Carles Puche

La importancia de dibujar la ciencia

Ilustrador científico

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Carles Puche (La Pobla de Segur, 1949) tiene un largo currículo como ilustrador científico, que incluye setenta libros ilustrados, el comisariado de dos exposiciones y la participación como autor en dieciocho, la más internacional, este 2014 en el New York State Museum, donde se expondrán tres de sus obras en la muestra que esta entidad organiza cada año dedicada a la ilustración científica. A lo largo de 33 años de carrera, ha ganado dos veces el premio Junceda de la Asociación Profesional de Ilustradores de Cataluña en la especialidad de ilustración científica y ha impartido cursos de dibujo de manera ininterrumpida desde que empezó el primero en 1982 en Fontmartina (después fue en los Aiguamolls del Ampurdán, más tarde en la Cátedra de Divulgación de la Ciencia de la Universitat de València y recientemente en el Centre d’Art i Naturalesa Farrera). Ahora está dispuesto a crear un fondo de ilustración científica de financiación pública y privada con el apoyo de algunas personas destacadas del mundo de la ciencia y la investigación. Todo con el convencimiento de que la ilustración forma parte de la historia de la ciencia y que hay que conservarla, activarla y darla a conocer. En este artículo, su hija, la periodista Carme Puche, comparte una de las muchas conversaciones que ha mantenido con él –o una conversación que podría ser el resultado de muchas– sobre la importancia de dibujar la ciencia.

«No sé si la gente es consciente del esfuerzo, conocimientos y técnica que se necesitan para hacer ilustración»
Carme Puche

En casa siempre había habido muchos cuadros. Muchos. Las paredes estaban casi cubiertas de paisajes, bodegones, retratos y naturaleza en general. Había pájaros, plantas, mamíferos, reptiles, insectos. Muchos de aquellos cuadros eran de mi padre, pero otros no. ¿El retrato de la bisabuela también es de tu padre? Sí. ¿Aquel paisaje que firma una «Carme»? No es «una Carme», es de mi madre –nos llamamos igual. ¿El bodegón de la pipa? No, de un tal A. Puche, pero no es familia. Cada una de aquellas obras tenía un autor o una autora que se había pasado un buen puñado de horas llevándola a cabo. Lo entendía con fuerza cuando iba a buscar a mi padre a su estudio antes de ir a cenar: él dejaba el lápiz de color sobre la mesa y miraba satisfecho lo que había sobre el papel (no siempre, a veces estaba de mal humor y no le salía nada de nada, porque ni tan siquiera la ilustración científica se escapa de los estados de ánimo). Pero en todo caso, aquello tenía un valor para él y para nosotros. De hecho, en casa todo el mundo sabe dibujar. Y yo pensaba que era así para todo el mundo. Nada más alejado de la realidad: la mayor parte de la población no tiene la más remota idea de coger un lápiz y expresarse con dibujos. Y es una pena porque saber dibujar es tan importante como saber escribir.

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Jordi Play

Carles: De hecho, cada vez que empiezo un curso de dibujo y alguien me dice que no sabe dibujar, siempre les digo lo mismo: si sabéis escribir, sabréis dibujar. ¡Al fin y al cabo hablamos de símbolos! El dibujo más complejo está hecho de circunferencias, millares, si se quiere, pero podrías dibujarlo todo a base de miles de circunferencias.

Carme: Y pelos. No te olvides de los miles de pelos que tienes que haber dibujado a lo largo de tu carrera. Pelos de gorila, pelos de ratón de bosque, pelos de nutria…, no te puedes saltar ni uno cuando dibujas con ánimo divulgativo, ¡y todavía más si es científico! No sé si la gente es consciente del esfuerzo, conocimientos y técnica que se necesitan para hacer ilustración de ciencias naturales o científica, dependiendo del contexto…

Carles: Hay un poco de lío con el tema de los nombres. Si es preciso ir acotando los conceptos, hablaríamos de ilustración científica cuando se puede medir, es decir, es en blanco y negro, a rigurosa escala y se utiliza en una comunicación entre científicos, por ejemplo, porque se ha encontrado una nueva especie de planta y se dibuja un ejemplar con los rasgos significativos.

Carme: Ilustración científica es lo que hiciste con Jorge Wagensberg y Technomyrmex caritatis, el primer dibujo descriptivo –se llamaba holotipo, ¿verdad?– de esta hormiga. ¡Vivimos entre hormigas durante meses! Recuerdo aquella piedra de 3 × 2 cm dibujada a tres metros por dos, en fragmentos, la mamá montando el rompecabezas, las hormigas enormes, ¡parecían dibujos abstractos!

«El dibujo es una forma de comunicación, vivimos en un mundo eminentemente visual, ¿cómo puede ser que dejemos de lado una forma tan buena de comunicar y divulgar la ciencia?»
Carles Puche

Carles: Me quedé enganchado a las fascinantes hormigas por siempre jamás. Es casi una obsesión. Por ejemplo, las que tengo dibujadas en el Quadern de camp, el blog, estas estarían más en la línea de la ilustración de ciencias naturales más divulgativa y, como dice el nombre, solo enmarcadas dentro del mundo de las ciencias naturales. Otro ejemplo sería la obra ilustrada de El origen de las especies de Darwin (premio Junceda de ilustración científica 2010) que editó la Universitat de València, o aquellos tempranos pósters sobre flora y fauna del Montseny que hice para la Diputación…

Carme: Tempranos, me había olvidado de los inicios. Déjame hacerte un resumen de tu vida, de hija a padre: Naciste en La Pobla de Segur en una familia que no estaba excesivamente interesada por nada que fuera artístico. Te ponías enfermo muy a menudo y el abuelo te regalaba cómics. Tú los leías y los copiabas, y poco a poco empezaste a hacer viñetas originales tumbado en la cama. Intentaste acabar una ingeniería técnica, pero tus padres te pusieron a trabajar. Aquella experiencia laboral fue muy dura. Conociste de muy cerca el mundo de los mineros y el peligro de trabajar bajo tierra, excavando túneles para la construcción de las primeras centrales hidroeléctricas reversibles que se hacían en el país. Después te casaste, tuviste un hijo, dejaste el Pirineo y en Barcelona encontraste un trabajo en Fecsa –imprescindible para salir adelante. Tuviste una hija y os trasladasteis todos a Sant Celoni, con el trabajo. Allá conociste a Martí Boada, y entre tus dibujos de cómics, paisajes y bodegones había uno de unas mariposas que la mamá había colgado en el comedor de casa. Martí lo vio y te animó a ir al bosque con él y seguir dibujando. Trabajasteis juntos, después también con Teresa Franquesa, con Ramon Folch, con Jordi Sargatal. Y ya te enganchaste…

Carles: Tuve la suerte de hacerme amigo de mucha gente…, creo que he podido hacer todo lo que he hecho gracias a mis amigos.

Carme: Hombre… yo tengo muchos amigos y no me piden que les ilustre los libros. La humildad tiene un límite.

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Ilustración de Carles Puche seleccionada para exponerse en el New York State Museum. Esta ilustración corresponde al libro El origen de las especies de Charles Darwin (edición ilustrada con texto a cargo de Juli Peretó y Andrés Moya, publicada por la Cátedra de Divulgación de la Ciencia de la Universitat de València), edición que obtuvo el premio Junceda 2010 que otorga la Asociación Profesional de Ilustradores de Cataluña, en la especialidad de ilustración científica. Carles Puche

Carles: No me he explicado bien. Yo al principio no sabía nada de naturaleza, lo he dicho siempre. Un árbol era una cosa verde con un tronco marrón que llegaba hasta el suelo… Yo descubrí el mundo natural a partir de Martí, después continué con Teresa, que me acabó de volver un adicto al tema… y me he quedado porque siempre me he sentido a gusto. Pero no puedo decir «de pequeño ya me gustaban mucho los animalitos». ¡Yo dibujaba cómic underground! Pero creo que no es de humildad decir que he tenido la suerte de trabajar con gente muy buena. La realidad es que si trabajas con profesionales poco exigentes, tu trabajo se resiente. El hecho de estar al lado de científicos tan buenos, que les gusta lo que hacen… es que no pararía de citar, Valentín Villaverde o Juli Peretó de Valencia, Ricard Guerrero que ahora estamos trabajando aquí en Mètode. Con todos ellos he podido hacer dibujos de lugares y motivos que nunca antes se habían dibujado, como el paisaje que había en Alicante en la Cova de les Cendres en el tardiglacial, el mascarón de proa del Beagle o microbios solo representados por fotografías de microscopio.

Carme: Ahora mismo debes tener unos 3.000 originales acabados, si no me decía mal el otro día la mamá. Es otra de las cosas que recuerdo más de casa, la importancia de los originales. Los dibujos que hacías eran como tesoros y había que ir con mucho cuidado de no estropearlos, no mancharlos, y siempre guardados con mucho cuidado. No es lo que nos hemos encontrado cuando hemos hecho investigaciones sobre ilustradores…

Carles: Ni mucho menos. Recuerda cuando estuvimos buscando ilustraciones de Suzanne Davit, algunas estaban guardadas como tesoros, como tú dices, pero otras estaban arrinconadas en alguna pared y con riesgo de humedades y hongos…, y había sido la ilustradora en nómina del Instituto Botánico de Barcelona, una señora reconocida por muchos científicos, ¡alentada y apadrinada por gente como García del Cid o Font i Quer!

Carme: Cuando estuvimos trabajando para la exposición de Eugeni Sierra fue diferente, normalmente estaba todo mejor conservado, pero en cambio en este caso era él mismo quien no defendía el original. Supongo que trabajar con el único objetivo de reproducir el dibujo como acompañamiento de un texto científico, como era su caso, por ejemplo, con Flora ibérica, hizo que le diese igual si ponía Tipp-Ex en un original, que a mí, personalmente, es una cosa que me duele mucho ver.

Carles: Pero a la velocidad a la que trabajaría no le salía a cuenta repetir todo el dibujo, que además era acertado en su mayoría. Por tanto le resultaba mucho más práctico poner Tipp-Ex, ya que en la reproducción a imprenta eso no se vería. Pero de lo que sí que nos dábamos cuenta, con una parte de alegría y una de pena, es de que había mucha obra de Sierra y de otros nombres destacados, como las ilustraciones del propio Pius Font i Quer, que se encontraban en espacios domésticos, sin el entorno adecuado de conservación o simplemente fuera del alcance de la investigación y, por qué no, del gran público. ¿Cómo podía ser que nosotros hubiésemos tenido que invertir tantos esfuerzos para ver aquella obra?

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Jordi Play

Carme: Recuerdo que estábamos muy indignados y sobre todo nos quemaba la impotencia, por eso empezaste a pensar en la idea de un fondo de ilustración científica de Cataluña… y aquí estamos, explicándolo en Mètode. ¡Pero aún no tenemos nada hecho!

Carles: Eso no es verdad. Para empezar tenemos una idea bastante definida de cómo podría organizarse. Estamos hablando de un fondo que de entrada no hay que crear de la nada, sino que se puede nutrir de infraestructuras que ya existen, por ejemplo, no hace falta crear un espacio de archivo nuevo, sino que puede alojarse en otro fondo que quiera participar aportando la conservación. En realidad, hablamos con Ricard Guerrero y el Institut d’Estudis Catalans podría ser un primer paso, en este sentido; les tenemos que estar muy agradecidos. Además, ya hay entidades que están haciendo el esfuerzo de conservar obra, no hace falta trasladar todas las obras a un solo fondo, sino tener un fondo digital que lo enlace todo.

Carme: La idea de la digitalización es imprescindible. En realidad, es una herramienta tan potente que no tiene ningún sentido pensar en un fondo de un material plástico como es la ilustración científica si no es desde la perspectiva digital. Por tanto, de entrada lo que tendríamos sería una base de datos en la red donde se podría consultar el catálogo de fondo de ilustración científica de Cataluña, y, por qué no, de todas partes.

Carles: Aparte, aquellas obras que quisiesen estar alojadas físicamente en el fondo podrían hacerlo según varias opciones. Puede haber diferentes niveles: puedes donar, puedes dejar en depósito, puedes vender –cuando el fondo tenga presupuesto para adquirir obra– y después está el hecho de localizar obra. Es decir, el Instituto Botánico tiene obra en su archivo, si quiere mantenerla localmente, como mínimo, que forme parte del archivo digital del fondo para que haya un espacio común. En todo caso, la filosofía siempre debería ser «cuál es la mejor manera de conservar y difundir la obra». Porque evidentemente la digitalización es imprescindible, aparte de poderosa, pero lo será también si es un espacio de divulgación y formación. Hace falta un espacio mínimo destinado a dar a conocer la obra y la historia de la ilustración científica, y sus protagonistas. En realidad, eso es imprescindible porque no se trata de poner ilustraciones en cajones, sino de dar valor, acceso y visibilidad a un patrimonio que en otros lugares tiene ya un lugar reconocido.

«Las instituciones se preocupan de buscar documentación de grandes científicos del siglo xviii o de comprar exposiciones fuera, pero no de impulsar la ilustración científica de país»
Carles Puche

Carme: Es lo que me comentabas el otro día de los Estados Unidos, que la ilustración científica ya es un estudio universitario, y por eso también los museos y las entidades científicas prevén que haya ilustradores en sus plantillas. Sin ir más lejos, ahora participarás en el Focus on Nature XIII (FON) del New York State Museum con tres obras, expondrán un total de 71 ilustradores y la muestra será accesible durante todo un año. ¿Por qué no tenemos un FON en Cataluña? ¿Es porque no hay ilustradores?

Carles: Aquí lo que no hay es un interés verdadero. No ha habido ninguna entidad que se haya preocupado de eso. Se preocupan de buscar documentación de grandes científicos del siglo xviii o de comprar exposiciones fuera, pero no de impulsar la ilustración científica del país. Mira, en uno de los catálogos del FON, en la introducción, dicen que esta exposición es una demostración del peso que tiene la ilustración científica y que la gente tiene ganas, que hay un plantel de gente trabajando… Aquí no le dan esta importancia. O quizá hemos tenido carencias por demasiados lados. Pero ahora las nuevas tecnologías nos dan una oportunidad única, y además tenemos infraestructuras que pueden servir de espacio físico.

«Hay muchos científicos interesados en que sus publicaciones salgan ilustradas, pero cuando lo piensan ya no tienen presupuesto. Se debería recuperar el trabajo en equipo»
Carles Puche

Carme: Hay edificios con un gran potencial y valor simbólico para la ciudad de Barcelona, como los del Museo de Geología y Zoología de la Ciutadella, o el antiguo Instituto Botánico, que están cerrados. Serían marcos privilegiados para esta iniciativa, que se podría tener en cuenta como otros proyectos que supongo que debe haber para estas infraestructuras. Lo que quiero decir es que este proyecto podría ser tan bueno como cualquier otro que se pueda presentar. El fondo de la ilustración científica encajaría de manera muy coherente con estos espacios. Pau Senra (KdV Consultor Cultural), el otro día lo llamó «Centro de la Ilustración Científica»… ¡Tendríamos que pensarlo!

Carles: Más cosas que ya tenemos: colaboradores. En el proyecto en el que hemos estado trabajando han participado Pau, como acabas de decir, Ramon Folch y también Ricard Guerrero. No solamente tenemos una idea, tenemos una idea que se está construyendo con diferentes puntos de vista sobre lo que debería ser o cuál sería la mejor manera de llevarlo adelante. No es poco.

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Jordi Play

Carme: Ya que estamos aquí, en el Museo Nacional de Arte de Ca­ta­­luña, quizá lo deberíamos comentar… Lo sé, sé que es entrar en el debate de si una ilustración científica es o no es arte. Supongo que como mínimo no se debería juzgar el género, o la técnica –de nuevo, depende del contexto– sino la obra…

Carles: Este es un problema grave: necesitamos que la ilustración científica entre a formar parte de las escuelas de arte. Si se enseña cómic, y todo el cómic no debe ser arte, ¿por qué no se enseña ilustración científica?

Carme: ¿No tiene salida?

Carles: Es verdad, actualmente en nuestro país no tiene mucha, pero tampoco tiene el mundo del cómic. Viñetas que pasan hambre también debe haber muchas. Me explico: Hay muchos científicos interesados en que sus publicaciones salgan ilustradas, pero cuando lo piensan ya no tienen presupuesto. Por otro lado, las entidades no lo valoran, no se ve como una necesidad. Cuando se ha acabado una investigación y se quiere hacer un libro, entonces se piensa en el ilustrador de nuevo, pero tampoco hay presupuesto y se acaban utilizando en muchos casos fotografías de los propios científicos (y eso daría para otro artículo, el fotógrafo naturalista o científico). Cada vez hay menos ilustradores científicos en nuestro país, y eso no está pasando en el resto de sitios. Se debería recuperar el trabajo en equipo del científico y el ilustrador en el momento de hacer una investigación, de la misma manera que ya se está generalizando cuando se investiga un yacimiento arqueológico. Atapuerca es un buen ejemplo.

«La digitalización es imprescindible, aparte de poderosa, pero lo será también si es un espacio de divulgación
y formación»
Carles Puche

Carme: Cuando tú empezaste tenías encargos, había editoriales y autores que valoraban la ilustración como parte del presupuesto importante. Eso se ha ido perdiendo. Si no hay encargos es difícil formarse como ilustrador científico, por lo que decíamos, hay que poder trabajar con los científicos y en diferentes disciplinas…

Carles: Por eso es tan importante que miremos atrás, que busquemos lo que tenemos y que lo divulguemos. Y que potenciemos el talento que hay y que aún quiere dedicarse a esto. Además, no me cansaré de decirlo, el dibujo es una forma de comunicación, vivimos en un mundo eminentemente visual, ¿cómo puede ser que dejemos de lado una forma tan buena de comunicar y divulgar la ciencia? No digo que no sea importante leer la descripción de un tigre, pero nadie me negará que con una imagen se pueden explicar cosas que difícilmente se captarán con palabras. Aprender a escribir es importante…
Carme: …pero también lo es aprender a dibujar.

© Mètode 2014 - 80. La ciencia de la prensa - Invierno 2013/14

Periodista (Barcelona).