Planificación hídrica y riesgos biològicos, una asignatura pendiente

Obras del barranco de Chiva, en el término de Catarroja (abril 2003). A orillas del barranco, urbanizaciones y edificios de nueva construcción.
Foto: E. Laguna


Water planning and biological risks, pending issue
. The valencian rivers and watercourses are subjected to large constructions aimed at lessening the effects of flooding, and the risks associated with diverting waters from one riverbasin to another. The impacts caused by the former case relate to the destruction of the fluvial thermophile vegetation in many of their current niches. As for the latter, there is serious danger that aggressive, invading species, such as the zebra mussel, will spread.

    A lo largo de los últimos años, los gobiernos europeos han dejado casi de utilizar el término “desarrollo sostenible”, y lo han sustituido por otro muy diferente: “crecimiento (económico) sostenido”. Parece, incluso, que se ha querido dar a entender a la población que había un cierto nivel de sinonimia entre ambas palabras, aun cuando ciertamente significan a menudo lo contrario. El crecimiento sostenido parece confiar en una capacidad ilimitada de las herramientas tecnológicas para corregir los impactos ambientales generados por este desarrollo económico. Uno de los campos en que más trascendencia ha adquirido esta mutación lingüística y de las planificaciones técnicas es la política del manejo de los recursos hídricos, en la que el avance técnico ha permitido abastecer, cada vez más, actuaciones con impactos ambientales más intensos –trasvases hídricos, embalses, canalización de los cauces fluviales, etc. La naturaleza está programada para soportar puntualmente este tipo de impactos, pero no para sostener su extensión generalizada sobre el territorio, sobre todo si ya está, como pasa en nuestras tierras, bastante herida por la sobreexplotación secular de sus recursos. Paralelamente, la respuesta del medio frente a los fuertes desequilibrios ambientales es la producción de catástrofes naturales cada vez peores, en las que los principales elementos amortiguadores establecidos por la naturaleza –por ejemplo, la vegetación de ribera, en el caso de las avenidas fluviales– han sido totalmente exterminados en las últimas décadas.

Hoy por hoy, el continente europeo se enfrenta con un abanico de grandes proyectos hidrológicos que, unidos a la larga tradición de domesticación de nuestros ríos, amenazan con generar un riesgo de colapso ecológico sin precedentes. En el caso español, el Plan Hidrológico Nacional (PHN) propone la aplicación masiva de pequeñas medidas “correctoras”, combinada con grandes proyectos de elevada trascendencia económica y ecológica –caso del trasvase del Ebro–, pero no resuelve suficientemente grandes problemas arrastrados desde mediados de siglo xx, como son la contaminación y la eutrofización masiva de todas las aguas continentales, la disminución generalizada de los niveles freáticos, o el extraordinario desplazamiento del balance hídrico en favor de las escorrentías –en lugar de las infiltraciones– como consecuencia de la impermeabilización de grandes superficies cerca de las ciudades y zonas metropolitanas.

Los territorios mediterráneos padecen con especial virulencia los efectos de políticas hídricas de este tipo, dado que los caudales de sus ríos y los niveles freáticos adyacentes han sido fuertemente sobreexplotados, muy por encima de unos límites ecológicos mínimamente aceptables. Paralelamente, la existencia de largos períodos de sequía ha favorecido la ocupación milenaria de los cauces y riberas, eliminando el espacio que la naturaleza había reservado a los elementos amortiguadores del impacto de las grandes avenidas, como es la vegetación de ríos y ramblas. Lamentablemente, ambas prácticas se han acelerado, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, y eso que los gobernantes, a partir de aquel momento, gozaban de muchos más conocimientos científicos que aconsejaban volver a buscar el equilibrio ecológico.

Frente al riesgo de catástrofes fluviales, se responde con un incremento indefinido de la artificialidad del sistema, cubriendo de cemento los cauces de ríos y barrancos o intentando compensar la sobreexplotación o el derroche del agua extraída con la transferencia de cuencas mal llamadas “excedentarias”. Así, en nuestra casa, en lugar de eliminar la ocupación secular de las llanuras aluviales, los nuevos planes de prevención de riadas pretenden fijar los cauces de casi la totalidad de los cursos bajos de los ríos y barrancos valencianos; en el caso del río Segura, parece querer lograrse la desforestación fluvial moderna más grande de Europa, canalizando todo su recorrido a su paso por la provincia de Alicante. Paralelamente, parece extenderse la filosofía –sin ningún fundamento científico– de que la fijación artificial de los cauces permite levantar las restricciones para urbanizar terrenos próximos; es un ejemplo evidente de ello el caso de la cuenca baja del barranco de Chiva, afectada desde hace pocos años por un intensísimo proceso urbanizador en los términos de Catarroja, Massanassa, Paiporta y Picanya.

Pretender que las aguas de los ríos “sobran” si no son aprovechadas o extraídas, forma parte de un pensamiento que da la espalda a los conocimientos científicos más elementales. Es bien conocido que la pérdida constante de arena de las playas, que hoy por hoy amenaza con la destrucción de la principal fuente de ingresos de la economía de las comarcas litorales –el turismo–, es el resultado de la fortísima reducción de aportes de sedimentos aluviales de los ríos, que permanecen en el fondo de los embalses –las mismas infraestructuras responsables de la disminución drástica de poblaciones de los peces migradores, e incluso de su extinción, como por ejemplo en el caso del esturión (Acipenser sturio). Para recuperar los equilibrios ecológicos más básicos, haría falta incrementar sustancialmente los caudales de los ríos y de su componente sólido mineral –arenas, arcillas, etc.–, y no precisamente recibiendo el agua de otras cuencas.

Los trasvases a menudo se han invocado como una solución milagrosa, a pesar de los graves riesgos ambientales que conllevan. La vieja Europa está llena de canales interfluviales, principalmente producidos para asegurar el desplazamiento de barcos de mercancías; hoy por hoy, todavía se plantean proyectos como el que prevé unir el Elba, el Oder y el Danubio, que destruiría algunos de los parajes más encantadores del centro del continente. En el caso de nuestras tierras, donde el equilibrio del agua y de sus organismos es todavía mucho más frágil, se proponen canalizaciones entre ríos invocando la necesidad de nutrir una agricultura que ha crecido durante décadas sin ningún tipo de control, muy por encima de los límites razonables para las características naturales del territorio. El agua se trasvasará con todo su contenido biológico, incluidos organismos invasores especializados en la destrucción completa de los ecosistemas fluviales de poca profundidad; hablamos por ejemplo del conocido mejillón cebra (Dreissena polymorpha) o la almeja asiática (Corbicula fluminea), que en pocos años consiguen exterminar totalmente la vegetación sumergida de cuencas fluviales enteras y destruir entonces la producción de oxígeno tan necesaria en los cursos lentos de agua para evitar que se pudran. Hablamos, pues, de un riesgo significativo de eliminación de la riqueza biológica, turística y de la capacidad de esparcimiento de nuestros ríos; a medio plazo, estas especies pueden poner en peligro incluso la calidad de las aguas que nutren los grifos de las grandes ciudades y las áreas metropolitanas.

El Ebro es uno de los ríos con invasiones biológicas más patentes y peligrosas de toda Europa, incluyendo importantes depredadores como el siluro (Silurus glanis) o el pez gato (Ictalurus melas). Otras transferencias, como la del Júcar al Vinalopó, pueden comportar el transporte de plantas invasoras que ya causan problemas importantes, como Ludwigia grandiflora (=L. uruguayensis). No consta en ninguna programación del Plan Hidrológico Nacional (PHN) que los trasvases se harán con agua previamente esterilizada, una medida que, aunque no combata los efectos ecológicos derivados de la pérdida de caudales y sedimentos de los ríos donantes, puede disminuir los provocados por sus organismos acuáticos sobre las cuencas receptoras.

    Este riesgo de desplazamiento ecológico y genético afecta incluso a especies de peces protegidas por las legislaciones europea y española, como por ejemplo las madrillas del género Chondrostoma. Cada uno de nuestros grandes ríos tiene una especie endémica del grupo Ch. toxostoma, como son la madrilla del Ebro (Ch. miegii), la del Turia y el Mijares (Ch. turiensis) o la del Júcar (Ch. arrigonis), las tres en peligro de desaparición; la mezcla no específicamente programada de aguas podría provocar la extinción definitiva de estas especies protegidas. De hecho, la drástica reducción de poblaciones de Ch. arrigonis se ha atribuido a la invasión de la cuenca del Júcar con la especie vicariante del Tajo (Ch. polylepis).

    Finalmente, está el riesgo que los problemas que ahora conocemos –erosión marina, pérdida irreversible de especies, invasiones biológicas, desequilibrios mesoclimáticos, etc.– sean sólo la punta del iceberg, y que el enorme esfuerzo que conllevará el desarrollo del PHN sea sólo un pequeño adelanto del trabajo de las próximas generaciones: cómo luchar contra una naturaleza que empieza a pasar factura de heridas cada vez peores.

Emili Laguna. Miembro de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN; representante de los países mediterraneos al comité directivo de Planta Europa.
© Mètode 38, Verano 2003.

 

 

 

 

«Pretender que las aguas de los ríos “sobran” si no son aprovechadas o extraídas forma parte de un pensamiento que da la espalda a los conocimientos científicos más elementales»

 

 

 

 

 

 

Vista aérea del embalse de Entrepeñas-Buendía (río Tajo), donde nace el trasvase Tajo-Segura.
Foto: E. Laguna

 

 

«Se proponen canalizaciones entre ríos invocando la necesidad de nutrir una agricultura que ha crecido durante décadas sin ningún tipo control»

 

 

Vista general del embalse de Buseo, Valencia.
Foto: E. Laguna

 

 

«El agua se trasvasará con todo su contenido biológico, incLuidos organismos invasores especializados en la destrucción completa de los ecosistemas fluviales de poca profundidad»

 

 

 

Ludwigia grandiflora, especie invasora del río Júcar y del marjal de Pego-Oliva.
Foto: A. Aguilella

 

© Mètode 2013 - 38. Caminos de plata - Disponible solo en versión digital. Verano 2003

Doctor en Ciencias Biológicas. Centro para la Investigación y Experimentación Forestal (CIEF) – Servicio de Vida Silvestre de la Generalitat Valenciana.