Los conflictos de la agricultura perirurbana

«La clara dicotomía entre los espacios rurales y los espacios urbanos se ha diluido»

Cuando cogemos el coche y salimos de la ciudad, ¿qué pensamos al toparnos con la realidad de nuestros campos? Cualquiera se dará cuenta en seguida de que la clara dicotomía entre los espacios rurales y los espacios urbanos ha desaparecido o, mejor dicho, se ha atenuado, se ha diluído. Cuando atravesamos el delta del Llobregat por la autopista de Garraf, pocas veces nos damos cuenta de que más allá del asfalto hay campos de cultivo, a menudo de alcachoferas, y muchos, muchos invernaderos. En casos como este podríamos hablar de espacios periurbanos que están sometidos a una presión urbanística fortísima, con graves conflictos sobre los usos del suelo, en los que la agricultura ha de competir, para sobrevivir, con las actividades industriales y de servicios que nutren la ciudad.

18c-49

El Parque Agrario está integrado por catorce municipios del delta y del valle bajo del Llobregat. / © Parque Agrario del Baix Llobregat

El delta del Llobregat, un espacio de conflictos

En buena parte de los espacios agrarios que todavía encontramos en la región metropolitana de Barcelona el territorio está cuarteado, a menudo menospreciado por todo el mundo. A partir de 1960 y hasta 1975, la fisionomía de la comarca del delta del Llobregat se transformó radicalmente y su estructura agrícola tradicional se convirtió en industrial y urbana. La aprobación del plan general metropolitano de 1976 permitió proteger una buena parte de espacios agrarios calificándolos de «suelo rústico de valor agrícola protegido», es decir, suelo no urbanizable, pero a la vez abría un gran número de espacios para la urbanización. Por otro lado, el Plan Delta de 1994 pretendía consolidar la zona del delta del Llobregat como la principal plataforma logística del sur de Europa, con actuaciones tan importantes como el desvío del río Llobregat, la ampliación del puerto y la construcción de la tercera pista del aeropuerto, proyectos que ya se han realizado o que están en curso de ejecución. Algunos municipios esperan que con estas actuaciones muchos espacios agrarios queden aislados y sea más fácil incorporarlos a los procesos de urbanización. Con la redacción de un plan especial y de un plan de gestión y desarrollo como el Parque Agrario se pretende preservar el espacio agrario del delta y el valle bajo del Llobregat, así como potenciar la actividad económica de las explotaciones agrarias, incluídos los mecanismos de comercialización.

«Los agricultores cada vez inciden menos en las decisiones ligadas a la ordenación del territorio»

En cuanto a la relación que se establece entre el productor y el entorno, en un territorio cada vez sometido a más presión, el hecho es que los agricultores –tanto aquí como en los países cercanos como Francia– cada vez inciden menos en las decisiones ligadas a la ordenación del territorio. En Francia, el proyecto terres en ville, del que forma parte la ciudad de Tolosa, propone medidas para gestionar los ámbitos periurbanos. Hay un interés real de la administración para proteger estos espacios, a pesar de la fuerte presión urbanística existente. También influye la conciencia de que hay que dejar espacios agrícolas entre las zonas urbanizadas. Así pues, podemos decir que en Francia esta sensibilidad diferenciada se apoya también en un planteamiento urbanístico ordinario más eficaz que en Cataluña, donde se hacen necesarias medidas extraordinarias como puede ser la creación de un parque agrario para proteger las tierras agrícolas.

«Aún hoy en día, en muchos municipios, el espacio agrario es visto, demasiado a menudo, como una reserva de suelo para el crecimiento urbano»

Pero tampoco en Francia es todo tan bonito. Hablando con los agricultores franceses, uno se da cuenta muy a menudo de que su voluntad es la misma que la que esconden los agricultores periurbanos catalanes. Si un agricultor o agricultora no tiene descendencia, esté donde esté, su voluntad será que recalifiquen el suelo agrario donde trabaja en suelo urbanizable en el caso catalán y en tierras constructibles en el caso francés, para obtener el máximo beneficio.

21-49

Los campos de alcachofas y el aeropuerto del Prat son dos elementos distintivos del delta. / © Parque Agrario del Baix Llobregat

Para los agricultores que quedan dentro del Parque, salvo contadas excepciones, la tierra es una hucha, una inversión de futuro para cuando haya desparecido el delta agrícola, aunque poca gente lo dirá en voz alta. Así pues, hay que ver si en Francia y en otros países europeos realmente los agricultores están más protegidos que en Cataluña y España, y si pueden trabajar en mejores condiciones. En este sentido, habrá que seguir bien de cerca qué pasa con el Parque Agrario del Baix Llobregat, seguir de cerca conflictos como el de la huerta valenciana, aprender de las experiencias de Francia, para empezar a valorar a la agricultura periurbana, un sector del mundo agrario que tiende a aumentar y es del todo indispensable para gestionar los espacios agrarios de manera global. En definitiva, para proteger unos paisajes frágiles que integren un patrimonio común y ancestral, amenazado por el aluvión de construcciones urbanas y de infraestructuras.

Al delta del Llobregat encara subsisteix un sistema de rec antic que caldria conservar. / © Parc Agrari del Baix Llobregat

En la masía de Can Comas, el Parque Agrario organiza circuitos pedagógicos. / © Parque Agrario del Baix Llobregat

Las tierras agrícolas están sometidas a la presión de infraestrcturas de todo tipo. / © Parque Agrario del Baix Llobregat

© Mètode 2011 - 49. El árbol eviterno - Disponible solo en versión digital. Primavera 2006

Departamento de Geografía, Universidad Autónoma de Barcelona.

RELATED ARTICLES