La ciencia básica no existe

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Recuerdo perfectamente una conversación sobre la importancia de la ciencia básica en la Universidad de Harvard con el premio Nobel de Química Walter Gilbert. El doctor Gilbert me insistía en la importancia de investigar para comprender el funcionamiento de la naturaleza sin sentirse presionado por si «servirá para algo». Él argumentaba que la tarea del científico era adquirir nuevo conocimiento, y que la historia nos mostraba que muchas veces grandes aplicaciones prácticas habían surgido de investigaciones aparentemente alejadas de cualquier uso. El doctor Gilbert defendía y defendía que investigar en campos inexplorados era una fuente enorme de sorpresas, pero de repente, me miró y dijo algo así como «pero no nos equivoquemos: la ciencia básica no existe. En última instancia el objetivo de toda investigación siempre es que acabe aplicándose y siendo útil para alguien».

El premio Nobel se puso serio, y me dijo que «hacer ciencia básica» era una decisión personal o institucional de dar por finalizado el proceso de investigación tras la publicación científica. Esta ciencia «básica» era incumplida, y significaba dejar el proceso a medias. Y esta es justo la crítica que quiero hacer a muchos científicos e instituciones del Estado español: oigo demasiado a menudo grandes defensas de la ciencia básica, sin tener en cuenta que la gran carencia de este país es sacar partido práctico de la investigación.

El científico español está demasiado acostumbrado a oír que publicando un buen paper ya ha cumplido con su trabajo. Y quizá él sí que lo ha cumplido, pero su institución no. El recorrido de la ciencia no acaba con la publicación científica, sino que tiene que continuar necesariamente con una aplicación de este conocimiento. Y en todos los campos de la ciencia. Resulta obvio que un cosmólogo que investigue el origen del universo lo tendrá bastante difícil para generar patentes a partir de su trabajo, pero incluso este conocimiento básico tiene una aplicación, que no es ninguna otra que la divulgación científica. Si este cosmólogo hace un descubrimiento relevante, la aplicación tiene que ser hacer más sabia a la humanidad. De nada servirá si lo publica en una revista especializada y no sale de los círculos técnicos. Comunicar es una obligación.

Así mismo, en el ámbito de la investigación biomédica (por ejemplo), estoy harto de oír a investigadores españoles preocupadísimos por publicar sus tristes resultados, de manera egoísta para añadir líneas a su currículo pero sin ni tan siquiera plantearse cómo se puede aplicar de manera útil su investigación. Si miramos el número de publicaciones científicas y de patentes que se registran en el Estado español, vemos que en comparación con otros países somos bastante buenos en publicaciones, pero patéticos en aplicaciones. Y esta es una grave carencia. No hacen falta tantas reivindicaciones de la ciencia básica. Ya somos bastante buenos en eso. Lo que hay que reforzar es la transferencia de conocimiento, por mucho que eso no les guste oírlo a una gran mayoría de científicos, que se quejan de los recortes sin dar datos suficientes sobre el valor que aporta su investigación. Estoy exagerando, pero creo que un poco sí que conviene.

De ninguna manera debemos idealizar el sistema americano y pensar que deberíamos copiar todos los aspectos de su modelo, pero a un kilómetro del despacho de Walter Gilbert está el de otro investigador que sí que considero inspirador. Robert Langer tiene el laboratorio más grande de todo el MIT. A sus órdenes trabajan más de cien investigadores de una quincena de disciplinas diferentes. No sé cuántos miles de papers habrá firmado durante su carrera, pero tiene más de seiscientas patentes y descubrimientos suyos han generado decenas de empresas, algunas de las cuales se pueden ver dando un simple paseo por los alrededores del MIT en Cambridge. No nos engañemos: el premio Príncipe de Asturias Robert Langer es un absoluto defensor de la ciencia básica. Hablando con él me decía: «yo lo que quiero es recorrer el camino completo: empezar por la investigación básica, y acabar en la aplicación práctica y la terapia en pacientes. No me conformo solo con hacer una parte del puzzle.» Langer sabe sobradamente que solo una pequeña parte de su investigación acabará dando frutos prácticos, pero tiene la actitud de lucha y perseverancia hacia este fin, que yo no suelo ver en los investigadores españoles. Y he conocido a muchos, y muy variados. Aquí nos gusta mucho culpar a los gobiernos y a los gestores (con razón), y sé perfectamente que el tejido industrial y la poca cultura de inversores de riesgo no acompaña nada, pero creo que la sociedad científica española tiene que hacer autocrítica en este aspecto. Viene de una tradición conservadora que está cambiando, pero que aún debería cambiar más. Está muy bien reivindicar la ciencia básica, porque es del todo necesaria, pero tradicionalmente hemos desatendido la aplicada. Y eso es un aspecto que hay que cambiar.

Recuerdo como si fuera ayer a una persona muy próxima llegar a casa toda eufórica porque le habían aceptado el paper de un mecanismo que podía parar la angiogénesis, yo preguntarle «¿y ahora qué?», y ella decirme que se centraría en un nuevo proyecto. «¿No te gustaría seguir con eso a ver si puede tener uso farmacéutico?», «Uuuuuy… ese no es mi trabajo. Yo hago investigación básica», contestó. Qué respuesta tan decepcionante… Quizá Langer leerá su paper y aprovechará todo este conocimiento que ella regalaba. Después esta investigadora se quejaba de que no podía volver a España a investigar, pero la verdad es que de lo que estamos faltos es de Langers, no de investigadores poco emprendedores preocupados ingenuamente por una ciencia básica, que en realidad no existe, y que no es más que una convención, una primera parte metodológica, una decisión de parar el proceso justo en el punto en el que se pone más interesante.

Pere Estupinyà. Escritor y divulgador científico, Nueva York.
© Mètode 83, Otoño 2014.

 

114dins-83Moisés Mahiques

«El recorrido de la ciencia no acaba con la publicación científica, sino que tiene que continuar necesariamente con una aplicación de este conocimiento»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«Está muy bien reivindicar la ciencia básica, porque es del todo necesaria, pero tradicionalmente hemos desatendido la aplicada. Y eso es un aspecto que hay que cambiar»

© Mètode 2014 - 83. Los números de la ciencia - Otoño 2014
Escritor y divulgador científico, Madrid. Presentador de El cazador de cerebros (La 2).