Consejos de comunicación científica para investigadores

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Ilustración: Moisés Mahiques

Lo primero es saber qué papel quieres asumir en esto de la comunicación científica. Tienes cuatro opciones:

Primera opción: Ningún papel en absoluto. No quieres distraerte ni un minuto en actividades de divulgación. Perfecto, pues que nadie te convenza de lo contrario. Si no tienes el mínimo interés ni capacidad para comunicar, dedícate a hacer buena ciencia, que esa es tu principal labor. Y no lo digo con cinismo; la sentencia de que los científicos estáis obligados a comunicar no se suele interpretar bien. Si recibís financiación pública, como institución y como grupo sí tenéis la responsabilidad de comunicar vuestro trabajo, sobre todo cuando publiquéis buenos resultados o vuestro conocimiento sobre un tema determinado pueda beneficiar a la sociedad. Pero no es imprescindible que comuniques tú directamente como individuo: puedes hacerlo a través del gabinete de comunicación de tu centro, o contratar a alguien si tienes fondos, o delegar en alguien de tu equipo que lo haga mejor y con más ganas. Tú sigue concentrado en la investigación. No es la mejor opción para nadie, especialmente para ti, pero es válida y preferible si realmente no tienes ningún interés ni capacidad (si los científicos tienen fama de distantes y aburridos, es por algo). Cuando doy una charla en algún centro de investigación y planteo las cuatro opciones, un 5-10 % de asistentes levantan la mano en esta primera.

Segunda opción: Papel colaborativo. Comunicar no es tu prioridad, ni en realidad estás pendiente de ello, pero si te llaman de una radio o te proponen participar en una actividad, aceptarás porque piensas que es importante, crees que es parte de tus obligaciones, o que te merece la pena. Este es el perfil mayoritario. Entre un 40-60 % de manos levantadas en mis charlas. Aquí mi consejo genérico es prepararse bien para dicha intervención específica. Quizás no es imprescindible que hagas un curso de comunicación para las ocasiones contadas que te tocará ejercer (obviamente no te haría ningún daño). Lo más práctico es que te esfuerces cuando aparezca la oportunidad y la prepares de manera concienzuda, porque merece la pena. Javier Sampedro y yo conducimos una sección de ciencia los domingos en A Vivir de la Cadena Ser, en la que cada semana invitamos a algún científico/a. A Vivir es el segundo programa con más audiencia de la radio española. Lo escuchan muchísimas personas, además con esa confianza y empatía que genera la radio, pero no la televisión. Salir allí es una oportunidad. Pues bien: os sorprendería la cantidad de invitados que llegan sin prepararse lo más mínimo su intervención. Serán muy meticulosos en sus investigaciones y exposiciones científicas, pero aparecen a verlas venir para hablar frente a miles de oyentes. Mi consejo es actuar como si fueras a promocionar un libro: pensar bien qué mensajes quieres transmitir, el tono que debes utilizar, tener preparados datos interesantes, frases con impacto, alguna historia curiosa, pedir a quien te haya llamado información e incluso el tipo de preguntas y, muy importante: en el momento de la intervención debes estar hiperconcentrado. Considéralo tan importante como otros aspectos de tu trabajo. Si sientes que vas perdido, pídele a un compañero o a alguien de tu gabinete de comunicación que te ayude a prepararlo. No te digo que inviertas dos días enteros el tema, pero un poco de preparación previa genera una gran diferencia, tanto para hablar en un medio como para dar una charla, o participar en cualquier actividad. Y si sale bien, verás que tiene recompensa, y quizás pasas a la tercera opción.

Tercera opción: Papel involucrado-hobby. Estás convencido de que parte de tu responsabilidad como investigador es comunicar ciencia a la población, te gusta hacerlo, y tienes total predisposición a participar en lo que te pongan por delante, incluso valoras impulsar actividades por tu cuenta. Entre un 20-30 % de brazos levantados. Aquí la cosa ya se complica. Un primer consejo es ser proactivos, el no esperar a que te busquen sino ofrecerte tú a los sitios. Yo la mayoría de oportunidades en mi carrera las he conseguido así (me ofrecí a Redes, al NIH, al MIT, a El País para escribir un blog, a la editorial para escribir un libro, a TVE para hacer El cazador de cerebros…). Es mucho más eficiente identificar un hueco y proponer o impulsar un proyecto que responder (tú y decenas más) a la petición de alguien. Incluso si publicas un buen paper, no confíes solo en que lo mueva tu gabinete de comunicación: inténtalo tú también. Vuelvo a poner como ejemplo la radio porque me parece muy ilustrativo: a mí las editoriales me envían libros a casa. Muchos. ¿Por qué? Porque saben que si alguno me gusta quizás propondré a su autor para entrevistado en un programa de impacto como A Vivir y eso les supondrá ventas. ¿Sabéis cuántos investigadores me escriben explicándome su trabajo y ofreciéndose a salir en la Ser o El cazador de cerebros? Poquísimos. ¿Y gabinetes de comunicación ofreciéndome a algún investigador suyo? Poquísimos. Es obvio que recibimos notas de prensa, pero os prometo que si alguien nos escribe contando una buena historia, le hacemos muchísimo caso. Debes ser proactivo y ofrecer algo bueno, definido y adaptado a donde quieras estar, sea un espacio en medios, un blog en Naukas, u organizar un ciclo de conferencias en tu ciudad.

«Defiendo con convicción que, en esto de la divulgación, la ilusión es más importante que el talento»

Otro consejo: conoce tus puntos fuertes y concéntrate en lo que se te de mejor y más te guste. Si pruebas a hacer un canal de Youtube y ves que no funciona y en realidad te agobia, prueba otra cosa. Si se te da bien escribir y te apetece mucho escribir un libro, sé consciente de lo doloroso que es el proceso, pero hazlo, porque te aseguro que es muy reconfortante si sale bien. En cambio, si lo empiezas con dudas, olvídalo. Diseña tu estrategia teniendo en cuenta el factor emocional. Yo defiendo con convicción que, en esto de la divulgación, la ilusión es más importante que el talento. Sé emprendedor/a, ponte a prueba, explora, rectifica las veces que haga falta, y cuando encuentres tu virtud, poténciala. Ah, otro consejo muy obvio –y que me debería aplicar– es tener un perfil activo en redes sociales y publicar de manera estratégica sobre los temas que te interesan. Es importante tener constancia, definir un estilo, colaborar con otros, cada cierto tiempo hacer algo excelente que marque la diferencia… Pero cada situación es particular y merecería un asesoramiento específico.

Cuarta opción: Papel profesional. Quieres dejar el laboratorio e intentar dedicarte profesionalmente a la comunicación científica. En mis charlas siempre hay algunas manos levantadas, pero diría que menos del 5 % (que no es tan poco). Este es el punto más complejo porque no hay consejos genéricos que valgan. Quizás porque yo hice el salto del laboratorio a la comunicación y me ha ido bien, recibo muchos correos de jóvenes investigadores pidiéndome consejo en este sentido. Analizar en detalle cada situación individual es complicado, porque hay muchos matices importantes, pero siempre respondo con posibles caminos, advertencias, consideraciones económicas… que me consta les resultan útiles. De hecho, varias veces he pensado en escribir un texto sobre cómo dar el salto del laboratorio a la comunicación, para poder enlazarlo cada vez que reciba un nuevo mail. Aprovechando que estoy alcanzando la extensión máxima del texto, lo emplazo al siguiente número de Mètode.

© Mètode 2019 - 102. Ciencia y nazismo - Volumen 3 (2019)
Escritor y divulgador científico, Madrid. Presentador de El cazador de cerebros (La 2).