La costa de los jubilados

La migración noreuropea de personas retiradas a la costa blanca

doi: 10.7203/metode.81.3111

Este trabajo investiga la migración internacional de noreuropeos jubilados a la Costa Blanca y su influencia en la expansión urbana de esta área turística. Este documento, además, analiza las razones por las que emigran estos jubilados, que están principalmente relacionadas con el clima y el estilo de vida. También explora las ventajas y desventajas de esta migración y el impacto ambiental y paisajístico sobre la Costa Blanca.

Palabras clave: Marina Alta, Vega Baja, urbanización, litoral, territorio.

Introducción

El objetivo de este artículo es, en primer lugar, examinar la masiva migración de jubilados noreuropeos a la Costa Blanca. También se pretende analizar los cambios de uso del suelo y las repercusiones económicas, sociales y medioambientales que ha tenido esta migración sobre el territorio. La llegada de inmigrantes noreuropeos, promovida por las autoridades públicas y por las grandes empresas de la construcción, ha producido una superurbanización del litoral de la Marina y de la Vega Baja. De los más de 5 millones de inmigrantes que llegaron a España durante las últimas dos décadas, alrededor del 20 % procedía de países con un PIB per cápita mayor que el español. Por lo menos la mitad de estos inmigrantes «ricos» eran jubilados, y el 95 % de estos se instalaron en las zonas más cálidas y soleadas del territorio español: el litoral mediterráneo, las islas Canarias y la Andalucía atlántica.

«La llegada de inmigrantes noreuropeos, promovida por las autoridades públicas y por las grandes empresas de la construcción, ha supuesto una superurbanización del litoral de la Marina y de la Vega Baja»

Este tipo de movilidad residencial –llamada lifestyle migration en la bibliografía anglosajona (Oliver, 2007; Benson y O’Reilly, 2009) ha experimentado recientemente una expansión significativa a escala mundial (Janoschka y Haas, 2013). En España este tipo de migración es descrita como «turismo residencial», término empleado por primera vez por Jurdao (1979). Los antecedentes de esta migración de jubilados hacia España, que ha sido estudiada entre otros por Gaviria (1976), los encontramos en el auge turístico iniciado en la década de 1960. El notable crecimiento de la riqueza y la esperanza de vida que tuvo lugar en el norte de Europa a partir de aquella década permitió un aumento del número de noreuropeos que, al final de la vida laboral, podían pasar las vacaciones en el extranjero, y un buen número de estos eligieron hacerlo cerca del soleado y supuestamente idílico mar Mediterráneo. Durante la década de 1980, algunos de estos turistas ya no se conforman con pasar las vacaciones, y deciden establecer su residencia habitual en el Mediterráneo español. Pero fue durante la expansión económica mundial de finales del siglo xx y principios del xxi cuando estos noreuropeos jubilados se trasladaron masivamente al litoral mediterráneo español: pasaron de 60.000 en 1991 a casi 450.000 en el 2012. Esta aceleración en el número de recién llegados fue provocada por una combinación de causas, entre las que podemos mencionar la aparición de las líneas aéreas de bajo coste, los precios relativamente bajos de la vivienda y del coste de la vida en los territorios mediterráneos y la mejora tecnológica global. Varios autores han analizado la expansión de turistas residenciales en España desde 1990 hasta ahora (Rodríguez et al., 1998, 2004, 2005; King et al., 2000; O’Reilly, 2000, 2007; Williams et al., 2000; Casado, 2006; Gustafson, 2009; Huete, 2009; Mazón et al., 2009).

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Figura 1. España: inmigrantes jubilados ricos por país de origen y por provincia de asentamiento el 2012.

Inmigrantes noreuropeos en la España mediterránea

Gracias a la riqueza ficticia creada por la burbuja inmobiliaria, España atrajo a más de 5 millones de inmigrantes, lo que hizo que en el 2010 la proporción de inmigrantes alcanzara el 12,2%, una de las más altas de Europa. A causa de la crisis económica actual, España hoy pierde población: no solo se ha ido una parte de aquellos inmigrantes, sino que también muchos españoles jóvenes y competentes se han visto obligados a recurrir a la emigración.

Hay que distinguir entre dos tipos principales de inmigrantes al territorio español. Por una parte, los que vienen de regiones con un PIB per cápita más bajo que el de España (principalmente Europa oriental, América del Sur y el norte de África), y que son la mayoría (80 %); por la otra, una minoría notable de inmigrantes (20 %) cuyo origen son países con un PIB per cápita más alto que el de España (principalmente el Reino Unido, Alemania, el Benelux o los países escandinavos). Casi la mitad de estos inmigrantes «ricos» (entendiendo por «ricos» los inmigrantes que vienen de países más ricos que España) son jubilados o prejubilados, cuya economía depende de sus pensiones y ahorros; es de este último grupo del que nos ocupamos en el presente artículo. Entre estos inmigrantes «jubilados» (entendiendo por «jubilados» los individuos de más de 55 años, entre los que se sitúan también los prejubilados), el 95 % decidió establecerse a lo largo de la costa mediterránea, en busca no solamente de un clima soleado y seco, sino también de un nuevo estilo de vida (Rodríguez, 2004: 240).

«La mayoría de inmigrantes jubilados noreuropeos decidió establecerse a lo largo de la costa mediterránea, en busca de un clima soleado y también de un nuevo estilo de vida»

Estos inmigrantes jubilados noreuropeos han elegido la España mediterránea para vivir por varias razones, entre ellas el coste de la vivienda y de la vida, el clima y la proximidad al mar, pero también el llamado «estilo de vida mediterráneo», que implica una mayor calidad de vida y una vida más saludable, todo gracias a un ritmo vital más sosegado y a las actividades al aire libre (Huete et al., 2013:333). También hay que tener en cuenta el papel de las autoridades políticas españolas en cuanto al apoyo que dan al turismo de masas, y el de los promotores inmobiliarios en la atracción de potenciales compradores en el extranjero para las viviendas costeras españolas.

Los promotores son responsables también de la concentración de inmigrantes de la misma nacionalidad en ciertas áreas. Para conseguir el optimización de recursos y costes, los promotores trataron de vender cada urbanización en un solo país, y generalmente lo consiguieron. Se crearon así colonias de personas de una misma nacionalidad, cuyas viviendas eran buscadas particularmente por la gente mayor, que se sentía más segura si podía vivir entre vecinos de su mismo país. Así, cada colonia de ingleses, alemanes, holandeses, noruegos, etc. se ha convertido en una pieza de un mosaico multicultural (Piqueras, 2011: 202-203), con una influencia mayor a medida que estas colonias se van haciendo más importantes numéricamente. Los vecinos de estas colonias participan en la vida social y política de España, por lo menos a escala municipal. Muchos de estos «colonos» han sido incluidos en las listas de los partidos políticos locales o españoles, así que hoy en día la presencia de concejales extranjeros en los ayuntamientos del litoral mediterráneo más turístico no es para nada extraña (Janoschka y Duran, 2013).

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Rojales (la Vega Baja): miles de casas unifamiliares que se extienden a lo largo del territorio. Este suelo urbano carece de jardines, transporte público y otros servicios públicos. / Antoni Martínez Bernat

España es, con diferencia, el país mediterráneo con el mayor número de inmigrantes jubilados noreuropeos. En 1991 vivían aquí 60.000, pero el número se acercaba a los 450.000 en el 2012. Las áreas donde estas personas prefieren residir son la Costa Blanca (donde vive el 35,5% de los inmigrantes jubilados noreuropeos en España), la Costa del Sol (17,1%), las islas Canarias (13,5%), la costa catalana (7,1%), las islas Baleares (6,6%), la Andalucía mediterránea sin la Costa del Sol (5%), Murcia (4,6%), y la costa valenciana excluyendo la Costa Blanca (3,4%) (figura 1).

Por lo que respecta a la nacionalidad de los inmigrantes jubilados ricos, en la figura 1 hemos distinguido cinco procedencias, de acuerdo con las lenguas de los inmigrantes: los británicos (incluyendo una pequeña colonia irlandesa); los alemanes (incluyendo la pequeña colonia de austriacos y la notable colonia suiza, que habla mayoritariamente alemán); los venidos de los países del Benelux (holandeses, belgas y luxemburgueses, que mayoritariamente hablan neerlandés); los nórdicos (con colonias considerables procedentes de Suecia y Noruega); y los hablantes de lenguas románicas (franceses e italianos), que tienen como rasgo común que también son países bañados por el Mediterráneo y, por este motivo, sus conciudadanos no se sienten tan atraídos por este mar como los europeos atlánticos.

«La rápida inmigración ha congestionado la Costa Blanca a causa de un poblamiento, (sub)urbanización, tránsito y explotación en general del territorio claramente excesivos»

Los franceses e italianos (60.742, el 14 % de todos los inmigrantes jubilados ricos que hay en España) constituyen una mayoría en el litoral catalán, debido a la proximidad geográfica de sus países de origen con respecto a Cataluña. Por lo que respecta a los escandinavos (36.726, 8,4 %), se concentran en grandes áreas turísticas como la Costa Blanca y la Costa del Sol. Los procedentes del Benelux (37.844, 8,6 %) también se concentran principalmente en la Costa Blanca, y, en menor medida, en la Costa del Sol. Los germanófonos (95.426, 21,8 %) prefieren la Costa Blanca, aunque también hay grandes colonias en las islas Canarias y en las Baleares (en los dos archipiélagos constituyen la mayor colonia de inmigrantes jubilados «ricos»). Por lo que respecta a los británicos (con los irlandeses), que constituyen casi la mitad de los inmigrantes jubilados «ricos» (207.274; 47,3 %), prefieren residir en la Costa Blanca y, en menor medida, en la Costa del Sol, pero hay que decir que son la mayor colonia en toda la costa meridional y oriental española con la excepción de Cataluña y los dos archipiélagos.

 

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Figura 2. Durante la burbuja inmobiliaria española se produjo una notable expansión del tejido urbano en la Marina. Se pasó de las 9.735 hectáreas de 1987 a las 12.864 de 2006.

La Costa Blanca: un paraíso para los inmigrantes jubilados noreuropeos

La Costa Blanca, marca turística de la provincia de Alicante, alberga unos 155.000 inmigrantes jubilados noreuropeos, la tercera parte de todos cuantos viven en España. Las comarcas con mayor número de jubilados noreuropeos son la Marina (figura 2), con unos 36.000, y la Vega Baja (figura 3), con unos 64.000. Ambas zonas se benefician de la proximidad al aeropuerto de Alicante, que está muy bien comunicado (más de cuarenta vuelos diarios) con las islas Británicas y que también tiene conexiones regulares con los países escandinavos y del Benelux, Alemania y Rusia. De hecho, muchos de los residentes noreuropeos en la Costa Blanca suelen viajar a sus países de origen por razones médicas, laborales o familiares.

En la figura 2 podemos ver que durante la burbuja inmobiliaria española (1997-2007) se produjo una notable expansión del tejido urbano en la Marina. Se pasó de las 9.735 hectáreas de 1987 a las 12.864 del 2006. La expansión urbana, y especialmente de las viviendas unifamiliares, fue particularmente significativa en el área prelitoral (a 3-7 km del mar), por el hecho de que las zonas estrictamente costeras ya estaban densamente urbanizadas antes de 1987.

En la figura 3 se observa que la expansión urbana reciente en la Vega Baja (incluyendo por continuidad urbana Santa Pola y el Pinet de Elx) ha sido todavía mayor que en la Marina. El tejido urbano ha pasado de 2.526 hectáreas de 1987 a 8.352 en el 2006. Las viviendas, en especial las unifamiliares, han proliferado tanto a orillas del mar como, sobre todo, en las zonas del prelitoral. La relativa lejanía de la playa es compensada por otras amenidades, como los campos de golf. De hecho, siete de los catorce campos de golf existentes en la Costa Blanca se encuentran en el prelitoral de la Vega Baja. Además, el prelitoral de esta comarca incluía en el 2012 los tres municipios españoles con mayor porcentaje de extranjeros: San Fulgencio (donde el 78% de los 12.522 habitantes del municipio eran extranjeros), Rojales (donde lo eran el 77% de los 22.006 habitantes) y Algorfa (72% de 4.755). La mitad de los habitantes de estos tres municipios son jubilados noreuropeos, mayormente británicos. El inglés se habla allí hoy en día más que ningún otro idioma, incluyendo la lengua local de los últimos siglos, el castellano. Un visitante hispanohablante podría considerarse afortunado si, al dirigirse en su lengua a la gente de San Fulgencio, Rojales o Algorfa, lo entienden.

«La Costa Blanca, marca turística de la provincia de Alicante, alberga unos 155.000 inmigrantes jubilados noreuropeos, la tercera parte de todos cuantos viven en España»

Las grandes urbanizaciones de la Costa Blanca fueron favorecidas por los ayuntamientos, promovidas por grandes empresas de la construcción y bancos, e impulsadas por la fuerte demanda tanto del mercado español como sobre todo de los inmigrantes jubilados (la mayoría británicos). Algunos promotores, banqueros y políticos se hicieron ricos de la noche a la mañana gracias a la especulación del suelo y al crecimiento urbano ilimitado. Un buen número de las empresas inmobiliarias y los bancos que gestionaron estos proyectos han acabado quebrando debido a la mala gestión. Algunas cajas de ahorro habían comprado tantas tierras, con la intención de construir en ellas, que, cuando la burbuja inmobiliaria estalló, tuvieron que ser intervenidas o nacionalizadas. Pero antes del estallido de la burbuja que paralizó el sector inmobiliario ya se había edificado gran parte del litoral y prelitoral meridional valenciano.

Por lo que respecta a las consecuencias económicas de esta migración de jubilados noreuropeos a la Costa Blanca, podemos enumerar algunas beneficiosas y otras negativas. Entre las primeras se cuenta el hecho de que los inmigrantes jubilados aumentaron la demanda de servicios locales (inmobiliarios, comerciales, personales, de salud y de atención médica) y atrajeron nueva mano de obra, lo que incrementó aún más el número de nuevos consumidores potenciales (Walters, 2002: 51; Huete y Mantecón, 2011: 163). Los beneficios económicos de la afluencia de los inmigrantes se pueden observar en el aumento de la población de los lugares donde se asentaron. Por ejemplo, Torrevieja (donde el 30% de la población son inmigrantes noreuropeos) ha cuadruplicado en solo veinte años la población (de 25.000 habitantes de 1991 a más de 100.000 en el 2011), Rojales (donde el 75% de la población proviene también del norte de Europa) la ha triplicado durante el mismo período (ha pasado de 5.000 a 20.000) y San Fulgencio (donde el 80% de la población ha venido de los países noreuropeos) la ha multiplicado por 7,5 (de 1.600 de 1991 ha pasado a 12.000 en el 2011). Otro de los efectos beneficiosos es que los jubilados tienen ingresos basados en gran medida en las pensiones, que son independientes de la economía local, y por tanto no se ven afectados por el receso de la economía española. Sin embargo, hay que decir que los ingresos de los británicos (que son más de la mitad de todos los inmigrantes noreuropeos que viven en la Costa Blanca) se han visto afectados por la devaluación de la libra. Antes de 2008, 1 libra equivalía aproximadamente a 1,5 euros y, por tanto, una pensión de 1.000 libras equivalía a una de 1.500 euros. Hoy en día, sin embargo, una pensión de 1.000 libras equivale a solo unos 1.150 euros. Así, la mayoría de los británicos ya no se pueden permitir los gastos que se permitían antes de 2008.

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Figura 3. La expansión urbana reciente en la Vega Baja ha sido todavía mayor que en la Marina. El tejido urbano ha pasado 2.526 hectáreas de 1987 a 8.352 en 2006.

Entre las desventajas generadas por este fenómeno podemos decir que la rápida inmigración ha congestionado la Costa Blanca debido a un poblamiento, (sub)urbanización, tránsito y explotación en general del territorio claramente excesivos. Además, este exceso poblacional y urbanizador puede provocar el colapso de determinadas infraestructuras físicas (abastecimiento de agua, electricidad, saneamiento). Algunos de los primeros inmigrantes jubilados noreuropeos que hace décadas decidieron instalarse en la Costa Blanca en una zona rural aislada se han visto privados posteriormente de la tranquilidad que buscaban en este refugio cuando las autoridades locales y los promotores han continuado construyendo sobre estas tierras rurales. Algunos de estos pioneros denunciaron ante la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos este hecho, que veían como un abuso urbanístico que implicaba corrupción política y la destrucción del paisaje (Janoschka, 2011: 232).

Otro inconveniente es que, aunque los emigrantes jubilados generalmente gozan de buena salud cuando se van a vivir a la Costa Blanca, a medida que se hacen viejos tienden, como es natural, a enfermar. El coste a largo plazo de mantener una población que envejece puede ser mayor de lo que se estimaba cuando estos inmigrantes «ricos» llegaron a tierras valencianas y fueron recibos con los brazos abiertos (Walters, 2002: 52). Las autoridades locales o autonómicas a penas pueden hacerse cargo de los gastos que generan, especialmente hoy en día, en medio de una crisis económica como la actual (Huete y Mantecón, 2011: 163).

«Los jubilados tienen ingresos basados en gran medida en las pensiones, independientes de la economía local, y por tanto no se ven afectados por la recesión española»

Por lo que respecta a las consecuencias sociales de esta inmigración, la urbanización de la Costa Blanca impulsada por la demanda de jubilados noreuropeos ha creado enormes áreas suburbanas aisladas de los centros urbanos y de la población local. La mayoría de estos barrios suburbanos tienen poco transporte público o carecen de él en absoluto, lo que limita la movilidad de muchos de los residentes, que tienden a permanecer dentro de la zona residencial, con escasas opciones de entretenimiento. Por otro lado, el aislamiento y la distancia con respecto a los servicios básicos –como los centros de salud o las comisarías de policía– hace ­aumentar la percepción de inseguridad de los habitantes de estas áreas suburbanas.

Finalmente, en relación con el impacto ambiental, las consecuencias de esta rápida urbanización de la Costa Blanca han sido devastadoras. El daño hecho en el paisaje y el medio ambiente, tanto en el litoral como al prelitoral, es irreparable. La Ley del suelo aprobada por el gobierno español en 1998, que establecía que en cualquier terreno no protegido se podría construir (Rullán, 2011: 182) ha tenido un fuerte impacto en algunas zonas del Mediterráneo. En la Costa Blanca existen algunas áreas costeras protegidas: Montgó-Cabo de San Antonio; el Peñón de Ifac; la Serra Gelada; las lagunas de Santa Pola, La Mata y Torrevieja. Podría parecer, pues, que no faltan parques para disfrutar de la naturaleza; el problema es que todos estos parques están parcialmente o completamente rodeados de zonas urbanas, sin que haya una zona de transición entre los parques naturales y las viviendas. A causa del clima, el paisaje, la cultura y el ambiente, la Costa Blanca es un lugar codiciado por los promotores. Los gobiernos –a escala local, autonómica o estatal– que deberían haber protegido este territorio contra los abusos urbanísticos, permitieron –por acción o por omisión– a los promotores la urbanización de este paisaje único (Burriel, 2008) hasta el punto de desfigurarlo irreversiblemente. Este es un inconveniente serio cuando se compite en un mercado tan dinámico y abierto como el del turismo, que considera cada vez más la calidad del territorio como parte de la calidad del producto (Mata, 2007: 40-44).

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Benitatxell (Marina Alta) ha patit una gran agressió al medi ambient. En la imatge, amuntegament de cases que pengen d’un penya-segat i que desfiguren el paisatge. / Antoni Martínez Bernat

Conclusiones

La Costa Blanca ha experimentado un crecimiento urbano descontrolado durante las últimas décadas, impulsado significativamente por la demanda solvente de inmigrantes jubilados noreuropeos. Esta llegada masiva de jubilados noreuropeos ha creado una considerable riqueza a corto plazo en la Costa Blanca; ha generado ingresos para los gobiernos (locales, autonómicos, estatales) a través de los impuestos, así como para los promotores privados y para la gente local que proporciona servicios a los recién llegados. No obstante, la falta de una planificación urbana adecuada, que habría hecho posible el control de los excesos de los promotores, ha conducido a la construcción incontrolada de extensas áreas suburbanas, lo cual a su vez ha infligido un daño irreversible al medio ambiente y al paisaje con la pérdida de campos, montañas y bosques.

«La urbanización de la Costa Blanca impulsada por la demanda de noreuropeos ha creado enormes áreas suburbanas aisladas de los centros urbanos y de la población local»

Dadas las crecientes deficiencias de la superpoblada y superurbanizada Costa Blanca, los inmigrantes jubilados noreuropeos que ahora viven en ella, cuando envejezcan y mueran o bien vuelvan a sus países de origen, podrían no tener reemplazo. Si los políticos locales quieren evitarlo, deberían empezar a trabajar de una forma más racional y sostenible. Por ejemplo, deberían conectar las urbanizaciones periféricas con los centros urbanos a través del transporte público, paseos peatonales y carriles bici. Además, deberían dotar estas urbanizaciones de zonas verdes y servicios públicos. Estas medidas podrían mejorar la cohesión territorial y social entre los inmigrantes jubilados noreu­ropeos, que así estarían más motivados para superar las barreras del idioma y la cultura, y la gente local, que quizá dejaría de considerar a los inmigrantes noreuropeos como meros consumidores de productos y servicios.

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© Mètode 2014 - 81. Itinerancias - Primavera 2014

Profesor del departamento de Geografía. Universitat de València.