Dolores Corella: «La dieta mediterránea nos ayuda tanto física como mentalmente»

Catedrática en el Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València

María Dolores Corella Piquer es doctora en Farmacia, licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y es catedrática en el Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València. Es la coordinadora del Grupo de Investigación en Epidemiología de Enfermedades Cardiovasculares (EPIGEM) que participó en el estudio Prevención con Dieta Mediterránea (PREDIMED) y es miembro del Centro de Investigación en Red (CIBER) de fisiopatología de la obesidad y la nutrición. También es la coordinadora en la Universitat de València del proyecto Universidad Saludable dentro de la Red Española de Universidades Saludables. En los últimos años ha puesto de manifiesto la importancia de la dieta mediterránea en la salud, tanto en personas en riesgo cardiovascular como con personas que no tengan dicho riesgo. El pasado 7 de octubre, último Día de las Universidades Saludables, la doctora Corella anunció una acción para revitalizar la dieta mediterránea, un tema que ha resurgido con fuerza últimamente.

Nos encontramos con ella en su despacho en la Facultad de Medicina para preguntarle sobre la dieta mediterránea, conocer qué beneficios nos aporta, y que nos hable de cómo algunas dietas nos ayudan a prevenir ciertas enfermedades. Dolores Corella nos recibe con una sonrisa amable para hablarnos de una dieta que se está perdiendo en nuestra sociedad actual.

Dado que a lo largo y ancho del mar Mediterráneo encontramos platos y culturas muy variadas, ¿qué podemos definir como dieta mediterránea?
La dieta mediterránea es un concepto que puso de moda Ancel Keys, un profesor de Estados Unidos que observó que en los países mediterráneos había más esperanza de vida que en países del norte de Europa. Él se percató de que, a pesar de la diversidad de platos, sí que existe un nexo común entre todos, como el aceite de oliva virgen extra como principal grasa para cocinar y aliñar los alimentos, y también que es un patrón de dieta muy rico en frutas, verduras, pescado, marisco y legumbres (principal fuente de proteínas), un consumo muy pobre en carnes y un consumo moderado de lácteos en forma de queso y yogurt. También se incluye todo lo que sería el estilo de vida mediterráneo, no solo la dieta: más actividad física, comer con amigos de manera pausada… Todo lo contrario al fast food.

Su equipo participó en el estudio PREDIMED con personas que tenían riesgo cardiovascular. ¿Qué objetivos perseguía y cuáles fueron las conclusiones del estudio?
Este estudio fue el primer ensayo clínico que se hizo a nivel mundial para testar si la dieta mediterránea (alta en grasas) era mejor que la dieta baja en grasas (de control), que siempre se ha recomendado para la prevención cardiovascular y que estaba aconsejada por la Asociación Americana del Corazón y todas las asociaciones que siguen sus recomendaciones. Para ello, en el ensayo clínico se formó un grupo con dieta mediterránea y otro con dieta baja en grasas. Como resultado obtuvimos que existe una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares asociadas a la dieta mediterránea en comparación con la dieta de control. Por lo tanto, aunque tradicionalmente se ha recomendado esta última por su bajo índice de mortalidad asociado, tenemos que saber que esta tasa puede bajar aún más siguiendo una dieta mediterránea.

Además de esta división en el estudio entre dieta mediterránea y dieta baja en grasas, se hizo una subdivisión dentro del grupo que seguía la primera, basada en el refuerzo de dicha dieta o bien con aceite de oliva virgen extra o bien con frutos secos. ¿A qué se debe esta subdivisión?
Cuando diseñamos el estudio estaba muy claro que un grupo tenía que seguir la dieta mediterránea y el otro, la dieta de control. Pero, además, dentro de la dieta mediterránea también se quería testar la hipótesis de si los ácidos grasos monoinsaturados, que proceden del aceite de oliva, tenían un papel más protector frente a las enfermedades cardiovasculares que los ácidos grasos poliinsaturados, que proceden principalmente de los frutos secos. Por ello se hicieron dos subgrupos a los que se le administraba de forma completamente gratuita aceite de oliva virgen extra y frutos secos respectivamente, aunque también se les recomendaba el consumo del producto que no se les administraba. De esta forma nos asegurábamos de que ambos grupos consumían el alimento que nos interesaba y así poder comparar las diferencias que había entre ellos.

¿Y a qué conclusiones se llegaron?
Los dos grupos dieron el mismo resultado en cuanto a la protección vascular se refiere: igual da la dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva virgen extra que con frutos secos. Pero tenemos que tener en cuenta que el patrón de recomendación era el mismo; entonces, estaban consumiendo de manera similar. En cambio, para otras enfermedades sí que se han observado pequeñas diferencias.

Una vez publicado este estudio, ¿qué consecuencias ha habido tanto a nivel nacional como a nivel internacional?
Este estudio significó una revolución, ya que no solamente se testó la dieta mediterránea frente al grupo con dieta de control, sino que además ha sido el ensayo clínico epidemiológico más grande que ha habido en intervención con dieta. De hecho, ha habido un cambio en la investigación de los efectos de una dieta y ahora se realizan ensayos clínicos de este tipo en vez de estudios meramente observacionales. En cuanto a la publicación, fue la que más impacto tuvo en 2013 a nivel mundial en biomedicina y aún hoy tiene un impacto mundial relevante. De hecho, en Estados Unidos y en otros países ya se ha añadido la dieta mediterránea a las guías de vida saludable y a las recomendaciones que se realizan a la población.

Como nos ha explicado, esta dieta tiene grandes beneficios en cuanto a la prevención de enfermedades cardiovasculares. ¿Aporta beneficios diferentes según el tipo de persona?
Realmente este es el segundo paso de la investigación, ya que cuando se diseña el experimento se piensa en obtener una media y en poder dar un resultado en general. En cambio, en la época actual estamos en la medicina de precisión, con lo cual tenemos que tener en cuenta todas las características de la persona y no basarnos simplemente en medias, ya que habrá individuos en los extremos que, o bien por exceso o bien por defecto, no obtendrán los mismos beneficios. Se ha visto que existen varios marcadores genéticos que provocan que diferentes personas tengan diferentes resultados únicamente por su genética. Al aplicar esto al estudio PREDIMED, se ha visto que un 90% de las personas sí que obtienen este gran beneficio de la dieta mediterránea, pero que en cambio el otro 10%, a causa de un marcador genético, no obtiene tanto beneficio de esta dieta. Y es precisamente este tipo de resultado el que está buscando la nueva medicina de precisión.

Esto es lo que se conoce como nutrigenómica
En realidad, los nombres han ido cambiando. Inicialmente se denominaba interacciones gen-dieta, luego se le puso el puso el nombre nutrigenómica, aunque otros le llamaban nutrigenética y otros le llamaban genómica nutricional. Finalmente se llegó a un consenso donde genómica nutricional sería todo y englobaría tanto a la nutrigenética como a la nutrigenómica. La primera de ellas sería la distinta respuesta de las personas en la dieta según su genotipo y la segunda estudiaría los mecanismos moleculares por los que eso ocurre. El problema es que la gente lo confunde por su parecido a la hora de pronunciarse y los usa como sinónimos.

¿Y dónde tiene cabida en este esquema la medicina de precisión?
Este concepto de genómica nutricional se utilizaría más a nivel de investigación y la medicina de precisión se utilizaría más en el momento práctico del proceso en el que tú ya empiezas a diseñar una dieta específica para una persona en concreto, con sus peculiaridades genéticas.

Fotografía de Iker Iranzo

¿Entonces es posible que en un futuro más o menos cercano se pueda personalizar la dieta?
En eso estamos, aunque es muy difícil poner una fecha exacta. Así mismo, no creo que nunca haya una dieta personalizada para cada uno de nosotros, pero sí que iremos teniendo casos de enfermedades –de hecho, ya hay algunos documentados– en las que una dieta concreta beneficie al grupo de personas afectadas. Desde hace mucho tiempo se trabaja con los llamados «errores congénitos del metabolismo», es decir, niños que cuando nacen padecen una enfermedad monogénica cuyo desarrollo puede prevenirse con una dieta específica.

¿Podría explicar algún ejemplo de esto?
Un ejemplo es el de la fenilcetonuria, enfermedad que padecen aquellos individuos que tienen una mutación en el gen de la fenilalanina hidroxidasa (PAH) que pasa la fenilalanina a tiroxina y que es un proceso de detoxificación. Si no se convierte en tiroxina, la fenilalanina se convierte en productos tóxicos neurodegenerativos, que se traduce en un retraso mental. Como conocemos cuál es la causa, podemos evitar dar a un niño la fenilalanina, un aminoácido que se encuentra en las proteínas de origen animal, por lo que podemos sustituirlas por proteínas de origen vegetal que son deficitarias en este aminoácido. Con todo esto, modificando su dieta desde el nacimiento, podemos evitar que un niño afectado no tenga retraso mental. Existen muchos ejemplos más, pero esto nos da la idea de cómo en algunas enfermedades, como el cáncer de origen genético o enfermedades cardiovasculares, se podría investigar qué genes aumentan el riesgo de padecerlas y así poder «controlar» la enfermedad con una dieta bien marcada.

Otro ejemplo de esto sería el del gen FTO. ¿Nos podría explicar qué efectos tiene sobre la obesidad?
La obesidad ha preocupado siempre y las causas no son siempre que la gente coma mucho y haga poco ejercicio; también existe un sustrato genético. Existen dos formas de obesidad, que serían la obesidad monogénica, es decir, que se corresponde a un gen que provoca una obesidad mórbida, y luego encontraríamos la obesidad común, que es más abundante en la población y más heterogénea. Con esta, lo que se hizo fue un barrido genómico (ver todo el genoma de una persona) para ver qué genes se asociaban a este tipo de obesidad y uno de los primeros en ser descubiertos fue el gen FTO, lo que fue una sorpresa. A partir de aquí se realizaron más estudios en otras poblaciones y se observó que por cada gen FTO mutado, aumentaban un 32% las probabilidades de padecer obesidad. Por tanto, si una persona tiene los dos genes (uno del padre y otro de la madre) mutados, tiene un 64% más probabilidades de padecer obesidad. Y aunque conocemos cuál es la causa, todavía no sabemos qué procesos bioquímicos altera.

¿Existen estudios con otros genes, como el caso del gen FTO?
Sí. Hoy en día los listados de genes son bastante grandes para cada enfermedad, como por ejemplo para enfermedades del corazón, para el cáncer… Y además esto ya está sistematizado en algunos países como Estados Unidos, donde se pueden realizar búsquedas según tu interés. Luego, toda esta información se utiliza para ver si se puede aplicar una dieta que modifique estas asociaciones.

¿Se ha podido comprobar ya si con alguna dieta, por ejemplo, la mediterránea, se puede mitigar el efecto de estos genes?
Exactamente con eso es con lo que estamos trabajando ahora. Lo que necesita la medicina de precisión son datos aportados por ensayos clínicos, ya que es lo que tiene el máximo nivel de evidencia. Nosotros nos fijamos en un gen que se llama TCF7L2, que es el principal gen que se asocia a tener diabetes, pero que otros estudios asocian a enfermedades cardiovasculares. Lo que hemos podido comprobar es que este gen está relacionado con una mayor probabilidad de padecer este tipo de enfermedades, concretamente el ictus, pero que al aplicar una dieta mediterránea se anulaba su riesgo genético en solamente cinco años.

¿Qué recomendaciones o consejos daría a una persona para que empiece una dieta mediterránea?
La dieta mediterránea se está perdiendo en nuestra sociedad y esto es lo peor que podría pasar en lo referente a este tema, porque tenemos un patrón de alimentos de los más sanos del mundo. En estudios que hemos realizado vemos que sobretodo en personas jóvenes se está perdiendo este patrón. Esta dieta, como hemos visto, es la más saludable frente a enfermedades como el cáncer o neurodegenerativas, hecho que no influye en los jóvenes por su lejanía temporal a poder sufrir una de estas enfermedades. Pero, de cara a lo que es su presente, la dieta mediterránea les va a ayudar a aumentar su salud física y su salud mental, cosa que sabemos gracias a unos test especializados y a diferentes estudios. Como conclusiones pudimos observar que tienen menor probabilidad de padecer depresiones, que poseen unos hábitos de vida más saludables y una mejora tanto física como mental. Actualmente también estudiamos la relación entre dieta mediterránea y una mejora de las notas en el expediente, pero eso aún está en proceso. Lo que sí observamos es que esta dieta tan nuestra nos ayuda tanto física como mentalmente en nuestra vida, y eso es algo que hoy en día tenemos que valorar mucho.

© Mètode 2016

Estudiante de Biología de la Universitat de València.