densas y no poco alteradas —especialmente con brezos— de áreas húmedas y cálidas, más bien cerca del litoral. No soporta los inviernos fríos y vive preferentemente sobre terrenos pobres en nutrientes, como los suelos poco profundos de tipo arenoso y pedregoso (tanto en el subsuelo ácido como calcáreo). Vive alrededor del Mediterráneo, especialmente en Cataluña, Ibiza y Formentera, Valencia, Andalucía oriental, Portugal y Galicia, y las costas del sur de Francia.

   
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© Albert Masó & Elizabeth Gallo
En esta foto se aprecia la zona basal, ya en descomposición, y la parte externa, en pleno crecimiento. La estructura globosa del liquen propicia la formación de propágulos que una racha de viento puede separar del suelo y transportarla a larga distancia —como las conocidas plantas que ruedan por el oeste americano— dispersando así la especie
   

 

EL PROBLEMA

Son muchos los países que mantienen la tradición de adornar los pesebres navideños con musgo, pero suele hacerse con especies abundantes, de forma que si no se hace un abuso de recolecciones masivas, no comporta casi riesgo. En el norte de Europa, sin embargo, también se decora con líquenes «decorativos», y en los países escandinavos se utilizan lo de renos. Una vez recogidos, suelen teñirse de verde (supuestamente para hacerlos más atractivos) y se les aplica un tratamiento que los hace flexibles y evita que se rompan. Preparado de esta manera, el liquen se exporta en cantidades nada despreciables, sobretodo desde Finlandia

Para ahorrarse la importación, algunos comerciantes de aquí recogen la especie ibérica (los líquenes de los renos del Ártico no crecen aquí), que se comercializan especialmente en Cataluña. En diciembre es habitual ver cajas de musgo blanco de venta en los mercadillos navideños. El problema es que este liquen no abunda en la península Ibérica, no se puede comprar con las inmensas extensiones que ocupan sus semejantes de la tundra ártica. Es por ello que corre el riesgo de extinguirse en diversas zonas. Además, también tiene que sobrevivir a los incendios. Por ejemplo, la población que se había localizado en el cabo de Creus (Girona) ha desaparecido con los incendios de los últimos años.

   
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© Albert Masó & Elizabeth Gallo
Con una fuerte aproximación (fotografía macro), se aprecia perfectamente la naturaleza de nuestro protagonista: el musgo blanco, que en es una liquen. También se puede distinguir la profusa ramificación dicótoma que presenta.
   

 

EL FUTURO

A parte de recordar a los comerciantes que no se debe arrasar jamás un terreno cuando se recoge cualquier planta o seta, se debe dejar siempre una cantidad suficiente de tierra, se pueden hacer varias sugerencias, como promocionar los adornos de plástico: desde el árbol hasta el caso que nos ocupa. Es lo más respetuoso con el medio ambiente y, además, se pueden reutilizar, de manera que sale más económico. ¿Y si se quiere un elemento vivo? Entonces lo más recomendable es el musgo, que es muy abundante.

Finalmente, si queremos que el futuro del musgo blanco no sea negro, la mejor opción sería prohibir su recolección y su venta, así como declararla especie protegida, a menos que la sensibilidad ecológica de nuestras instituciones sólo alcance a los animales y las plantas «superiores». Lo más adecuado sería establecer la misma regulación que ya tiene el acebo: sólo se ponen a la venta las remesas procedentes del extranjero.

Xavier Llimona. Catedrático de botánica de la Universitat de Barcelona y especialista en líquenes.
Albert Masó.
Biólogo y fotógrafo de naturaleza (Barcelona).
© Mètode Otoño 2007

   
¿Qué es un liquen?
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Cladonia pixidata, liquen del mismo género que nuestro protagnonista, que destaca por los apotecios en forma de trompeta. También lo podemos encontrar en nuestras tierras.

Los líquenes tiene su origen en los hongos. La mayoría de estos últimos necesitan un largo período de humedad y suficiente materia orgánica para vivir. Sin embargo, una parte nada despreciable de los hongos (alrededor de un 20% de las especies actuales) «decidió» deshacerse de estos condicionantes en «liquenizarse» en una momento de su historia evolutiva hace millones de años. El «invento» consistió en «asociarse con las algas», solucionando así el problema nutricional (por la fotosíntesis de éstas) y les permitía crecer en lugares en los que los hongos por ellos mismos—de la misma manera que la mayoría de los vegetales— nunca podrían colonizar por falta de agua y alimento. El éxito evolutivo fue tal que los grupos se diversificaron hasta llegar a las 17.000 especies de líquenes que actualmente se conocen.

Como el metabolismo es lento y discontinuo, el crecimiento por consiguiente es muy lento; lento, pero seguro, ya que la estrategia biológica de los líquenes permite que sobrevivan en medios inhóspitos, donde las raíces de las plantas no pueden suministrar suficientes minerales y agua. Allí pueden vivir líquenes que no requieren casi lluvia porque recogen el agua del rocío, y no necesitan extraer nutrientes del sustrato, ya que les llegan simplemente a través del polvo. así pues, el suelo sólo sirve de apoyo; nada más. Si las condiciones mejoran, no se beneficia; más bien al contrario: si aumenta el nivel pluviométrico, más bien se resienten, ya que el crecimiento de las plantas cercanas provistas de hojas reducirán la llegada de luz solar (imprescindible para la fotosíntesis) y dificultará que el rocío llegue al liquen

Xavier Llimona. Catedrático de botánica de la Universitat de Barcelona y especialista en líquenes.
Albert Masó.
Biólog y fotógrafo de naturaleza (Barcelona).
© Mètode Otoño 2007

 

«El éxito evolutivo fue tal que los grupos se diversificaron hasta las 17.000 especies de líquenes que conocemos actualmente»

© Mètode 2011
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