Confinamiento y hábitos de vida: ¿cómo han cambiado nuestras rutinas?

Vicent Balanzá, profesor de Psiquiatría de la Universitat de València, coordina un estudio internacional sobre el estilo de vida durante la cuarentena por la COVID-19

imagen de ciutat vella, en Valencia, vacía| hábitos

Durante las últimas semanas, el confinamiento ha cambiado las rutinas de la población. Pero, ¿hasta qué punto han cambiado nuestros hábitos de vida? ¿Después del confinamiento, nuestro estilo de vida ha mejorado o ha empeorado? ¿Qué impacto pueden tener estos cambios en la salud de las personas? Vicent Balanzá Martínez, profesor titular de Psiquiatría en la Universitat de València y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), junto con la profesora Raquel de Boni, de la Fundaçâo Oswaldo Cruz (FIOCRUZ) de Brasil, y el profesor Flavio Kapczinski, de la McMaster University de Canadá, se han hecho esta pregunta y han puesto en marcha un estudio internacional sobre vida saludable durante el confinamiento por la COVID-19, con el objetivo de observar y recoger información sobre los hábitos de la ciudadanía durante el estado de alarma. «Pensamos que esa información podría ser un punto de partida para conocer qué ha hecho la ciudadanía durante el confinamiento y poder planificar la postpandemia de la mejor manera posible», afirma el psiquiatra. Se trata del primer estudio mundial sobre este tema, y se ha realizado mediante encuestas virtuales hechas en España y en Brasil.

Balanzá y su equipo han diseñado un cuestionario abierto a la población que estuvo disponible desde el 15 de abril hasta el 15 de mayo. El trabajo trata de analizar los hábitos de la gente durante el tiempo de confinamiento en relación con lo que se incluye en el concepto de vida saludable. Según explica el psiquiatra, este proyecto se ha realizado con un planteamiento integral de los hábitos de vida, hasta ahora poco trabajados dentro del ámbito científico y, normalmente, de manera aislada. «Generar el conocimiento que puede ofrecer este estudio supone una utilidad clave para la ciudadanía, para la ciencia y para las autoridades sanitarias porque nos puede dar una radiografía sobre qué está haciendo la ciudadanía durante este confinamiento, porque no lo sabemos», explica Balanzá. El experto, que cree que esta crisis puede ser una oportunidad para avanzar en el conocimiento científico, destaca que su objetivo es poder matizar las recomendaciones sanitarias avaladas por la Organizació Mundial de la Salud que, a pesar de ser «fantásticas», son las mismas que se hacían antes de la pandemia, cuando no teníamos que quedarnos en casa.

«Nos espera el aumento de otra pandemia relacionada con enfermedades no infecciosas como la diabetes, la obesidad o la depresión»
(Vicent Balanzá)

Los resultados del estudio pueden ser clave para la sociedad porque, según explica el autor, pueden servir para mejorar las recomendaciones de salud de cara al futuro. Además, el experto asegura que hay que planificar una promoción de la salud pública y una prevención de las enfermedades relacionadas con los hábitos cotidianos. Según explica, nos enfrentamos a otra pandemia, relacionada con el estilo de vida: «Después de la pandemia infecciosa producida por la COVID-19, nos espera el aumento de otra presente en nuestra sociedad, que está relacionada con enfermedades no infecciosas como la diabetes, la obesidad, el síndrome metabólico, las dolencias cardiovasculares y la depresión. Estas afectan a la población mundial y, en gran parte, a los países occidentales», explica. Según las previsiones, esta pandemia no infecciosa, relacionada con hábitos de vida poco saludables, aumentará su incidencia durante los próximos meses, por lo que Balanzá y su equipo estudian los vínculos entre el confinamiento y el empeoramiento de los hábitos de la población. De este modo, es posible afinar las recomendaciones sanitarias y reducir el riesgo de aumento de las enfermedades no infecciosas de cara a futuras pandemias y temporadas de confinamiento.

Hábitos de vida

«Antes del coronavirus ya teníamos otros problemas de salud pública muy importantes generados por enfermedades no infecciosas. Estas tienen una elevada incidencia en las sociedades occidentales y suponen un gran gasto sanitario. Y los hábitos de vida tienen que ver. Si no de manera causal, influyen en su evolución. De este modo, si una persona cuida su estilo de vida tendrá más posibilidades de mejorar, incluso de sobrevivir, a la hora de pasar por alguna de estas enfermedades», cuenta el psiquiatra. Tanto es así que Balanzá explica que seguir una vida saludable reduce la mortalidad por cualquier causa (all-cause mortality, en inglés), cosa que se asocia con un aumento de la supervivencia y la expectativa de vida. Por lo tanto, si durante esta pandemia y el consiguiente confinamiento los hábitos de vida saludable cambian a peor, tal y como se espera en la hipótesis del estudio, también empeorará la otra pandemia. «Es por eso que consideramos tan importante la información obtenida con el estudio», afirma Balanzá mientras avanza que quedará a disposición de las autoridades sanitarias para poder mejorar las recomendaciones a la ciudadanía y aumentar el conocimiento científico sobre los hábitos de esta.

Una particularidad del estudio es la bidireccionalidad de la encuesta. A diferencia de otros, cada vez que se acaba un bloque de cuestiones se ofrecen una serie de recomendaciones de salud que actúan como pequeña autoevaluación, después de haber contestado las preguntas. Por otro lado, el sistema utilizado no almacena ningún tipo de dato relacionado con la persona encuestada, ni siquiera la dirección IP. Además, Balanzá y su equipo tratan los hábitos de vida de manera integral, e incorporan nuevos elementos relacionados con una vida saludable, como por ejemplo la exposición a las pantallas o el contacto con la naturaleza, no contemplados dentro de  la concepción clásica de ‘nutrición, actividad física y descanso’ que tradicionalmente se identifica con la vida saludable.

Los primeros cambios durante el confinamiento

La encuesta ofrece cuatro opciones de respuesta para indicar en qué grado han cambiado los hábitos de la población: totalmente, moderadamente, ligeramente o en absoluto. Tal como explica Vicent Balanzá, con estos datos de momento se pueden intuir cambios pero no es posible determinar si han sido a mejor o a peor. Aun así, sí que afirma que está cambiando el estilo de vida de la población encuestada. Con los resultados finales del estudio sí que se podrá calcular un mayor o menor grado de adherencia a lo que se considera un estilo de vida saludable, según cuenta el profesor.

«Ya se pueden intuir cambios en los hábitos de la población, pero hasta el final del estudio no se conocerá su grado de adherencia con una vida saludable»

Durante los primeros diez días de la encuesta, comprendidos entre el 15 y el 24 de abril, se recogió la participación de 1.546 ciudadanos del estado español, en su mayoría mujeres. Además, el estudio ha sido apoyado por futbolistas como Carlos SolerJaume Costa, del Valencia Club de Futbol, y Toni Lato, del Club Atlético Osasuna. En esta fase inicial, los resultados indican que un 70 % de los participantes afirma haber cambiado de forma sustancial (totalmente o moderadamente) sus rutinas de actividad física durante el confinamiento. En cuanto a la gestión emocional, un 34 % de las respuestas afirman haber cambiado de forma sustancial sus estrategias de gestión del estrés. El consumo de sustancias nocivas como el alcohol o el tabaco representa el apartado que menos ha cambiado durante el confinamiento según las respuestas, ya que solo un 9,6 % afirma haber experimentado cambios. Aun así, según explica el profesor, es importante subrayar que de momento se está analizando si ha habido cambios o no, y posteriormente  se observará en qué dirección.

La incorporación de las pantallas en los hábitos de vida saludables

Según explica Balanzá, el cambio más grande observado en la encuesta ha sido el relacionado con la pregunta sobre el tiempo que se pasa dentro y fuera de casa. En este caso, un 94 % de las respuestas indican cambios sustanciales. El profesor afirma que este dato puede relacionarse con un aumento del tiempo de exposición a los dispositivos digitales durante los últimos meses, a causa de las mismas características del confinamiento.

«Las pantallas emiten luz azul, que actúa inhibiendo la melatonina y retrasando el sueño; por eso se recomienda evitar su uso durante las dos horas previas a ir a dormir»
(Vicent Balanzá)

«La parte negativa del uso de las pantallas es que se ha observado una interferencia con el sueño, porque emiten luz azul, que entra al cerebro y actúa inhibiendo la melatonina y retrasando el sueño; por eso se recomienda evitar el uso de dispositivos durante las dos horas previas a irse a dormir. Y sigue: «Por otro lado, las tecnologías, igual que otros estimulantes como el alcohol, el sexo o las compras, pueden ser una fuente de placer o convertirse en una adicción, todo depende del uso que se haga de ellas» Al mismo tiempo destaca que la situación actual es un «arma de doble filo», es decir, por una parte es posible que una sobreexposición a las nuevas tecnologías, sobre todo a los contenidos que disparan la preocupación como por ejemplo las fake news, pueda contribuir a un aumento del estrés, el miedo o la incertidumbre entre la población. Pero, por otra parte, un uso correcto y moderado de las nuevas tecnologías puede ayudar a mantener la comunicación en tiempo de confinamiento.

Reconectarnos

«Tenemos que mantener la distancia física, no social», asegura Balanzá. El psiquiatra considera que estar conectados a través de las redes durante los momentos de aislamiento es una herramienta para reforzar el apoyo social. «Hemos publicado un editorial en la revista Acta Psychiatrica Scandinavica, llamado ‘Lifestyle behaviours during the COVID-19 – time to connect’, donde se habla sobre la importancia de reforzar los vínculos personales a través de los dispositivos como método de gestión del estrés», afirma. Según el profesor, las conversaciones de chat y las llamadas o videollamadas ofrecen una oportunidad para mantener la vida social en un momento en el que no es recomendable tener un contacto físico con las personas de nuestro entorno. «El confinamiento puede ser un momento para pensar sobre nuestra vida, nuestras necesidades o nuestros objetivos, pero también nos puede servir para ‘reconectarnos’ socialmente», cuenta Vicent Balanzá. En cualquier caso, según dice el experto, la relación virtual  no sustituye la relación física pero sí que puede acercarnos a las personas a las que queremos durante esta situación «impensable» meses atrás.

© Mètode 2020
Estudiante de Periodismo de la Universitat de València.