Juan Manuel Usera

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usera-1Lucía Sapiña

Un iguanodon, un cetiosaurus, pteranodones… Las antiguas láminas que decoran el despacho de Juan Manuel Usera (Madrid, 1944), Catedrático de Paleontología de la Universitat de Valencia, harían las delicias de cualquier niño. Los montones de papeles que se ven por todas partes, sin embargo, constituyen buena muestra del volumen de trabajo que se asume desde este reducido espacio del departamento de Geología. Este año, este especialista en foraminíferos ha sido el encargado de inaugurar el curso de la Universitat de València con la lección magistral titulada «Paleontología, quo vadis».

¿Por qué eligió el tema del futuro de la paleontología para su conferencia?
Un tema paleontológico muy científico hubiese llegado a pocas personas. Al tratar el desarrollo de la paleontología, creí que la gente captaría cómo habían ido variando las ideas sobre los fósiles desde los griegos hasta la actualidad. Eso es fácil de entender por todo el público.

¿Y cómo se vislumbra, en época de crisis económica, ese futuro?
Lo que pasa es que ahora la paleontología ya no es sólo ir al campo y buscar fósiles. Ahora coges tu fósil y le haces de todo: análisis de los isótopos, microestructurales…

¿Y hacen falta más recursos para ese tipo de investigación?
Es que es esta investigación es muchísimo más cara que aquella. La otra era un trabajo de campo, de laboratorio y poco más. Por eso decía en la conferencia que son los Estados los que la pueden subvencionar.

Entonces el trabajo del paleontólogo actual ¿es más de laboratorio que de mochila y montaña?
Sí. Muy de laboratorio, aunque hay toda una generación que es de salir al campo y meterse por las montañas a sacar fósiles.

Cuando una piensa en la paleontología le vienen a la mente los grandes fósiles de dinosaurios. Usted, en cambio, es especialista en foraminíferos, unos organismos diminutos. ¿Cómo se despertó su interés por unos fósiles tan pequeños?
Bueno, en geología estudiábamos una asignatura que se llamaba micropaleontología y no hay una cosa más bonita que un microfósil. Las estructuras son espectaculares…

He de reconocer que busqué en Google imágenes de foraminíferos y me sorprendió su belleza.
Incluso otros grupos, los radiolarios, silicoflagelados… son unas estructuras perfectas que en muchos casos han sido copiadas por los arquitectos, estructuras de una consistencia enorme. No sé si habrá oído hablar de Emiliano Aguirre, el descubridor de Atapuerca… Era profesor mío de Paleontología del Cuaternario y Humana. Cuando le dije que me quería dedicar a la micropaleontología, estaba muy en boga el tema de la desecación del Mediterráneo, la crisis messiniense, y me trajo unas muestras de unas arcillas marinas de Niebla (Huelva) que estaban en ese límite del Mioceno. Yo las preparé, las lavé y había unos grupitos tan preciosos, porque eran preciosos, de estos foraminíferos… unos bentónicos, otros planctónicos… y ahí ya me enamoré.

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usera-2Lucía Sapiña  

 

«Se crearon laboratorios por todas partes del mundo y todos trabajamos ahí, en la industria del petróleo»


¿Qué podemos aprender de los foraminíferos? ¿Por qué son importantes?
Son unos protistas muy especializados. El tipo de seudópodos que tienen es muy especial, con unos microtúbulos por los que se crean corrientes, de tal manera que todas las partículas alimenticias que hay alrededor se van desplazando hasta las vacuolas digestivas. Eso es especial de los foraminíferos. Y luego, pueden ser sexuados o asexuados. En ambientes estables, son formas asexuadas. Como hay mucha competencia entre otros organismos, se va desarrollando y va creciendo, pero no se reproduce porque no hay capacidad para alimentar a tantos. Cuando el ambiente es inestable, por ejemplo en un marjal que se deseca en verano y se vuelve a rellenar en invierno, utiliza la combinación de sexos para que haya un amplio abanico de nuevas posibilidades y así sobrevivir siempre.

O sea, que no sólo nos aportan información sobre la edad de las rocas sino también del ambiente
Eso sería otro aspecto, el de la edad de las rocas. Sobre todo porque hay algunos grupos que tienen una tasa de evolución muy rápida y así, se van creando muchas especies en un espacio de tiempo geológico corto. Entonces sí que, identificando cada una de las especies, puedes saber en qué capa, en qué nivel estás.

¿Qué otras aplicaciones prácticas tiene la micropaleontología?
Bueno, la que comentaba en la conferencia de las dataciones en los sondeos del petróleo porque las cabezas destrozaban todos los macrofósiles. Lo único que salía era una arena y con ésta, los microfósiles. Interesaba saber la edad de las capas de petróleo, que coinciden normalmente con las épocas en las que hay una mala circulación oceánica y en las que se crean ambientes anóxicos en el fondo. Hay que ir perforando hasta llegar ahí y, claro, cada metro de sondeo vale millones por toda la infraestructura… Por tanto, se necesita una precisión tremenda.

¿Hasta qué punto contribuyeron esas economías al desarrollo de la especialidad?
Muchísimo. Se crearon laboratorios por todas partes del mundo y todos trabajamos ahí, en la industria del petróleo. Y bueno, surgieron cantidad de revistas especializadas, específicas por grupos o generales de micropaleontología, donde había sobre todo mucha labor taxonómica, identificación de especies en capas determinadas para que aquello fuese una guía y, según se fuesen sacando las muestras, saber de qué edad estabas hablando. Luego vino la sísmica de alta resolución y con esta se ve la capa del petróleo.

   
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«La micropaleontología vuelve a estar de moda porque se están acabando todos los yacimientos de la plataforma continental, que son los fáciles de extraer»


 
Hoy en día, ¿con la perforación para la extracción de gas del subsuelo, con el fracking, tienen alguna relación ?
Ahí la micropaleontología ya no hace nada. Pero la «micro» vuelve a estar de moda porque se están acabando todos los yacimientos de la plataforma continental, que son los fáciles de extraer, y se están buscando en aguas más profundas así que se perfora y entonces la cabeza del sondeo dobla siguiendo la capa de esa edad. En esas nuevas técnicas de perforación, el sondeo se puede ir para arriba o para abajo… Ahí el micropaleontólogo vuelve a estar de moda porque tiene que ir sacando muestras y decir si se sigue en la misma capa.

Al tratarse de organismos tan pequeños, supongo que el desarrollo de la especialidad también estuvo ligado al microscopio
Fue fundamental. Y ahora, al microscopio electrónico. Cuando quieres ver cosas de microestructuras, es con el microscopio electrónico. El primer microscopio electrónico que hubo en Valencia estuvo en la Politécnica a finales de los 60 o principios de los 70. Era un cacharro inmenso que hacía unas fotos así de pequeñitas [dibuja un pequeño cuadro con sus manos]. Todavía conservo alguna de esas fotografías.

En los fósiles, además de la evolución podemos estudiar las extinciones ¿no?
Sí. Lo que pasa es que hay muchas hipótesis sobre las posibles causas de las extinciones, que ése es otro de los temas que estudia la paleontología en colaboración con otras ciencias. Ahora prácticamente todo el mundo está de acuerdo que en el límite Cretácico – Terciario, hace 65 millones de años, se produjo un impacto meteorítico que provocó las extinciones de plantas, de productores primarios… Ahora se piensa también que hubo otro impacto meteorítico muy grande que causó una extinción muchísimo mayor que ésta, que es la del límite entre el Paleozoico y el Mesozoico, al final del Pérmico; es decir, hace unos 250 millones de años. Esa, como es tan antigua, se piensa que el impacto debe estar prácticamente borrado. Siempre hay que ver qué elementos se pueden encontrar en los sedimentos que sólo pertenezcan a meteoritos, que no sean elementos comunes en la Tierra.

¿Qué figura le ha marcado más?
En la forma de ser paleontólogo, Emiliano Aguirre. Y luego, el que fue mi maestro de micropaleontología, Guillermo Colom, una persona muy especial también..

Lucía Sapiña. Observatorio de las Dos Culturas. Revista Mètode, Universitat de València.
© Mètode 2013

   
© Mètode 2013

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.