Pareidólicos en Venus

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106a-73Cortesía de Max Mitrofanov
Recreación artística de la superficie de Venus. 

Cuentan que, cuando la última sonda Venera se lanzó con destino a Venus, estaban de visita en el cosmódromo de Bakionur dos ingenieros españoles del INTA. Uno de ellos, señalando el cohete, le comentó a su compañero: «Esa nave va a Venus», a lo que el otro contestó: «Pues vamos a escondennus». Justamente «vamos a escondernos» es lo que debe pensar en estos momentos el ruso Leonid Ksanfomality, después de la que ha montado tras publicar en la revista Astronomicheskii Vestnik un artículo afirmando que existen formas de vida en Venus (Ksanfomality, 2012). En él analiza varios vídeos de la superficie de Venus tomados por la Venera 13 en 1982, concluyendo que hay estructuras que cambian de posición y forma. Esta idea ha dado rápidamente la vuelta al mundo, y ha sido tildada con todos los calificativos posibles. Pero ¿es posible que Venus esté habitado? ¿Qué sabemos de este planeta?

Para empezar, que es lo más parecido al averno que existe en el Sistema Solar. Tiene una presión atmosférica casi 100 veces mayor que la de la Tierra, y una temperatura en su superficie de 470 ºC, debido a que está totalmente recubierto por densas nubes de dióxido de carbono que producen un efecto invernadero desbocado. De hecho es tan acusado que el efecto invernadero se descubrió en Venus antes que en la Tierra. Para completar el panorama, son frecuentes las tormentas con gran aparato eléctrico durante las cuales llueve ácido sulfúrico (uno de los principales componentes de las nubes venusinas). Un infierno, vaya. Pero ¿tiene demonios?

A casi 500 ºC de temperatura no hay molécula orgánica compleja que aguante entera: se rompen en moléculas más pequeñas. El hecho de que haya tanto CO2 en la atmósfera justamente parece indicar que en Venus apenas hay carbono en forma de moléculas orgánicas. ¿Quizás haya vida basada en otra química? El candidato más probable (por abundancia y similitud en comportamiento al carbono) sería el silicio, pero las moléculas largas de silicio son más inestables que sus análogas orgánicas. Aunque una buena alternativa serían las siliconas (en la que se intercalan átomos de silicio con átomos de oxígeno); las siliconas son mucho más estables y aguantan temperaturas altas. Pero lamentablemente, a temperaturas superiores a los 250 ºC también se descomponen.

 

107-73Cortesía de NASA
Venus. Composición de imágenes de la Mariner 10. Las nubes de Venus son tan 
blancas que son necesarios filtros especiales para resaltar la estructura de sus nubes. .

 

«¿Qué ha visto el profesor Ksanfomality en las imágenes de la Venera 13? Pues temo que estamos ante un caso de libro de pareidolia o, en otras palabras, ver lo que uno espera ver»

106b-73Según Ksanfomality, la forma marcada en amarillo es la mitad inferior de una estructura discoidal; en el minuto 86 cambia de forma y textura, y desaparece en el 93, para volver a aparecer después. Curiosamente no se da cuenta de que lo mismo ocurre en toda la imagen, debido al aumento de ruido térmico según la sonda se calienta.

   

Además, para que podamos hablar de habitabilidad en un planeta, se necesita otro componente: un líquido que haga de solvente, donde las reacciones biológicas puedan tener lugar. Y a 450 ºC, la disponibilidad de líquidos es más bien poca. Un candidato podría ser el plomo, que funde a 327 ºC. Pero no hay mares de plomo en Venus. De hecho no hay mares de nada. En los noventa la sonda Magallanes hizo un detallado mapa con radar de Venus (dado que las espesas nubes no nos permiten ver la superficie) y nada similar apareció. Las superficies líquidas destacan claramente en una imagen de radar, ya que no devuelven el eco y aparecen como zonas negras.

¿Está habitado Venus? Con toda seguridad que no. Entonces ¿qué ha visto el profesor Ksanfomality en las imágenes de la Venera 13? Pues temo que estamos ante un caso de libro de pareidolia, término que significa «fallo de la percepción en el que un estímulo vago y aleatorio es percibido erróneamente como una forma reconocible». En otras palabras, ver lo que uno espera ver.

Dos de los más famosos casos de pareidolia tuvieron a Marte como protagonista. A principios del siglo xx, Lowell y Schiaparelli creyeron ver una compleja y extensa red de canales que cubría el planeta. Estos canales eran estructuras más pequeñas que la resolución angular de los telescopios usados, y era el propio cerebro de los investigadores el que, en tales condiciones límite 
de visibilidad, alineaba y conectaba estructuras inconexas. La conclusión de Lowell fue que Marte estaba habitado por una civilización de constructores de canales, pero en cuanto se usaron telescopios mejores, los canales desaparecieron. Otro famoso caso es el de la cara de Marte, una montaña en la región de Cydonia fotografiada por el orbitador de la Viking 1 en 1976, en la que la pobre resolución de la cámara, junto con algunos píxeles muertos en la imagen y el  juego de sombras, hicieron que la montaña pareciera una cara. Los iwanttobelieve hicieron de esta foto un icono de la pseudociencia, y fue necesario que la Mars Globar Surveyor tomara en 2001 una nueva imagen de alta resolución para acallar la cháchara conspiranoica y demostrar que era una simple montaña.

La pareidolia está detrás de que veamos caras en las manchas de humedad, la Virgen en un sandwich de queso, o venusinos en las imágenes de la Venera 13

   

106c-73El venusino de Ksanfomality «aparece» en el cuarto fotograma, cuando más ruidosa era la imagen, y «desaparece» en el último. Asombrosamente, no le sorprende la súbita aparición en este último fotograma de varias réplicas de los guijarros de la esquina inferior izquierda (en amarillo).

   

Y es que, en el caso de Ksanfomality (quien formó parte desde el principio del equipo de las Venera), la cosa viene de lejos, como él mismo contó en una entrevista en 1975: «Estaba en la estación receptora trabajando con datos de las Venera 9 y 10. Un objeto en las imágenes que parecía un “pájaro sentado” de unos 20 cm, atrajo mi atención. Pero los geólogos lo llamaron una “extraña roca”. Volví repetidamente a esas imágenes y en 1978, en mi primer libro de divulgación, Planetas redescubiertos, hablé de este objeto como de un posible habitante de Venus. La presión negativa de la administración y de mis colegas del Instituto de Investigación Espacial, por supuesto, me afectaron en parte, pero no me convencieron.» Es decir, Ksanfomality tiene una vieja obsesión con este tema y ahora, con una posición ya consolidada, ha decidido tirarse a la piscina.

La obsesión es un potenciador de la pareidolia y el artículo en cuestión es un canto a la ausencia de rigor. Es todo él un despropósito y no hay por dónde cogerlo. Las «misteriosas estructuras» (véanse las fotografías) aparecen justo cuando la imagen (de televisión analógica) es más ruidosa y tiene más artefactos. En realidad, el verdadero misterio venusino es que la revista Astronomicheskii Vestnik haya aceptado publicar semejante artículo. Al final, los venusinos resultaron ser gamusinos.

Bibliografía
Ksanfomaliti, L. V., 2012. «Venus as a Natural Laboratory for Search of Life in High Temperature Conditions: Events on the Planet on March 1, 1982». Russian in Astronomicheskii Vestnik, 46(1): 44-57.

Fernando Ballesteros. Observatorio Astronómico de la Universitat de València.
© Mètode 73, Primavera 2012.

   
© Mètode 2012

Investigador del Observatorio Astronómico de la Universitat de València.