La aventura africana de Pius Font i Quer

Las exploraciones en Marruecos de una figura clave de la botánica catalana

Mariano Ferrer, Jaume Ángel, Pius Font i Quer y Joan-Bautista Aguilar-Amat, en el campamento de Hauta-el-Kasdir

Estar en un archivo siempre tiene algo de íntimo, de entrar en la casa de otro, alguien que además ya no nos puede conceder el permiso para remover sus cosas. Así que una se enfunda los guantes blancos con el máximo respeto cada vez que se le abren las puertas de estas casas de la memoria que son los archivos. En una de estas ocasiones, en el Archivo del Instituto Botánico de Barcelona, me enseñaron las cajas donde se guardaban las placas de vidrio de las fotografías que Pius Font i Quer (1888-1964) había hecho en sus expediciones a Marruecos. La mayor parte continúan inéditas aún hoy. Debo confesar que, por unos largos momentos, la investigación que llevaba a cabo y que no era sobre Font i Quer pasó a segundo término. Me quedé hipnotizada. Cientos de placas de vidrio que mostraban paisajes, pero también niños, soldados, murallas, tiendas. En definitiva, aventuras. Desde aquel día he querido proyectar las imágenes en algún museo, para que todos pudiésemos ponernos las botas de Font i Quer durante un rato y pasear por Marruecos a partir de las fotografías que él mismo hizo. Font i Quer era un botánico. El más grande que ha tenido jamás la cultura catalana. Déjenme recordar por encima su gran tarea, y que esta forma algo apresuradade repasar la carrera de alguien de tanto prestigio nos ayude a vestirnos de expedicionarios y poder vivir la aventura africana del Iter Maroccanum.

Pius Font i Quer tenía ojo para la fotografía. Durante las expediciones a Marruecos no solamente documentó la vegetación de aquellas tierras, sino también su gente y sus costumbres. / Instituto Botánico de Barcelona CSIC-Ajuntament de Barcelona

El gran botánico catalán

«Don Carlos Faust, mi mejor amigo: Sólo es para comunicarle con toda la emoción debida que nuestro Dr. Font está ya en libertad.» Hace setenta y cinco años, el 4 de junio de 1941, el escritor Noel Clarasó enviaba esta nota a Carl Faust, creador del Jardín Botánico Marimurtra de Blanes. Efectivamente, el botánico Pius Font i Quer había obtenido la libertad condicional, tras haber sido detenido en 1939. Su delito había sido intentar llevar a casa a los alumnos con los que se encontraba en Aragón en julio de 1936, cuando estalló la Guerra Civil española, y cruzar así el frente hacia Cataluña. Fue acusado de rebelión militar y perdió todos sus cargos. Este acontecimiento representa la tumba donde cayeron gran parte de los proyectos futuros de Font i Quer. La libertad que recuperó fue miserable, es cierto. Y la pérdida que representó para la cultura catalana incalculable. La suerte para la botánica catalana es que, antes de esta fecha, las aportaciones que había hecho ya eran inmensas. El doctor Font i Quer fue el creador del Instituto Botánico de Barcelona y el fundador del Jardín Botánico de Barcelona. Su actividad científica está plasmada en más de doscientas publicaciones, en la descripción de más de doscientos taxones nuevos y en la creación de la escuela catalana de botánica a la que dio categoría internacional. Exploraciones, investigaciones, la creación y formación incansable de equipos de trabajo y un entusiasmo que coincidía con una buena capacidad de liderazgo han convertido el trabajo del doctor Font –como se le llamaba– en un impulso para el mundo de la botánica.

Enric Gros, retratado por Pius Font i Quer en una de las expediciones a Marruecos. Gros ejercía la tarea de recolector de especies en las herborizaciones de Font i Quer y se convirtió en su mano derecha en estas exploraciones. / Instituto Botánico de Barcelona CSIC-Ajuntament de Barcelona

Farmacéutico militar

Nacido en Lleida, Font i Quer provenía de una familia culta. De abuelo materno hacendado y abuelo paterno instrumentista y violinista, fue hijo único de Manuel Font, farmacéutico, y Sofia Quer, maestra. A los cuatro años, la familia se trasladó a Manresa, donde pronto descubriría la pasión por la naturaleza y entraría a formar parte del Centre Excursionista de la Comarca del Bages. Cursó Ciencias Químicas en la Universidad de Barcelona y después inició los estudios de Farmacia, la única carrera en aquel momento con formación botánica. Mientras estudiaba el doctorado en la Universidad de Madrid, en 1911 aprobó las oposiciones al Cuerpo Militar de Sanidad y se convirtió en farmacéutico militar, condición que le permitió hacer expediciones por todo el territorio español. Desde sus inicios, Font i Quer había sido un buen explorador con una gran capacidad para herborizar territorios. Las primeras excursiones (1908-1912) fueron en su tierra, Manresa. Después siguieron las desarrolladas durante los años de actividad como militar farmacéutico (1912-1914) en Menorca y Burgos. Las siguientes ya formaron parte de la etapa que empezaba en el Museo de Ciencias Naturales y que desde el primer momento seguían el plan de Font i Quer para crear un instituto botánico en Barcelona, que no se haría realidad hasta 1935.

Desde su incorporación al museo, Font i Quer ascendió rápidamente: en 1917 pasaba a ser auxiliar técnico del Museo y se incorporaba como profesor auxiliar primero y después como encargado de la Cátedra de Botánica en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona. Un año después era conservador de Botánica y regente de las secciones de Fanerogamia, Criptogamia y Geografía Botánica; el siguiente, secretario de la Junta de Ciencias Naturales del Museo y en 1921 era nombrado director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y secretario de la Junta.

«Desde sus inicios como botánico, Font i Quer seguía la idea de la elaboración de una ‘Flora occidental’, que comprendería la península Ibérica, Marruecos hasta más allá de Ifni, Baleares y Pitiusas, Canarias, Azores y Madeira»

En todo ese tiempo, una de las campañas más importantes de herborización que se llevó a cabo fue la iniciada en 1919 dentro del proyecto de un herbario de España. En noviembre de este año se presentó a la comisión de la Exposición de Barcelona un proyecto para la formación de este herbario, que debía contener un millar de plantas endémicas con el objeto de dar a conocer la flora de España a los participantes de la Exposición. El proyecto fue aprobado en la primavera de 1920 y con la primera parte del presupuesto se realizaron expediciones a Valencia y Sierra Nevada (1923), Castilla y Extremadura (1924), Cádiz (1925) y Málaga y Cantabria (1926). Desgraciadamente, el nuevo clima político con la dictadura del general Miguel Primo de Rivera trajo cambios a la cúpula de la dirección de la Exposición, que se desentendió del proyecto, lo que impidió su continuidad (Camarasa y Artis, 1995).

También su tarea en el Museo se vería interrumpida. En mayo de 1923 un acuerdo municipal suprimía de los presupuestos todos los cargos vacantes. Por problemas burocráticos y evidente falta de interés del nuevo consistorio, como explica el propio Font i Quer en su currículo, al no tener los cargos renovados, fue retirado de la dirección y secretaría del Museo. Fuera de la vida universitaria –le habían denegado la cátedra, en una decisión que acarreó muchas críticas a la Universidad de Barcelona– y privado de poderes en el Museo, en 1923 Font i Quer entró por concurso como profesor de Botánica General y Sistemática de la Escuela Superior de Agricultura de Barcelona, en aquel tiempo unos estudios a la altura de los universitarios. La tranquilidad no duraría demasiado.

‘Iter Maroccanum’

En 1926 era ascendido a farmacéutico mayor y obligado a elegir destino fuera de Barcelona. La elección que hizo Font i Quer le permitió convertir las adversidades de aquellos críticos años veinte en oportunidades para ampliar los recursos de la botánica catalana. Pidió ser destinado al protectorado español de Marruecos, donde llevó a cabo varias exploraciones durante cuatro años. Desde sus inicios como botánico, Font i Quer seguía la idea de elaborar una Flora occidental, que tenía que comprender la península Ibérica, Marruecos hasta más allá de Ifni, Baleares y Pitiusas, Canarias, Azores y Madeira. Entre 1910 y 1921 ya hizo de intermediario entre botánicos militares destinados a África y el eminente botánico Carlos Pau (1857-1937), que había perseguido el mismo objetivo desde hacía años, incluso financiando alguna expedición de su propio bolsillo. En 1915, Font i Quer había pedido una ayuda a la Junta para la Ampliación de Estudios –institución para promover la investigación científica– para iniciarla, pero le había sido denegada. Puso los esfuerzos en el estudio de la flora peninsular y balear, se dio cuenta de que aún había mucho trabajo por hacer y enfocó los trabajos entre 1916 y 1926 al estudio de la flora del occidente mediterráneo. El herbario de España entraría dentro de estos planes y, viendo la imposibilidad de acabarlo, Font i Quer empezó a planear con Pau la exploración del norte de África.

Primero había enviado a Melilla a Enric Gros Miquel (1864-1949), recolector y mano derecha en las herborizaciones de Font i Quer. La situación de inestabilidad en el país hacía imposibles las recolecciones. La empresa de iniciar una exploración del norte de África era titánica y llena de complicaciones, así que había que encontrar financiación para hacerla realidad. Font i Quer lo explica con detalle:

Hacia finales del propio año de 1926, explorado el ánimo de los miembros de la Junta de Ciencias Naturales sobre la posibilidad de organizar una expedición botánica a los nuevos territorios rifeños abiertos a la civilización y convencidos de que dicha Junta no sentía gran entusiasmo por la idea, en el mes de enero de 1927 solicitamos autorización para realizar el viaje por nuestra cuenta y riesgo, contando, por una parte, con el ofrecimiento del Dr. Carlos Pau, que se prestaba a la determinación de los ejemplares, con lo cual la empresa ganaría grandemente en prestigio, y por otra, con la posibilidad de obtener un apoyo financiero anticipado de diversas instituciones científicas de España y del extranjero.

(Font i Quer, 1964)

«La empresa de hacer una exploración del norte de Àfrica era titánica y llena de complicaciones, así que había que encontrar financiación para hacerla realidad»

Como en el caso del herbario de España, la idea de Font era vender por anticipado las exsiccata (plantas prensadas) a centros de todo el mundo. Además, el prestigio de la expedición quedaba asegurado con la incorporación del botánico Carlos Pau, con quien Font i Quer tuvo una gran amistad y a quien profesaba admiración. La fórmula de la preventa fue un éxito y se hicieron hasta cinco exploraciones entre 1927 y 1935,  y una exsiccata con un total de 2.401 números bajo el nombre de Iter Maroccanum. Estas expediciones fueron también la inspiración para la creación de la revista Cavanillesia, en 1927. Para Font i Quer, Cavanillesia debía ser un medio de comunicación entre los botánicos que estudiasen la flora del Mediterráneo occidental (González Bueno, 1988). En aquel momento, la revista era la única dedicada exclusivamente a la botánica en todo el Estado español.

Mapas de las zonas herborizadas en los Iter Maroccanum de 1927, 1928, 1929 y 1930. La primera expedición fue entorno a Alhucemas; la segunda tuvo Chauen como centro logístico; en la tercera se exploraron los bosques de abedules de Quetama y el monte Tidiguin, y en la cuarta, la región del Lucus y Yebala. / Instituto Botánico de Barcelona CSIC-Ajuntament de Barcelona

 

No siempre había campamentos militares esperando la llegada de los botánicos y había que improvisar en sitios remotos y sin población. / Instituto Botánico de Barcelona CSIC-Ajuntament de Barcelona

En total se hicieron cinco exploraciones y cuatro Iter Maroccanum. La primera exploración se empezó a organizar en 1927 y delimitaba una extensión de 2.000 km centrada en Alhucemas. La zona aún se encontraba militarizada y eso dificultó la expedición, pero no arruinó el éxito, como se puede desprender de la carta recibida desde la Universidad de California: «Aprovecho la ocasión para felicitarlo a usted y al colector por la alta calidad de los especímenes en esta colección.» La segunda, en 1928, tuvo como centro logístico Chauen. En este caso las inclemencias del tiempo pusieron los obstáculos. Los traslados que Font i Quer se vio forzado a hacer por su condición de farmacéutico militar también afectaron a la planificación y las localizaciones que tenían que ser herborizadas. En 1929 se llevó a cabo la tercera campaña, de todo un año y sin Enric Gros, ayudante de Font i Quer. En esta ocasión hubo una visita conjunta de Font i Quer, Louis Emberger (1897-1969) y René Maire (1878-1949) a los bosques de abedules de Quetama y a Tidiguin. Los resultados se presentaron en las sesiones celebradas por la Société de Biogéographie de Argel en 1929. En la cuarta expedición, en 1930, Font i Quer es trasladado al Hospital de Larache y la zona de exploración se diseñará para la región del Lucus y Yebala. Gros vuelve al trabajo de campo y eso agiliza la herborización. Una vez acabada la expedición, los trabajos de determinación y redacción de las etiquetas se ven retrasados por la incorporación de Font i Quer como director del Museo de Ciencias Naturales y la organización de la Flora de Cataluña de Joan Cadevall. Así se lo comenta a Pau en una carta de enero del 1932: «Le incluyo unos reparos a sus determinaciones, que le ruego me quiera aclarar. Porque deseo acabar de una vez con ese Iter de 1930, que todo el mundo me pide.» En 1932 y en 1935 se hicieron dos salidas más, a zonas ásperas y de poca vegetación, pero esta quinta campaña no dio suficientes resultados como para editar un quinto Iter (González Bueno, 1988).

Campamento de Villa Sanjurjo (actualmente, Alhucemas), el primer centro logístico de la campaña de Iter Maroccanum de 1927, con Enric Gros. / Instituto Botánico de Barcelona CSIC-Ajuntament de Barcelona

Estas expediciones fueron de gran importancia en su momento, y aún hoy significan un valor incalculable para el prestigio de la botánica catalana. Tenían que ser el inicio de un plan ambicioso que se ve reflejado en la carta de Font i Quer a Josep Cuatrecasas, en aquel momento, 1935, instalado en Madrid:

La flora de Canarias ya sabe que me interesa. La del Amazonas, no. Me parece que si usted sigue en Madrid, como hasta ahora, y yo puedo ir trabajando en Barcelona, la divergencia será notoria, y las dos capitales se complementarán en cuanto a sus actividades botánicas, tal como habíamos predicho hace tiempo. A nosotros nos tira mucho más África, y creo que debemos continuar por este camino.

Ni las expediciones ni tan siquiera la redacción de una flora del Protectorado de Marruecos pudieron ver la luz con el estallido de la Guerra Civil española.

No dejarse vencer

El historiador de la ciencia Josep Maria Camarasa ha hecho notar varias veces que Font i Quer no se fue de Cataluña, pero vivió un exilio interior atrapado en un país que lo había alejado de las instituciones a las que había dedicado la vida. De nuevo las lecciones del maestro son claras: no dejarse vencer, continuar trabajando (Bolòs y Bolòs, 1968).

«Aún falta que salgamos a la calle y, al igual
que se puede reconocer el nombre de Pla
o Verdaguer, nos pase lo mismo con Font i Quer»

Animo a todo el mundo a leer alguna biografía sobre Font i Quer, a descubrir la inmensidad de una personalidad que fue capaz de completar la libertad que le habían extirpado con una pasión ilimitada por el descubrimiento. No puedo olvidar la anécdota de la forma como llenó el tiempo en la prisión aprendiendo griego o creando un juego con el ilustrador Eugeni Sierra para aprender botánica. El 12 de diciembre de 2013 un acto significativo en la Universidad de Barcelona daba el pistoletazo de salida a un año lleno de conmemoraciones del cincuentenario de su muerte, en 2014: era la entrega a título póstumo de la Medalla de Oro a Pius Font i Quer, organizada por la Facultad de Farmacia de esta universidad. No basta. Aún falta que salgamos a la calle y, al igual que se puede reconocer el nombre de Pla o Verdaguer, nos pase lo mismo con Font i Quer. Quizá hay que explorar más sus archivos, dejarnos hipnotizar otra vez por su obra, como se hace incansablemente con las pinturas impresionistas en los grandes museos. El Instituto Botánico de Barcelona tiene un fondo Pius Font i Quer que cuenta con 1.105 agrupaciones documentales y 23.000 páginas, aparte de una colección de documentos gráficos entre los que encontramos 872 unidades de placas de vidrio estereoscópicas sobre las exploraciones en el Protectorado de Marruecos, algunas de ellas publicadas en este artículo.

REFERENCIAS

Bolòs, A., & Bolòs, O. (1968). Biografia de P. Font i Quer. Collectanea Botanica, 7(1), 3–45.

Camarasa, J. M., & Artis, M. (1995). Pius Font i Quer (Lleida, 1888, Barcelona, 1964): La maduresa de la botànica catalana. En J. M. Camarasa, & A. Roca-Rosell (Eds.), Ciència i tècnica als Països Catalans: Una aproximació biogràfica als darrers 150 anys (pp. 1245–1276). Barcelona: Fundació Catalana per a la Recerca.

Font i Quer, P. (1964). Curriculum Vitae (1888-1964) (AIBB/PFQ/22, nº sist. 000140763). Fondos Pius Font i Quer Recursos Humanos, Archivo del Instituto Botánico de Barcelona, Instituto Botánico de Barcelona CSIC-Ayuntamiento de Barcelona.

González Bueno, A. (1988). Les campanyes botàniques de Pius Font i Quer al Nord d’Àfrica. Treballs de l’Institut Botànic de Barcelona, 12, 7–55.

Agradecimientos: Querría agradecer la ayuda de Trinidad Prunera, del archivo del Instituto Botánico de Barcelona, de Alfonso Susanna y de Josep Maria Camarasa en la elaboración de este artículo.

© Mètode 2017 - 92. El universo violento - Invierno 2016/17

Periodista (Barcelona).