Eulalia Pérez

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eualiaperez2DICYT

Miembro fundadora de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) y vicepresidenta entre 2001 y 2006, miembro del Consejo Asesor de la Red-Cátedra de Mujeres, Ciencia y Tecnología en Latinoamérica (desde octubre de 2005), Directora General de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) entre 2006 y 2008… Son tan solo algunos de los datos que encontramos en el currículum de Eulalia Pérez, licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. De su pluma, o su teclado, han salido más de cien libros o artículos. La Ley de la Ciencia veinte años después: ¿dónde estaban las mujeres? o Mujer y ciencia. La situación de las mujeres investigadoras en el sistema español de ciencia y tecnología son ejemplos de su producción bibliográfica.

Eulalia Pérez encontró en la Universidad de Cambridge, de la mano del profesor Geoffrey Lloyd, la manera de encajar su trabajo con sus inquietudes feministas. Después de leer su tesis sobre historia de la astronomía griega, Eulalia comenzó a estudiar sobre la medicina, y concretamente sobre la cuestión de la autoridad de las mujeres. «Las mujeres en Grecia eran consideradas como menores, no tenían autoridad alguna. Pero como por cuestiones de pudor los médicos no podían observarlas, auscultarlas ni palparlas, tenían que fiarse de lo que ellas les relataban o de lo que las intermediarias les decían a los médicos –explica–. Empecé por ahí, y empecé a ver que había muchas más mujeres de lo que en las historias de la ciencia se nos presenta.»

A menudo cuando nos preguntan por científicos o investigadores lo que viene a la cabeza son nombres de hombres. ¿No ha habido mujeres en la ciencia o es que se ha ocultado su nombre?
Como la historia la han escrito fundamentalmente varones se invisibiliza a las mujeres, no se las ve. Es cierto que ha habido menos mujeres haciendo ciencia que hombres, primero porque no podían acceder a la educación primaria, y luego porque no podían acceder tampoco a las universidades, pero ha habido muchísimas más mujeres de las que las historias nos muestran. De hecho hay toda una línea de investigación de recuperación de mujeres de todos los ámbitos, especialmente fructífera en ciencia.

Y en la actualidad, ¿las mujeres científicas gozan de mayor visibilidad o pese a haberlas son aún invisibles?
Creo que no se ven. Estoy en el comité de mujeres de la Sociedad Española de Astronomía, y hace unos días la secretaria nos mandó las cifras de las mujeres que hay en los comités de asignación de tiempo de los diversos observatorios españoles. Pues resulta que prácticamente no había mujeres en ellos y que incluso la cifra ha disminuido con respecto a hace dos años. Mujeres hay, porque el porcentaje de astrónomas está en torno al treinta y pico por ciento, pero después su presencia es testimonial. O sea, que se las sigue invisibilizando.

¿Hay algún momento clave en la historia para comenzar a hablar de la incorporación profesional de la mujer en la ciencia?
Creo que hay tres momentos fundamentales. Uno es el de la Revolución Francesa, cuando Olympia de Gouges reivindica los derechos de las mujeres y las ciudadanas. El siguiente sería cuando las mujeres acceden a las universidades, más o menos libremente, a finales del siglo xix y principios del xx. Y el último momento fundamental sería a partir de los años setenta, los ochenta en España, cuando las mujeres se dan cuenta de que algo pasa en el mundo científico, porque a lo largo de la carrera se van perdiendo investigadoras.

¿Qué tipo de discriminaciones por sexo se observan dentro del sistema de la ciencia y la investigación?
Antes había una discriminación territorial, es decir, aquella en virtud de la cual las mujeres van a unas áreas y los hombres van a otras. Lo vemos todavía en las ingenierías, un área marcadamente masculina, y en biomedicina, que es marcadamente femenina. Pero por lo general esta discriminación se ha difuminado. La que sigue existiendo es la discriminación jerárquica. Hay menos mujeres en los altos cargos, en los puestos de toma de decisiones, y eso a pesar de una Ley de Igualdad.

¿A esto se refieren conceptos como el «techo de cristal» o el «suelo pegajoso»1?
El suelo pegajoso, sí [ríe], efectivamente. Pero más que un techo o un suelo, yo hablaría de una caja de cristal, porque estamos también limitadas por los laterales.

¿Está peor la mujer en la ciencia que en otros ámbitos laborales?
Está más o menos igual, pero el problema de la ciencia es que, como se tiene la idea de que es objetiva y de que es una institución que se rige únicamente por méritos, los científicos y las científicas son muy reticentes a darse cuenta de los sesgos que hay en sus instituciones. Hace ya tres o cuatro años hicimos un estudio entre astrónomos y astrónomas españoles, y cuando se daban cuenta de la desigualdad, porque las cifras cantan, lo que pensaban era que se debía a la situación general que hay en la sociedad, pero no a que haya algo intrínseco en la ciencia que lo produzca.

¿Cómo valora el papel de los medios de comunicación en la perpetuación, o en el cambio, de estas desigualdades?
Su papel es fundamental, y el problema es que no se dan mucha cuenta y siguen invisibilizando a las mujeres. Si los medios fueran más conscientes y tuvieran un papel más activo para evitar estas situaciones de desigualdad, nos iría mucho mejor, porque a nadie cabe duda de que son muy influyentes.

«Resulta necesaria, en efecto, una acción normativa dirigida a combatir todas las manifestaciones aún subsistentes de discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo y a promover la igualdad real entre mujeres y hombres, con remoción de los obstáculos y estereotipos sociales que impiden alcanzarla.» Este es uno de los motivos expuestos en la redacción de la Ley de Igualdad efectiva de mujeres y hombres, aprobada en el Estado español justo hace siete años, en marzo de 2007.  ¿Cree que eran suficientes las medidas planteadas por esta ley orgánica?
El pretender que se tuviera en cuenta una perspectiva de género en todos los ámbitos de las administraciones públicas, el que se dijera que todas las comisiones tenían que ser paritarias… Creo que era más que suficiente. El problema es que no se ha cumplido, porque para ello primero tiene que haber conciencia de género y después voluntad de cumplirla. Pero no hay más que ver las conferencias que se organizan con fondos públicos, en las que en muchos casos no hay ni una sola mujer.

Como conclusión a La Ley de la Ciencia veinte años después, usted y Paloma Alcalá decían que «sólo tratando de manera desigual a los desiguales, se podrá igualarlos». ¿Es esto una apuesta por la discriminación positiva?
Exacto. Pero yo prefiero hablar de compensación, porque se trata de compensar situaciones de desigualdad. Si tú tienes dos cosas a distinto nivel y aplicas las mismas medidas a las dos, sigues manteniendo la desigualdad. Si lo que quieres es igualar tendrás que actuar distinto según la posición. La gente que critica las cuotas no se da cuenta de que en realidad si no las impones estás destruyendo el principio de mérito. Como defensora de las cuotas lo que mantengo no es que tengas que poner mujeres porque sí, sino que en igualdad de condiciones y de méritos pongas igual número de mujeres que de hombres. Si tienes mujeres con méritos suficientes para estar en una comisión y no las pones, estás discriminándolas. Sí, soy una absoluta partidaria de las cuotas y de las acciones compensatorias o acciones afirmativas.

¿Qué otras propuestas plantea para mejorar la relación de las mujeres y la ciencia?
Es fundamental la educación en género y en valores igualitarios desde la más tierna infancia, porque solo así vas a poder aplicar realmente una política igualitaria. En la formación lo fundamento todo. En eso soy muy pragmatista, muy a lo Jane Addams.

Hagamos ahora un viaje en el tiempo, y avancemos a 2034, de aquí a veinte años. Si repetimos esta entrevista, ¿cree que responderá de forma similar a hoy, o piensa que en el futuro habrá mejorado la situación de la mujer en el sistema científico?
Viendo lo que ha pasado en los últimos veinte años, y viendo que retroceder es posible, porque estamos retrocediendo a los niveles de los años setenta u ochenta, en estos momentos soy absolutamente pesimista. Creo que de aquí veinte años te contestaría lo mismo o incluso peor que hoy. Lo siento [ríe].

1. La socióloga Mabel Burin define el concepto de «suelo pegajoso» como la «inercia que mantiene a tantas mujeres inmovilizadas en su puesto de trabajo, atrapadas en la base de la pirámide económica, sin fuerzas para enfrontarse con lo nuevo y desafiar el sistema.» (Volver al texto)

Íngrid Lafita. Periodista (Valencia).
© Mètode 2014.

 

 

«Hay mujeres científicas, pero se las sigue invisibilizando»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«Más que de un techo de cristal, hablaría de una caja de cristal, porque estamos también limitadas por los laterales»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«Si no impones las cuotas estás destruyendo el principio de mérito»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«Creo que de aquí veinte años te contestaría lo mismo o incluso peor que hoy»

© Mètode 2014

Licenciada en Periodismo y graduada en Comunicación Audiovisual. Revista Mètode, Universitat de València.