La «otra» fauna

En una competición en la que midiésemos la biomasa global de los organismos vivos de este planeta, el ser humano quedaría relegado a las últimas posiciones de la cola. Por delante, las plantas, las bacterias, los hongos… Incluso, dentro de los animales, el ser humano es superado ampliamente por los artrópodos, los anélidos, los moluscos, o los peces, entre otros. Si esa competición la trasladáramos, por ejemplo, al número de especies entre clases de animales, veríamos que una vez más los mamíferos (con algo más de 6.400 especies descritas, entre las cuales se encuentra el ser humano) quedan muy por debajo de los insectos (más de un millón de especies), los arácnidos (más de 100.000) o los moluscos (más de 80.000). Sin embargo, si la competición fuera sobre la capacidad de decidir sobre el presente y futuro de nuestro planeta, el ser humano sería el único participante, y por ende el vencedor. Y esto es paradójico, ya que investigaciones recientes sugieren que nuestra empatía por otros organismos disminuye a medida que estos están menos emparentados con nosotros en el árbol de la vida. En otras palabras, siendo quien decide, por regla general el ser humano parece sentir menos compasión por aquellos seres vivos que precisamente tienen una mayor preponderancia en el planeta. Grupos de organismos cuya posición es clave en los ecosistemas como polinizadores, descomponedores, siendo predadores y presas, e interviniendo en el ciclo de nutrientes del suelo y en la calidad de las aguas.

«Nuestra empatía por otros organismos disminuye a medida que estos están menos emparentados con nosotros en el árbol de la vida»

La fotografía y el conocimiento científico son probablemente dos de los mejores revulsivos para cambiar cómo los seres humanos percibimos esa «otra» fauna tan alejada filogenéticamente de nuestra especie. Y mostrar la belleza de los artrópodos en el anárquico entramado construido por el ser humano, una de mis estrategias favoritas. Para ello, la fotografía con lente angular suele ser idónea. Además, si en entornos oscuros donde la luz anaranjada de las farolas predomina bajamos en nuestra cámara el balance de blancos (por ejemplo, a +3.900) e iluminamos al sujeto con un flash, podemos crear una fotografía con tonos muy contrastados, como esta imagen tomada en Ecuador. El entorno tendrá el tono anaranjado proveniente de la luz de las farolas, y la zona del sujeto quedará más azulada debido al golpe de luz creado por el flash y los tonos fríos del balance de blancos. Aunque a veces olvidado, el balance de blancos puede ser un gran aliado en la búsqueda de tomas creativas en la fotografía de naturaleza.

© Mètode 2021 - 111. Transhumanismo - Volumen 4 (2021)
Fotógrafo de naturaleza e investigador del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Ecología Evolutiva de la Universitat de València.