Anacronismos en el belén

Llegan las fiestas navideñas y los belenes típicos de esta época del año llenan calles y casas. Los belenes navideños representan escenas situadas en Palestina o Egipto en tiempos del Imperio Romano en los que se incluyen personas, animales, edificios y plantas. Una de las plantas más representadas es la de la chumbera, porque situamos estas escenas en lugares principalmente desérticos. Sin embargo, la inclusión de esta especie es errónea.

 En el libro autobiográfico Naufragios de Álvar Núñez, Cabeza de Vaca, de 1542, el autor narraba los naufragios que había sufrido en el golfo de Méjico. En él describía agradecido cómo salvó su vida, herido, desnudo y hambriento, gracias a unos frutos con pinchos que le ofrecieron unos «indios» para quienes era la comida más deseable: « Para ellos el mejor tiempo es cuando comen tunas, porque entonces no tienen hambre, y todo el tiempo se les pasa en bailar, y comen de ellas de noche y de día.» Aquellas tunas, que tantas alegrías ofrecían a los nativos amerindios, de Florida al Yucatán, eran los higos chumbos del género Opuntia, unos frutos que actualmente también podemos coger y comer, durante el otoño, a orillas del Mediterráneo.

 «La presencia de la chumbera en los dioramas que representan el nacimiento de Jesús es un anacronismo similar al de situar cañones en las murallas de Jerusalén, e incluso menor que si se representara a Colón comunicándose con un teléfono móvil»

Esta familia de plantas, las cactáceas, toman el nombre del género Cactus, que Linné tomó prestado del nombre que dieron los griegos a la alcachofa con pinchos (Cynara cardunculus), kaktos, y bajo la que se incluyeron las veintidós especies que se conocían en la época.

De todas las cactáceas provinentes del continente americano, tan sólo una se ha instalado en Europa, la Opuntia ficus-barbarica (o ficus-indica), un cactus de múltiples ramas articuladas y aplanadas, que desde el siglo xvi reside en ambientes soleados del litoral mediterráneo, fácilmente localizables gracias a su arquitectura tan inequívoca como inseparable.

Al ser trasladada a Europa, las diferentes lenguas trataron de darle un nombre de bienvenida, que en la mayor parte de los casos era de carácter descriptivo, y relacionado con otros frutos más conocidos, como el en valenciano figa de pala (⇔ figuera de pala, palera), el castellano higo chumbo (⇔ chumbera) o el inglés prickly pear («pera espinosa»). En otros, se aludía a un pretendido origen geográfico, aunque equivocado en la mayoría de los casos, como en el galaicoportugués figueira da India, el euskera indiapico, el italiano ficco d’India, el francés figuier de Barbarie, o el catalán oriental figuera de moro.

Ahora bien, aunque era excusable la ignorancia geográfica de nuestros antepasados, no lo es la ignorancia geohistórica en la actualidad. En muchos pesebres navideños se colocan chumberas (incluso piteras, ambas especies americanas) como parte del paisaje vegetal de Palestina o Egipto. Puesto que en la época romana aún no se conocía América, su presencia en los dioramas que representan el nacimiento de Jesús supone un anacronismo similar al de situar cañones en las murallas de Jerusalén, y hasta menor que si se representara a Colón comunicándose con un teléfono móvil.

© Mètode 2012

Catedrático de secundaria de Ciencias de la Naturaleza.
IES Badia del Baver (Alicante)