Bricolaje

A medio camino entre la divulgación científica y los protocolos de laboratorio está el bricolaje. Este es un género híbrido que, si tenemos que juzgar por la variedad de títulos que vi el otro día en una gran librería generalista de Barcelona, está creciendo de forma indiscutible. Habrá que ver si será una moda o si realmente existe un mercado constante, como pasa con los libros de cocina. 

Los libros de bricolaje enseñan a hacer huevos de cáscara blanda, lámparas de lava, surtidores de Coca-Cola o copas musicales con materiales cotidianos. El aliciente es doble: por una parte, hacer cosas con las manos siempre es satisfactorio, ya sea cocinar, arreglar una puerta o extraer DNA de un kiwi. Por otro lado, es posible aprender o entender conceptos científicos relacionados con la experiencia del día a día. Según dónde ponga el acento, el libro de bricolaje puede caer entre dos extremos. 

En un extremo están los libros claramente enfocados al público infantil. Las manualidades tienen un contenido científico adaptado a la edad, son razonablemente fáciles de hacer en casa y, principalmente, entretienen. Experimenta ciencia es un ejemplo representativo, pero el mercado está repleto de ellos.

Un poco más complicados son los libros para adolescentes o adultos. Aquí hay más sustancia, las explicaciones que acompañan a los experimentos son más extensas y, a menudo, la dificultad práctica y teórica del experimento es mayor. Crisp Packet Fireworks esde los mejores que he visto, tanto por la presentación como por el contenido.

Después están los libros francamente canallas, que no tienen ninguna pretensión (o casi ninguna) de transmitir conocimientos científicos, pero que son francamente divertidos. Es el caso de Sneaky Uses for Everyday Things, que ya con el título declara su intención subversiva. Aquí estamos más bien en el terreno de la ingeniería: el autor nos enseña a hacer un detector de hurtos con una goma elástica y un trozo de cartón, o targetas de felicitación electrónicas (de esas que hacen sonar una música irritante cuando el homenajeado las abre).

¿Qué le podemos pedir a un libro de bricolaje? ¿Que sea divulgativo o que estimule la creatividad? Los autores de Crisp Packet­ Fireworks son científicos de Cambridge y apuestan por este formato como vehículo de divulgación de la ciencia. En cambio, Cy Tymony busca estimular la generación de inventos por encima de la comprensión de los conceptos. Su protocolo para hacer un abridor de puertas automático a partir de las piezas de un coche teledirigido, por ejemplo, no tiene mucho contenido científico, pero es un buen entrenamiento de pensamiento lateral.

Al fin y al cabo, quizá se necesita una combinación equilibrada de conocimientos científicos y creatividad transgresora para sacar el mejor rendimiento al talento innato de grandes y pequeños.

Bibliografía
Perkins, B.; Edwards, H. y S. Mugford, 2011. Experimenta ciència. La Galera. Barcelona.
Smith, C y D. Ansell, 2010. Crisp Packet Fireworks. New Holland Publishers. Londres.
The Naked Scientists.
Tymony, C., 2003. Sneaky Uses for Everyday Things. Andrews McMeel Publishing. Kansas City.

Jesús Purroy. Biólogo y escritor (Barcelona).
© Mètode 78, Verano 2013.

  
© Mètode 2013 - 78. La luz de la evolución - Verano 2013
Biólogo y escritor (Barcelona).