«¿Quién se comió mi planeta», de Antonio de la Fuente Arjona

Quién se comió mi planeta

Probablemente esta es una de las pocas veces –si no la primera– que una obra de teatro para niños es reseñada en Mètode. Como coordinador de esta sección, he de confesar que solo me di cuenta de esta carencia al recibir un amable correo electrónico del autor de ¿Quién se comió mi planeta?, sugiriéndome la posibilidad de que la obra fuera reseñada en esta revista. Sirva, pues, el texto presente como un primer paso hacia la descripción crítica de nuevos formatos. Creo firmemente que los libros de divulgación científica son los libros y otras cosas similares. Quiero decir que está, entre otras, la prosa –en ficción o en ensayo– y el verso; pero también el teatro o, incluso, fórmulas inclasificables como la recopilación de ilustraciones que se describe en la reseña que acompaña a esta. El caso del teatro es bastante particular. En realidad, el teatro es literatura al cuadrado: escrito tanto para leerlo como para vivirlo en directo desde un sillón. El rol del teatro en la divulgación científica es algo muy poco explorado y que solo recientemente ha alcanzado una cierta difusión de la mano de Famelab, por ejemplo, el concurso de diálogos científicos que, con una estructura similar al concurso de música de Eurovisión, tiene lugar en dos fases: una primera final nacional y una final internacional que se celebra indefectiblemente en el Reino Unido. Conozco bien Famelab porque uno de los estudiantes que han pasado por mi laboratorio, Mariano Collantes, ha participado en la última edición, llegando incluso a la final. Aconsejo absolutamente ver el monólogo de Mariano sobre pulgones que se hacen pasar por hormigas. Explica un caso increíble de mimetismo agresivo en una especie de pulgones con dos formas, una de las cuales imita químicamente las larvas de las hormigas de forma tan perfecta que las hormigas adultas las cogen con cuidado y las depositan en el fondo del nido, al lado de las auténticas larvas, donde las falsas larvas de hormiga chupan la sangre a las otras. El monólogo es impagable, alta divulgación científica, como se puede confirmar fácilmente buscándolo en internet. Y ya que estamos en internet y hablando de nuevos formatos en divulgación científica, no puedo evitar recomendar la plataforma online TED, donde científicos de renombre y divulgadores dan charlas (una vertiente académicamente institucionalizada del teatro, finalmente) de una gran calidad, tanto formal como de contenido.

Sin embargo, siguiendo en el teatro, volvamos al libro. ¿Quién se comió mi planeta? es una obra de teatro para niños. El autor, que conoció el éxito con la obra El ladrón de palabras, no es, a diferencia de Mariano Collantes –que es biólogo–, un investigador, sino un no-especialista con habilidad para la divulgación. De hecho, el autor reconoce que cuando era estudiante no le gustaban ni las matemáticas ni las otras ciencias, aunque le encantaba la ciencia-ficción. Es curioso. Siempre he pensado que no se puede ser un lector entusiasta de ciencia-ficción sin apreciar la ciencia. Otra cuestión, muy diferente, es si la formación en ciencias que hemos recibido, sobre todo en matemáticas, es adecuada para fomentar vocaciones científicas o, al contrario, a menudo crea un rechazo hacia las materias científicas que quizá con otra estrategia pedagógica no se produciría. Ni que decir tiene cuáles serían los beneficios individuales y colectivos de una estrategia docente que favoreciera una sociedad más inclinada hacia la ciencia.

El libro cuenta una historia simple, fácil de leer por niños y adolescentes. Protagonizada por un grupo de niños, la Panda de los Últimos de la Clase, transcurre en un colegio donde desfilan profesores y alumnos en una agradable camaradería desprovista de todo exceso de autoridad. Los diálogos son fluidos, dinámicos, relativamente previsibles por subordinados al ritmo vivo de la historia. El entorno, el colegio, es el del misterio astronómico, pero también el de los elementos para su solución. Algo está destruyendo los libros de astronomía de la biblioteca del colegio. A través de la perspicacia de los personajes y de las preguntas que se hacen al lector con adivinanzas y juegos que llenan el libro, la Panda –y con ella el lector– encontrará la solución. Los dibujos, a cargo de Juan Manuel García Álvarez, acertadamente sencillos y evocadores, contribuyen al tono de la obra y a facilitar la lectura por parte de los más jóvenes. Como hemos dicho, es un libro de fácil lectura, muy breve, e incluso con las pausas teatrales habituales para su representación teatral difícilmente se alcanzará la duración de una obra convencional. Pero como sabemos todos los que tenemos niños pequeños, las obras breves son las que mejor les enganchan. Y si el entretenimiento va de la mano de las citas poéticas clásicas y sirve para encender el interés infantil por la comprensión del mundo que nos rodea, la combinación no puede ser mejor, ni más necesaria. 

¿Quién se comió mi planeta? está dirigido a niños de seis a doce años y su vocación como libro de apoyo escolar es evidente. Es una obra al mismo tiempo clásica e innovadora, un formato conocido pero dirigido a un público infantil y, además, con el valor añadido de la divulgación científica. Ciencia, niños y teatro. ¿Por qué no? 

Manel Porcar. Institut Cavanilles de Biodiversitat i Biologia Evolutiva (UV).
© Mètode 87, Tardor 2015.

 

108b-87¿Quién se comió mi planeta?
Antonio de la Fuente Arjona
Ediciones de la Torre, 2014. 96 páginas.

«El rol del teatro en la divulgación científica es algo muy poco explorado y que solo recientemente ha alcanzado una cierta difusión»

 

«Es una obra al mismo tiempo clásica e innovadora, un formato conocido pero dirigido a un público infantil y, además, con el valor añadido de la divulgación científica»

 

 

© Mètode 2015 - 87. El origen de la vida - Otoño 2015
Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (UV).