«Baruch Spinoza», de Pilar Benito Olalla

Ética y alegría de vivir

Baruch Spinoza
Una nueva ética para la liberación humana
Pilar Benito Olalla 
Biblioteca Nueva. 
Madrid, 2015. 605 páginas.

Pilar Benito no quiere escribir un estudio académico más sobre Spinoza (1632-1677), sino que se implica a título personal en la reivindicación de la filosofía como experiencia vital. Y es entonces cuando encuentra en Spinoza un auténtico maestro que aúna inteligencia y ejemplaridad, al que define así: «Era un filósofo extraño, llevaba a la práctica lo que pensaba». Solo desde esta combativa e irónica perspectiva se entiende que manifieste sin ambages su intención de aportar una lectura original y novedosa, sin eludir el empleo de la primera persona a la hora de tomar posición. Y hay que decir que lo consigue en buena medida. Podría decirse incluso que se trata de un libro ambicioso, desafiante, lleno de matices y disquisiciones, minucioso y a veces torrencial.

Hasta cierto punto, el pormenorizado análisis que dedica a los libros 3, 4 y 5 de la Ética es una continuación actualizada de los exhaustivos estudios que en su día (1968 y 1970) dedicó Martial Gueroult a los dos primeros. La semejanza se hace patente en la voluntad de rigor y detalle, en la capacidad de estructurar los contenidos principales y de enumerar sus variantes menores, así como en la intención de buscar los puntos de contacto con otros muchos autores. Pero enseguida se añade una triple lectura –física, óptica y ontológica– que atraviesa todo el estudio y es distintiva: la que proporciona el ajuste nítido y claro de las cosas para mostrar el armazón transversal y de fondo, a su vez en diversos niveles de realidad y descifrada en varios planos discursivos. Porque si algo rebate de oficio la filosofía es la barbarie de la simplificación y del reduccionismo que nos circunda, sea en la escritura de un inédito o en el comentario del mismo. Y aquí se hace.

Al final, la cuestión es muy sencilla y por eso muy difícil: Spinoza critica de manera implacable todo engaño, superstición, automatismo, ideologización, excusas y alienaciones para que salga a la luz la realidad de las cosas. Esto significa adelantar de forma brillante el trabajo de la Ilustración y el de los llamados «autores de la sospecha», como tantas veces se ha dicho, pero no para quedarse en una posición negativa, sino al contrario. Pilar Benito resume bien el tema: potencia racional, libertad y felicidad son lo mismo en última instancia, variantes todas ellas de la «virtud», concebida como la plenitud ética de un sujeto expansivo y sumamente eficaz que gobierna su destino, aunque nunca por completo ni para siempre. Lo interesante es que no hay disociación entre medios y fines, como tampoco una recompensa ulterior, sino una vivencia integral –en el aquí y el ahora– donde el conocimiento cambia cualitativamente a cada uno en su entraña emocional más íntima. En todo hay grados y riesgos, cierto, pero el mensaje central es claro: el ser humano cuenta con los recursos suficientes para recorrer el camino filosófico de la emancipación privada y pública. Con la cautela precisa, conscientes de la ubicua vulnerabilidad, pero sin renunciar a nada. La autora nos lleva con pulso firme y buen juicio por ese recorrido (diagonalidad) de apertura creciente en tal visión transformadora. Concluir ese viaje con éxito no es cualquier cosa.

© Mètode 2016 - 90. Interferencias - Verano 2016