Guerras olvidadas

Ciencia y tecnología se alían para descubrir la violencia del pasado

Los avances científicos y tecnológicos prometen que en el siglo xxi pocas muertes quedarán sin resolver. La ciencia permitirá descubrir la causa de los enfrentamientos a muerte y los detalles de las ceremonias y ritos funerarios más inauditos.

Las batallas de otras épocas están más de moda que nunca. La arqueología se ha aliado con las tecnologías más punteras de las ciencias forenses para descubrir y analizar acontecimientos de hace miles de años que diezmaron poblaciones enteras y configuraron territorios. La reconstrucción del pasado gracias a las técnicas forenses más modernas ha recuperado historias de luchas y muertes totalmente desconocidas hasta ahora. Así, innumerables asesinatos quedaron impunes en la antigüedad: una flecha lanzada en la oscuridad, un veneno oculto tras el sabor del vino, o un apuñalamiento cara a cara pero sin testigos. En muchos casos, una guerra empezaría, simplemente, porque había que luchar contra el desconocido, contra aquellos que podían ser una amenaza. Y muchos disfrutaron, sin duda, de los beneficios y de los éxitos conquistados a base de muerte, engaño o tortura.

«La reconstrucción del pasado gracias a las técnicas forenses modernas ha recuperado historias de luchas y muertes desconocidas hasta ahora»

Filósofos, emperadores y reyes del Renacimiento usaron el asesinato como medio para conseguir sus objetivos. Pero claro, aunque las sospechas señalasen a los culpables, era casi imposible demostrarlo. Y mientras unos intentan descubrir a los asesinos, muchos se han dedicado a practicar la damnatio memoriae. «Este hecho se produce cuando, intencionadamente, se actúa para borrar la huella, los testimonios, imágenes o escritos y, por tanto, el recuerdo de una persona, un evento o una época del pasado. Con ello se busca un beneficio político o económico», señala el egiptólogo del CSIC José Manuel Galán, consultado para este artículo.

Reconstruyendo el pasado

La ciencia forense y la antropología comparten avances que ayudan a que ambos campos evolucionen. El método de datación por carbono-14 nos permite establecer la antigüedad de los materiales orgánicos con bastante fidelidad, eso sí, solo para los últimos 50.000 años.

Pero cada vez queremos saber más. La ausencia de huesos a los que realizar las pruebas es, habitualmente, el mayor problema de los antropólogos para confirmar algo que intuyen, como la presencia de homínidos en un yacimiento. Pero una nueva tecnología desarrollada por un equipo internacional liderado por el investigador del CSIC Antonio Rosas promete revolucionar el mundo de la antropología: el análisis de fragmentos del ADN mitocondrial. El novedoso método aplica las tecnologías de secuenciación masiva del genoma a las muestras de sedimento del suelo de los yacimientos arqueológicos, algo que hasta ahora se desechaba. En el estudio, publicado en 2017, se analizaron 85 muestras de sedimento de entre 550.000 y 14.000 años de antigüedad procedentes de ocho cuevas de Eurasia, entre ellas, la cueva asturiana de El Sidrón. Los resultados no dejaron lugar a duda: el equipo confirmó la presencia de neandertales, denisovanos y de megafauna como mamuts y rinocerontes lanudos.

En la imagen de la izquierda, cráneo de un neandertal hallado en la Sima de los Huesos de Atapuerca, conocido como Cr-17. Los dos enormes agujeros visibles en la frente apuntan a una hipótesis clara: el individuo fue asesinado de dos golpes con un objeto contundente. Las heridas son exactamente iguales (es decir, realizadas con el mismo objeto) y no hay ninguna señal de recuperación del tejido óseo, por lo que ese homínido murió por los golpes. Es decir, fue asesinado. En el mismo yacimiento, se halló también la bautizada como «Excalibur», un hacha de piedra roja perfectamente tallada, que podría ser parte de una ofrenda ritual (a la derecha). / Javier Trueba, Madrid Scientific Films – José Bermúdez de Castro, MNCN

Este estudio era una prueba de concepto, un primer experimento con el que demostrar que la técnica funciona y que, por lo tanto, se podrá utilizar en cualquier yacimiento. La investigación científica siempre quiere ir más allá y, como hacen las ciencias forenses, pretende saber por qué esos huesos acabaron ahí, qué ocurrió en los últimos minutos de la vida de un individuo e, incluso, quién lo asesinó.

La historia está llena de luchas, traiciones y grandes batallas para conquistar territorios y riqueza. Pero muchas de esas luchas quedaron ocultas por el paso del tiempo, tal vez olvidadas para siempre. Algo así le ocurrió a Tusculum, una ciudad ubicada a solo 27 kilómetros de Roma que está siendo desenterrada en la actualidad. Su proximidad con Roma les hizo competir por la hegemonía y por los recursos. Roma decidió atacarla, y Tusculum fue arrasada en abril del año 1191 tras una cruenta batalla. Posteriormente fue enterrada y poco a poco olvidada. Por este motivo, la ciudad solo era conocida por los textos de la época, pero nadie sabía el lugar exacto de su localización.

En la actualidad se siguen usando estas macabras técnicas para acabar con el enemigo; no solo arrasan una población y su gente, sino que intentan borrar cualquier vestigio de su existencia, lo que incluye acabar con su arte y su cultura. Pero esa no es la única forma de acabar con el adversario.

El canibalismo como rito o venganza tribal

¿Hay algo más dramático para exterminar al enemigo que eliminar a sus descendientes?

Hace 800.000 años, mucho antes de que las líneas de sangre marcasen ducados y herencias, también era importante deshacerse de las estirpes. Investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana que trabajan en Atapuerca han recuperado los restos de, al menos, once niños Homo antecessor que fueron devorados por sus congéneres. Este hecho representa la primera barbarie de la historia, el paradigma de todo lo que todavía desconocemos de esta especie.

Los homínidos de la sierra burgalesa podían haber decidido luchar contra otro grupo como se ha hecho siempre, pero decidieron llevar a cabo ataques de bajo riesgo. Eliminar a los niños del grupo rival era lo más fácil. Su asesinato conseguía por sí solo asustar al grupo rival y que huyeran, por lo que la única explicación de los investigadores a que se los comieran era que buscaban un beneficio nutricional. Estos descubrimientos añaden un rasgo más animal a este comportamiento, que se asemeja al observado en chimpancés.

«Neandertales y ‘Homo sapiens’ han practicado el canibalismo por distintas razones: como ritual, como acto de guerra y por hambruna»

En la actualidad, hay abierto un debate sobre el canibalismo, ya que existen casos recientes documentados etnográficamente en diversas culturas. Existe un canibalismo ritual que los expertos no están seguros de poder distinguir, a nivel del registro fósil, del canibalismo llamado de supervivencia.

El de Atapuerca no es un hecho aislado, porque al menos hubo dos episodios más de canibalismo en esa zona. Pero este grupo es el único de homínidos que se ha comido exclusivamente a los niños. Eso sí, en distintos momentos, tanto neandertales como Homo sapiens han practicado el canibalismo por distintas razones: como ritual, como acto de guerra y por hambruna. Es el caso de los neandertales del yacimiento belga de Goyet, que practicaron el canibalismo hace poco más de 40.000 años en, al menos, cinco individuos. Los huesos tienen marcas producidas por herramientas de piedra al cortar la carne, y fracturas para extraer el tuétano. Incluso se aprovecharon algunos huesos para hacer herramientas con las que tallar útiles de piedra.

«Pero hay casos muy recientes. En la década de los cincuenta del siglo pasado los fore, una tribu de Papúa Nueva Guinea, consumía la carne, las vísceras y el cerebro de los miembros fallecidos, como símbolo de respeto. Aunque creo que es muy posible que para los homínidos del pasado, incluidos los neandertales, el canibalismo fuera mayoritariamente por supervivencia. Las señales de fractura y descarnación de los huesos recuperados siguen los mismos patrones que los huesos de los herbívoros que cazaban», concluye Carlos Lalueza-Fox en una entrevista en exclusiva para esta pieza. Pero antes de estas prácticas, hubo una pelea más personal, más directa, cara a cara, que se ha convertido ya en el asesinato conocido más antiguo de la historia.

Imagen del yacimiento de Tell Qarassa en Siria, en el que arqueólogos españoles del CSIC y de la Universidad de Cantabria descubrieron un enterramiento neolítico muy peculiar. En el suelo, cubierto de losas, se recuperaron once cráneos dispuestos en dos círculos. Todos los cráneos tenían los huesos de la cara destrozados y separados de la calavera. Alguien había borrado su rostros para condenarles al olvido eterno. / Luis Teira

El asesino de Atapuerca

Hoy sabemos que alguien cometió un homicidio hace 430.000 años. El «cuerpo del delito» apareció en un pozo de 13 metros de profundidad en la Sima de los Huesos de Atapuerca. El cráneo del individuo en cuestión, conocido como Cr-17, se recuperó poco a poco después de que en 1990 se encontrara el primer fragmento. En el estudio han participado, entre otros, los tres directores del Proyecto Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Los 52 trozos, tras recomponerlos, mostraron dos enormes agujeros en el hueso. La hipótesis de la muerte del propietario de ese cráneo estaba clara: fue asesinado de dos golpes en la frente con un objeto contundente. Al menos, el ataque no fue por la espalda. Este crimen se ha podido reconstruir porque el equipo sometió el cráneo a distintos análisis típicos de la ciencia forense y crearon un modelo en 3D del cráneo para poder ver con más detalle las fracturas. Así, descubrieron que ambas heridas eran exactamente iguales, por lo que las había realizado el mismo objeto. No hay ninguna señal de cicatrización ni de recuperación del tejido óseo. Es decir, el homínido no se pudo recuperar de esos golpes y murió o, mejor dicho, fue asesinado. Pero los restos de ese individuo no estaban solos, ya que en total aparecieron los fósiles de, al menos, 28 individuos, todos ellos del linaje de los neandertales.

¿Cómo llegaron aquellos cuerpos al fondo de ese pozo? Hay un detalle que no se les ha escapado a los investigadores: el 70 % de los esqueletos encontrados pertenece a adolescentes y jóvenes, es decir, a los más fuertes de un grupo. Como señalan los expertos del estudio, es algo muy extraño. En un enterramiento al uso, los difuntos suelen ser personas mayores y niños, que son los más débiles. Y para terminar de añadir misterio al enterramiento, los investigadores encontraron junto a ellos a la bautizada como «Excalibur», un hacha de piedra roja perfectamente tallada, que podría ser una ofrenda ritual. Esta es una clave más por la que se plantean la hipótesis de que allí se produjo el primer acto funerario de la historia.

Cómo borrar a alguien de la historia

En el antiguo Egipto, los enemigos de un difunto podían vengarse de él borrando su historia y destrozando su enterramiento. Una sociedad centrada en el más allá y tan preocupada por el presente y por ser recordados cuando se iban recibía uno de los peores castigos a través de la damnatio memoriae. El primer testimonio de esta práctica se produjo en Egipto, cuando se empezaron a confeccionar listas de reyes y se omitió a alguno de ellos (por no ser de su ciudad, de su familia, por ser mujer o por adorar a otro dios). Está claramente documentada hacia el 1470 a. C., con la reina Hatshepsut, a la que intentaron hacer desaparecer de la historia.

Los más de 2.000 huesos humanos encontrados en Alken Enge (Dinamarca) apuntan a una masacre terrible. En este yacimiento se han producido hallazgos inquietantes, como cráneos con perforaciones en la parte trasera (arriba a la izquierda), un conjunto de huesos de la cadera atravesados con un palo (arriba a la derecha) e incluso armas y animales sacrificados, lo que refuerza la teoría de que se trate de un ritual; en la imagen inferior a la izquierda, hacha tallada en fresno de 75 centímetros recuperada en la excavación danesa. A la derecha, vista de la masacre. / Ejvind Hertz, Skanderborg Museum – Peter Jensen, University of Arhus – Moesgård Museum – Moesgård Museum

Mucho antes, hace 10.500 años, a todo un grupo le ocurrió algo similar. El descubrimiento se ubica en Tell Qarassa, al sur de Siria, una zona donde trabajó un grupo de arqueólogos españoles del CSIC y de la Universidad de Cantabria antes de que comenzara la guerra en 2011. Allí, en una especie de habitación ovalada subterránea de dos metros de largo, los investigadores encontraron un enterramiento neolítico muy peculiar. En el suelo, cubierto de losas, se recuperaron once cráneos en dos círculos, la mayoría de individuos jóvenes de entre 18 y 25 años. Hasta ahí todo normal, porque no es el primer espacio mortuorio con esas características. La sorpresa vino al comprobar que todos los cráneos tenían los huesos de la cara destrozados y separados de la calavera. Alguien había borrado su rostro, pareciendo condenarles a una damnatio memoriae.

Estos cráneos podrían narrar una venganza, porque se amputaron los huesos de la cara de todos salvo de un niño. Aunque este mismo grupo de investigadores cree que es un ritual, tal vez de nigromancia, y que aquellas poblaciones atribuían mucho valor al cráneo. El enigma, de momento, quedará sin resolver hasta que los investigadores puedan volver a la zona.

La lucha por los recursos

La masacre más antigua de la historia se la disputa Siria con Kenia. En este país africano, cerca del lago Turkana, 27 personas fueron asesinadas hace aproximadamente 10.000 años. Los cuerpos fueron encontrados por casualidad, porque no fueron enterrados. Algunos cayeron al lago y otros fueron cubiertos de forma natural por sedimentos. En los últimos años el viento ha erosionado ese sedimento y ha permitido ver los restos. Por este motivo no se descarta que aparezcan más cuerpos.

«Los avances científicos han ayudado a resolver la muerte del último gran faraón egipcio, Ramsés III»

Fue un suceso único. Diez de los cadáveres presentan heridas graves que probablemente les produjeron la muerte de forma inmediata y hay al menos cinco que fueron heridos con flechas. Además, cinco sufrieron graves daños en la cabeza, posiblemente causados por un palo o un garrote de madera. Una de las mujeres, en avanzado estado de gestación, fue encontrada en una posición muy peculiar; estaba sentada y con las manos cruzadas entre las piernas, lo que señala que fue atada de pies y manos. El lugar donde se produjo el ataque, con recursos pesqueros y agua potable, quizás era codiciado por otros grupos. La causa del enfrentamiento pudo ser un intento de apoderarse de los recursos.

La muerte discreta

Por fin parece que los avances científicos han ayudado a resolver una de las mayores dudas sobre el último gran faraón egipcio, Ramsés III, como es el motivo de su muerte, que se produjo en el año 1153 a. C. Algunos documentos, como el Papiro Judicial de Turín, del año 1155 a. C., señalan que durante un intento de golpe de estado se intentó matar al faraón, pero no se sabía si lo habían conseguido. Hasta ahora su muerte era todo un misterio. La momia había sido ya estudiada, pero las vendas que la cubrían ocultaban el motivo de su muerte.

Según parece alguien le cortó la garganta. Las ecografías del cadáver momificado han revelado ahora que el faraón murió por una herida de siete centímetros de ancho en el cuello realizada por una cuchilla afilada y que falleció de forma inmediata. Para tratar de resolver ese misterio momificado, el profesor Albert Zink, paleopatólogo del Instituto de las Momias y del Hombre de Hielo de Bolzano (Italia), estudió su momia y la de otro cuerpo sin identificar que se encontró en la tumba real cerca del Valle de los Reyes de Egipto. Las pruebas de ADN han demostrado que este cuerpo corresponde al de un joven de unos dieciocho años y que era familiar de Ramsés III, probablemente su hijo Pentawere.

El faraón Ramsés III murió en 1153 a. C. en extrañas circunstancias y miles de años después se ha descubierto cómo. Las ecografías de su cadáver momificado han revelado ahora que el faraón murió por una herida de siete centímetros de ancho en su cuello realizada por una cuchilla afilada y que falleció de forma inmediata. / G. Elliot Smith, The University of Chicago Library

Cuando el equipo de Zink analizó el cuerpo del joven, descubrieron que tenía el pecho hinchado y unas arrugas y pliegues extraños alrededor del cuello. Según el estudio, podría indicar que el joven murió ahorcado. Esta teoría se apoyaría además en el hecho de que el difunto no recibió una momificación normal, sino que su cuerpo estaba cubierto con piel de cabra, en lo que se consideraba un «ritual impuro», algo que podría haber sido un castigo. En los documentos que existen de esta época, algunos le culpan del asesinato de su padre.

Un ritual difícil de explicar

Y unos 8.000 años después de la matanza de Kenia, en Alken Enge (Dinamarca), se produjo una masacre aún más bárbara y sin una justificación clara. Según la datación de carbono-14, la masacre sucedió entre el año 2 a. C. y el 54 de nuestra era. El resultado es una gran fosa común con más de 2.000 huesos humanos de 84 personas, aunque los arqueólogos creen que podría haber casi 400. «No fue un combate entre iguales. Muchos cuerpos sufrieron heridas en las piernas, típicas de las personas que huyen y que son alcanzadas por detrás. Los que murieron no eran personas curtidas en la lucha, porque no tenían heridas previas cicatrizadas, es decir, no habían luchado antes, eran pastores y agricultores, no guerreros. La mayoría de los huesos pertenecieron a hombres de entre veinte a cuarenta años. Lo normal en aquella época es que las mujeres del grupo de los vencidos fuesen secuestradas y convertidas en esclavas», señala Mette Løvschal, arqueóloga y antropóloga de la Universidad de Aarhus y directora del proyecto, en una entrevista para este artículo.

«Mientras las ciencias forenses y las técnicas de investigación sigan avanzando, los crímenes del pasado no caerán en el olvido»

La escena que se dibuja es realmente dantesca. El estudio de los cadáveres nos habla de que los cuerpos, tras la batalla, quedaron tirados por el suelo y fueron devorados por animales. Los huesos se han encontrado en pequeños paquetes en el fondo de un lago, pero antes de eso, alguien retiró la carne que les quedaba y los desmembró. Entre los restos también se hallaron armas y animales sacrificados, lo que refuerza que se trate de un ritual. Uno de los hallazgos más inquietantes es un palo que une cuatro huesos de la cadera. Este yacimiento nos describe una magnitud de violencia nunca vista hasta entonces.

Hay mucha información por descubrir. No hay textos romanos sobre esta batalla y los pueblos germanos de la época no tenían escritura, así que estos huesos son los únicos que pueden decir qué pasó. El siguiente paso ya ha llegado, y en la actualidad el equipo de Løvschal está haciendo pruebas de ADN para saber exactamente quiénes eran y por qué murieron esas personas. El método usado para acabar con alguien pudo quedar oculto entonces, pero hoy en día la ciencia es la mejor aliada.

La ciencia encontrará a los cultpables

Los rumores siempre han existido: el faraón, el alto cargo o la amante había sido envenenado, pero hasta casi finales del siglo xix no era posible detectar el veneno en los cuerpos. Por eso, los «probadores» de comida eran abundantes entre los séquitos de los más poderosos y algunos, evidentemente, duraban poco en el cargo. Se dice, de hecho, que Nerón contaba con un nutrido grupo de esclavos cuya misión era probar la comida del mandatario. Con el paso del tiempo es fácil imaginarlo como un hombre desconfiado, especialmente porque se sabe que asesinó a su madre y a su hermanastro y condenó a muerte a su tutor, el filósofo Séneca.

El miedo, el daño, el horror y la guerra parecen estar escritos en nuestro ADN. Cuando no se contempla la palabra como forma de negociación, las cartas son los puñales, las lanzas y el veneno. Mientras que las conquistas se consigan con la muerte y mientras que el asesinato pueda quedar impune, los individuos estarán en peligro. Eso sí, mientras las ciencias forenses y las técnicas de investigación sigan avanzando, estos crímenes del pasado, aunque queden impunes, no caerán en el olvido.

 

© Mètode 2019 - 100. Los retos de la ciencia - Volumen I (2019)

Periodista y directora de comunicación del CSIC (Madrid).

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