Jordi Agustí

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© J. A. Díaz Rojo

Numerosas incógnitas rodean el estado actual de la paleontología humana. En el futuro de esta disciplina científica hay proyectadas grandes expectativas de descubrimientos que llegarán a aclarar los modelos establecidos hasta ahora. Éstas y otras cuestiones son las que trata Jordi Agustí (Barcelona, 1954) en su libro Del Turkana al Cáucaso. La evolución de los primeros pobladores de Europa. Agustí es profesor de Investigación del ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) y miembro del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social. Además, ha dirigido el Instituto de Paleontología M. Crusafont de la Diputació de Barcelona y forma parte del equipo internacional del yacimiento de Dmanisi (Georgia), que tiene especial relevancia en la paleontología actual por su ritmo de hallazgos y por la significativa información que aporta a las nuevas investigaciones.

En su libro Del Turkana al Cáucaso sostiene que «desde un punto de vista científico resulta mucho más elegante y económico postular una única migración desde África hasta la Europa occidental a través del Levante y la región caucásica». ¿Esta ruta excluiría la posibilidad de una vía directa desde el norte de África hasta el sur de Europa?
La hipótesis de la llegada de los primeros homínidos bípedos a Europa a través del Levante mediterráneo no excluye una posible entrada directa a través del estrecho de Gibraltar. De hecho, esta última es una posibilidad que en nuestro libro calificamos de probable, de acuerdo con lo que ahora conocemos sobre la topografía submarina del estrecho. Mi impresión, sin embargo, es que esta migración no se llegó a producir, al menos durante el Pleistoceno inferior. Las razones no serian atribuibles a las barreras físicas existentes, que eran salvables, sino, más bien, de carácter ecológico. Es posible que por azar algunos individuos pudieran cruzar el estrecho durante el Pleistoceno inferior, pero lo que encontrarían al otro lado sería un entorno muy árido que no favorecería la supervivencia de estos pocos individuos.

¿En qué situación se encuentra actualmente la investigación en el yacimiento de Dmanisi?
Verdaderamente,Dmanisi es un yacimiento de características extraordinarias, y eso ha condicionado mucho el desarrollo de las investigaciones. Desde que a final de los años 1990 aparecieron dos cráneos incompletos atribuidos a Homo ergaster, el ritmo de hallazgos ha sido anual y cada nuevo descubrimiento ha sido significativo y ha añadido nueva información a la ya existente, incluyendo el reconocimiento de la nueva especie Homo georgicus. Aún así, la publicación en revistas de impacto como Science o Nature va mucho más atrasada, con dos años de diferencia con respecto a los hallazgos. Y aún es más lento su ritmo de asimilación científica. Además, hay mucha información geológica, taxonómica, paleontológica de la que prácticamente no hay casi nada publicado. Pero Dmanisi tan sólo es la punta del iceberg de la realidad paleontológica de Georgia; ahora mismo trabajamos en otros yacimientos que abarcan un lapso que va desde el Mioceno superior, hace unos 8 millones de años, hasta el Pleistoceno inferior. En Georgia hay un registro continuado de este lapso, hay toda la secuencia geológica.

¿Cuáles fueron los factores que impulsaron la creación de la nueva especie Homo georgicus?
Recuerdo muy bien las circunstancias que rodearonel reconocimiento de la nueva especie Homo georgicus, porque fue la última vez que ví con vida al gran paleontólogo Leo Gabunia, que falleció poco después. Gabunia fue el paleontólogo georgiano que impulsó los trabajos en Dmanisi y que se encargó de estudiar los primeros restos de homínidos. En mi última visita a su casa, estudiaba la mandíbula de Homo georgicus. Aunque reconocía que pertenecía al género Homo,tenía muchas dudas sobre su atribución específica, ya que había detectado rasgos muy arcaicos, algunos de ellos típicos de los australopitecinos. Entonces, junto con David Lordkipanidze y Abesalom Vekua, se decidieron a crear la nueva especie Homo georgicus, tomando como ejemplar-tipo la gran mandíbula.

¿Qué consecuencias e implicaciones piensa que ha originado Homo georgicus en el mapa de la evolución humana?
En Dmanisi hemos encontrados numerosos restos de homínidos, entre ellos algunos cráneos en excelente estado de conservación, como el último del año 2005, aún no descrito pero que una vez pasado por el escáner se ha visto que está perfecto. Esto es excepcional para unos fósiles de casi dos millones de años y es uno de los principales valores añadidos de Dmanisi. Este perfecto estado de conservación de los fósiles de Dmanisi se debe, de hecho, a un azar geológico, ya que, con posterioridad a la deposición de los diferentes niveles del yacimiento, se produjo la precipitación por infiltración de una capa de carbonato cálcico que selló los niveles fosilíferos. En los yacimientos africanos, como por ejemplo los del Turkana, hay cuatro o cinco cráneos relativamente bien conservados de Homo ergaster, pero no provienen del mismo nivel. En cambio, en Dmanisi podemos decir que todos los homínidos no sólo tienen la misma edad, sino que, además, son coetáneos. Hay hasta ahora cinco cráneos de homínidos que pertenecían todos ellos a la misma población y, para un yacimiento de 1.800.000 años, eso puede ser muy importante al analizar la variabilidad de estas poblaciones del límite Plioceno-Pleistoceno. Lo que es evidente, a partir de la mandíbula y con los otros restos que han ido saliendo, es que se trata de una forma muy arcaica del género Homo, anterior a Homo ergaster,lo cual demuestra que los primeros homínidos que salieron de África no eran «Turkana Boys», sino algo más arcaico.

¿Homo habilis tal vez?
Sí, tal vez una forma derivada de habilis. Cranealmente, las formas de Dmanisi, en capacidad craneana y también en la cara, son muy semejantes a algunos ejemplares de Homo habilis, pero ya muestran algunos rasgos derivados de Homo erectus asiáticos. En cualquier caso, se trata de formas arcaicas del género Homo, y creo que en el futuro Dmanisi tendrá una gran importancia no sólo por la cuestión de la primera salida fuera de África, sino sobre todo para comprender la evolución inicial del género Homo.

La datación de la primera mandíbula humana fósil encontrada en Dmanisi en 1991 provocó notorias controversias en la paleoantropología. ¿En qué medida repercutió este hallazgo en la teoría de la short chronology, o lo que es lo mismo, de que la antigüedad del género Homo en Europa era relativamente reciente?
En esta pregunta subyacen dos cuestiones, una muy banal, pero que mediáticamente siempre aparece, y otra más profunda. La cuestión banal es si Dmanisi o Georgia es Europa o no, y, por lo tanto, tiene que ver con «el primer poblamiento humano de Europa». En el fondo, se trata de preguntas que hacemos desde nuestra perspectiva política actual, pero que dicen bien poco de la realidad de hace dos millones de años. Vayamos ahora a las implicaciones más profundas. Efectivamente, Dmanisi, como los hallazgos más recientes de Orce o la Gran Dolina de Atapuerca, han invalidado el escenario de la short chronology propuesto por Will Roeboreks y Thijs Kolfshoten. Ahora bien, hay dos cuestiones de la short chronology que merecen atención y una cierta credibilidad, lo que podríamos llamar short chronology modificada. Una primera cuestión es que Dmanisi tiene aproximadamente 1.800.000 años, mientras que las evidencias de presencia humana más antiguas de Europa occidental, que serían las de Fuente Nueva 3 y Barranco León (Orce), tienen una antigüedad de entre 1.300.000 y 1.400.000 años. En el mejor de los casos, hay cerca de medio millón de años de diferencia entre Dmanisi y las primeras evidencias de presencia humana en Europa occidental. En cambio, las evidencias en Asia, en la China y el Extremo Oriente, indican que este continente fue poblado muy rápidamente después de Dmanisi. ¿Por qué, entonces, Europa occidental tardó tanto en ser colonizada por los descendientes de Dmanisi? En Guadix-Baza las primeras evidencias de presencia humana aparecen de manera súbita y muy clara en los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva 3. En Venta Micena, después de muchos años de excavaciones y más de 15.000 restos óseos extraídos, pertenecientes a una variada fauna de mamíferos, no hay ni un solo indicio válido de industria lítica (¡y menos aún humana!). Debemos concluir, pues, que hace aproximadamente 1.300.000-1.400.000 años que se produjo la primera entrada real de homínidos a Guadix-Baza. El agujero de medio millón de años con Dmanisi es real y se tendrá que explicar. La otra cara interesante de la short chronology es que Dmanisi, Orce y la Gran Dolina de Atapuerca indican que el primer poblamiento de Europa occidental se produjo siempre al sur de las grandes cordilleras montañosas, es decir, al sur del Cáucaso, al sur de los Alpes y al sur de los Pirineos. Eso significa que probablemente las condiciones en el centro y el norte de Europa no eran muy favorables, lo que limitó la expansión humana. Como veis, otra vez se demuestra que son las condiciones ecológicas, y no las barreras geográficas, las que canalizan las dispersiones de los primeros homínidos.

¿En qué pueden contribuir los hallazgos de Dmanisi a la hora de resolver si la expansión de los homínidos fuera de África se encuentra vinculada a un proceso que originó diversas especies o si, por el contrario, los diversos rasgos regionales pertenecen a variables de Homo erectus?
Creo que cuando se hayan analizado todos los restos que tenemos ahora, la contribución de Dmanisi para resolver esta cuestión será decisiva. Entonces podremos afirmar si hubo una única población de homínidos o quizá debamos considerar la posibilidad de que la salida de África fue protagonizada por más de una especie del género Homo. El hecho de que todos los restos de homínidos de Dmanisi correspondan a una única población o, por lo menos, que sean coetáneos, es una característica única que no se da en los yacimientos africanos de esta edad y mucho menos en los del sudeste asiático. De momento, la comparación de Dmanisi con los fósiles asignados a Homo ergaster da la idea de que ya a partir de este momento hay una bifurcación entre las formas que permanecieron en África y las formas asiáticas. Mientras que en África Homo habilis debióevolucionar hacia Homo ergaster,las poblaciones que migraron fuera de África derivaron hacia Homo erectus, a través de Homo georgicus. En este sentido, parece justificado mantener Homo ergaster como una especie diferenciada de Homo erectus, ya que gracias a Dmanisi sabemos que hace 1,8 millones de años ya había una clara diferenciación entre las poblaciones africanas y las del sur del Cáucaso, estas últimas manteniendo rasgos muy arcaicos pero con algunos caracteres que anuncian a Homo erectus.

 

«Una cosa es divulgar —y como científicos estamos obligados a hacerlo—, y otra cuestión es la dependencia mediática»

 

 

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© J. A. Díaz Rojo

«El gran problema de la paleoantropología sigue siendo el agujero negro de entre 8 y 6 millones de años, cuando se produce la bifurcación entre los primeros homínidos bípedos y nuestros hermanos homínidos, los gorilas, bonobos y chimpancés»

 

 

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 «A menudo la ciencia sigue un movimiento pendular: de un paradigma establecido se pasa a otro completamente opuesto»

Su trayectoria profesional está ligada a la investigación de los yacimientos de la cuenca Guadix-Baza (Granada). ¿Cómo cree que ha repercutido en el desarrollo de la paleoantropología española una polémica de gran trascendencia mediática como la del fragmento craneal conocido por la prensa como el «hombre de Orce»?
Pienso que el caso del llamado «hombre de Orce» repercutió muy negativamente. Independientemente de la cuestión de si el cráneo era humano o no, el proyecto nació muy condicionado por los medios de comunicación. Una cosa es divulgar –y como científicos estamos obligados a hacerlo–, y otra cuestión es la dependencia mediática. Orce fue un caso típico de secuestro mediático de un proyecto. Hay, sin embargo, una enseñanza epistemológica interesante en el caso de Orce. Como ya sabéis, el primer especialista que certificó la «humanidad» del cráneo de Orce fue el doctor Doménech Campillo, por otra parte un paleopatólogo de reconocido prestigio. Recuerdo que cuando iba limpiándose la cara interna del cráneo e iban apareciendo anomalías que no encajaban con la anatomía humana, él no se mostró nunca preocupado por estos rasgos, afirmando que se trataba de patologías que podían entrar dentro de la variabilidad humana. Después publicó un artículo donde analizaba miles de cráneos actuales, para argumentar que este tipo de anatomía interna endocraneal podía ser perfectamente humana, aunque patológica. Esto es formalmente correcto, pero si pensamos en la dificultad que implica encontrar un resto humano en el Pleistoceno inferior, que además sea infantil, que además sea de un individuo patológico, que además sea el único resto humano en un conjunto de 15.000 fósiles, uno se percata de la improbabilidad de este argumento. Si además la pieza encaja igualmente dentro de la variabilidad normal de un équido o un bóvido, muy frecuentes en el yacimiento, la respuesta es obvia. En cualquier caso, las cosas han cambiado mucho y si ahora se encontrase en Venta Micena un resto como el que apareció en 1982 dudo que tuviese el eco que tuvo en aquel momento.

¿Cree que el estado actual en el que se encuentran los trabajos de campo en la cuenca Guadix-Baza permite mantener expectativas sobre la posibilidad de que la investigación paleontológica en la zona pueda llegar a tener tan gran relevancia como para conocer mejor la historia de la evolución humana?
Guadix-Baza es una cuenca extraordinaria, siempre lo ha sido, con presencia humana o sin ella, ya que allí se encuentra un registro sedimentario continuado desde el Mioceno superior hasta el Pleistoceno medio-superior, acompañado de numerosas localidades fosilíferas y, a partir de hace unos 1.400.000 años, edad de los yacimientos de Fuente Nueva 3 y Barranco León, también con presencia humana. Inicialmente, esta presencia humana no fue fácilmente aceptada, a causa de la polémica del famoso cráneo. Pero ahora, después de las meticulosas excavaciones en los dos yacimientos mencionados, el número de industrias líticas se aproxima a las dos mil, un hecho excepcional en yacimientos arqueopaleontológicos de esta edad. Esto proporciona una extraordinaria fuente de información sobre la vida de estos primeros pobladores de Europa occidental, a pesar de que no se hayan encontrado restos físicos humanos. Quizá en el futuro estos restos aparecerán, pero en cualquier caso la presencia humana es segura. Sería muy interesante saber cuáles eran las características físicas de estos homínidos a caballo entre Dmanisi y la Gran Dolina de Atapuerca, para ver si eran formas arcaicas como Homo georgicus o se trataba ya de formas evolucionadas como Homo antecesor. Pero para saberlo hay que disponer de restos craneales más o menos completos, como una mandíbula, o fragmentos significativos del cráneo. A nosotros, o al menos a mí, no nos acucia la posibilidad de que aparezcan restos humanos. No tenemos prisa. Si un día llegan, bienvenidos sean.

¿A nivel internacional, cuál es el estado actual de la paleoantropología y los problemas más relevantes que se abordan en esta disciplina científica?
El gran problema sigue siendo el agujero negro de entre 8 y 6 millones de años, cuando se produce la bifurcación entre los primeros homínidos bípedos y nuestros hermanos homínidos, los gorilas, bonobos y chimpancés. Aunque en los últimos años han sido descritos los restos de Ardipithecus, de casi cinco millones de años, los de Orrorin pertenecen básicamente al esqueleto postcraneal, con algún fragmento mandibular, mientras que y los de Sahelanthropus, seguimos sin tener una imagen clara de como fue ese primer homínido bípedo. Cada nuevo hallazgo que se ha producido, o bien no encaja con los demás, o bien se compone de restos que no son comparables. De Sahelanthropus hay un cráneo casi sin dientes, los restos de OrrorinArdipithecus es representado mayoritariamente por restos craneales fragmentarios y parte del postcraneal, por lo cual la comparación entre estos tres géneros es complicada. Hay que encontrar una Lucy con la que se pueda cubrir este agujero negro. Este es el mítico «eslabón perdido» que aún hay que descubrir. Con respecto al origen del género Homo, hay aún numerosas incógnitas, como por ejemplo cuál fue la especie de Australopithecus a partir de la que se originó y cómo eran estos primeros representantes de nuestro género. Los más antiguos atribuidos a Homo, con una edad de 2,5 o 2,4 millones de años, son fragmentos mandibulares relativamente robustos, que normalmente son incluidos dentro la especie rudolfensis y no en habilis. Después tenemos la línea de trabajo centrada en la primera salida de África, donde entra de lleno el proyecto de Dmanisi, en Georgia. Creo que, en este sentido, nos esperan grandes sorpresas en la parte asiática, particularmente en la China. Otro problema es el del origen de Homo sapiens en África, es decir, la cuestión de las primeras formas de ergaster que anuncian sapiens, y el estatuto de heidelbergensis y de rhodesiensis. Por último, tenemos las cuestiones relativas a los neandertales, tanto en lo concerniente a sus orígenes como al nivel de diferenciación específica que mantenían con el Homo sapiens. 

Teniendo en cuenta los diferentes modelos de árboles genealógicos y de esquemas evolutivos de los homínidos, ¿cuál es el nivel de aceptación de la especie Homo antecesor en la comunidad internacional de paleoantropólogos?
Sobre el tema de Homo antecesor, como en general en todos los temas relacionados con las formas más o menos emparentadas con Homo erectus, creo que aún no hay un consenso claro dentro de la comunidad científica. Esta falta de consenso se centra más en los modelos que en las evidencias. En el futuro cabe esperar que los nuevos hallazgos vayan aclarando los modelos, sin embargo, de hecho, es una cuestión que arraiga en los años setenta y ochenta, cuando se desarrolló el modelo de equilibrios puntuados propuesto por Eldredge y Gould y la sistemática cladista. Estas nuevas ideas en paleontología impregnaron también la paleoantropología, condicionando nuestra concepción de la especie Homo erectus. Como expresé en mi obra La evolución y sus metáforas, a menudo la ciencia sigue un movimiento pendular: de un paradigma establecido se pasa a otro completamente opuesto. Hubo un momento histórico de la paleontología humana en que la tendencia era uniformizar, de manera que todo era Homo erectus. Pero a raíz de la victoria de los splitters, donde antes había Homo erectus comenzaron a distinguirse una serie de especies diferentes, diferenciando incluso los heidelbergensis europeos de los rhodesiensis africanos. Y es ahí donde entra la cuestión de Homo antecesor. Los partidarios de un concepto amplio de Homo erectus pensarán que se trata de una variante de esta última especie, mientras que para los splitters se trata de una especie diferente. Se pueden proponer tantos modelos como se quiera, y es legítimo hacerlo, pero la comprobación tiene que ser real y tenemos que disponer de criterios sólidos para verificarlos. Así, en el caso de Homo ergaster y Homo erectus, si resulta que un descendiente de una de las especies coexiste con el hipotético antepasado, parece obvio que nos encontramos ante dos especies diferentes. A veces en paleoantropología no se le da importancia a los datos externos, como por ejemplo al contexto cronológico. Pero la datación de cualquier homínido es muy importante cuando se trata de demostrar si son especies diferentes. En el caso de Homo neanderthalensis y Homo sapiens,ha sido clave el análisis del DNA mitocondrial. Hay, por lo tanto, criterios objetivos de verificación. Por otra parte, hay que considerar que en muchos grupos, como por ejemplo los roedores, existen las llamadas metapoblaciones o cuasiespecies, poblaciones de una misma especie que en un momento dado llegan a ser muy diferentes pero que aún admiten un cierto grado de entrecruzamiento. Aceptar diferentes metapoblaciones dentro de una especie es un tema de modelo biológico evolutivo. En este y otros casos debemos acudir al registro fósil y al registro geológico asociado para resolver este tipo de disyuntivas.

Kristin Suleng Furió. Periodista, Universitat de València.
© Mètode, Anuario 2008.

 «La datación de cualquier homínido es muy importante cuando se trata de demostrar si son especies diferentes»
© Mètode 2011 - 53. Cartografía - Contenido disponible solo en versión digital. Primavera 2007

Periodista, Universitat de València.