Compostar, reciclar, reutilizar

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Montones de compost separados por cañas.

La jardinería ecológica es una manera de trabajar la tierra con la finalidad de conseguir un desarrollo sostenible. Desde el Gabinete de Didáctica os queremos proporcionar estrategias para adquirir hábitos y conductas sostenibles. En este número trataremos los cultivos tanto de jardín como agrícolas y cómo trabajar con métodos naturales que contribuyen a mejorar nuestra relación con el planeta. Métodos de jardinería sostenible son los que mejoran la calidad de los cultivos y no son agresivos con el medio. Podemos satisfacer la necesidad de alimentos de la tierra de manera artificial en forma de productos químicos o de una manera mucho más respetuosa con nuestro medio, más natural, haciendo nosotros mismos un compost. Esta propuesta es muy sencilla y consideramos que es mejor hacerla en verano porque el calor acelerará la formación del compost y hacia octubre podremos tener una buena cantidad de abono. La necesidad de alimentar la tierra nace de la propia dinámica de la vida de las plantas. Las plantas consumen nutrientes del suelo para alimentarse: el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K). Para restablecer la riqueza del suelo, tenemos varios métodos naturales: aplicar materia orgánica (estiércol, compost), dejar el terreno un tiempo sin cultivar para que recupere la riqueza (barbecho) o emplear la rotación de cultivos.

¿Qué quiere decir compostar? Significa someter la materia orgánica a la acción de billones de microorganismos benéficos que la transforman en compost. Podemos hacer compost de cualquier materia orgánica, ya que de cada 100 kilos, obtenemos 30 de compost. Podemos compostar papel de diario, cartón troceado, desperdicios de comida –excepto carne y huesos y pescado y espinas–, mezclándolos con los residuos de hojas y los restos del jardín. Las revistas no se pueden utilizar para compostar, ya que la tinta de color es tóxica para los microorganismos. Con pelotas de periódico podemos recoger los aceites usados. También podemos añadir la ropa vieja, mejor a retales pequeños. Y además, todas las hierbas y materia procedente de la limpieza y poda de las plantas. Conviene que la mezcla de materia orgánica que introduzcamos sea lo más variada y heterogénea posible. Habrá que removerlo todo bien para que todos los productos se pudran al mismo tiempo.

Tallos, hojas, madera, peladuras de verduras y de fruta también. Todo lo que es natural se puede degradar. Hay que alimentar la compostadora con frecuencia, ya que se pierde el 70% del volumen.

Actividad: Compostaje doméstico

Condiciones necesarias

Aeración. Como la descomposición la hacen microorganismos que respiran O2 hay que proporcionar buena ventilación interior al material orgánico para favorecer la degradación aeróbica y evitar la putrefacción (degradación anaeróbica). La putrefacción la descubriremos por el olor y retraso en la formación de compost. Para evitarlo hay que mezclar material fácil de degradar con otro más difícil o resistente y hacer agujeros con una barra para facilitar la penetración de aire y la ventilación.

Temperatura. La descomposición del material orgánico puede llegar a los 70 grados gracias a las bacterias termófilas que digieren la materia orgánica y, además, la liberan de los microorganismos patógenos. Por eso el verano es una buena época para hacer compost.

Humedad. Hay que controlarla, ya que si es excesiva cierra los poros por donde pasa el aire, mientras que la falta de humedad no deja pasar los microorganismos que realizan su tarea vital. Por debajo del 8%, el proceso se para. La humedad conveniente es del 50% y podemos saberla fácilmente. Si presionamos con la mano se condensarán encima gotas de agua, pero si sale agua, hay que interrumpir la adición. En caso contrario habrá que añadir más.

Materia orgánica. Necesitamos una mezcla equilibrada de materiales para conseguir una buena actividad de los microorganismos y por lo tanto un buen compost. Eso favorece el compostaje de la materia orgánica estable.
Distinguimos entre:
— Materia orgánica fresca, húmeda o verde: se trata de restos de plantas frescas, de verduras y frutas, de café, bolsitas de infusiones… Es muy fácilmente degradable, húmeda y rica en nitrógeno.
— Materia orgánica estable, seca o marrón: por ejemplo la paja, hierbas secas, ramas, hojas secas, cáscaras y huesos de frutas, serrín… Son fibrosas, ricas en carbono y de degradación lenta. Tienen propiedades estructurantes que pueden permitir mejorar la aeración y el drenaje de la pila. Hay que hacer trocitos de hasta 10 cm como máximo.

Hay que evitar utilizar carne o pescado, derivados de la leche, productos con grasa y levaduras. Tampoco se pueden emplear cenizas, pañales, revistas con fotografías y en color, los desperdicios de la aspiradora, filtros de cigarrillos, tejidos sintéticos, etc.

Materiales:
—Tijeras o herramientas para trocear los restos grandes.
—Manguera o regadera para remojar.
—Herramientas para remover y agujerear la pila.
—Capazos, carretilla, criba y pala.

Dónde hacerlo:

Lo haremos en el jardín, a la sombra, en un lugar donde quepa un metro cúbico y que se pueda cubrir si llueve. Podemos reciclar un cajón como compostador. En la imagen podéis ver uno hecho con cañas.

Preparación de los materiales:

1. Hay que triturar las restos leñosos y en general todos los restos que depositemos.
2. Si hacemos aportaciones peque ñas y constantes de restos frescos como los de la cocina, aprovechando que en verano tendremos muchas cortezas y pieles de frutas y verduras, podemos ir disponiéndolas en pequeños grupos entre las partes más leñosas en una proporción de por lo menos la mitad para hacer una buena mezcla.
3. Como los microorganismos que hacen la descomposición necesitan oxígeno, hay que remover la pila de materia orgánica una vez por semana el primer mes y después de manera más espaciada.
4. El montón también necesita humedad, si se seca demasiado hay que regarlo o sombrearlo.

¿Cuándo lo tendremos?

Con el calor, puede estar listo pasados tres meses, pero podemos comprobarlo por el color marrón y oscuro y el olor a tierra húmeda del bosque. No debe hacer mal olor nunca. Una vez esté listo, podréis cribarlo y usarlo como abono. Los trozos que no pasen por el cedazo, devolvedlos al montón.

Mucha suerte. El camino hacia la reutilización y el reciclaje está abierto. También queremos aprovechar para dar apoyo a la agricultura ecológica y a la importancia que tendrá en un futuro.

Mª José Carrau, Olga Ibáñez y Pepa Rey. Gabinete de Didáctica, Jardín Botánico de la Universitat de València.
© Mètode, Anuario 2009. 

 

«Podemos satisfacer la necesidad de alimentos de la tierra de una manera mucho más respetuosa con nuestro medio ambiente, haciendo nosotros mismos un compost»

 

 

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© Gabinet de Didàctica de la UV

 

 

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© Gabinete de Didáctica de la UV

 

 

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© Gabinete de Didáctica de la UV

Dónde ¿Qué podemos echar? ¿Qué no tenemos que echar? Comprobar

En un montón
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Del jardín:
– Hojas secas
– Hierba
– Hortalizas
– Flores marchitas

Materia orgánica
– Carne, huesos, pescado
– Plantas y frutas en descomposición
– Excrementos de animales

Aeración

Temperatura

Humedad

En una caja
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Del hogar:
– Posos del café o té
– Infusiones con papel incluido
– Cáscara de huevo
– Frutas, verduras y hortalizas
– Pan
– Alimentos cocinados
Materia inorgánica
– Pilas (son contaminantes)
– Revistas (contienen plomo)
En un contenedor
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© Mètode 2011 - 58. Paisaje/s - Contenido disponible solo en versión digital. Verano 2008

El Gabinet de Didàctica del Jardí Botànic de la Universitat de València el componen Mª José Carrau, Pepa Rey i Olga Ibáñez.