Entrevista a Venki Ramakrishnan

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Fotografía: Rafa Gil

Una máquina universal, casi-perfecta. Múltiples versiones con una única función: traducir a proteína lo que está escrito en los ácidos nucleicos de todos los seres vivos. Eso es el ribosoma. Así podríamos definir el objeto de estudio que le proporcionó a Venki el premio Nobel de Química en 2009, compartido con Tom Steitz y Ada Yonath. Él lo resolvió estructural y atómicamente, abriendo nuevos horizontes en el conocimiento de un proceso celular fundamental: la traducción. Sir Venkatraman Ramakrishnan (Chidambaram, 1952), Venki, es un indio con nacionalidad americanobritánica, miembro de academias nacionales de ciencias en los Estados Unidos, Inglaterra y la India e investigador en el Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica (MRC-LMB) en Cambridge, Inglaterra. Desde el pasado 30 de noviembre es el nuevo presidente de la Royal Society, la academia de las ciencias británica, fundada en 1660 y que ha sido presidida por científicos tan relevantes como Newton, Huxley, Lister o Rutherford.

Son las dos de una tarde típica de otoño británica en el LMB. Me acerco a su laboratorio, donde solo está Israel, su investigador posdoctoral madrileño, que me avisa de que el «gran jefe» está en la oficina. El resto de sus colaboradores están en la cantina acabando de comer. Venki está trabajando con el ordenador portátil, aunque tiene uno de mesa. De hecho, solo tiene eso y una foto de su esposa, Vera, una norteamericana ilustradora y escritora de cuentos infantiles. La oficina es pequeña, con unas vistas que no están a la altura de la personalidad científica que lo habita. Durante la siguiente hora repasamos su trayectoria y los retos que le esperan en la Royal Society. Recalca la importancia de la divulgación científica y me hace saber su gusto por la lengua española y el ejercicio físico. Transmite honestidad y rigor científico al mismo tiempo que calma y serenidad, no siempre presentes en los ambientes científicos.

¿Cuál es el papel de las academias de ciencias en el siglo xxi? ¿No están obsoletas hoy en día?
Son quizá más importantes ahora que cuando se fundaron. Se crea tantísimo conocimiento que el público desconoce los hechos. Las academias a menudo toman el papel de destilar la visión experta consensuada sobre cualquier tema y la transmiten en términos llanos. Además, también facilitan intercambios científicos y relaciones entre países y pueden promover la cultura científica del público en general. Históricamente la Royal Society organizaba conferencias científicas. Ahora son sociedades más especializadas las que lo hacen. Sin embargo, sí que organiza conferencias en nuevos campos científicos que surgen de la convergencia de disciplinas y para los cuales aún no hay creadas sociedades.

Entonces, ¿cuáles son sus objetivos como presidente de la institución?
No importa qué tuviese pensado porque la Royal Society ya lo hace, es una sociedad bien asentada y organizada. Mis grandes objetivos, sin embargo, serían mejorar la cultura científica de la gente y abogar por la ciencia ante el gobierno y otras instituciones, promoviendo decisiones racionales basadas en evidencias. También, como persona internacional que soy, me gustaría promover intercambios entre países, especialmente asiáticos porque ya tenemos lazos naturales con Europa, pero Asia está creciendo y puede llegar a ser muy importante en el futuro. Y tenemos que tener un papel de liderazgo para asegurar el acceso ilimitado a la ciencia, independientemente del estatus económico, del género o de la región geográfica.

¿Usted cree que la presidencia de la Royal Society es un trabajo político?
Quizá parcialmente, pero yo creo que no. La Royal Society actúa como abogada para la ciencia, para recalcar los beneficios, y se asegura que las decisiones y políticas científicas que toma se basan en evidencias. Es decir, intenta educar a la gente. También es cierto que los científicos tenemos que entender cómo hablar al público y convencerlo, como hacen los políticos.

¿Cómo cree que el nuevo cargo afectará a su libertad de opinión? Usted se ha manifestado públicamente a favor de temas controvertidos como el consumo de organismos modificados genéticamente. ¿Cree que lo podrá continuar haciendo?
Es una cuestión delicada porque incluso cuando recalcas que son opiniones personales, siempre se reporta como «el presidente de la Royal Society ha dicho…» Por tanto yo diría que el cargo sí que me constriñe ligeramente para asegurar que mis opiniones son consistentes. Y si ocasionalmente mi punto de vista difiere del de la organización, ¿qué le vamos a hacer? Así es la vida. Los científicos discrepamos, es parte de lo que somos.

Por tanto la divulgación científica es un tema capital para usted.
Por supuesto, mucho más que hace 100 o 200 años, cuando la sociedad todavía era agraria. Si alguien hubiese viajado del año cero al siglo xviii se hubiese sorprendido pero aún reconocería el mundo. Ahora, sin embargo, vivimos en una sociedad muy tecnológica y necesitamos un mínimo conocimiento científico para entender todo lo que nos rodea, para juzgar si las decisiones políticas son acertadas.

¿Quiere decir que es una obligación de los científicos hacia el público?
Sí, los contribuyentes pagan nuestros salarios, nosotros se los tenemos que devolver. Ya sabes, vengo de Estados Unidos, donde eso de los impuestos es un tema muy serio. Tenemos que explicar nuestra investigación a campesinos, conductores… Y si no lo sabemos hacer, es que quizá no tendríamos que investigar eso. Al público general le gusta la ciencia y quiere saber.

¿Pero es un rasgo intrínseco de los británicos?
No, la ciencia va sobre la naturaleza, todo el mundo es curioso, todo el mundo nace científico. Cuando somos pequeños todos queremos saber cómo crecen los árboles, pero en un punto de su vida, los que no son científicos pierden la curiosidad. Es cierto que los estándares británicos son muy altos, pero estoy seguro de que si contaras tu investigación en Valencia o Galicia, también se interesarían. En el Reino Unido la BBC [el ente público de radiotelevisión] ha contribuido emitiendo un contenido científico soberbio, pero tampoco me parece que la oferta de los medios de comunicación defina los intereses reales de la gente.

¿Habría podido seguir la misma carrera científica si se hubiese quedado en los Estados Unidos?
Quizá, porque gente como Harry Noller, Tom Steitz y Jamie Cate trabajan en los Estados Unidos y están haciendo muy buena tarea. Pero la ventaja de venir al LMB fue no tener que preocuparme constantemente por mi financiación, si se iba a renovar cada tres o cuatro años. Por tanto aquí pude ocuparme de problemas científicos alcanzables a largo plazo y si hubiese sido profesor universitario en los Estados Unidos tendría que haber elegido proyectos científicos de más corto plazo.

A menudo, cuando los científicos solicitan financiación para proyectos de ciencia básica se les pide que sean aplicables. Su estudio del ribosoma es un ejemplo de ciencia básica. ¿Qué piensa de estos requerimientos y de la dicotomía ciencia básica/aplicada?
Creo que los gobiernos tienen que entender que la ciencia básica ha generado muchas aplicaciones transformadoras. Con la ciencia aplicada se obtienen avances incrementales sobre lo que ya se conoce. En cambio, la ciencia básica descubre cosas nuevas, con aplicaciones que ni tan siquiera imaginamos. Hay casos clásicos como el World Wide Web (www), que empezó en el CERN, una instalación de física de alta energía ideada para descubrir cómo se generaron las fuerzas, el secreto del universo. Este sistema permitía a los investigadores del CERN compartir resultados entre laboratorios, y ha crecido rápidamente en el mundo actual. El otro ejemplo clásico es el sistema de navegación GPS. Para conseguir un reloj lo bastante preciso se requirió toda suerte de investigación básica, incluyendo la teoría general de la relatividad de Einstein. Por tanto la dicotomía llega porque la ciencia básica no es parte de nuestra cultura de incrementar conocimientos, pero es extremadamente beneficiosa a largo plazo. Pero no se puede predecir qué y cuándo será útil, puede serlo en décadas, en siglos o nunca. Los gobiernos deberían asignar partidas diferentes para investigación completamente básica y para la aplicada. En los Estados Unidos ya lo hacen, no tienes que inventarte razones peregrinas para hacer que tu investigación básica suene más atractiva. En el Reino Unido también están haciéndolo bien.

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Fotografía: Rafa Gil

Usted es reconocido por su trabajo estructural del ribosoma, pero empezó estudiando también cromatina –el complejo de ADN y proteínas que contiene el material genético de nuestras células–. ¿Cómo eligió entre ambos campos?
Noté que el campo del ribosoma estaba en un punto metodológico único. Eso hacía posible resolver la estructura y si esperaba más, otros también empezarían a trabajarla. Además, seamos claros, el ribosoma es fundamental para la vida, el ribosoma es el corazón de la vida.

Los ribosomas actuales están formados por proteínas y ARN. Desde un punto de vista evolutivo, ¿considera que la hipótesis del mundo de ARN es aún válida?
El sentido de un mundo de ARN es que la propia molécula se replica y actúa como catalizador. Eso no quiere decir que catalizase reacciones solo, sino que tenía que contar con compuestos como aminoácidos o péptidos pequeños y, por supuesto, si no hubiese estado en compartimientos como vesículas lipídicas habría sido demasiado difícil conseguirlo. Por tanto, la hipótesis todavía es cierta.

Nuestras células contienen ribosomas en el citosol –líquido separado del núcleo– y en las mitocondrias –orgánulos encargados de la respiración celular–. ¿Por qué los ribosomas mitocondriales están más especializados que los citosólicos? ¿Y por qué son tan divergentes en diferentes linajes?
Las mitocondrias se originaran en un proceso endosimbiótico en el que una bacteria fue fagocitada por otra más grande, probablemente un arqueo, y que resultó en una especie eucarionte con mitocondrias. Pero las especies eucariotas divergieron tanto que no podían emparejarse y las mitocondrias de cada especie divergieron de manera diferente. Además, el genoma de la mitocondria se encogió por presión selectiva y así el ribosoma mitocondrial se especializó y tradujo genes que codifican para proteínas integrales de membrana. Al mismo tiempo, aquella especialización generó presiones selectivas diferentes a las experimentadas por los ribosomas citosólicos, los cuales tenían que traducir la mayoría de los genes. Los últimos, por tanto, divergieron mucho más rápidamente y de manera independiente entre especies, y eso creó grandes diferencias entre el ribosoma humano y el de la levadura.

¿A su juicio la criomicroscopia electrónica –una tecnología de visualización de estructuras macromoleculares– ha sido determinante en el campo del ribosoma?
Ha sido un salvavidas porque ahora conocemos estructuras de cosas que ni podíamos imaginar, como el ribosoma mitocondrial. No podíamos obtener suficiente material para cristalizarlo y además era una mezcla de estados y tipos de ribosomas. La criomicroscopia electrónica no solo ha transformado el campo del ribosoma sino que transformará la biología estructural.

¿Qué hizo con el dinero del premio Nobel?
Ya no me queda [ríe]. Ayudé a mi hijo a pagar un instrumento musical y su hipoteca, liquidé la mía y tuve que pagar más del 35 % en impuestos en Estados Unidos porque son los únicos que cobran a ciudadanos no residentes y a los galardonados con un Nobel.

¿Existe en su carrera un científico o libro inspirador?
Cuando era joven, admiraba muchísimo a Richard Feynman porque era muy claro y por su idea de ocuparse de problemas interesantes. Escribió el libro El placer del descubrimiento. Era un gran físico y una persona franca, que dimitió de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos porque creía que pasaban el tiempo pensando cómo elegir nuevos miembros, algo que de hecho ¡no es cierto! Más tarde, cuando sabía más biología molecular, admiraba a Fred Sanger. Ganó un premio Nobel cuando solo tenía cuarenta años por descifrar la secuencia de la insulina, trabajo que hizo cuando estaba en la treintena. Y después abordó un problema todavía más difícil, cómo secuenciar ácidos nucleicos. Lo descubrió y ganó un segundo premio Nobel. Su idea de usar terminadores marcados fue la base de buena parte de la secuenciación posterior, incluyendo la del genoma humano. Sanger fue notable, trabajó en el laboratorio hasta el día que se retiró. Entonces se fue a casa, construyó un barco y cuidaba el jardín. Demostró ser una persona muy segura de ella misma, que no le hacía falta demostrar nada. Solo hacía lo que le gustaba.

¿También recibió la influencia de sus padres [ambos eran doctorados]?
Sí, pero no de una forma directa, ya que no entendían de física, y cuando decidí pasarme a biología ellos no estuvieron involucrados en la decisión. Lo que sí que hicieron es enseñarme que aprender e ir bien en los estudios es importante. Eso me influyó más que ninguna cosa específica.

¿Cuál es el papel de los mentores en la carrera científica? ¿Tuvo alguno?
Son muy importantes, te enseñan cómo hacer ciencia, te introducen a gente, nuevas ideas y campos. El mentor que más me influyó fue mi supervisor posdoctoral, Peter Moore, porque es muy riguroso y me enseñó cómo se tiene que hacer ciencia. Pero el LMB ha sido mi «mentor grupal». Hubo una diferencia cualitativa en mi investigación desde mi año sabático en el LMB el 1991.

¿Tiene aficiones fuera del laboratorio?
Tengo muchas. Me gusta leer, hacer senderismo y excursiones en bicicleta, el cine… Me gusta mucho la literatura latinoamericana y he aprendido español. En 2009 aprobé los exámenes de nivel de bachillerato, pero desgraciadamente no tengo tiempo de practicarlo.

Le doy las gracias y me avisa de que ya leerá esta entrevista.

Cuestionario Proust

Virtud preferida: Compasión.
Cualidad preferida en un hombre: Amabilidad, generosidad.
Cualidad preferida en una mujer: No hay ninguna diferencia.
Su característica principal: Persistencia.
Lo que más aprecia de sus amigos: Lealtad.
Su defecto principal: Pierde demasiado tiempo en lugares inútiles de internet.
Su ocupación preferida: Estoy en el trabajo correcto haciendo ciencia.
Su idea de felicidad: Vacaciones de senderismo con familia y amigos.
Su idea de desgracia: He tenido una vida feliz pero creo que sería ver alguna persona estimada sufrir.
Si no fuera usted, ¿quién le hubiese gustado ser? Una persona como Feynman o Sanger.
¿Dónde le gustaría vivir? He estado en muchos lugares pero me gusta vivir en Cambridge.
Sus autores preferidos de prosa y poesía: Muchos escritores sudamericanos y también Kazuo Ishiguro y Julian Barnes.
Sus pintores y compositores preferidos: Los pintores impresionistas. Por lo que respecta a los compositores, Bach y Beethoven de música occidental y también me gusta mucho la música clásica del sur de la India.
Sus héroes en la vida real: Gandhi y gente como él que resistió en la justicia prescindiendo de la violencia.
Sus heroínas en la vida real: Dorothy Hodgkin en ciencia.
¿Qué personajes de ficción le desagradan más? Yago, de Otelo.
Sus heroínas en la historia mundial: Marie Curie, quien se dedicó a la ciencia cuando la mayoría de mujeres no lo hacían y ganó dos premios Nobel, y Florence Nightingale, que reformó la profesión de enfermería.
Comida y bebida preferidos: Soy vegetariano, cualquier plato del sur de India. No tengo ninguna bebida preferida, no tomo alcohol.
Lo que más odia: La violencia y quien la utiliza para imponer sus puntos de vista.
Personajes históricos que más odia: Hay muchos más que Hitler o Stalin.
La reforma que más admira: Atención médica universal.
¿Admira algún acontecimiento militar? No, soy pacifista.
¿Qué talento natural le gustaría tener? Ser un buen músico.
¿Cómo le gustaría morir? Espero que sea corto y sin sufrir [ríe].
Su estado de ánimo ahora: Soy feliz [ríe].
¿Cuál es el defecto que más tolera? Procrastinación.

Paola Marco-Casanova. Career Development Fellow, Medical Research Council-Laboratory of Molecular Biology, Cambridge.
© Mètode 88, Invierno 2015/16.

© Mètode 2016 - 88. Comunicar la salud - Invierno 2015/16

Career Development Fellow, Medical Research Council-Laboratory of Molecular Biology, Cambridge.