Einstein-Maric, una ecuación sin resolver

La posible contribución de Mileva Maric a la obra de Albert Einstein continúa siendo una incógnita

Mileva Maric i Albert Einstein

Albert Einstein es la respuesta a las teorías científicas más brillantes de todos los tiempos. Mileva Maric, sin embargo, es el interrogante en la autoría de estas. Su posible contribución a los trabajos de su marido es todavía una cuestión sin resolver dentro del ámbito científico.

Nadie duda del gran genio que fue Albert Einstein y muchos lo catalogan incluso como el científico más brillante del siglo xx. Como premio Nobel de Física en 1921 y autor de la teoría de la relatividad y de la teoría del efecto fotoeléctrico –la cual le valió el prestigioso galardón–, se sitúa al nivel de Charles Darwin o Isaac Newton dentro del mundo de la ciencia. Menos conocida es Mileva Maric, su primera mujer y destacada matemática. A pesar de que su figura no disfruta de renombre, existe un enorme debate alrededor de su papel en los trabajos de Albert Einstein.

Zúrich fue el origen

Mileva Maric, nacida el 1875 en el antiguo Imperio Austrohongarés –actualmente Serbia–, era inteligente y reservada. Bien pronto mostró su pasión por la ciencia, no solo con buenas calificaciones, sino también asistiendo a conferencias destinadas exclusivamente a público de sexo masculino.

«La relación entre Einstein y Maric encontró un obstáculo en Pauline Koch, madre de él, que se oponía que su hijo tuviera como esposa una mujer intelectual»

La chispa de la relación entre Maric y Einstein saltó en Zúrich. Corría el año 1896 y los dos estudiaban física y matemáticas en el Instituto Politécnico Federal de la ciudad suiza. Con el paso del tiempo se convirtieron en dos piezas que encajaban a la perfección. Aun así, la relación encontró un obstáculo en Pauline Koch, madre de Einstein, que se oponía a que su hijo tuviera como esposa una mujer intelectual, que además cojeaba y era cuatro años más mayor que él. A pesar de su rechazo, los dos jóvenes veían el uno en el otro no solo una relación amorosa, sino también el apoyo de un colega de profesión. El mismo físico así lo reconocía en una carta de 1900, que forma parte de las cerca de cuatrocientas que los dos intercambiaron: «Estoy solo en el mundo, excepto contigo. Que feliz soy por haberte encontrado a ti, alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo».

Al finalizar los estudios en 1900, ambos obtienen calificaciones casi idénticas. Aun así, solo él obtendría la licenciatura. Ella tuvo que abandonar la ciudad de Zúrich antes de los exámenes finales. Estaba embarazada y, de conocerse la noticia, la carrera de Einstein se podría dar por acabada. Obligada a refugiarse en Serbia con su familia para esconder la noticia, Maric dio a luz a Lieserl, el destino de la cual siempre ha sido una incógnita. Posteriormente pudo volver a Zúrich, donde consiguió definitivamente el graduado un año después que su marido.

Los primeros interrogantes

Lorena Segura, matemática y divulgadora de la Universitat d’Alacant.

El debate en torno a la aportación de Mileva Maric en la obra de Einstein arranca el último tercio del siglo xx, cuando la segunda mujer de Hans Albert Einstein, hijo de la pareja, decidió publicar parte de la correspondencia que guardaba sobre sus padres.

«La historia de Mileva Maric estremece. En este caso, la famosa frase que dice que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer parece ser cierta. Su vida demuestra que tiene bastante que ver en el trabajo de ese gran genio que fue Einstein», afirma Lorena Segura, matemática y divulgadora de la Universidad de Alicante.

Una visión contraria es la que defiende José Adolfo de Azcárraga, catedrático de Física Teórica en la Universitat de València y miembro del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). «Es natural que se quiera atribuir un papel científico a Maric, compañera y después esposa de Einstein. Tal vez ella repasara algún cálculo; los tenemos que imaginar jóvenes, compartiendo ilusión e intereses. Después, el trato que Einstein le dio a Maric suscita inevitablemente simpatía por ella. Aun así, ella no contribuyó científicamente ni siquiera a la teoría de la relatividad especial de 1905 que se suele mencionar como “prueba” de esa supuesta colaboración.»

Más escéptico hacia cualquiera de estas dos posturas se muestra Jesús Navarro, profesor de investigación del CSIC: «Respuesta contundente no se puede dar ninguna. El problema está en que no hay ninguna información relevante».

«”Seré muy feliz y estaré muy orgulloso cuando acabemos victoriosamente nuestro trabajo sobre el movimiento relativo”, escribió Einstein a Maric en 1901»

Relevante o no, las informaciones publicadas adquieren muchas y muy variadas interpretaciones. Una clara muestra de esto es este fragmento de una carta que Einstein escribió a Maric en 1901: «Seré muy feliz y estaré muy orgulloso cuando acabemos victoriosamente nuestro trabajo sobre el movimiento relativo». Pero no es la única. También Maric hablaba de un trabajo común, relacionado con la relatividad, a su amiga Helena Kaufner el 1905: «Antes de salir de viaje, hemos acabado un trabajo importante por el cual mi marido será conocido en todo el mundo».

Los años más fructíferos 

Tres años antes, en 1902, Albert Einstein consiguió su primer trabajo, el cual le permitió ahorrar un poco dinero para poder casarse al año siguiente. Trabajador a jornada completa durante siete años, apenas disfrutaba de tiempo suficiente para investigar por su cuenta. Aun así, es esta la época más brillante del célebre científico, coincidiendo con su convivencia con Mileva Maric. Fue esta quien, gracias a su pasión y dedicación por la ciencia, cubrió la falta de tiempo de su marido durante el día y, al llegar la noche, los dos debatían conjuntamente las diversas teorías que trabajaban.

José Adolfo de Azcárraga, catedrático de Física Teórica, miembro del IFIC, y profesor emérito de la Universitat de València.

«Ella contribuye en el trabajo matemático de Einstein», destaca Lorena Segura. «De hecho, coincide en el tiempo, en el sentido de que sus aportaciones más brillantes tienen lugar cuando está con Maric». «Cualquier físico relevante tiene una etapa de esplendor», replica Jesús Navarro. «Era una época en la cual era joven y estaba en la plenitud de sus facultades. ¿Lo hizo mientras estaba casado con Mileva? Cierto. ¿Lo hizo cuando era joven? Cierto. ¿Con cuál de las dos nos quedamos? Las dos van juntas también, ¿no?», concluye el profesor Navarro.

«A lo largo de 1905, Einstein publicó cinco grandes artículos que encara hoy son considerados como la base de la física moderna.»

Especialmente relevante resulta la trayectoria de Einstein durante 1905. En tan solo un año, publicó en la revista científica Annalen der Phisik cinco grandes artículos que aún hoy son considerados como la base de la física moderna. Es por eso que este año se conoce como el annus mirabilis del célebre científico. De la posible aportación de Maric en estos trabajos, Jesús Navarro recalca que las matemáticas necesarias para llevarlos a cabo «eran muy sencillas», con la excepción de uno de ellos.

De estos trabajos, se pone especial énfasis en la posible coautoría de Mileva Maric en la teoría de la relatividad especial. «Este artículo solo tiene un autor, Einstein, y ninguna referencia. Solo al final agradece a su amigo Michele Besso –no a Maric– por sus “muchos y variados estímulos”. Publicar tal trabajo sin citar a nadie implica conocer su trascendencia y declararse su único creador, como el alpinista que escala una complicada cumbre por primera vez y la reclama suya por siempre jamás», apunta José Adolfo de Azcárraga. Según Jesús Navarro, las matemáticas necesarias para este último trabajo, más complicadas, «las aprendió no de Maric, sino de su colega Besso».

Troemel-Ploetz, investigadora de la Sociedad de Investigación Alemania de Bonn, y el director de la revista donde se publicaron, Abram Joffe, aseguran que en los manuscritos originales de los artículos de 1905 figuraba también el nombre de Mileva Maric como coautora. Aun así, los artículos publicados aparecieron únicamente con la firma de Albert Einstein. «Directamente esto ni se planteaba», apunta Lorena Segura. «Las mujeres científicas han sido silenciadas muchos años, así que directamente no podía aparecer su firma.» Por su parte, Jesús Navarro señala que a pesar de que entonces era difícil que las mujeres hicieran investigación en ciencia, se dio el caso de Marie Curie, «que publicaba en esa época también».

Sin embargo, también se apunta que la decisión de no incluir la firma de Mileva Maric fue consensuada con la misma protagonista, que consideraba que ella y su marido respondían a una misma entidad. «Wir beide sind nur ein Stein», afirmó. Es decir, «los dos somos una sola piedra».

Jesús Navarro, investigador del Instituto de Física Corpuscular (CSIC-UV) de Valencia.

Pero no solo desapareció la firma de Mileva Maric de estos trabajos. También se esfumó su tesis doctoral presentada en 1901. «Hay un físico, Evan Harris, que afirma que la teoría de la relatividad empieza con la tesis que Maric escribió bajo la supervisión del profesor Webber cuando estudiaba en Zúrich, y la memoria de la cual se ha perdido», explica Lorena Segura. En esta misma línea, Segura también aporta como argumento la relación permanente que Maric mantuvo con Nikola Tesla, un genio del campo eléctrico. «Ella no perdió nunca la relación con él, y por eso muchos testigos aseguran que tuvo mucho que ver en los famosos papeles de 1905 que catapultaron a Einstein a la fama», concluye.

«También se comenta que Maric hizo una visita de unos meses a Philipp Lenard, un físico que hizo unos trabajos sobre el efecto fotoeléctrico», apunta Jesús Navarro. «A raíz de esto, dicen todo se debía a ella. Es posible, y yo diría que incluso seguro, que discutieron de cosas. Otra cosa sería que ella hubiera escrito este trabajo, y esto es lo que no sabemos. Se parte ya de que Maric era la autora y no se deja lugar a ninguna duda.»

«El efecto fotoeléctrico tiene su origen en los trabajos de Mileva Maric cuando estudiaba con el profesor Lenard, al cual le concedieron el premio Nobel de Física», replica Segura. Precisamente por este trabajo experimental fue por el que Einstein recibió su premio Nobel, y no por la teoría de la relatividad.

El principio del fin

El nacimiento de Hans Albert en 1904, y especialmente de Eduard en 1910, quien sufría problemas psiquiátricos, hacía imposible ya cualquier colaboración de Maric con su marido. La relación profesional entre los dos, por lo tanto, llegó a su fin. «Cuando su relación profesional empezó a deteriorarse, también lo hizo la relación personal, hasta que llegó un punto en que se rompió el matrimonio», comenta Lorena Segura.

Mileva Maric/Wikimedia

En 1912, Albert Einstein empezó una relación con su prima Elsa, un factor más que contribuyó a la decadencia de su matrimonio. También cambió, repentinamente, el carácter de Einstein respecto a su mujer. Las cartas de amor y felicidad que le enviaba durante su juventud se convirtieron ahora en cartas de rechazo, incluso machistas: «Te asegurarás de que mi ropa se mantenga limpia; de que recibiré mis tres comidas; y de que mi dormitorio y estudio se mantengan ordenados […]. Renunciarás a todas las relaciones personales conmigo en la medida que no sean completamente necesarias. […] No esperarás ninguna intimidad de mí; dejarás de hablarme si te lo solicito; y saldrás de mi dormitorio o estudio sin protestar si te lo pido». Ante esta situación, los dos acordaron el divorcio en 1919.

«En el contrato de divorcio se incluyó una cláusula por la cual Einstein, si obtenía el premio Nobel, le concedería íntegramente la cantidad de dinero recibido por el galardón»

Maric lo aceptó al incluirse en el contrato de divorcio una cláusula por la cual Einstein, si obtenía el Premio Nobel, le concedería íntegramente la cantidad de dinero recibido por el galardón. En 1921, el célebre científico recibió el prestigioso premio por sus aportaciones a la física teórica y, especialmente, por su teoría del efecto fotoeléctrico. «El Nobel lo recibió también por sus trabajos teóricos. Era una manera de incluir la relatividad espacial sin mencionar-la. Si se observa su teoría sobre el efecto fotoeléctrico, esta es solo una pequeña parte de su trabajo», apunta Jesús Navarro.

A raíz de la concesión del premio metálico a Mileva Maric surgen interpretaciones muy diversas. «Unos afirman que fue en reconocimiento de su trabajo, y otros que fue una manera de que ella aceptara el divorcio», expone Lorena Segura. Jesús Navarro propone otra visión: «Con la separación, ella se queda con los hijos, y Einstein no quiere saber nada de ellos. Por lo tanto, ese dinero sería para ella, para que cuidara de los hijos».

Esto mismo escribió Einstein en su testamento en 1925. Maric, no obstante, no estaba de acuerdo con esta afirmación de su ya ex-marido, e incluso amenazó Einstein con sacar a la luz todas sus contribuciones a su exitoso trabajo, amenaza a la cual el científico respondió de la siguiente manera: «¿Alguna vez has considerado que nunca nadie prestaría atención a lo que dices si el nombre del que hablas no hubiera conseguido algo importante? Cuando alguien es completamente insignificante, no hay nada más que decirle a esa persona, sino permanecer modesto y silencioso. Esto es lo que te aconsejo que hagas».

Maric y Einstein / Wikimedia

Albert Einstein nunca habló públicamente de la posible colaboración de su primera mujer en sus trabajos. Es más, la tildó de enemiga. Maric se mantuvo en silencio hasta su muerte en 1948, completamente sola. A pesar de su separación, decidió mantener el apellido de su ex-marido. «Al mantener el apellido Einstein, de alguna manera quiso dejar patente que había participado [en sus trabajos]», concluye Lorena Segura.

Por su parte, Albert Einstein se casó con Elsa, de un perfil completamente diferente a Maric. «Estoy contento que mi segunda mujer no sepa nada de ciencia», decía. Consideraba que esta agria a las mujeres y que, por lo tanto, nunca sería capaz de enviar a su hija a estudiar esta disciplina. Sus últimos años los pasó como profesor universitario, hasta que murió en 1955.

Años más tarde, la primera mujer de Hans Albert se dispuso a publicar las cartas que este guardaba de sus padres. Aun así, su intento se vio parado por parte de Helen Dukas y Otto Nathan, principales defensores del legado de Albert Einstein. «No creo que descubrir la figura de su mujer como una colaboradora de su trabajo pueda afectarle. Einstein también tuvo otros colaboradores», sentencia Lorena Segura.

«Ambos albaceas se ocuparon de que algunos aspectos personales de su vida no enturbiaran su figura. Hoy, el legado de Einstein se encuentra en la Universidad Hebrea de Jerusalén. El director del Centro Einstein, el físico Hanoch Gutfreund, me aseguró hace poco que todos los documentos de Einstein son ya públicos. De ser así, no cabe esperar grandes novedades hasta quizás 2029, cuando las celebraciones del 150 aniversario de su nacimiento renueven el interés por su figura», afirma Azcárraga.

«Como afirmaba el célebre científico: “Es más sencillo desintegrar un átomo que un prejuicio”».

La aportación de Mileva Maric al legado de Albert Einstein, o incluso su posible autoría en algunos de estos trabajos de gran renombre, es uno de los grandes interrogantes que arrastra el mundo de la ciencia, una disciplina acostumbrada a dar respuesta a las cuestiones más complejas. Lo que sí que es cierto es la enorme capacidad de la cual disponían tanto Einstein como Maric. El uno, por sus ideas y la gran intuición que tenía, faceta que resulta vital en ciencia; y la otra, por su habilidad para las matemáticas. Sin embargo, el contexto machista de la época también tuvo mucho que ver en el desarrollo de su historia. Como afirmaba el célebre científico: «Es más sencillo desintegrar un átomo que un prejuicio».

© Mètode 2018

Estudiante de Periodismo en la Universitat de València.