La incómoda veracidad del cambio climático

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El documental Una verdad incómoda está basado en las conferencies que imparte Al Gore desde hace más de diecisiete años.

Tres imÁGENES

Empieza como un thriller policiaco. Primero una serie de imágenes aparentemente inconexas que conducen nuestras sospechas en una dirección concreta. Después, con una tipografía diáfana y elegante, aparece el título encima de un personaje que desde la parte de atrás de un coche observa con mirada perdida un paisaje forestal de otoño que se refleja parcialmente en los cristales. La narración salta hacia el biopic cuando vemos como el mismo personaje en blanco y negro, de espaldas y a contraluz, respira a fondo, controla los nervios y se dirige con paso decidido hacia los focos que iluminan una gran sala de conferencias llena de público

El personaje es Al Gore, el «exnuevo presidente de los Estados Unidos», como él mismo se presenta, y la película es Una verdad incómoda (Gore et. al., 2006), un documental de divulgación sobre el cambio climático basado en las conferencias que hace más de diecisiete años imparte en todas partes el mundo. Gore empieza su discurso con tres iconos visuales. Los dos primeros ilustran como entendimos que el planeta era finito y dinámico a finales de los años sesenta. Las fotografías hechas durante las misiones tripuladas a la Luna del proyecto Apolo que mostraban la Tierra como una pequeña perla azul manchada de nubes y colgada del firmamento nos demostraron su finitud. El dinamismo lo captaron cuando en la misma época se publicó la gráfica de Keeling, hoy considerada una de las más famosas de la historia de la ciencia, que dibujaba la evo­lución de la concentración atmosférica del CO2 encima del océano Pacífico durante la última década. Los dientes de sierra que aparecían en la serie temporal mostraban que a cada ciclo anual la producción y la respiración se alternaban como proceso dominante en el metabolismo de los productores primarios. Fue cómo si de golpe viéramos inspirar y expirar a todo el planeta. La tercera imagen icónica es una fotografía del amanecer donde la atmós­fera aparece como una capa ridículamente delgada sobre la inmensidad d­el horizonte. La sensación de fragilidad y vulnerabilidad que transmite la imagen ayuda a entender por qué la actividad humana ha sido capaz de alterar la composición química atmosférica, de intensificar el efecto invernadero y, de resultas de ello, de provocar lo calenta­miento global de todo el planeta.

 

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«El discurso de Una verdad incómoda se mueve con rapidez, claridad y por desgracia a menudo también con atrevimiento y falta de rigor»

 

 

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Curva de Keeling. Este investigador fue el primero en darse cuenta del aumento del dióxido de carbono en la atmósfera, principal causa del efecto invernadero.

  

EL impacto del cambio climático

El discurso de Una verdad incómoda, desarrollado de manera más detallada en el libro, que lleva el mismo título (Gore, 2006), se mueve con rapidez, claridad y por desgracia a menudo también con atrevimiento y falta de rigor, en el terreno del impacto y la atribución. Gore empieza mostrando las espectaculares reducciones de volumen que han sufrido muchos glaciares de todo el mundo y como los testigos de hielo de la Antártida muestran la misma variación en la temperatura y en el CO2 en los últimos 650.000 años. Gore utiliza esta relación para postular que la causa del presente calentamiento es la subida del CO2, un razonamiento que en los círculos académicos solo se considera una prueba circunstancial. Por suerte, inmediatamente aporta la mejor prueba disponible sobre cuál es la causa del actual cambio climático: los modelos climáticos que solo tienen en cuenta los factores naturales que afectan a la temperatura, no pueden reproducir las tendencias climáticas observadas, pero sí lo hacen aquellos que incorporan la alteración del balance energético terrestre que hemos provocado los humanos. A continuación, habla del coste, económico y en vidas humanas, del impac­to de los fenómenos climáticos extremos. Empieza bien cuando explica que el reciente incremento en la frecuencia de olas de calor y años muy cálidos es debido al cambio climático, pero resbala cuando también lo hace responsable de la subida en intensidad y número de los huracanes, una cuestión aun debatida con vehemencia en los círculos científicos. Para finalizar la sección explica que la capacidad del aire para acumular agua se incrementa con la temperatura. Una atmósfera más caliente absorbe más humedad del tierra, retiene el agua durante mucho más tiempo y provoca sequías. La misma atmósfera, cuando finalmente suelta el agua, lo hace en cantidades más grandes y provoca inundaciones.

Una verdad incómoda entra entonces en una fase poco estructurada, aparentemente sin hilo conductor y donde el espectador recibe un bombardeo constante de información. Primero muestra que la fusión del permafrost, el suelo helado de las regiones boreales, desestabiliza las casas y las infraestructuras y hace que los árboles de la taiga, desarraigados, se inclinen en todas direcciones y parezcan una pandilla de borrachos. Después recurre al recurso fácil y lacrimógeno de mostrar un oso polar digital ahogándose en la inmensidad de un océano Ártico, que ha quedado totalmente libre de hielo a consecuencia del calentamiento global. Continúa explicando que los cambios durante las estaciones del año afectan a los ciclos vitales de muchas especies y provocan alteraciones del balance de la naturaleza. Un saco muy ancho donde Gore, cometiendo el típico error de confundir cambio climático con cambio global, mete sin contemplaciones casi todos los problemas ambientales del planeta: la invasión de espe­cies ajenas, la sexta gran extinción, la desaparición de los corales, las mareas rojas o la expansión de las enfermedades infecciosas nuevas y emergentes.

 

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«Una verdad incómoda es el manifiesto político
de quién estuvo muy
cerca de convertirse en presidente de la nación más poderosa y la más gran responsable del cambio climático»

 

 

 

«Es frustrante
para los
climatólogos que una película y un informe económico hayan tenido más eco que nuestro trabajo de más de veinte años»

 

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Gráfico que muestra la pérdida de los glaciares al Kilimanjaro desde 1962.

 

«Al Gore parece
querer ser
percibido como
el principal apóstol
de su propia cruzada, la lucha contra el cambio climático,
y parece que se sale con la suya»

Pero no todo es paja en Una verdad incómoda, y Gore es consciente que está jugando una de sus mejores cartas cuando habla de la fusión de los mantos de hielo continentales. Primero nos recuerda los colapsos de plataformas de hielo en la Antártida que tan a menudo hemos visto en las noticias. Los satélites detectaron grandes balsas de agua de fusión en la superficie del hielo antes del derrumbamiento. Se cree que el agua excavó grietas y túneles que redujeron la estabilidad estructural del hielo hasta provocar el colapso de la plataforma. El problema es en el otro lado del mundo, donde ya hace años que se observan balsas de fusión y grietas en regiones cada vez más extensas de Groenlandia. Allí la masa de hielo cubre el suelo, de forma que las aguas de fusión penetran hasta la base rocosa, actúan como lubricante natural y aceleran el desplazamiento del hielo hacia la costa. El manto de hielo de Groenlandia podría llegar a colapsarse de manera repentina. A diferencia de la An­tártida, donde el hielo flotaba, el vaciado repentino al mar del manto de hielo de Groenlandia haría subir unos seis metros el nivel de los océanos y dejaría bajo las aguas muchas de las costas donde se encuentra buena parte de la población mundial. Gore se recrea en esta parte de su discurso y nos muestra simulaciones de cómo se ahogan buena parte de Florida, San Francisco, los Países Bajos, Pekín, Shanghái y Bangladés. Finalmente, en un crescendo teatral y dramático, vemos como las aguas invaden lentamente la parte baja de Manhattan y llenan un gran espacio libre de edificios que la voz ceremoniosa de Gore identifica como el World Trade Center Memorial.

El saltO a la política

Una verdad incómoda no es un simple documental sobre el cambio climático, es el manifiesto político de alguien que estuvo muy cerca de convertirse en presidente de la nación más poderosa del planeta y la más gran responsable del problema que tenemos entre manos. La política entra en escena cuando Gore nos explica cómo, una vez resuelto el contencioso legal que le dio la presidencia a George Bush hijo en las elecciones del año 2000, decidió volver a difundir la verdad sobre el cambio climático, elemento que representó el eje vertebrador de su actividad política como congresista antes de ser vicepresidente. El suyo, sin embargo, no es un discurso canónico, sino más bien una búsqueda continua de los argumentos que le tienen que permitir lanzar pullas a la administración republicana. Cuando habla de los efectos devastadores del huracán Katrina en Nueva Orleans, es consciente de que los norteamericanos consi­deran la respuesta de la adminis­tración Bush ante la crisis como un ejemplo de falta de previsión, ineptitud e inoperancia. Cuando muestra como las aguas recubren el monumento a las víctimas del 11 de septiembre está pinchando el corazón de sus compatriotas y les dice que en el mundo hay otras luchas aparte de la gran cruzada contra el ter­ror. Al Gore quiere ser percibido como el principal apóstol de su propia cruzada, la lucha contra el cambio climático, y, de momento, parece que se sale con la suya: ha recibido el Nobel de la Paz 2007, premio que comparte con el IPCC.

¿Cuáles son los agentes del mal en la cruzada de Gore? Los que enuncia deprisa y corriendo en la parte final de la filme: la explo­sión demográfica, el crecimiento de las ciudades, el consumo excesivo de recursos y energía, la gestión ambiental inadecuada, la deforestación, los incendios, la contaminación, el mal uso de la tecnología o los efectos colaterales de nuestro modelo energético. ¿Y qué arma propone para combatir todas estas amenazas? Pues bien, sin ningún tipo de embarazo, a pesar de la ingenuidad de su propuesta, nos dice que la solución a todos los males es un capitalismo de libre mercado con soluciones verdes económicamente atractivas porque tecnológicamente son más competitivas. Impresiona que toda la profundidad, rigurosa o no, del documental se vaya a parir panteras con un tratamiento del problema tan naif del problema que olvida que las reglas de juego del mercado actual solo favorecen al beneficio económico a corto plazo. Excepto algunos casos muy concretos y loables, las tecnologías verdes solo salen adelante cuando se subvencionan, cuando en los cálculos se consideran los costes ambientales, cuando la actividad económica está fuertemente regulada para favorecerlas, cuando se plantea la recuperación de las inversiones a muy largo plazo o cuando las decisiones se toman considerando la maximización de la calidad de vida del colectivo y no solo la riqueza económica de los individuos.

En la parte final del filme Gore critica nuevamente la administración Bush para negarse a ratificar el protocolo de Kioto y enaltece las numerosas ciudades y estados norteamericanos que han aprobado medidas voluntarias para cumplirlo a nivel regional y local. Entonces se pregunta si los Estados Unidos están capacitados para afrontar este problema. Él cree que sí, y por eso recuerda a sus compatriotas los retos que fueron capaces de superar en el pasado, desde la revolución contra los británicos que les dio la independencia a la conquista del espacio. Gore ilustra este hito con otra imagen icónica, la de Aldrin con la bandera americana en la superficie de la Luna. Una imagen que hace de preludio a la fotografía de la Tierra obtenida por una sonda espacial donde nuestro planeta es solo un pequeño punto azul en el firmamento y que, en una clara autoreferència al principio del film, sirve como cierre visual de Una verdad incómoda.

SensacionEs

Una cosa es cierta: el documental no deja indiferente nadie. Cuando lo vi me emocioné a pesar de las incorrecciones, medias verdades, mensajes politizados y soluciones propias de un teletubbie Gore es muy didáctico y domina la oratoria. Combina la broma fácil con la que se gana una parte de la audiencia con la sutil ironía con la que capta al resto del público. El documental se ha rodado con muchos medios, el tratamiento gráfico es potente y estéticamente atractivo, tiene un buen ritmo y el hilo argumental atrapa hasta el final. Estas calidades cinematográficas, sin embargo, no explican mi emoción. Sabía que Una verdad incómoda llegaría a mucha gente y, tal como van las cosas, esto es hoy por hoy lo más importante. La gente que trabajamos alrededor del clima y el cambio climático vivimos en una frustración constante cuando explicamos cosas fuera del ámbito académico. Por mucho que te esfuerces en ser convincente, a menudo encuentras en tus interlocutores un escepticismo ciego y extremo, totalmente insensible a cualquier razonamiento fundamentado. Y esto resulta todavía más frustrante si pensamos que somos la única comunidad científica que de manera periódica y voluntaria emite informes de consenso sobre el estado del conocimiento en su campo de estudio. Se trata de los informes del IPCC, a menudo más notorios por los ataques que reciben que por la información que contienen. Es en este contexto que tenemos que entender la emoción que a algunos nos provoca el documental de Gore: es un mensaje que llega a la gente, superando el muro con el que chocamos habitualmente. Es, sin embargo, una emoción agridulce que no está libre de otro tipo de frustración.

El año 2006 se considera como el punto de inflexión en la percepción social del problema del cambio climático, porque aparecieron, con gran eco en los medios, Una verdad incómoda y el Informe Stern sobre la economía del cambio climático publicado por el Ministerio del Tesoro de su Majestad Británica. La base científica y las alertas que muestran estos documentos, sin embargo, hace años que se pueden consultar en los informes del IPCC. Lo más importante, por lo tanto, no es lo que se ha dicho, sino quien lo ha dicho: un político de fama mundial y un experto de un ministerio de economía. Que el prestigio de una idea dependa de quien la difunde y no de sus contenidos es un peligro enorme. El señor Gore es un ser humano que puede ser desacreditado de muchas maneras –ya lo han probado algunos grupos ecologistas que denuncian la ineficiencia energética de su hogar–. Por otro lado, los informes gubernamentales no están libres de sospecha en términos de manipulación política, recordamos, si no, el famoso informe también británico sobre las armas de destrucción masiva en Irak. Es frustrante para los climatólogos que una película y un informe económico hayan tenido más eco que nuestro trabajo voluntario de más de veinte años en el IPCC. Todo esto no tendría importancia si el punto de inflexión fuera real y la sociedad avanzara decididamente hacia la resolución del problema. Pero la realidad es bien diferente y el cambio climático es poco más que un tema de moda y no un problema grave del que todo el mundo es consciente

lOs escÉpticOs Y lOs mecanismOs de la negacióN

Aunque todo el mundo declara su preocupación por las cuestiones ambientales, las emisiones continúan creciendo de manera imparable y el protocolo de Kioto, a pesar de la nimiedad de sus pretensiones, no se logrará ni mucho menos. ¿Por qué en su conjunto nuestra sociedad es escéptica ante el cambio climático? Al Gore cree que hay tres grandes razones y de las tres hace responsable el poderoso lobby del petróleo: la creencia errónea en una falta de consenso científico, la censura y las presiones que han sufrido los expertos que han denunciado las políticas, o falta de políticas, de algunas administraciones públicas, y la falsa creencia de que tenemos que escoger entre sanear la economía o proteger el medioambiente.

En el año 2004 un estudio publicado en la revista Science demostraba cuantitativamente la falsedad de la falta de consenso científico, cuando después de muestrear aleatoriamente un 10 % de los documentos publicados sobre cambio climático en la década anterior, no encontró ninguno que disintiera sobre sus causas (Oreskes, 2004). Paralelamente otro estudio midió como se reflejaba el consenso en las noticias sobre cambio climático publicadas en los cuatro periódicos más influyentes de la prensa norteamericana (Boykoff y Boykoff, 2004). Sorprendentemente, más de un 50 % de las noticias declaraban que las causas no estaban suficientemente claras o que no había consenso entre los científicos.

¿Es posible que las actividades del lobby del petróleo puedan explicar este sesgo en los medios? ¿Es tanta su fuerza? Aparte de la presión típica sobre el poder ejecutivo y legislativo que hace cualquier lobby, el del petróleo también financia individuos e instituciones que, bajo la apariencia de investigadores independientes y centros académicos serios, se dedican a atacar sistemáticamente la tarea de los verdaderos investigadores y de los divulgadores del cambio climático. Aprovechan que los medios, cuando no son simples plataformas propagandísticas de los mismos grupos de presión, acostumbran a tratar las noticias con una aproximación dialéctica que aborda los temas usando puntos de vista totalmente opuestos. Este método que resulta ideal para hablar de política, en el caso del cambio climático abre la puerta para que el charlatanismo de los falsos expertos tenga en los medios, a menudo, el mismo peso que los resultados científicos. Este problema de hecho, lo sufren todas las ciencias que generan resultados con implicaciones sociales directas.

Podemos realizar el escabroso ejercicio de examinar algún de estos documentos seudocientíficos. Consultamos pertinentemente el libro Una guía escéptica a «Una verdad incómoda» de un tal Marlo Lewis Jr. (Lewis, 2006), publicado por el Competitive Enterprise Institute (Instituto de Iniciativas Competitivas), que tiene por lema la impresionante frase «Promoviendo la libertad –de la economía a la ecología». El documento es una lista de todo lo que lo señor Lewis considera tendencioso, engañoso, exagerado, especulativo o erróneo en el trabajo de Gore. Resulta divertido comprobar que la mayoría de las críticas del señor Lewis podrían ser clasificadas precisamente de tendenciosas, engañosas, exageradas, especulativas o erróneas. Especialmente abundantes son los casos de contraejemplos sacados fuera de contexto. Estas estrategias, sin embargo, no son exclusivas de los escépticos del cambio climático. Las encontramos en todos los grupos que por razones políticas o religiosas se sienten amenazados por alguna verdad determinada como por ejemplo los creacionistas o los negacionistas del Holocausto. Michael Shermer, en su libro ¿Por qué la gente cree cosas extrañas? (Shermer, 2002), identifica en estos grupos hasta ocho estrategias de negación: se concentran en los puntos débiles de sus oponentes sin proponer alternativas, explotan los errores académicos para intentar crear la sensación de que si se ha cometido un error todo puede ser incorrecto, utilizan citas de personajes conocidos o importantes –normalmente sacadas fuera de contexto–, quieren hacer creer que el debate académico científico habitual implica que se puede dudar de todo, se concentran en lo que se desconoce y no en lo que se sabe, solo consideran los conocimientos que abonan sus ideas y dejan de lado el resto, siempre se sacan de encima la responsabilidad de probar las cosas y, en cambio, lo exigen en sus oponentes y, finalmente, ignoran la convergencia de evidencias.

 

«Lo más importante no es qué se ha dicho, sino quién lo ha dicho. Que el prestigio de una idea dependa
de quien la difunde y no de sus contenidos es un peligro enorme»

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Salida del sol por detrás de la Tierra vista desde el espacio. Esta imagen ayuda a hacerse una idea de lo delgada que es la atmósfera.

 

«A pesar de la preocupación por el medioambiente, las emisiones continúan creciendo y el protocolo de Kioto no se logrará ni mucho menos a pesar de la nimiedad de sus pretensiones»

RaZonEs mÁs profundAs

Quizás los escépticos han conseguido influir en las administraciones públicas y en los medios, pero hay una cuestión más básica que se nos escapa. Estas razones más profundas deben permitir explicar por qué gente como mis padres, que no saben de grupos de presión y que tienen las mismas dificultades para entender los resultados científicos o los argumentos de los escépticos, son tan refractarios a la realidad del cambio climático. Jared Diamond, en su libro Colapso (Diamond, 2005), propone una serie de razones para explicar por qué los humanos tenemos tantas dificultades para percibir las crisis ambientales y cómo, a veces, la falta de reacción ha llevado al colapso a algunas sociedades.

A los humanos nos cuesta anticipar los problemas, sobre todo si no tenemos ninguna experiencia previa semejante. La carencia de experiencia, explica Diamond, hace que lleguemos a agotar un recurso clave que siempre había estado disponible o que pensemos que una especie introducida en territorio ajeno pueda llegar a representar el mismo papel ecológico y proporcione el mismo servicio que en su lugar de origen. A veces el hecho de haber sufrido el problema no representa ninguna ventaja porque lo olvidamos si ha pasado suficiente tiempo –¿quién recuerda la última riada cuando cultiva las fértiles terrazas de un río?– Si el impacto ya se está produciendo, no quiere decir que necesariamente nos damos cuenta. Quizás se trata de un problema que no podemos medir con nuestros sentidos y que solo nos resulta evidente cuando ya es demasiado tarde. Esto es típico de los suelos que se degradan por pérdida de nutrientes o por salinización. A veces los problemas no se perciben porque los centros de acción y de decisión están demasiado lejos –este es el caso de la pobreza, de los conflictos que no salen a la prensa o de la degradación de muchos entornos naturales–. También hay problemas que se manifiestan gradualmente en un contexto con fuertes fluctuaciones que enmascaran las tendencias. Esto es el que ha pasado precisamente con el cambio climático hasta el año 2000, y también explica parte de nuestra incapacidad para percibir las alteraciones del paisaje.

Si un problema lo anticipamos o lo detectamos puede parecer que se intentará encontrar alguna solución, pero demasiado a menudo la respuesta es no hacer nada. Hay dos tipos de justificación para la inacción, la llamada racional, cuando la decisión es el resultado de algún tipo de análisis o reflexión, y la irracional, que es una respuesta más bien instintiva o cultural. Entre las respuestas racionales hay quién antepone sus necesidades particulares y su calidad de vida a corto plazo a los intereses comunitarios o a largo plazo. También son habituales la respuesta «no es mi problema» y la llamada «tragedia de los bienes comunes», que tiene lugar cuando todo el mundo se apropia de los recursos comunitarios pensando que si no lo hace él, lo hará otro. Entre los comportamientos irracionales tenemos desde la simple negación del problema a la desesperación para considerarlo irresoluble. También son habituales respuestas más complejas basadas en los valores culturales y religiosos.

El futuro de nuestro planeta es incierto y no solo debido al cambio climático. Una cosa, sin embargo, es segura: tenemos entre manos unos cuántos problemas muy graves, que pueden convertirse en críticos para la supervivencia futura de nuestra sociedad. Todos los pronósticos coinciden a señalar que la única respuesta que no nos podemos permitir es la de no hacer nada y de momento esta es precisamente la opción escogida. Por eso son importantes iniciativas como Una verdad incómoda que, a pesar de todos sus problemas, nos pueden ayudar a enderezar el rumbo de nuestra nave a la deriva y dirigirla hacia un puerto más seguro.

BIBLIOGRAFÍA
Boykoff, J. y M. Boykoff, 2004. Journalistic Balance as Global Warming Bias. Creating controversy where science finds consensus. Fairness and accuracy in Reporting, Nov/Dec 2004.
Gore
, A. 2006. An inconvenient truth: the planetary emergence of global warming and what we can do about it. Rodale, Nueva York.
Gore
, A., West, B. i D. Guggenheim, 2006. An inconvenient truth. Paramount Pictures.
Diamond
, J. 2005. Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed. Viking Books. Nueva York.
IPCC, 2004a. The Intergovernamental Panel on Climate Change (IPCC). IPCC Secretariat. Ginebra. Disponible en Internet: <www.ipcc.ch>.
IPCC, 2004b. Who is Who in the IPCC. IPCC Secretariat. Ginebra. Disponible en Internet: <www.ipcc.ch>.
IPCC, 2004c. The preparation of IPCC Reports. IPCC Secretariat. Ginebra. Disponible en Internet: <www.ipcc.ch>.
Lewis
, M., 2006. Al Gore’s «An inconvenient truth»: one-sided, misleading, exaggerated, speculative, wrong. Competitive Enterprise Institute. Washington DC. Disponible en Internet: <www.cei.org>.
Oreskes
, N., 2004. «Beyond the Ivory Tower. The Scientific Consensus on Climate Change». Science, 306(5702): 1686.
Shermer, M., 2002. Why people believe Weird Things: pseudoscience, superstition, and other confusions of our time. Henry Holt and Company. Nueva York.

Miquel Àngel Rodríguez-Arias. Laboratori de Recerca del Clima del Parc Científic de Barcelona (LRC-PCB).
© Mètode 55, Otoño 2007.

  
¿Qué es el IPCC y cómo funciona?   

En el año 1988 las Naciones Unidas establecieron el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés) con la misión de evaluar de manera objetiva y comprensiva nuestro conocimiento sobre el cambio climático. Esto se logra con la revisión sistemática de la bibliografía científica y técnica especializada que realizan voluntariamente los principales expertos mundiales en cada materia (IPCC, 2004a). Los resultados de estas revisiones periódicas del conocimiento se publican en forma de informes de evaluación. El primero apareció en 1990, el segundo en 1995, el tercero en 2001 y el cuarto en el 2007. La sesión plenaria de la IPCC la forman representantes de los gobiernos y se divide en tres grandes grupos de trabajo (Work Group: WG). El primero (WGI) recopila aspectos científicos, el segundo (WGII) analiza la vulnerabilidad y la capacidad de adaptación de la sociedad y de los ecosistemas, y el tercero (WGIII) estudia medidas para limitar las emisiones y otras opciones de mitigación. El funcionamiento ordinario está en manos de una oficina general, de las oficinas de los grupos de trabajo y de una secretaría logística (IPCC, 2004b).

Para preparar un informe, la sesión plenaria de la IPCC decide primero el esquema y hace un llamamiento a los gobiernos para que nombren expertos. A continuación, las oficinas de los grupos de trabajo seleccionan a los autores principales coordinadores (CLA) y a los autores principales (LA) a partir de la lista propuesta por los gobiernos y entre los expertos más reconocidos en cada campo que se hayan quedado fuera. Los CLA solicitan entonces la ayuda de expertos en materias concretas (autores contribuidores, CA) y con los LA elaboran una primera versión del informe a partir de la literatura publicada, que es revisada por otros expertos en la materia (los revisores expertos, ER). Con los comentarios de los ER, los CLA y los LA preparan una segunda versión del informe y un primer resumen para los gestores y políticos, que son revisados por los expertos nombrados por los gobiernos (GR). Los GR solo pueden comentar, y sin carácter vinculante, el cuerpo del informe –se hace una tercera versión teniendo en cuenta sus comentarios–, pero pueden discutir línea a línea el resumen elaborado por los gestores y políticos. Estas últimas versiones de los documentos se tienen que aprobar en sesión plenaria antes de ser publicados definitivamente (IPCC, 2004c). Todo el proceso dura entre tres y cuatro años.

    Este procedimiento de elaboración garantiza que el informe principal sea una buena compilación actualizada del conocimiento sobre el cambio climático elaborado por los principales expertos en la materia. El resumen de los políticos y gestores es, en cambio, un documento de consenso donde los representantes de países como los Estados Unidos, Arabia Saudí y China –el principal consumidor de petróleo, el que más petróleo exporta y el país que más carbón quema, respectivamente– se preocupan por reducir tanto como los sea posible la fuerza de las conclusiones. Cuando el consenso es elevado no pueden hacer nada, pero pueden aligerar las conclusiones que tienen un poco de incertidumbre.

Miquel Àngel Rodríguez-Arias. Laboratori de Recerca del Clima del Parc Científic de Barcelona (LRC-PCB).
© Mètode 55, Otoño 2007.

 {rokbox text=|46-55|}images/stories/numeros/METODE_55/46-55.jpg{/rokbox}

Proceso de elaboración de un informe de evaluación de la IPCC. Todo el proceso dura entre tres y cuatro años.
Para ver la imagen con más detalle, clica encima de ella
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© Mètode 2011 - 55. Gen, ética y estética - Contenido disponible solo en versión digital. Otoño 2007

Laboratori de Recerca del Clima del Parc Científic de Barcelona (LRC-PCB).

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