«La ciencia de Los Simpson», de Marco Malaspina

La bata blanca vista desde Springfield

La ciencia de Los Simpson. El universo con forma de rosquilla. Guía no autorizada

La ciencia de Los Simpson. El universo con forma de rosquilla. Guía no autorizada / Marco Malaspina / Traducción de Enric Salón Ramon. Publicaciones de la Universitat de València. Alcira, 2010. 212 páginas.

Este es, y no es, un libro más sobre los Simpson. Lo es porque ya hay muchos sobre los aspectos sociales, pedagógicos y –también– científicos de la familia amarilla. Y no lo es porque Marco Malaspina se ocupa aquí del tema de una manera diferente. La ciencia de Los Simpson no constituye, como podría hacer pensar el título, ninguna recopilación de referencias científicas de la serie descritas con precisión y finalidad pedagógica. Aquí de lo que se trata es de mostrar la visión que sobre la ciencia y los científicos tienen Homer, Marge, Bart y el resto de personajes –y guionistas, claro– de la serie de dibujos animados más famosa de la historia.

Y los hay de todos los colores. Por ejemplo, en la serie es recurrente el tema de las consecuencias de vivir cerca de una central atómica. La torpeza de Homer como encargado de seguridad de la central podría parecer una parodia más que exagerada. Pero por lo que se sabe de las causas de la catástrofe –esta desgraciadamente muy real– de Chernóbil, la preparación del personal, parte del cual había accedido a puestos de trabajo de responsabilidad con la táctica homeriana de hacer trampas en los exámenes, no era mucho mejor que la del jefe de la familia Simpson. La medicina está también muy presente en la serie, como en los capítulos en los que Bart recibe un tratamiento con la «píldora del buen comportamiento». Aquí también la realidad supera a la ficción: al 6% de los niños americanos les han diagnosticado el síndrome del déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Los adultos tienen otro problema médico: el precio de la sanidad americana. A Homer le piden 40.000 dólares por una operación de corazón. Y esta es exactamente la cifra que cuesta una intervención a corazón abierto en los EE UU. Por eso los americanos, y no solo los de Springfield, deben tirar mano de la imaginación para curarse: muchos lo hacen haciéndose operar en la India por una fracción de lo que les costaría en los EE UU. Y de la medicina al espacio: la NASA elige a Homer para hacer un viaje con uno de sus transbordadores. El entrenamiento incluye una vigilancia estrecha para mantenerlo lejos de la cerveza. Increíblemente, también eso corresponde a la realidad: la propia agencia espacial americana ha reconocido que por lo menos en dos ocasiones han despegado transbordadores con parte de la tripulación con exceso de alcohol. Astronautas borrachos, vaya.

Por suerte está Lisa, la hija mayor, solitaria, melómana e inteligente, que aporta el contrapunto de cordura –y de ciencia de la buena– con sus experimentos, como aquel impagable donde demuestra que su hermano es más tonto que un hámster; y también con su valiente determinación, como en el episodio donde es juzgada por enseñar evolución, exactamente igual como John Scopes, juzgado realmente en Dayton en 1925. Y es que es Lisa, finalmente, el escaparate perfecto de la ciencia en los Simpson en su aspecto más positivo y remarcable: aquel que le da título a la revista que usted, lector, está hojeando ahora.

© Mètode 2011 - 70. Cuando se quema el bosque - Número 70. Verano 2011

Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (UV).