Los agrimensores romanos, cartógrafos de territorios

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Figura 1. Figura que ilustra el tratado de Hyginus Gromaticus, titulada «El establecimiento de los limites», según la copia del manuscrito carolingio llamado Palatinus 1564 de la Biblioteca Vaticano. El mapa, una recreación ficticia, pretende ejemplificar los espacios de una res publica de colonos.

Roman «agrimensores», land cartographers
Roman «agrimensores» or field measurers are responsible for the division of a great many lands, which had previously remained uncharted. The Roman Empire, in its continuous expansion, needed cartographers to draw up the new territories, thus enabling the new lands to be governed. This is the reason why between the 4th and 1th Century BC we find this activity in its golden era. In this article the author revise the functions and characteristics of these Roman surveyors.

¿Quiénes eran los agrimensores romanos?

La historia de la división de tierras ha ido siempre acompañada por la agrimensura. Esta rama de la topografía se practicó desde la Edad de Bronce, si aceptamos las conclusiones de los arqueólogos británicos que estudiaron un inmenso parcelario ordenado en hazas en las llanuras de Dartmoor, en Cornualles, que dataron entre el 1700 y el 1400 aC. Para hablar de agrimensura romana, hay que dar un salto de mil años y situarse al final del siglo V y el comienzo del IV aC en Italia, cuando hallamos los primeros restos de divisiones agrarias alrededor de Roma, en los montes Sabinos, en Etruria y en el Lacio.

En cuanto a la mención más antigua de un plano catastral, no tenemos que remontarnos antes del siglo II aC, lo que parece indicar un retraso en relación con la práctica de las divisiones, de la que tenemos pruebas por lo menos de doscientos años antes. Del siglo IV al I aC, época dorada de su actividad, los agrimensores romanos trazaron un gran número de limitationes (parcelaciones en cuadrícula) y mediciones en multitud de tierras indivisas hasta entonces.

Los textos teóricos de los agrimensores que dan cuenta de esta actividad son tardíos. Se compilaron en la época de Vespasiano, en un momento en el que la administración romana se enfrentaba a una situación de gran desorden en la gestión de las tierras públicas. Se trata de textos de carácter arqueológico, pues los agrimensores de la dinastía Flavia no tenían por misión trazar nuevas parcelaciones, sino, al contrario, redactar las instrucciones que debían llevarse los agrimensores destinados a los diferentes depósitos de archivos y sobre el terreno, para revisar las contribuciones. En estos textos se explica a los inspectores la clase de situaciones que se pueden encontrar y los fraudes que deben evitar. En resumen, agrimensores que intentan comprender, ellos mismos, lo que sus antiguos predecesores habían hecho sobre el terreno, cuando se les había encargado asignar tierras a las oleadas sucesivas de colonos, y eso durante un mínimo de cuatro siglos.

El trabajo cartográfico

Hay que advertir, antes de nada, que no podemos designar con ligereza las realidades antiguas con palabras actuales. Los agrimensores cartografiaban los agri (sg. ager), lo que se ha traducido normalmente por «territorio». Sin embargo bajo este nombre debemos incluir realidades extremadamente variadas. Puede pasar que el ager coincida con un territorio, por ejemplo, el de una villa colonial, de un municipio o de un pueblo. Sin embargo, lo que pasa más a menudo es que sea una realidad en conflicto con los territorios históricos. El ager es una categoría que da cuenta al mismo tiempo tanto de un proceso de colonización (asignación, agrimensura, partición de terrenos), como de un proceso de excepción (relación jurídica particular y derogatoria que los colonos tenían con el espacio). En resumen, nos lleva a situaciones complejas, denominadas con decenas de palabras diferentes. El diccionario de términos y expresiones gromáticas que redacté junto a François Favory (2001) recoge más de sesenta entradas de la palabra ager.

En la gran viñeta sinóptica que ilustra el tratado de Hyginus Gromaticus (figura 1) podemos ver una colonia augusta en el centro, con la división agraria en cuadros, pero también otras dos divisiones agrarias anexas, una alrededor de una prefectura formada por una amputación del territorio de los antemnates, y otra alrededor de un oppidum llamado Atelle. En estos conjuntos de estatus diferente, que forman tres agri, los colonos poseen tierras, sea particular o colectivamente. Con sus derechos particulares, su modo de existencia comunitaria que los diferencia de las otras categorías de la población, forman una colectividad pública o res publica. «Público» tiene aquí el sentido justamente contrario al que le damos hoy, designa los derechos de la categoría dominante de la población, los ciudadanos de derecho romano, y no los del conjunto de la población. En esta viñeta, el cartógrafo dibujó un esbozo del mapa geográfico general de esta res publica, señalando los principales cursos de agua, las montañas y los pastos públicos.

Pero existe otra faceta del trabajo del agrimensor, aún más ligada al terreno, como es cartografiar el asentamiento de las divisiones agrarias que el agrimensor debe proyectar sobre el suelo, o registrar las señales del amojonamiento, incluyendo las tierras donde no traza ninguna división en cuadrículas. Esto es precisamente lo que ilustra la viñeta de Minturnae (figura 2). A ambos lados de esta ciudad colonial situada al sur de Roma, el agrimensor dibujó dos zonas diferentes. A la izquierda, en un espacio libre de líneas divisorias, vemos tres elementos remarcables que sirven de mojones: un mausoleo, una cisterna y una estatua.

 

«Del siglo IV al I aC, época dorada de su actividad, los agrimensores romanos trazaron gran número de ‘limitationes’ o parcelarios y mediciones en multitud de tierras indivisas hasta entonces»

 

 

 

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Agrimensores trabajando.

«Los agrimensores cartografiaban los agri (sg. ager), lo que se ha traducido normalmente por ‘territorio’. Pero bajo este nombre debemos incluir realidades extremadamente variadas»

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Figura 2. Viñeta del tratado de Hyginus Gromaticus, relacionada con la villa colonial de Minturnae, fundada en el 296 aC. La ilustración viene a continuación del siguiente comentario: «Así es en Campania, en el territorio de los minturnos, donde la nueva adjudicación está estructurada por limites más allá del Liris; del Liris acá se han hecho adjudicaciones a partir de las declaraciones de los antiguos propietarios; más allá del Liris, tras los correspondientes intercambios de territorios, y dejando los hitos de la primera asignación, se ha instaurado un sistema de propiedad artificial» (trad. a partir de J.-Y. Guillaumin, Les Belles-Lettres, París, 2005).
 «Hasta los años setenta
y ochenta del siglo pasado, a menudo se tomaban, como cuadrículas romanas, tramas que eran medievales o modernas»

En la leyenda de esta viñeta, perteneciente también al tratado de Hyginus Gromaticus, se señala: «tierras asignadas según las declaraciones», lo que quiere decir que se pidió a los propietarios anteriores que declararan sus tierras, expropiadas a cambio de otras. Estas propiedades fueron medidas y adjudicadas, al final, a los colonos. Caso contrario es el que aparece a la derecha, en el que el proceso es diferente. Allí las tierras se asignaron después de haber dibujado un parcelario cuadriculado que sirve para definir y localizar lotes nuevos. La mención «assignatio nova» sugiere que esta división y esta asignación son intervenciones posteriores a una asignación antigua.

El contenido de los planos catastrales

A continuación de este proceso, el agrimensor redacta y define el plano catastral. Hay varias palabras para designar este plano: typos, scarifus, mappa, metatio. Pero el término más común es forma, que se grababa o bien en una placa de bronce, o bien sobre mármol.

Es lo que se hizo en Orange (Vaucluse, Francia), donde las tres divisiones agrarias que produjo la asignación a la segunda Legión Gálica (los colonos se llamaban Secundani por esta razón) fueron objeto de tres planos. Pero la particularidad de estos planos es que los fragmentos que se encontraron en el subsuelo de la ciudad de Orange no correspondían a los planos trazados en el 36 o 35 aC, contemporáneos de la asignación de las tierras, sino a los que se revisaron en el 77 dC.

Efectivamente, bajo el mandato de Vespasiano, la administración volvió a poner orden en la gestión particularmente defectuosa de los tributos colectivos de los Secundani (en esta época ya eran antiguos descendientes de los primeros colonos). Con este objetivo, el gobernador de la región de Narbona (Aude, Francia) mandó colocar tres grandes planos de varios metros de longitud y de altura (figura 3), sobre los que se anotaron las centurias que incluían tierras públicas colectivas indivisas. Indicaba también la tarifa de arrendamiento de estas tierras, según el tipo de suelo –tarifa o impuesto llamado vectigal–, y el nombre del adjudicatario o titular del contrato de arrendamiento de estas tierras públicas, el único personaje autorizado para percibir, en nombre del colectivo ciudadano, el vectigal.

  
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Figura 3. Fragmento del plano catastral «B» instalado en Orange el 77 dC. En este fragmento, el norte está a la derecha. La fotografía del plano catastral ha sido coloreada artificialmente. Se puede identificar: en azul, el curso del Berre, afluente del Ródano; en naranja, la vía de Agrippa; en rojo, el reticulado de los ejes de la limitatio llamados, en un sentido, kardines; en otro, decumani); en amarillo, las centurias asignadas completamente a los colonos; en verde, las centurias donde hay tierras públicas arrendadas; en rosa, las centurias donde hay tierras dadas a la población local de los tricastinos.

 «Con herramientas bastante elementales, los agrimensores romanos obtuvieron unos resultados excelentes y realizaron unas proyecciones de cuadrículas sorprendentes por su rigor»
Pero como estos planos revisados añaden otros datos, nos dan una idea de lo que es una forma. En el otro ejemplo presentado aquí (figura 4), un fragmento del plano más meridional, distinguimos diferentes realidades catastrales. En el centro, el trazado del kardo maximus (la principal vía), al que se ha dado una anchura convencional como referencia. Se señalan también las centurias, que, en este caso, son rectangulares porque miden 20 por 40 actus es decir, 400 yugadas (un iugerum, 2.520 m2), y sobre la primera línea del texto de cada centuria, la mención de las coordenadas que permiten localizar la posición de la centuria: se puede leer, por ejemplo, SD, que significa siniestra decumanum, a la izquierda del decumanus (principal); también CK, es decir, citra kardinem, al lado del kardo (principal).  
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Figura 4.Fragmento del plano catastral «A» de Orange, que hace referencia a una división agraria trazada en la región de Arles, no muy lejos del emplazamiento de la antigua localidad de Ernaginum.
 
  

En este plano catastral se pueden observar también dos caminos en cada orilla de un río que forma una isla, y la mención, en la segunda línea arriba y a la derecha, del pueblo de los ernag(inenses), lo que confirma la localización de esta parte al norte de Arles. Finalmente, el resto corresponde a las diversas categorías de tierras y, a menudo, sobre la última línea de cada centuria donde hay terrenos públicos, a los nombres de los adjudicatarios: por ejemplo, en la última línea, abajo, a la derecha del fragmento, podemos leer el nombre de Cassius.

Entre racionalidad geométrica…

Nuestra percepción actual nos conduce a considerar estas realizaciones a la luz de la geometría y la racionalidad moderna y contemporánea. Admiramos tanto estas proezas técnicas de los agrimensores que tenemos la tendencia a atribuirles más precisión y conocimientos de los que podían poseer. Es, pues, necesario definir estas cuestiones con las categorías menos esquemáticas posibles.

  
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Figura 5. Detalle de la cobertura, vía satélite, de Italia, en la región de Cesena, que nos muestra cuatro centurias dibujadas todavía dentro del parcelario. 

  

Hay que decir, para empezar, que, con unas herramientas bastante elementales, los agrimensores romanos obtuvieron unos resultados excelentes y realizaron unas proyecciones de cuadrículas sorprendentes por su rigor. Se puede ver aún en algunas regiones del mundo que fue romano, empezando por Italia, donde el paisaje agrario ha perpetuado formas remarcables originadas en estas operaciones de agrimensura. Invito al lector a visitar –mediante el Google Earth o el Google Maps, o cualquier servidor con una cobertura por satélite de los países mediterráneos– estos paisajes cuadriculados. Encontrará en ellos ejemplos famosos alrededor de Santa Maria Capua Vetere, en la Campania; en la Italia septentrional, al norte de Padua; entre Rimini, Cesena (figura 5), Bolonia, Módena y Parma, en Bérgamo; etc. Hoy, las trazas de las grandes cuadrículas de Túnez, que se podían distinguir en las fotografías aéreas de los años 1940 y 1950, han desaparecido debido a las transformaciones agrarias. En otras regiones encontramos vestigios generalmente poco visibles.

En cuanto a la Península Ibérica, el único vestigio evidente aún hoy dentro del paisaje agrario se encuentra en Elche (figura 6). En el resto, incluso allá donde sabemos con seguridad que hubo divisiones agrarias (porque sabemos que ha habido colonización agraria y agrimensura), los vestigios son muy difíciles de comprobar. Sin duda, la pérdida más lamentable es la de Mérida. En esta colonia (el nombre antiguo era Augusta Emerita), estamos seguros de que se instalaron los colonos, incluso unas cuantas veces, en las cuadrículas que les trazaron en prefecturas periféricas y que los disponían como una especie de hitos a los márgenes de un territorio inmenso. Un pequeño fragmento de bronce, que reproduce una cuadrícula, referido a una división cerca del emplazamiento antiguo de Lacimurga, forma parte, sin ninguna duda, de este dispositivo, prueba suplementaria de la existencia de las divisiones. Pero los arqueólogos no han podido hacer ninguna localización satisfactoria de estas tramas agrarias. Hay que añadir que, hasta los años setenta y ochenta del siglo pasado, a menudo se tomaban como divisiones cuadriculadas romanas tramas que eran medievales o modernas, porque nadie se imaginaba que en estos períodos hubieran sido capaces también de crear formas ortogonales.

  
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Figura 6. Detalle de la cobertura, vía satélite, de España, en el término de Elche. La división en cuadrículas de algunas centurias aún es visible, pero no coincide, casi en ningún momento, con el trazado parcelario actual.

  

…y analogías

Pero la tarea de los agrimensores no se limita a reducir el mundo a una medida única, a dividirlo mediante cuadrículas que lo uniformaban cada vez más. Más bien la tarea tenía por objeto establecer un sistema de correspondencias entre las realidades agrarias locales, muy diversas de un lugar a otro del mundo romano, y las representaciones romanas codificadas. Dicho de otro modo: en la mayoría de los casos, el agrimensor no rehace el mundo con una división cuadricular nueva, al contrario, intenta comprender el mundo «indígena» y registrarlo, lo que no le resulta nada fácil. Lo que se llama el corpus de los textos de agrimensura (textos gromáticos, del nombre de la herramienta de agrimensura, el groma) comprende, en realidad, dos grandes partes. En una se explica cómo dividir un territorio en cuadrículas a fin de instalar colonos en él. La otra, tan larga como la anterior, se ocupa de la agrimensura de tierras en las que el agrimensor no crea divisiones sino que registra las posesiones.

La motivación principal es fiscal. Para percibir el tributum solio y el vectigal, hace falta una base catastral. Y no hay nada más difícil para un agrimensor romano que registrar la tierra que no está cuadriculada. La dificultad principal no es medir una posesión de forma irregular: para hacerlo hay esquemas explicativos satisfactorios, y los geómetras facilitan métodos para calcular la superficie de un terreno, al margen de la forma o de la dimensión. La verdadera dificultad se encuentra cuando es preciso localizar el terreno y reconocerlo a posteriori. ¿Cómo localizar, dibujar y garantizar los límites de una posesión si no se tiene un sistema de referencia? Inmerso entre los diversos mundos extraños que la conquista hizo entrar en la órbita de Roma, el agrimensor se vio obligado a traducir realidades locales.

La tarea le resulta de una gran complejidad. Lo ignora todo sobre las palabras con las que la gente designa las realidades. Ante estos vocabula peregrina («palabras extranjeras», como dice otro Hyginus, el literato), necesita establecer equivalencias. Es así como aprende, por ejemplo, que en España se usaba la palabra centuria para designar una medida agraria que correspondía, sin duda, a una forma cuadrada o cuadrangular, pero que no tenía nada que ver con la centuria de los agrimensores romanos. En la Galia Narbonense, la gente llamaba libra y parallela a medidas locales, cuyo valor en yugadas romanas se olvida de darnos el Hyginus, aunque él siempre explicaba que elaboraba listas de correspondencia entre las medidas locales y las romanas, con el objeto de hacer útiles los archivos a sus sucesores.

Además, hay varias maneras de partir un terreno. En un sitio, se ponen cabezas de águila, de toro o de otro animal y cada una tiene un significado diferente. En otro caso se entierran signa bajo los hitos para atestiguar su emplazamiento. También se apilan piedras, o se alinean en forma de muros pequeños o de márgenes. Hay quien utiliza las relaciones con el cuerpo humano para designar las cosas o como instrumento de medida. También se emplean árboles notables, de especies particulares, etc. Más casos: letras anotadas en los hitos o en los monumentos, letras cuyo sistema de interpretación es particularmente confuso. Por ejemplo, en estos momentos, las investigaciones se centran en uno de los conjuntos más enigmáticos de todo el corpus de los textos de agrimensura, las «casas de letras» (Casae litterarum). Los especialistas empiezan a explicarnos que se trata de un vasto sistema de similitudes donde la descripción de los dominios se basa –es curioso, pero es así– en la analogía de la forma de cada uno con la de una letra de referencia. Así, un fundus con una forma general de triángulo se llama delta, por la forma de esta letra griega en mayúscula.

En resumen, la agrimensura romana no se corresponde con la racionalidad abstracta a la que nos ha acostumbrado la modernidad. Ratio significa correspondencias o relaciones, y el campo de estas relaciones no se basa únicamente en la relación geométrica de tipo cartesiano.

BIBLIOGRAFÍA
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Chouquer, G. i Fr. Favory, 2001. L’arpentage romain. Histoire des textes, droit, techniques. Errance. París.
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Roth-Conges, A., 2005. «Nature et authenticité des
Casae litterarum d’après l’analyse de leur vocabulaire». In Conso, D. et al. (ed). Les vocabulaires techniques des arpenteurs romains. Presses Universitaires de Franche-Comté.

Gérard Chouquer. Redactor jefe de Etudes rurales. CNRS (Centre National de Recherche Scientifique).
© Mètode, Anuario 2008.

 

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Estela funeraria de L. Aebutius Faustus, del siglo I dC, sobre la que figura la profesión de mensor (agrimensor) y el dibujo de un groma.

© Mètode 2011 - 53. Cartografía - Contenido disponible solo en versión digital. Primavera 2007

Redactor jefe de Etudes rurales. CNRS (Centre National de Recherche Scientifique).