Variaciones del Darwin doméstico

Reflexiones entorno a La variación en animales y plantas domésticos

Variacions del Darwin domèstic

Darwin’s Domestic Variations: Reflecting on The Variation of Animals and Plants Under Domestication.
Darwin left a lot of loose ends in The Origin of Species and promised his readers a sequel with a stronger line of reasoning. Both volumes of The Variation of Animals and Plants Under Domestication give a deluge of data to demonstrate that humans can modify domestic species by selecting from the available variability. To end this work, Darwin puts forward a hypothesis that could explain the transmission mechanism by which these variations are passed onto descendants.

Inglaterra en los años sesenta del siglo xix era un lugar aparentemente tranquilo, pero con unas fuertes corrientes subterráneas. Por una parte, la prosperidad de su industria y la inmensidad de su imperio permitían a las clases acomodadas vivir casi sin preocupaciones. Darwin recibió de su padre una pequeña fortuna, fue un inversor agudo y dejó a todos sus hijos bien situados económicamente. Por otro lado, se estaban gestando algunos de los movimientos que acabarían precipitando cambios dramáticos con el cambio de siglo. Además del socialismo y el anarquismo (la primera Internacional es de 1864), el movimiento sufragista empezaba a manifestarse públicamente y en 1865 Elizabeth Garrett fue la primera mujer inscrita en el registro de médicos de Inglaterra, después de obtener el título de la Sociedad de Boticarios. Estas tensiones estaban presentes, de manera más o menos evidente, en el ambiente intelectual victoriano.

«El prefacio de La variación es la mejor exposición breve de las principales ideas darwinistas»

En el contexto de Darwin y su obra, seguramente el acontecimiento histórico más relevante de estos años fue la guerra civil americana, de 1861 a 1865. Su tema central fue la esclavitud. Los lectores del Times de Londres se encontraron debatiendo sobre esta cuestión treinta años después de que se aboliese en Inglaterra. Darwin era un ferviente abolicionista y mantuvo agrios debates con algunos de sus amigos a propósito de este tema.

Un hombre enfermo a cubierto de la historia

No muy lejos del tema de la esclavitud existía la cuestión de la evolución de la especie humana: si los negros eran igual de humanos que los blancos o si, por el contrario, eran fruto de una evolución paralela desde los simios. Este debate estaba abierto desde el tiempo de Montaigne, pero la aparición de El origen de las especies lo había reencuadrado en un nuevo contexto y había dado nuevos argumentos a ambas partes.

Variacions del Darwin domèstic - conills

Cráneos de conejos silvestres. Los cambios en la anatomía desencadenan otros cambios, a menudo en estructuras que los criadores no pueden ver. En los animales salvajes también se da la variación correlacionada, sin embargo, al carecer de la selección de los humanos, las diferencias entre individuos son menos marcadas. / Cambridge University Press

Durante aquellos años tuvieron lugar intensos debates sobre el alcance y las implicaciones de la selección natural y la evolución de las especies. Darwin no participó en ellas personalmente casi nunca, sino que respondió en las sucesivas ediciones de El origen. Sus amigos y colaboradores –sobre todo Huxley, que se ganó el mote de «bulldog de Darwin» por su feroz eficacia– dieron la cara por él. Esta defensa no sólo tenía lugar en el círculo darwiniano: en 1868 –el año de publicación de La variación– el matemático William Clifford dedicó parte de una conferencia en la Royal Society a deshacer malentendidos sobre la teoría de la evolución y a comentar ejemplos de selección natural.

Entre los que lo pusieron en dificultades, Darwin destacó a Fleeming Jenkin, que según el naturalista le había dado mucho trabajo pero le había sido más útil que ningún otro crítico. Jenkin le presentó un dilema impregnado del espíritu victoriano, pero sin embargo muy relevante. ¿Qué pasaría si un hombre blanco naufragase en una isla poblada sólo por negros? Nadie esperaría que la superioridad del hombre blanco –indiscutible tanto para Jenkin como para Darwin– acabase creando una isla de población blanca. Al contrario, su aportación quedaría diluida. Igualmente, una variación ventajosa que apareciese en un único individuo de una población no llegaría nunca a ser mayoritaria. Darwin introdujo una respuesta a esta cuestión en el capítulo de La variación dedicado a la pangénesis. La respuesta se basa en que ciertas características ventajosas no se mezclarían al heredarse, sino que se mantendrían como partículas. Esta herencia particulada podría haber puesto a Darwin sobre la pista de Mendel si no hubiese estado tan enfocado hacia el modelo de fusión.

Desde poco después de su retorno del viaje del Beagle Darwin había estado más o menos enfermo, pero en 1862 su enfermedad se agravó y ya no le abandonó hasta que murió, en 1882. La enfermedad de Darwin fue un misterio en vida y ha dado lugar a numerosas especulaciones póstumas. El síntoma principal era una fatiga extrema que no le permitía trabajar más de una hora seguida y, como mucho, tres o cuatro horas al día. La fatiga iba acompañada de síntomas gastrointestinales, mareo y eccema. Del médico local hasta el de la familia real inglesa, Darwin buscó segundas y terceras opiniones, y siguió algunos tratamientos y dietas.

Durante muchos años se ha propuesto y se ha rechazado, cíclicamente, la posibilidad de que Darwin sufriese la enfermedad de Chagas, posiblemente contraída en Brasil en 1835 durante una escala del Beagle. Esta enfermedad fue descrita 27 años después de su muerte, y por lo tanto sus médicos no estaban en condiciones de diagnosticarla. En definitiva, sólo nos queda el diagnóstico que se hizo Darwin mismo: mala salud generalizada.

Fuga i variaciones del hombre estático

Poco después de publicar su volumen sobre las orquídeas, recluido desde unos años atrás en su casa en las afueras de Londres, objeto constante de debates, ataques y defensas, y al inicio de su declive físico, Darwin acometió el libro que había prometido a los lectores de El origen, detallando la teoría que en aquel volumen sólo se esbozaba. Su objetivo era publicar tres volúmenes con todo el material que le sirvió de base para El origen, además de nuevos ejemplos y experimentos para reforzar sus ideas. Dos volúmenes debían tratar sobre las variaciones de los animales y las plantas domésticas y otro debía tratar sobre la variación natural, pero nunca llegó a escribir el tercer volumen.

La variación está escrita como una larga fuga con variaciones: página tras página reencontramos los mismos temas, ligeramente modificados, engranados de manera que unos quedan en primer término y otros en el trasfondo. A lo largo de mil páginas los temas van y vuelven, a medida que Darwin se fija en uno u otro aspecto. Después de presentar los elementos básicos –hacia el final del primer volumen– empieza el trabajo de construcción, durante el cual volvemos a encontrar todos los datos con los que nos hemos familiarizado anteriormente.

«Con La variación, el objectivo de Darwin era publicar todo el material que le sirvió de base para El origen»

Darwin juzga negativamente a los pueblos que no han sabido tener cuidado de las especies de su entorno. Para él, el criterio de mérito es el conocimiento –aunque sea intuitivo y tradicional– de la selección artificial. Darwin creía que «excepto los idiotas, los hombres no se diferencian mucho en su intelecto, sino en su esfuerzo y su perseverancia». La meritocracia era una ideología incipiente con la que Darwin se identificaba, porque coincidía con su visión de la humanidad. Tan sólo la publicación en 1869 de Hereditary Genius, de su primo Francis Galton, le llevó a considerar –en la segunda edición de La variación– la posibilidad de que la herencia representase un papel determinante en el talento.

Un fruto del alcance mundial del imperio británico es la correspondencia de Darwin con personas de todos los continentes, que le comunican experimentos, publicaciones, tradiciones y datos. Es admirable la capacidad de una persona que lleva años prácticamente sin salir de casa para convertirse en un nodo de comunicaciones a escala planetaria. En una jornada laboral de unas tres horas, Darwin consigue procesar una cantidad enorme de información y destila una obra monumental.

A causa de su invalidez, Darwin tan sólo pudo llevar a cabo directamente experimentos con plantas. La mayor parte de los experimentos necesarios para aclarar aspectos de La variación los encargó a familiares, amigos y colaboradores.

El prefacio de la obra es un breve resumen de su teoría y una justificación de por qué la defiende mediante datos de la variación en condiciones de domesticación. Este puñado de páginas son, según Stephen Jay Gould, la mejor exposición breve de las principales ideas darwinianas.

«La pangénesis permitía explicar la transmisión de los caracteres a la descendencia y la transmisión de las variaciones»

El primer volumen es una exposición pormenorizada y masiva de todos los esfuerzos conocidos que ha hecho el hombre para modificar animales y plantas según su capricho o su necesidad. En el segundo volumen el estilo cambia: empieza una fuga de dimensiones gigantescas, que Darwin teje a partir de los datos que ha presentado anteriormente. Como una novela donde no pasa nada durante páginas y páginas hasta que, de repente, se desencadena la acción, La variación pasa de ser una recopilación más o menos amena de anécdotas, sementales campeones y rarezas curiosas a ser un alud de argumentación.

Aunque el título se refiere explícitamente a animales y plantas, Darwin incluye referencias a los humanos, especialmente en los capítulos dedicados a la herencia. En algunos lugares pone ejemplos como la longevidad, la diabetes, la polidactilia y algunas enfermedades transmitidas durante generaciones (incluida una rara familia de mujeres hemofílicas). En el capítulo sobre la variación correlacionada pone dos ejemplos en humanos: una familia rusa que tenía la cara cubierta de pelo y defectos en la dentadura, y una bailarina famosa como fenómeno de circo, que tenía una barba espesa y dos hileras de dientes. Darwin relaciona estos casos con los perros sin pelo y con el hecho de que los dos órdenes de mamíferos (Edentata y Cetacea) que tienen una cobertura dérmica más anormal también tienen una dentadura muy anormal –deficiente o redundante. El paso de una familia rusa a las ballenas en el mismo ejemplo seguramente hizo levantar las cejas a los primeros lectores de La variación.

Una de las cosas que enfurecían a Darwin era que lo comparasen con Lamarck, y dedicaba muchos esfuerzos a distanciarse de él. En las secciones en que trata sobre la herencia de caracteres adquiridos (como el ejemplo de una vaca que perdió un cuerno por supuración y parió tres terneros que tenían en el mismo lado de la cabeza, en lugar de un cuerno, un pequeño bulto óseo) no cita a Lamarck. Según su biógrafa, Janet Browne, la pangénesis permitió a Darwin ser lamarquiano sin sufrir las dificultades de Lamarck.

Del todo a la pangénesis

Darwin introdujo en la parte final de su obra una hipótesis sobre el mecanismo de transmisión de las características entre generaciones. En cierta medida, esta hipótesis es la culminación de su obra: una vez se han presentado la variación al azar y la selección natural, aún hay que explicar cómo se transmiten estas características a la descendencia.

Variacions del Darwin domèstic: pèsols

Darwin estudió muchas características de los guisantes, pero no sacó las mismas conclusiones que Mendel. / Cambridge University Library

El capítulo empieza con una nota a pie de página digna de figurar en todas las antologías de literatura científica. Darwin menciona a sus críticos –esta es la segunda edición, y en ocho años ha habido tiempo para debatir– y repasa sus argumentos. A continuación escribe: «Por otro lado, algunos autores han hablado favorablemente de esta hipótesis, pero no vale la pena dar las referencias de sus escritos.»

Darwin postulaba que cada parte del cuerpo contribuye con unas gémulas a la formación de las células germinales. De esta manera, en las células germinales se aglutina toda la información que hay que transmitir a la generación siguiente. Las variaciones que aparecen durante la vida de un individuo producen gémulas, y así estas variaciones pueden pasar a la descendencia.

La pangénesis permite explicar los dos fenómenos principales de la biología que Darwin no había podido explicar en El origen: la transmisión de los caracteres a la descendencia y la transmisión de las variaciones.

Su principal defensor fue Hugo de Vries, uno de los redescubridores de las leyes de Mendel. De Vries facilitó su persistencia en el corpus científico al llamar pangen la gémula, o unidad de reproducción. Wilhelm Johannsen acortó el pangen y acuñó la palabra gen, que ha llegado hasta nuestros días sin que su definición haya estado nunca del todo clara.

«La hipótesis de la pangénesis nos ha llegado como un error de Darwin. En aquel momento, la herencia parecía ser un problema de transmisión de características externas»

Una de las crisis que contribuyó a hundir la hipótesis de la pangénesis fue, precisamente, que chocase con el método científico. Francis Galton diseñó un experimento consistente en hacer transfusiones de sangre entre conejos con el pelo de colores diferentes. Si la teoría fuera correcta, los conejos recipientes deberían pasar a su descendencia las características de los donantes. Una vez hechos los cruces, los conejos descendientes tenían el pelo del mismo color que sus progenitores. Galton escribió: «He hecho trabajos de transfusión y cruce en conejos a gran escala y he llegado a conclusiones claras que, en mi opinión, niegan la verdad de la doctrina de la Pangénesis.»

La hipótesis de la pangénesis nos ha llegado como un error de Darwin, un intento de explicar fenómenos sin basarse en una experimentación rigurosa. Este juicio no tiene en cuenta que, en el momento en que Darwin propuso su teoría de la pangénesis, la herencia parecía ser un problema de transmisión de características externas, o fenotipos, y a nadie se le ocurrió que el material hereditario pudiese ser otra cosa –un manual de instrucciones abstractas, que sirven igual para una mosca que para un ser humano.

El espíritu de Mendel

Ni el lector más despistado podrá pasar por los párrafos en que Darwin explica sus experimentos con guisantes sin notar una presencia. Sólo con la mención del color de las flores, la forma y el color de las semillas, ya basta para conjurar el espíritu de Gregor Mendel, que, en los mismos años sesenta del siglo XIX, llevaba a cabo los experimentos que ayudarían a definir las leyes elementales de la genética.

Con la posición privilegiada que nos da saber las respuestas, nos podemos preguntar cómo puede ser que un observador agudo como Darwin no viese que tenía ante sí una herramienta poderosa para resolver el problema de la herencia.

Darwin era un gradualista: su idea de la consolidación de las variaciones era un aumento gradual de la presencia de los individuos que las presentan, durante generaciones, gracias a mejoras casi imperceptibles de su capacidad de adaptación. Los elementos heredables de ambos progenitores se mezclan y el resultado es parte de un continuo, nunca un salto. La herencia particulada que proponía Mendel se prestaba a la aparición súbita de mutaciones, con un efecto visible inmediato.

En cualquier caso, el hecho de tener una hipótesis sobre el mecanismo de la herencia amortiguó el impacto de unos datos que, a otros ojos, resultaron determinantes. Durante la redacción de La variación Darwin tenía la vista puesta en la teoría de la pangénesis y, según decía él mismo en 1861 en una carta a Henry Fawcett, «todas las observaciones tienen que ir a favor o en contra de una teoría si han de servir para algo». Sus observaciones iban a favor de la pangénesis; era imposible que lo llevasen a la herencia particulada.

Bibliografía

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© Mètode 2009 - 60. Darwiniana - Número 60. Invierno 2008/09

Biólogo y escritor (Barcelona)