Yuval Noah Harari

Yuval Noah Harari (1976) es el autor de De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad, obra publicada recientemente en español en Debate y que ha sido un éxito mundial. Formado en Oxford como historiador, Harari trabaja en la actualidad en el departamento de humanidades de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Este bagaje humanista es relevante por los conocimientos enciclopédicos que afloran en numerosas páginas del libro, pero sobre todo es importante porque el autor reivindica el estudio de la historia desde el humanismo, en lugar del materialismo inspirado en las ciencias naturales.

En las últimas décadas nos habíamos acostumbrado a ver que científicos de disciplinas como la biología o la física –las llamadas ciencias naturales– se adentraban en temas tradicionalmente humanistas. Plataformas como la Tercera Cultura de John Brockman animaron a los biólogos a perder el miedo a debatir sobre temas como la libertad, y a que los neurólogos reclamasen también que se les escuchase cuando se discutiese sobre derecho y justicia. El humanismo parecía condenado a ir reculando, dejando que las grandes cuestiones sobre el ser humano –que tradicionalmente recaían en su ámbito– fuesen tratadas por manos más diestras. Harari, por el contrario, reivindica el papel de las humanidades cuando se trata de estudiar historia, ya que considera que esta solo se puede entender correctamente a partir de la cultura y la mente. La naturaleza y el cerebro –es decir, el objeto de las ciencias naturales– tan solo proporcionan informaciones anecdóticas y secundarias. La pretensión de reducirlo todo a la genética, por ejemplo, es un error que solo lleva a olvidar lo más importante: nuestro pensamiento.

Harari también se convierte en una especie de sofista contemporáneo cuando califica de ficción todo lo que no es capaz de sufrir. Dioses, naciones y dinero son construcciones creadas por la mente humana y que no tienen ningún tipo de realidad. Esta capacidad por controlar mundos ficticios es, según este autor, lo que distingue el ser humano del resto de seres vivos. El ser humano es un animal singular gracias a su mente.

En su libro, divide la historia humana en tres períodos y el salto de uno a otro es producto de sucesivas revoluciones. 
Entiendo por revolución un cambio fundamental en la estructura del mundo y de la sociedad humana. Divido mi libro en tres grandes revoluciones: la revolución cognitiva representó el inicio de la historia. Con anterioridad, los humanos no se diferenciaban del resto de animales. Con la revolución de la agricultura se produjo un nuevo salto que incrementó el poder humano. La revolución científica ha significado el tercer gran salto. Gracias a la ciencia nos encontramos en una posición según la cual podemos convertirnos en dioses y ser capaces de crear vida. No es solo la revolución más grande de la historia, también es una revolución biológica, ya que podremos controlar nuestra propia evolución.

«Los hechos históricos son procesos culturales, muchos de ellos accidentales. Si se ignora la vertiente cultural en la historia, entonces estamos perdiéndonos lo más importante»

Afirma que la revolución cognitiva consistió básicamente en poder imaginar realidades que no existen todavía y que esta es una característica muy relevante de la especie humana. 
Para mí es importante distinguir entre lo que es ficción y lo que es real. Es una de las cuestiones más importantes en historia. ¿Son los dioses una ficción? ¿Lo son las naciones? ¿Y los derechos humanos? ¿Qué hay de real en el mundo? Para hacer esta distinción yo aplico el test del sufrimiento. Por ejemplo, cuando se pierde una guerra, podemos llegar a decir que una nación sufre, pero no es más que una metáfora. Si un banco entra en concurso de acreedores, también se dice que pasa momentos difíciles, pero de nuevo se trata de un uso metafórico del lenguaje. Son las personas las que sufren cuando van a la guerra o pierden los ahorros, no las naciones ni los bancos. Eso no son metáforas, son realidades. A menudo tan solo damos importancia a aspectos que solo son ficticios. Nos preocupamos por las naciones, por los dioses y por el dinero, y nos olvidamos de la auténtica realidad del mundo: las sensaciones y emociones, y el hecho de encontrarse bien con uno mismo.

Y a pesar de ser ficciones, también afirma que tuvieron un papel fundamental en la economía, tal como pasó con los dioses.
Para poder mantener un intercambio económico es importante que haya confianza. Si dos chimpancés que no se habían visto nunca antes se encuentran en medio del bosque, no intercambiarán nada. ¿Cómo podrían confiar el uno en el otro? En cambio dos personas que se encuentren en el bosque, sin conocerse previamente y que pertenezcan a tribus diferentes, pueden llegar a establecer una relación de confianza gracias a la religión. Si el mismo espíritu vigila las tribus de ambos, esta fe en el mismo espíritu será la base de la confianza e incluso de que se puedan llegar a considerar hermanos. Esta confianza permite hacer tratos, cerrar negocios y hacer intercambios. En la actualidad pasa algo parecido con el dinero. A pesar de que no se conozcan, el hecho de que dos personas usen billetes crea una base de confianza con la que se pueden hacer transacciones comerciales.

Afirma que la revolución cognitiva tuvo una causa biológica, algo cambió en nuestro cerebro. Pero ¿cómo se puede pensar esta transformación bajo la luz de la selección natural?
Cuando no se sabe algo, lo mejor que se puede hacer en ciencia es reconocer que lo ignoras. Así se da una oportunidad a la investigación. Se produjo un cambio fantástico en las habilidades cognitivas de Homo sapiens hace unos sesenta u ochenta mil años, coincidiendo con el momento de su salida de África. Es la época en la que se empiezan a encontrar las primeras evidencias de arte, de religión y de tecnología. Es obvio que tuvo que pasar algo, pero los estudios del esqueleto no muestran ninguna diferencia, físicamente eran igual que antes, y el cerebro tampoco varió de medida. La mejor teoría que tenemos actualmente consiste en creer que se modificó la estructura interna del cerebro. Por ejemplo, se conectaron dos regiones del cerebro que hasta aquel momento se encontraban desconectadas. Pero nos faltan evidencias, eso es solo una hipótesis. No tenemos una respuesta a esta cuestión.

¿Se considera un optimista cuando estudia la historia de la humanidad?
La historia humana es un proceso muy complejo y complicado. No todo es blanco o negro; pueden coexistir simultáneamente aspectos muy buenos y positivos con otros que son todo lo contrario. La violencia está disminuyendo, vivimos en el período más pacífico de la historia. Hay gente que pasa hambre, pero la población de buena parte de países del mundo no muere por desnutrición. Por otro lado, también vivimos una época en la que se está destruyendo el sistema ecológico, y se está produciendo una extinción de animales y plantas. El poder humano se incrementa de forma exponencial, pero no pasa lo mismo con la sensación de bienestar y de felicidad. En la actualidad las personas no se sienten más satisfechas con su vida que en el pasado. Seguramente se trata de una reacción básica de la mente humana: no se conforma con el éxito; tras alcanzar una meta siempre se quiere más. No nos sentimos nunca satisfechos a pesar de los éxitos.

¿Y qué solución hay a eso?
La solución sería no prestar tanta atención a tratar de modificar el mundo que nos rodea, y en su lugar investigar los mecanismos internos de nuestra mente. Tenemos el problema de no sentirnos satisfechos, y eso pasa en el interior de nuestra mente. Nada de lo que pasa fuera en el mundo cambiará este problema.

Pero parece que este impulso de querer más esté relacionado con el capitalismo. 

El poder que estamos acumulando está desestabilizando todo el sistema ecológico de una forma que amenaza la existencia de especies animales que ni tan siquiera sabíamos que existían. El capitalismo está construido alrededor de una idea: el crecimiento económico. Solo es aceptable el crecimiento. El crecimiento nulo o negativo se entienden como una tragedia. Hay un conflicto creciente entre el capitalismo y el equilibrio ecológico. El capitalismo se construye sobre el crecimiento constante y no quiere el equilibrio. El equilibrio quiere decir crecimiento nulo, y eso son noticias terribles para el capitalismo.

Si entiendo bien su razonamiento, afirma que comprendiendo mejor el cerebro acabaremos desarrollando un sistema económico más armonioso con la naturaleza.
No sé si se trata de estudiar el cerebro. En la actualidad hay una fuerte inversión en las ciencias cerebrales, y eso es muy bueno, pero en cambio se está descuidando el estudio de la mente. El cerebro y la mente no son exactamente lo mismo, a pesar de que mucha gente lo crea así. Se afirma que la mente no es más que el proceso que hace el cerebro, y por tanto, si se estudia bien el cerebro, ya lo sabremos todo. Pero no creo que esta manera de razonar sea muy acertada. Quizá en un futuro lleguemos a saber cómo se correlacionan el cerebro y la mente y si son realmente lo mismo. Pero en la actualidad estamos muy lejos de llegar a este punto. Es como hacer un túnel que atraviese una montaña. Si empezamos a perforar dos agujeros simultáneamente por las dos partes, podemos llegar a creer que tarde o temprano se encontrarán. Pero de momento son dos túneles diferentes. Si todos los esfuerzos solo se ponen en un lado, olvidaremos aspectos muy importantes que subyacen en el otro lado.

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18.09.2014, Barcelona Yuval Noah Harari, historiador. Publica «Sàpiens». foto: Jordi Play

¿Qué entiende por mente? ¿Qué hay que estudiar sobre la mente?
La mente es la experiencia subjetiva, como enfadarse o bien tener miedo. Estamos empezando a entender que cuando estamos enfadados, algunas áreas del cerebro se activan. Eso ya lo sabemos, pero estamos lejos de saber cómo los impulsos electroquímicos crean experiencias subjetivas. Irónicamente, cuanto más entendemos el funcionamiento del cerebro, más difícil resulta saber la función de la mente. Los estudios del cerebro nos muestran que un conjunto de neuronas activan otros conjuntos de neuronas, como piezas de dominó donde una pieza hace caer la siguiente. Si eso es así, ¿en qué momento necesitamos las experiencias subjetivas? ¿Cuál es su función? ¿Por qué las necesitamos más allá de los procesos electroquímicos? ¿Para qué sirve tener experiencias subjetivas del dolor, del miedo o del amor? Creo que estamos muy lejos de tener una solución. Este es el problema duro de la conciencia.


En su libro, no solo da importancia a los aspectos materiales; también recurre a los fenómenos mentales, como la ya mencionada referencia a la imaginación.

Definitivamente. Es importante conocer las fuerzas materiales, pero las fuerzas materiales por sí mismas no pueden explicar la historia. Las referencias materialistas al clima y a la geografía para explicar hechos históricos son del todo insuficientes. Por ejemplo, si quiero saber la razón por la que el cristianismo se extendió por el mundo, no creo que nos ayude mucho hablar del clima mediterráneo. Creo que los hechos históricos son procesos culturales, muchos de ellos accidentales. Si se ignora la vertiente cultural en la historia, entonces estamos perdiéndonos lo más importante.

«Los hechos históricos son procesos culturales, muchos de ellos accidentales. Si se ignora la vertiente cultural en la historia, entonces estamos perdiéndonos lo más importante»

Las ideas influyen en la realidad.
Hay gente que piensa que la genética lo puede explicar todo, pero con un ejemplo muy sencillo se puede ver que no es así. Tomemos la historia de Alemania del siglo xx, e imaginemos una persona que nazca en Berlín en 1900 y muera cien años más tarde. Esta persona tendrá el mismo ADN a lo largo de su vida y se verá afectada por el mismo clima. Y a pesar de estos factores constantes, durante este tiempo habrá formado parte del Imperio de Guillermo II, después de un gran cambio formará parte de la República Democrática de Weimar; más tarde, acabará formando parte del régimen nazi; seguidamente pasará a vivir bajo una dictadura comunista; y finalmente formará parte de una Alemania democrática y unida. Nos encontramos con cinco sistemas politicosociales muy diferentes. ¿Cómo nos ayuda el clima o el ADN a entender estos cambios? Si queremos entender el juego del fútbol, hay que entender cuáles son los márgenes del campo de juego, dónde se encuentran las áreas y el punto de penalti. Esta información nos da el fundamento, como hace la biología. Pero si no entiendes más que eso, entonces no entiendes el fútbol. No basta con eso. Hay que describir qué es lo que hacen los jugadores.

¿Cómo podríamos definir a Homo sapiens?
Es un ser remarcable por dos habilidades conectadas: es capaz de cooperar formando grupos enormes. No hay ningún otro animal que sea capaz de crear una red tan sofisticada de cooperación como lo hace Homo sapiens. Esta es la fuente de nuestro poder. El poder no esta en el individuo, sino en la red de cooperación que lo ha convertido en el dominador de la Tierra. En segundo lugar, se encuentra la habilidad de crear ficciones, como ya hemos dicho. Ningún otro animal cree en dioses, naciones o dinero. La cooperación y la ficción se encuentran relacionadas, pues las redes de cooperación se basan en ficciones.

¿La característica principal del ser humano es entonces la ficción?
A veces se define el ser humano como el animal que hace herramientas. Eso es verdad, pero es aún más fundamental definirlo como el animal que se explica historias.

¿Y la ciencia? Justamente es lo contrario de la ficción. Es una búsqueda de la verdad. 
La ciencia no puede existir por sí misma. Siempre necesita de la alianza de una ideología o de una religión. La ciencia no puede responder a cuestiones de valor: ¿qué es bueno o malo? ¿Qué es más importante? La ciencia solo puede decir cómo funciona algún aspecto de la realidad, pero no existe una forma científica de decidir qué es más importante cuando se produce un conflicto entre valores. Como siempre hay que tomar decisiones, la ciencia requiere de una ideología. Imaginémonos que disponemos de una cantidad limitada de dinero para investigar. Esta situación obliga a tomar una decisión sobre cómo invertiré el dinero, si quiero estudiar el cáncer, hacer investigación en arqueología o bien llegar a Marte. ¿Qué es más importante? Puedo invertir el dinero en un estudio para incrementar la producción de leche con ingeniería genética; o bien en otro estudio que se centre en el sufrimiento de las vacas cuando las separan de los terneros, con la finalidad de reducir este sufrimiento. La ciencia no puede elegir qué estudio es mejor, pero la ideología, sí. Desde el capitalismo se afirmará que hay que incrementar la producción de leche. Para los defensores de los derechos animales, en cambio, la elección será diferente. La agenda de la ciencia la dicta la ideología o la religión.

Eso quiere decir que la irracionalidad controlará siempre la razón. Parece contradictorio.

Quizá lo es, pero así es como funciona todo. Los valores controlan la agenda. La gran inversión en física nuclear que se ha producido durante el siglo xx se explica porque las superpotencias querían armas nucleares. En cambio, se ha invertido mucho menos en arqueología. Eso no quiere decir que la arqueología sea menos importante, sino que se ha tomado una decisión ideológica. En todo caso, yo encuentro que el criterio que debería guiar nuestras decisiones tendría que ser la realidad, no las ficciones.

Hay científicos como Nicholas Wade que han dado lugar a una fuerte polémica por defender que se pueden distinguir razas en la especie humana. ¿Qué opinión tiene sobre este tema?
Es un terreno muy peligroso, pero a pesar de eso es un territorio científico que se puede examinar empíricamente. Socialmente no hay diferencias cognitivas entre los humanos. Daré un contraejemplo de la historia de mi gente, los judíos. Los judíos han vivido una buena parte de su historia sin tener un país, y tenían prohibido servir en el ejército del país donde viviesen. Los europeos creyeron que, tras dos mil años sin participar en ninguna batalla, habrían perdido esta habilidad para la lucha. Pero cuando se funda Israel, se dota de un ejército y resulta que es muy bueno. Si la selección natural actuase, las habilidades en el arte de la guerra deberían ser un factor importante, ya que si no eres lo bastante bueno acabas muriendo. Después de dos mil años deberíamos haber perdido todas las capacidades y habilidades guerreras. También tenemos ejemplos opuestos de sociedades violentas que de golpe se convierten en sociedades pacíficas. Si nos fijamos en los países escandinavos, en la actualidad son una sociedad muy pacífica. Pero en el pasado primero estaban los vikingos y después nos encontramos con el imperio sueco de los siglos xvii al xix. A mí no me parece que la selección natural esté funcionando en aspectos importantes, como por ejemplo ser pacífico o ser guerrero.

En los últimos capítulos de su libro se muestra entusiasmado con la noción de singularidad propuesta por Ray Kurzweil.
Estoy muy de acuerdo con esta idea. Se puede cuestionar sobre cuándo se producirá la singularidad, pero se trata de un problema menor. Lo que es relevante es que tarde o temprano la tecnología será capaz de cambiar las leyes básicas del juego de la vida. En la historia ha habido muchos cambios, pero nuestros cuerpos y mentes han permanecido constantes. No somos diferentes a los pobladores del antiguo Egipto. Pero cuando se llegue a este punto singular se producirán cambios significativos y todo nuestro mundo de significados se derrumbará. Todo lo que es significativo para nosotros, nuestras esperanzas, nuestros sentimientos y la propia identidad dejará de ser relevante, ya que seremos capaces de modificar el cuerpo y la mente.

La revolución cognitiva representó que pudiésemos imaginar seres inexistentes, como los dioses. Y por lo que dice, en un futuro podremos acabar siendo dioses, de forma que lo imaginario se hará real.
Se cierra el círculo, efectivamente.

© Mètode 2015 - 84. ¿Qué es la ciencia? - Invierno 2014/15

Periodista, Barcelona.