Entrevista a Virginia Trimble

«Me preocupa que las estudiantes tengan menos oportunidades que sus compañeros masculinos»

Profesora de Astronomía de la Universidad de California

Virginia Trimble pertenece a la generación inmediatamente precedente a la incorporación de mujeres a las líneas de investigación astronómica mayoritarias. No fue la primera mujer graduada en astronomía admitida por el Instituto Tecnológico de California, pero sí la primera admitida por méritos propios y no como «parte del paquete» por un acuerdo con un esposo. Tampoco fue la primera mujer que consiguió tiempo para observar en Monte Palomar, pero sí la segunda. Y aunque su primer trabajo cuando se graduó fue de profesora en una facultad para mujeres, había otras posibilidades. Para ella ha sido una gran satisfacción haber alcanzado un punto en los últimos años en el que puede contribuir a honrar a aquellas que estuvieron en la primera línea, proponiéndolas, a través de su participación en los comités de designación, para premios importantes, incluyendo el premio Gruber en cosmología, otorgado a Vera Rubin, que fue la primera mujer que consiguió tiempo de observación en Monte Palomar, y una medalla de oro de la Royal Astronomical Society otorgada a Margaret y Geoffrey R. Burbidge, cuyo tiempo de observación en Palomar le fue concedido a este último, pero fue ella quien lo utilizó.

«En 2005, la Comisión de Astrofísica de la Unión de Física Pura y Aplicada fue la primera en tener más de tres miembros femeninos: siete del total de catorce. “Demasiadas mujeres”, masculló uno de los miembros del comité ejecutivo»

Una forma de juzgar el impacto de los científicos en su campo es contar con cuánta frecuencia sus artículos son citados por otros. Fue penoso, aunque no inesperado, el resultado del análisis de las citas a artículos de astrónomos, tanto americanos como británicos. A lo largo de sus carreras completas, las mujeres, tanto jóvenes como muy mayores, eran citadas con menor frecuencia que los hombres de las mismas generaciones y con méritos parecidos, como ser miembros de sociedades profesionales, ganadores de premios y similares. Veinte años después de esos estudios la disparidad puede haber desaparecido en gran parte. Con motivo de la concesión de la distinción de doctor honoris causa por la Universitat de València hemos podido hablar con Virginia Trimble sobre este y otros temas.

Los comités científicos de muchos congresos internacionales siguen estando formados mayoritariamente por hombres que posiblemente hacen una selección no paritaria de los ponentes, lo que resta visibilidad al trabajo real de las mujeres astrónomas. ¿Cuál es su experiencia al respecto?
Los privilegios de tener cierta edad incluyen organizar conferencias y formar parte de comités. Una de las pocas conferencias en las que exactamente la mitad de los ponentes invitados eran mujeres fue el simposio científico anual de 1995 de la Sociedad Astronómica del Pacífico, en la cual yo dirigí el comité científico organizador. La mayoría de las charlas no invitadas fueron impartidas, por supuesto, por hombres. Y tan recientemente como en 2005, la Comisión de Astrofísica de la Unión de Física Pura y Aplicada fue la primera en tener más de tres miembros femeninos, de hecho siete del total de catorce, dado que como directora durante el trienio anterior tuve el privilegio de elegir a unas cuantas de ellas. «Demasiadas mujeres», masculló uno de los miembros del comité ejecutivo.

© M. Lorenzo

En su caso particular, ¿cómo piensa que se puede apoyar de forma eficiente la incorporación de las mujeres a la carrera científica, en particular en el caso de la astronomía?
En los últimos años (2005-2009) he estado ocupada en varias actividades de tutela, divulgación y concienciación, incluyendo reuniones en el Instituto Científico del Teles­copio Espacial (una para mujeres en plantilla y otra para estudiantes de bachillerato), la reunión de la Unión Astronómica Internacional en Praga (en su mayoría estudiantes graduadas), la reunión de la Sociedad Europea de Astronomía en Viena (algunas estudiantes, otras empezando su carrera), y la Sociedad Astronómica Americana (la mayoría mujeres iniciando su carrera y algunos hombres). También dirigí un panel de discusión de medio día en Harvard/Radcliffe en el que un puñado de mujeres astrónomas senior describieron sus carreras y cómo habían conseguido formar parte de la primera línea en investigación.

¿Cree usted que hoy en día existe discriminación por razón de género en la ciencia?
No estoy segura de que exista o haya existido una discriminación deliberada contra las mujeres científicas en los últimos cuarenta años, aunque me preocupa que mientras sean estudiantes puedan tener menos oportunidades que los estudiantes masculinos de conseguir trabajar en proyectos de tesis excitantes e importantes. También creo que es verdad que cuando te piden que pienses en alguien para un trabajo en particular, es muy probable que pienses en alguien de tu propio sexo y además, si necesitas realizar una pregunta bastante básica, estúpida incluso, es más fácil hacérsela a alguien de tu propio sexo. La mayor parte de los hombres nunca se darán cuenta de esto, dado que siempre han formado parte de una gran mayoría en las ciencias. Solo he estado en una conferencia de física o astronomía en la que todos los ponentes y miembros del comité organizador fueran de un solo sexo. Ocurrió en la Deutsche Physikerinnen Gesellsch Aftagung y fue enormemente interesante. Todavía parece existir una especie de techo en algunos países con muchas mujeres astrónomas, estoy pensando en particular en Italia, donde durante muchos años Margheritta Hack fue la única mujer catedrática, y, después de su jubilación, Francesca Matteucci ha sido también la única.

¿Qué barreras han encontrado las mujeres que han querido seguir una carrera científica en el campo de la astronomía?
Las últimas barreras reales cayeron entre 1965 y 1970. Me refiero a las facultades solo para hombres como Princeton y Caltech, a la prohibición de acceso a algunos observatorios o a las posibilidades desiguales de conseguir fondos, especialmente para las estudiantes graduadas de primer año. Todavía existen quejas referentes a climas de hostilidad, y recuerdo historias muy vulgares, pero también muy divertidas, que me gusta compartir con cualquier joven mujer tímida a quien le gustaría devolver lo que recibe. Parece que existe realmente una correlación entre desear mucho una cosa y ser muy buena en ello, así que las que se desaniman fácilmente, aunque puede que hayan sido tratadas injustamente, posiblemente no habrían llegado muy lejos.

«En EE UU, los grupos minoritarios tienen ahora muchos más problemas para obtener grados avanzados y hacerlos valer que los que tienen las mujeres»

¿Piensa usted que se dan otros casos de discriminación, además del basado en razones de género?
He llegado también a la conclusión de que, por lo menos en los Estados Unidos, los grupos minoritarios (esto es, principalmente negros, latinos y descendientes de las poblaciones aborígenes) tienen ahora muchos más problemas para obtener grados avanzados y hacerlos valer de los que tienen las mujeres. Por tanto, durante todo el 2009 mi actividad de divulgación primaria fue ayudar a que funcionara la Oficina de Ponentes del Año Internacional de la Astronomía, cuyo objetivo era que científicos brillantes visitaran facultades con una fracción importante de estudiantes pertenecientes a estas minorías.

Tumbas, faraones y estrellas

Cuando Virginia Trimble estaba a punto de cumplir veinte años, siguió un curso sobre arte egipcio antiguo y arquitectura en UCLA, impartido por el prestigioso egiptólogo Alexander Mijail Badawi. El profesor, al saber que era astrónoma, le sugirió, como ejercicio, que encontrara las estrellas que pasaban por delante de los canales de ventilación que comunican la cámara sepulcral de la pirámide de Khufu (Keops en griego) con el exterior. A causa del movimiento de precesión del eje de rotación de la Tierra (un balanceo semejante al de una peonza que gira), la dirección del polo norte celeste varía con el transcurso de los siglos, así que cuando se construyó la pirámide, hace aproximadamente 4.500 años, la estrella que marcaba el norte no era la estrella Polar actual (la más brillante de la Osa Menor), sino que era Thuban, de la constelación del Dragón. ¿Fueron excavados los túneles de aire de la pirámide de Keops solo como sistema de ventilación? Escribe Virginia Trimble:

Estas consideraciones sobre la religión egipcia y la astronomía moderna se combinan para indicar que los «conductos de aire» de la pirámide de Keops fueron excavados en realidad con la intención de que sirvieran como caminos por los que el alma del faraón difunto ascendiera para reunirse con las estrellas circumpolares y el dios-constelación Sah (Orión).

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La astrónoma Virginia Trimble, a la derecha, en la investidura como doctora honoris causa en la Universitat de València el pasado febrero, junto al entonces rector Francisco Tomás. Detrás, el catedrático de Astronomía Vicent Martínez, encargado de realizar la laudatio. / © M. Lorenzo

La profesora Trimble no solo se ha interesado por los mausoleos de los faraones, sin duda otros mausoleos más lejanos y más antiguos la han fascinado. Me refiero a los mausoleos cósmicos que producen las estrellas más masivas con su muerte. Los remanentes de supernovas. El profesor emérito de la Universidad de Ámsterdam Ed van den Heuvel nos explica que entre los trabajos astronómicos de Virginia Trimble destacan los estudios de la nebulosa del Cangrejo, la supernova que la produjo, y en general los remanentes de este tipo de explosiones. Este es un tema que la ha fascinado durante toda su carrera. A principios de los años setenta Virginia descubrió que el centro de expansión de la nebulosa no coincide exactamente con la posición actual del púlsar central, la primera evidencia directa de que las estrellas de neutrones reciben un impulso inicial de unos cien kilómetros por segundo al nacer.

Ha publicado más de 600 trabajos en diferentes campos de la astrofísica: en cosmología (materia oscura, origen de los elementos químicos, la distribución de las galaxias, quásares), sobre estrellas (formación, binarios, pulsantes, supernovas, gigantes rojos, remanentes de supernovas), sobre instrumentación astronómica, así como revisiones anuales desde 1991 de los avances en astrofísica.

Como ejemplo del impacto emocional que la personalidad de Virginia Trimble produce en la comunidad astronómica mundial, de la estima y del afecto que sienten por ella muchos de sus miembros, el presidente de la Unión Astronómica Internacional, Robert Williams, escribe:

Virginia Trimble es una de las personas más inteligentes que he conocido. Su trabajo de investigación ha sido muy original, pero lo que más destacaría es su capacidad única para sintetizar un amplio abanico de resultados e ideas de las que la mayoría de nosotros, aún siendo investigadores, no somos conscientes, y exponer así conclusiones brillantes, de relevancia para trabajos de investigación de primera línea. La profesora Trimble se ha interesado también por diferentes aspectos de la sociología relacionada con el hecho de hacer ciencia, y por las formas de medir el impacto que tienen los diferentes centros de investigación. Posee un conocimiento enciclopédico del campo de la astrofísica y de casi cualquier otra empresa humana, lo que la convierte en una de las mejores interlocutoras del mundo a la hora de cenar. Su mente se aventura en áreas ignoradas por el resto de nosotros y nos demuestra su importancia, siempre de una manera original.

Tengo en la mayor de las estimas a la profesora Trimble, como amiga y como persona capaz de evaluar ideas de manera crítica.

(Fragmento de la laudatio a Virginia Trimble).

© Mètode 2011 - 65. Nano - Número 65. Primavera 2010