Anatomía y alquimia: Bernardino Montaña de Monserrate

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Diferentes figuras que ilustraban la obra y muestran los músculos, las arterias y los órganos del cuerpo humano.

Médico y cirujano real, Bernardino Montaña de Monserrate (Barcelona, ca. 1480 – Valladolid, 1558) es autor del primer tratado de anatomía publicado en castellano. Su trayectoria científica y sus datos biográficos son escasos y las principales referencias a su personalidad científica proceden de las grandes obras de erudición biobibliográfica del siglo xix. Su nombre indica que probablemente nació en Cataluña; sabemos que fue médico y cirujano del emperador Carlos V. Según su propio testimonio, residió y cursó estudios de medicina fuera de España, probablemente en Montpelier, uno de los principales reductos de la medicina europea de su tiempo, y vivió la mayor parte de su vida en Valladolid. En aquella universidad ocupó la cátedra de anatomía y desde 1537 fue médico y cirujano de cámara del emperador. En Valladolid escribió, ya a una edad avanzada, su Libro de la anothomía del hombre (1551), la única obra impresa que se le conoce, la cual constituye el primer tratado de anatomía escrito en lengua castellana, publicada unos años antes de la Historia de la composición del cuerpo humano (1556), donde Juan Valverde de Amusco hacía la primera descripción de la circulación pulmonar o menor en un tratado de anatomía.

Sobre el talante personal y científico de Montaña, es elocuente el testimonio del erudito novecentista Hernández Morejón, quien, en su historia biobibliográfica de la medicina española, afirmaba que ya en su senectud «se hacía conducir en una litera por no poder caminar, desgastado por los años y atormentado por la gota[…]» para escuchar las explicaciones anatómicas de su sucesor en la cátedra de anatomía vallisoletana, Alfonso Rodríguez de Guevara. Anastasio Chinchilla, el otro gran erudito de la historiografía médica del xix español, dice que Montaña había nacido en Barcelona y afirma que, después de estudiar en Italia, volvió a España en 1513, cuando, además de ejercer como médico de prestigio, publicó su obra anatómica, estando ya jubilado.

El tratado de anatomía de Montaña va seguido de un apéndice en el que relata su interpretación alegórica de un sueño que le había relatado el marqués de Mondéjar, de quien era médico. El análisis que Montaña hace del sueño del marqués de Mondéjar constituye una verdadera síntesis de los conocimientos fisiológicos del galenismo, expuestos literariamente mediante una alegoría simbólica de carácter doméstico. Se trata de un estilo literario semejante a lo que se utilizaba habitualmente en la literatura científica renacentista, como en el caso de los Diálogos de Galilei o de la Declaración en suma breve de la orgánica y maravillosa composición del microcosmos del médico Luis Lobera de Ávila. Las metáforas urbanas, militares y domésticas para describir la estructura y el funcionamiento del cuerpo humano fueron muy frecuentes en la concepción organicista del cosmos y del cuerpo humano vigente en el Renacimiento, probablemente por influencia del neoplatonismo.

    El Libro de la anothomía de Montaña responde a una concepción semejante a la de los principales tratados de anatomía europeos de mitad del siglo xvi, como el del francés Henrio de Mondeville o el inglés Thomas Vicary. Eran las primeras obras de anatomía que dejaban de lado el latín y estaban escritas en lenguas vulgares para que fueran accesibles a la formación de cirujanos y barberos. Ofrecían un saber anatómico actualizado y respondían a una mentalidad médica derivada del avicenismo, o galenismo arabizado. Sin embargo, en el caso de Montaña, es destacable la presencia de concepciones fisiológicas derivadas de la alquimia, que le permiten explicar, por ejemplo, la composición de la sangre, la fabricación de los espíritus orgánicos (naturales, vitales, animales) y las fermentaciones orgánicas. Según se desprende de la lectura de su libro, Montaña se basaba en experiencias de destilación propias, que le permitían aportar concepciones alquímicas de la digestión gástrica, además de aplicar el análisis propio del ars separatoria a la composición de la sangre, la orina y otros fluidos orgánicos. Es destacable que la mentalidad científica de Montaña de Monserrate respondía a una defensa a ultranza de la experiencia sensible como fuente del conocimiento científico, lo que se traducía no solo en la observación clínica, sino también en la práctica de disecciones de cadáveres para conocer la anatomía humana y en la práctica de experimentos de vivisección con animales para estudiar la fisiología. El libro de Montaña es una demostración palpable de la pluralidad de corrientes científicas del Renacimiento y del proceso de crisis y descomposición de la medicina galénica. Una obra de gran valor histórico y artístico.

Josep Lluís Barona. Catedrático de Historia de la Ciencia. Universitat de València.
© Mètode 65, Primavera 2010.

 

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© Biblioteca Histórica-Médica Vicent Peset Llorca, Universitat de València

Arriba, portada del Libro de la anothomía del hombre de Bernardino Montaña de Monserrate, extraída de la reproducción facsímil editada por París-Valencia (Valencia, 1998).

 

«El libro de Montaña es una demostración palpable de la pluralidad de corrientes científicas del Renacimiento y del proceso de crisis y descomposición de la medicina galénica»

 

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Una de las figuras que ilustran la obra Libro de Anothomía del hombre. 

© Mètode 2011 - 65. Nano - Número 65. Primavera 2010

Catedrático de Historia de la Ciencia de la Universitat de València.