El supuesto lobero y brujo de la Garrotxa

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Un brujo todos saben lo que es. En cambio, los loberos se han perdido en la memoria. En el proceso de la Inquisición que llevaría a la horca al lobero Pere Torrent, lo explican de la siguiente manera: «Persona que con malas artes se afana y hace salir lobos y zorros, así como guste y de la manera que quiere, de forma tal que dan y causan muchos daños matando al ganado». Con los criterios actuales, otras definiciones serían más idóneas para profundizar en el perfil enigmático de estos personajes. En cuanto a Torrent, parece que tenía a sus lobos únicamente porque le gustaban y para presumir. Esto, junto con los hechos acaecidos, le costaría el tormento y la vida.

 Personajes para estudiar

Cuando en el año 1968 se publicó el libro Procés d’un bruixot (Proceso de un brujo), del padre Nolasc del Molar, ilustre fraile capuchino de Olot, mucha gente ya quedó azorada. Descubrían cómo, lindando con los obispados de Girona y de Vic había habido casos de condenados a muerte por la Inquisición, y entre ellos el personaje de Pere Torrent, nacido en la aldea de les Encies, en la Garrotxa, hacia el año 1583. Conocido como Pere Cufí, fue ejecutado en el pueblo de Sant Feliu de Pallerols (Garrotxa) el día 7 de noviembre de 1619. Se le acusaba de brujería; esto es, de tener pactos con el infierno, provocar «granizadas y neblinas», aguaceros y plagas, de hacer crecer bocios en los cuellos de la gente, de celebrar sus rituales y volar, con demonios por montura, junto a otras brujas y brujos de los alrededores. Estas eran algunas de las cosas que se le imputaban, que en la obra se analizan en detalle. Se habla también de su relación con los lobos, aunque no se profundiza demasiado en ella.

Ahora que el lobo ha vuelto discretamente a Cataluña, se manifiesta la necesidad de un análisis más pragmático y actual de muchos de los hechos que rodeaban la historia de la fiera en el pasado. Por eso resulta interesante que vayamos reviviendo los eventos relacionados y que puedan tener más importancia etnográfica. Y este lo es.

Al examinar las particularidades, nos fijamos en que todos los lobos que menciona Torrent tenían nombre, y Del Molar escribe: «No hemos podido encontrar ninguna explicación que nos satisficiera en nuestras pesquisas, y así consideramos mejor dejarlo». Esta renuncia explícita a descubrir más detalles estimula para aportar algunos datos generales, a fin de profundizar en la historia y las actividades que se atribuían a los llamados en catalán llobaters, llopaters, amansidors, encortadors, menadors, amenadors, ensalmadors o salmaires de llops.

Los loberos eran unos personajes curiosos y oscuros que siempre cobraban por hacer que los lobos dejasen tranquilo al ganado. La gente de los pueblos les retribuía con una especie de cuota, como se hacía con médicos, veterinarios o incluso barberos y herreros, es decir con la percepción de unos honorarios pagados durante una temporada o vendiendo ovejas, pollinos, terneros… Incluso los carniceros contribuían, pero lo hacían normalmente en especie, como explica el folclorista Joan Amades (1953). Estos loberos no se han de confundir con otros del mismo nombre, que eran los encargados de recaudar las contribuciones oficiales para eliminar a los lobos, especialmente mediante batidas comunales. En este caso, el dinero obtenido servía para pagar tanto las recompensas por la muerte de las fieras como los gastos originados por dichas acciones venatorias.

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© Ernest Costa
Techo de la galería del Fontanil de Cogolls (Les Planes d’Hostoles), donde Pere Torrent trabajaba de porquerizo. La tipología de los azulejos revela su antigüedad.

Los hechos atribuidos a Pere Torrent

Una de las denuncias a Pere Cufí vino de parte de su propia tía, Joana Trias, considerada también bruja y que, previa tortura, le había implicado. Parece ser que ella fue ejecutada pocos días antes que su sobrino. Hay que tener en cuenta que, en contra de lo dispuesto en el Derecho Civil, que declaraba que nadie debía declarar contra sí mismo, la Inquisición obligaba a hacerlo, aunque fuera con subterfugio y engaños. Se coaccionaba psicológicamente a los acusados para que denunciasen a familiares, cercanos o lejanos.

En el libro de Del Molar se critican duramente las imputaciones en general y en particular las controvertidas o imprecisas. Muchas confesiones parecían calcadas, de manual, en las que los acusados admitían inexcusablemente que, como se creía, eran compañeros de Satanás. Algunos de los procedimientos eran obra de un gerundense de infame memoria: el fraile dominicano Nicolau Eimeric (1320-1399), autor de la obra Directorium Inquisitorum, escrita en 1376.

El escollo en que se encontraba inmerso Pere Torrent fue que un lobo mató a Lleonard Hilari, de Les Planes d’Hostoles, un zapatero que hacía un tiempo se había negado a ponerle suelas a unos zapatos. Como Torrent, contrariado y haciendo gala de su comportamiento impulsivo, le había amenazado con hacerlo traspasar (matar) por un lobo, y el resultado se cumplió, podemos entender el revuelo.

Para redondear el tema, se ve que a un tal Nicolau Llapart, labrador de la parroquia, también le había intimidado Torrent, porque «le había muerto a un lobo de su manada». En este caso, los lobos, fueran realmente de Torrent o salvajes, perjudicaban al ganado del granjero, porque «dieron en matarle una yegua, y un macho, y un rocín y unos 17 lechones y cochinillos».

Ambos hechos, tan inquietantes, le dieron fama de brujo, maestro de lobos y provocador de maldades entre la gente de los alrededores. Él, un poco flojo de aciones o entendimiento, tampoco debía hacer mucho por contrarrestarlo. El poder inquisitorial y la histeria y miedo al demonio y sus obras hicieron el resto. No le sirvieron de nada los avales, ni que durante la tortura Torrent se encomendara a Dios, a la Madre de Dios y a todos los santos, porque los inquisidores solo se creía lo que dijera si eran hechos punibles y ajustados al perfil establecido que querían escuchar.

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© Lluís Morera Bastidas
El lobo se organiza socialmente, como nosotros. Entre los miembros de una manada hay una pareja dominante, llamada Alfa, que suele ser la única que se reproduce.

Lobos para presumir

Ordenando los datos, se deduce que el supuesto brujo había asaltado y robado una camada de lobos, y se llevó cuatro lobatos. Esto sucedió en una cueva de Cogolls, aldea de Les Planes d’Hostoles donde trabajaba de porquerizo. Así lo explica en las declaraciones, pero añadiendo (¡qué remedio, si le estaban atormentando!) que le inspiraba el demonio: porque «a mí me gustaba pensar que después de alimentarlos, me seguirían como perrillos a donde yo quisiera. Y así los encontré; Y los puse en un barranco en el bosque mismo, con una pared pequeña que hice. Y les llevaba leche y carne de mal ganado, que moríase ya. Y cuando los hube nutrido, dichos lobos me seguían a donde iba, porque estaban enamoriscados de mí; y de llamarlos, me venían; y de normal, se quedaban cerca de las casas donde yo estaba». Añade que hacía ocho años que los tenía y que suponía que no hacían ningún mal, pero que hacía tiempo que no les veía ni nombraba. Hubo varios testimonios a favor de la acusación, acreditando que las amenazas que había formulado eran verdaderas, aunque él se defendía argumentando que era todo broma.

Los nombres que les puso a los lobos eran los mismos que tenían cada uno de los demonios que él conocía, según declaró finalmente. Además, durante el tormento manifestó que, en realidad, aquellos lobos también eran diablos. El primero, «que era el capitán», se llamaba Vermell, y le seguían Carrua, Gruanya, Grea, Poca-llàstima, Burbó, Espardenya (debía ser una loba) y Sergent. Mencionó cuatro componentes más que los cuatro que había encontrado. No sabemos si añadía alguno no domesticado, o quizá los suyos habían criado, o cuál era el motivo. Entre los lobos, suele reproducirse sólo una pareja dominante de la manada, y ambos miembros se denominan Alfa. Cuando define a un lobo como «el capitán», podría estar hablando de lo que conocemos hoy en día como macho Alfa, y quizá Espardenya podría ser la loba Alfa.

Los nombres debía ponerlos al azar, como el que nombra perros, y de alguno entendemos el significado, como Vermell (Rojo), Poca-llàstima (Desvergonzada), Espardenya (Alpargata) y Burbó (probablemente Borbón). Carrua equivale a un barranco o cárcava por donde baja la madera del bosque, pero de Gruanya y Grea desconocemos el significado, excepto si Gruanya viene de cruanya, que en catalán es el nombre del cuero crudo o mal adobado.

Lo que queda claro es que Pere Torrent, como veremos, no tenía los rasgos de un lobero convencional. Parece demostrable que no vivía de ello, y en los escritos del interrogatorio se constata que era músico y tocaba el flautín, la flauta y el tamboril. También se sabía que los loberos solían ser forasteros y él no lo era. Además, se escribe en el proceso que ya estando en la prisión, hubo un tira y afloja con el tal Llampart por aquellos daños al ganado, y se convino finalmente que Torrent le pagaría ocho libras. Ya hemos dicho antes que ellos siempre cobraban y que no hay datos de que nunca se responsabilizaran de nada y les tocase pagar.

Aullando, se entienden los lobos

El papel de los loberos es contradictorio, dependiendo del autor que lo trate. Para algunos, se confunde con el también llamado Pare slop, pero ambos tenían la misión de alejar y perseguir lobos. Eran gente temida, porque se decía que cuando alguien quería ahorrarse pagarles o darles hospicio, sus rebaños eran indefectiblemente perseguidos por los lobos. La historia no es nueva porque desde autores clásicos como Platón, Heródoto y Ovidio, hasta San Jerónimo o Cervantes, Dumas, Sand, Seignolle, o por ejemplo Pep Coll, los refieren.

Algunos labriegos sospechaban de los loberos y les tenían a menudo por farsantes o pensaban que, en realidad, ellos eran los que dirigían a los lobos; pero muchos preferían pagar. Otra cosa serían los casos de actuaciones interesadas, como el que se explica en Cerdanya, en el que el amo de un rebaño atraía a los lobos imitando sus aullidos. Sus vecinos estaban convencidos de que lo hacía por celos de los demás propietarios, que tenían más ovejas. Esta habilidad con respecto a la manada le permitía que acudieran cuando él ya tenía el ganado en el corral y los de los demás todavía no habían vuelto.

Más adelante, los loberos fueron perseguidos por las autoridades y considerados en la misma categoría que los vagabundos. Una Real Cédula del 25 de marzo de 1783, promulgada por Carlos III, dice: «En lo respectivo á los que se llaman Saludadores y los Loberos, mando asimismo sean comprehendidos en la clase de los vagos y tratados como tales…».

Es bien sabido que, con práctica, los lobos responden a las imitaciones de aullidos. La memoria oral está llena de situaciones comprometidas en las cuales, aunque estuvieran de broma, se presentaban las fieras y tenían que echar a correr. Algunos aullaban para saber dónde se situaban para poder cazarlos o para saber hacia donde llevar el rebaño, y para tener más éxito «les llamaban valiéndose de un zueco agujereado», que hacía de caja de resonancia. En Vallespir, se explica y es conocida la leyenda del zueco mágico, manejado por un poderoso y eficaz lobero.

Ahora bien, los científicos y responsables de gestionar al lobo también le imitan para intentar localizarlos y tenerlos identificados y censados. Pregúntenselo a los guardas del Parque Natural de Cadí-Moixeró, donde ya se vuelve a pasear algún lobo. Los lobos utilizan los aullidos para comunicarse y como una especie de demarcación territorial. Es la imagen típica y tópica que tenemos de este carnívoro: la cabeza hacia atrás, el morro dirigido hacia el cielo y la boca vocalizando bajo la luz de la luna llena. Antes eran sonidos bien conocidos por la gente, pero en la actualidad, volver a escucharlos puede ser una experiencia inolvidable.

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© Ernest CostEl autor del libro sobre el brujo de Les Encies estaba convencido de que este edificio de Sant Feliu de Pallerols había sido la Cúria Real, donde el supuesto lobero y brujo Pere Torrent fue juzgado, atormentado y condemnado a la horca. Sorprende la placidez actual por los espeluznantes hechos que se han documentado.

La brujería, los lobos y los conflictos con los humanos

Muchos autores han escrito miles de paginas sobre el fenómeno de la brujería en Europa y Cataluña a principios del siglo XVII. Muchas mujeres y pocos hombres fueron ejecutados con la acusación de tener pactos con las fuerzas infernales. En los textos procesales generales, aparecen elementos inculpatorios parecidos a los confesados por Pere Torrent excepto los de su relación tan directa con los lobos. La visión actual coincide en que con los efectos de la miseria de la época, había necesidad de encontrar chivos expiatorios y responsabilizar a alguien de las desgracias que afligían a la gente. El mejor chivo, en estos trances, era el mismísimo demonio, precisamente conocido en aquella época como boc de Biterna (chivo de Biterna), y actuar persiguiendo a los humanos que lo encarnaban. La presión del pueblo y las autoridades, al ver que los desastres meteorológicos, las guerras, el bandolerismo y muchas enfermedades y desastres más no se solían resolver con plegarias, llevó a la Iglesia a ser parte activa de procesos vergonzosos como este. Tal bajeza es difícil de entender, sin intuir los niveles de degradación moral a que se había llegado en muchos niveles de aquella sociedad.

En el Alt Empordà, según Cels Gomis, cuando veían a alguna mujer que consideraban bruja, se persignaban con la mano derecha, mientras le decían: «Mal vergajo de lobo te joda tres veces en cruz». Un vergajo es el miembro viril, y la imprecación metiendo al lobo por en medio revela las malas intenciones que se tenían. En cualquier caso, esta perniciosa historia del hombre de La Garrotxa nos lleva a una época de las más oscuras del pasado, cuando hacía tiempo que se había perdido la noción de armonía entre todos los elementos de la naturaleza. Los humanos dejaron de admirar y aprender del lobo, como habían hecho cuando eran cazadores seminómadas.

Al llegar el neolítico, apareció el sedentarismo y la domesticación de animales, y el lobo pasó a ser un competidor expeditivo al que combatir. La expansión de las religiones monoteístas, desde el judaísmo hasta el cristianismo e incluso el islam, hicieron que consideráramos al lobo un sinónimo de las fuerzas del mal, mientras este cánido formidable veía desaparecer a sus presas progresivamente, porque el hombre las iba tomando. Si a todo esto añadimos la destrucción de los bosques, podemos entender que un ataque tan fácil al ganado doméstico era la única alternativa que tenía para la continuidad de su especie. El conflicto se iba magnificando y la extinción del lobo, que se clasificaría como Canis lupus en 1758, se vislumbraba en la mayoría de nuestros territorios.

Bibliografía
Amades, J., 1953. Costumari català. Salvat Editores/Edicions 62. Barcelona.
Del Molar, N., 1968. Procés d’un bruixot. Taller tipogràfic de Mestre Joan Aubert. Olot.

Josep Maria Massip Gibert. Naturalista y estudioso del lobo. Banyoles (Gi­rona).
© Mètode 64, 2009/10.

 

© Dolors Pinatella
El papel de los loberos es un tanto confuso. Para algunos autores, los loberos se encargaban de alejar a los lobos de los rebaños. Aunque algunos les acusaban de ser ellos los que dirigían a los lobos, la mayoría de labriegos preferían pagarles.

«Un lobo mató a Lleonard Hilari, un zapatero a quien Torrent había amenazado con hacerlo matar por un lobo. Como el resultado se cumplió, podemos entender el revuelo»

 

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© Mètode
Un brujo dirigiéndose a una de las reuniones, conciliábulos, aquelarres o sabbats a lomos de un lobo, representado en un grabado del siglo xv.

«Los loberos eran unos personajes curiosos y oscuros que siempre cobraban por hacer que los lobos dejasen tranquilo al ganado. La gente de los pueblos les retribuía con una especie de aconducho, como se hacía con médicos, veterinarios o incluso barberos y herreros»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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© Ernest Costa
Los lobos que tenía Pere Torrent procedían de una cueva de Cogolls. la poza de El Molí dels Murris, en la imagen, es uno de estos parajes donde el lobero crió a los animales.

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© Ernest Costa
La fachada de esta entidad bancaria del centro de Sant Feliu de Pallerols no nos hace sospechar que en este mismo edificio estuviese recluido Pere Torrent. Pero la memoria popular todavía lo conoce como «la prisión».

«Ahora que el lobo ha vuelto discretamente a Cataluña, se manifiesta la necesidad de un análisis más pragmático y actual de muchos de los hechos que rodeaban la historia de la fiera en el pasado»

© Mètode 2011 - 64. La mirada de Galileo - Número 64. Invierno 2009/10

Naturalista licólogo, Banyoles (Pla de l’Estany).

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