La pareja perfecta

«Todos nos merecemos vivir un cuento de hadas». Esto lo dice la protagonista de un libro de suspense psicológico que ha inspirado una serie de televisión, The One. ¿Os habéis preguntado alguna vez qué pasaría si pudiéramos encontrar la pareja perfecta, aquella de la que nos enamoraremos irremisiblemente, el verdadero amor de nuestra vida? ¿Y si esto fuese posible solo enviando un pelo para analizar nuestro ADN y así, consultando el genoma de otros muchos donantes en las bases de datos, encontráramos nuestra media naranja genética? En una de las primeras escenas de la serie, el discurso persuasivo de la genetista protagonista parece muy convincente… ¿y si realmente fuera posible en un futuro no muy lejano?

En esta historia, la ciencia es una excusa y las alusiones a los descubrimientos genéticos que permitirían encontrar la pareja perfecta son casi nulas. Hablan de manera inconexa sobre hormigas que comparten la misma mutación en un gen de cutícula y se enamoran químicamente, y dicen que en humanos esto también pasa. La serie pasa muy de puntillas sobre los argumentos científicos y se centra en la trama de las historias personales y en el mensaje de que, muy probablemente, incluso si encontramos el amor perfecto, nuestra vida difícilmente será un maravilloso cuento de hadas y más bien se convertirá en una pesadilla.

Volviendo a la genética del amor, ¿es posible predecir quién puede ser nuestra pareja ideal? Varias empresas han ofrecido este emparejamiento genético (genetic matchmaking). ¿En qué datos científicos se basan? Todo empieza con trabajos de un biólogo llamado Wedekind, realizados en los años noventa, mucho antes de que estuviera secuenciado todo el genoma humano. Describió que algunas especies de peces seleccionan pareja de forma que macho y hembra son genéticamente diferentes (esto favorecería que no haya consanguinidad y, por lo tanto, disminuiría la probabilidad de que la descendencia sufra enfermedades genéticas recesivas). Esta diferencia genética la detectaba analizando los genes mayores de histocompatibilidad. Estos genes ejercen una función fundamental, puesto que son los que nos permiten determinar si un tejido o órgano es nuestro o de otro, de forma que, si no es nuestro, se desencadena una reacción de rechazo. Estos genes también influyen en el olor corporal, y los peces podrían «oler» si sus potenciales parejas son mucho o poco similares y rehuir las que lo son demasiado.

«¿Es posible predecir quién puede ser nuestra pareja ideal mediante un análisis de nuestro ADN?»

Wedekind hizo varios experimentos con estudiantes y camisetas sudadas, analizando los genes de histocompatibilidad e intentando correlacionarlos con la elección de parejas. Pero la muestra era muy pequeña y seguramente sesgada, porque un análisis mucho más completo, con más genes y más variantes genéticas, no ha podido demostrar que la elección de pareja en los humanos siga estas pautas, relativamente simples –me gusta tu olor porque es muy diferente del mío–. Pero los humanos no somos peces, y la elección de pareja es compleja y tiene muchos condicionantes culturales y sociales. Escogemos por características bastante diferentes de las que determinan los genes mayores de histocompatibilidad. Aun así, surgieron empresas que, por un módico precio, ofrecían encontrar parejas genéticas. Hay que remarcar que, ciertamente, elegimos la pareja por su genética, puesto que el fenotipo (las características que presentamos) son producto del genotipo y el ambiente (y aquí, la epigenética a buen seguro también tiene su relevancia). Lo que pasa es que esta selección genética depende de muchos componentes que no son fácilmente identificables y que son diferentes para cada persona. Cada uno de nosotros valoramos en una pareja características diferentes y, dependiendo de nuestra etapa vital y experiencia personal, podemos elegir personas muy diferentes entre ellas, muy lejos de la pareja única y exclusiva.

La genética permite predecir muchas de nuestras características, pero no permite encontrar la pareja perfecta. Los cuentos de hadas pertenecen al mundo de la fantasía.

© Mètode 2021 - 110. Crisis climática - Volumen 3 (2021)
Profesora titular de Genética de la Universidad de Barce­lona (España), con una amplia trayectoria científica y académica en genética. Dirige un grupo que investiga las bases genéticas de dolencias hereditarias minoritarias, en particular, la ceguera. Es miembro del Instituto de Biomedicina (IBUB), adscrito al CIBERER, y de varias comisiones de bioética. Es cofundadora de la empresa DBGen, dedicada al diagnóstico genético. Ha escrito dos libros divulgativos y tiene una columna semanal de divulgación científica en www.elnacional.cat.