Gonzalo Casino: «El escepticismo es una obligación para el periodista»

Periodista científico

Informar sobre investigación biomédica no es tarea sencilla. Por una parte, los equipos de investigación deben ser capaces de explicar sus resultados de manera coherente y comprensible. Por otra, los periodistas tienen que interpretar esos datos y estadísticas que publican los investigadores en las revistas científicas y contextualizarlos de manera que tengan sentido para el lector. Con el objetivo de ayudar tanto a unos como a otros en este proceso de difusión de la investigación biomédica, el pasado 10 de junio se celebró en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la Universitat de València la jornada «Bioestadística para periodistas y comunicadores», organizada por la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) y la Fundación Dr. Antonio Esteve, en col·laboració amb la Universitat de València.

Mètode aprovechó para hablar con el coordinador de la jornada, el periodista científico Gonzalo Casino, sobre periodismo, estudios biomédicos y comunicación. Gonzalo Casino es doctor en Medicina y tiene un posgrado en bioestadística. De 1999 a 2009 coordinó las páginas semanales de salud en el periódico El País y ha sido director editorial de Doyma/Elsevier España. También ha coordinado el libro Bioestadística para periodistas y comunicadores, que recoge las ideas de la primera jornada celebrada sobre este tema hace dos años en Madrid, y en el que se combinan los consejos o mensajes clave con ejemplos prácticos.

¿Por qué es importante para el periodista especializado en ciencia y salud tener conocimientos de bioestadística?
Básicamente porque la mayoría de los mensajes de salud se basan en números y en estadísticas. Si los periodistas no los entienden bien, pueden cometer errores y, lo que es peor, pueden ser manipulados por las fuentes.

«Las exageraciones de las notas de prensa son las que tienen mayores consecuencias»

¿Cuáles son los principales errores que cometemos los periodistas?
Los periodistas cometemos muchos errores y es muy fácil identificarlos porque somos la parte más visible y ahí están las hemerotecas. Pero sin entrar en detalle ni hacer una clasificación de los mismos, yo diría que quizá el principal error, en general, es dar por buenos los mensajes que nos llegan en las notas de prensa sin hablar no solo con el autor de un estudio sino con fuentes independientes y competentes en estadística para contrastarlos. Igualmente, en defensa de los periodistas tengo que decir que muchos de los errores ya vienen inducidos por los eslabones previos en la cadena de la información, desde la revista, los centros de investigación… que ya en sus notas y en sus declaraciones trasladan algunos errores que el periodista no hace más que amplificar.

En todo este proceso que va del paper a la nota de prensa y de ahí, al medio de comunicación ¿dónde se exagera más?
Como decía, tal vez donde se vea más es en la labor del periodista, en los artículos que escribe, pero quizá la pieza central, la más importante, sea la nota de prensa, porque las exageraciones de las notas de prensa son las que tienen mayores consecuencias. Por un lado, la información relativa a los estudios biomédicos que elaboran los periodistas suele basarse en estas notas de prensa y no siempre se acude al artículo original o a fuentes independientes. Por el otro lado, ocurre que estas notas de prensa muchas veces aparecen publicadas sin más como noticias, cuando no lo son, cuando está claro que se trata de información interesada por quien la produce, sea una revista, un centro de investigación o sea quien sea.

«El miedo y la esperanza son los dos grandes motores de la información de salud y eso es un caldo de cultivo para la exageración»

¿Se debería entonces actuar con mayor escepticismo ante la información que llega de las revistas científicas y centros de investigación y contrastarla siempre?
Sí, porque incluso las revistas de mayor prestigio [en la jornada, uno de los talleres utiliza como ejemplo un estudio publicado en Nature] publican errores. A veces es un error publicar un estudio que realmente es muy flojo científicamente porque ha estado mal diseñado, porque contiene errores o sencillamente porque es poco relevante. Por tanto, ¿debemos ser más escépticos? Yo creo que el escepticismo es una obligación para el periodista, algo consustancial al oficio. Y en periodismo científico todavía más porque tendemos a dar por bueno lo que viene de fuente científica, lo acatamos como si fuera una autoridad que no se equivoca. Y lo que debemos hacer es desconfiar por sistema de todas las fuentes, con un escepticismo saludable.

¿Debería, por ejemplo, incluirse también en la información sobre un estudio quién lo ha financiado?
Es una información importante porque muchos estudios acaban diciendo lo que quiere el que los financia. En esta línea, hay otras muchas cosas que se deberían incluir como los conflictos de interés de los investigadores, por ejemplo. Cuando habla con las fuentes, debería ser una obligación del periodista preguntarles quién paga el estudio, si tienen alguna relación con quien lo financia y todo ese tipo de cosas.

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Foto: Lucía Sapiña


En la jornada ha comentado que se abusa de la muletilla «según un estudio» sin especificar a qué tipo de estudio se refiere la información.

Claro, parece que esta muletilla es un salvoconducto de calidad de la información: «lo dice un estudio». Pero hay muchos tipos de estudios. Los hay del máximo rigor, como un ensayo clínico perfectamente diseñado y ejecutado, y otros que ni siquiera son estudios científicos, sino informes con opiniones más o menos bien fundamentadas.

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‘Bioestadística para periodistas y comunicadores’. Foto: Lucía Sapiña

¿Qué señales nos pueden servir de alerta para pensar que podemos estar ante exageraciones o incorrecciones en la información sobre estudios científicos?
Yo diría que en los estudios biomédicos, en general, no suele haber avances espectaculares. Por supuesto que a veces los hay, pero no sucede a menudo. Por eso, ante un estudio sobre una intervención médica, sea un tratamiento u otro tipo, que nos muestre un beneficio casi milagroso, muy espectacular, hay que ponerse en alerta. Lo mismo que cuando se nos dice que existe un riesgo elevadísimo de algo, de una enfermedad o de una dolencia, de algo perjudicial, también debemos ponernos en guardia. Ni los grandes beneficios ni los riesgos devastadores suelen ser tales. Es una estrategia de comunicación que utilizan algunas fuentes. Se alerta de un gran riesgo y, a la vez, se dice que existe un gran remedio. Se vende miedo para —a continuación— vender que existe la esperanza. El miedo y la esperanza son los dos grandes motores de la información de salud y eso es un caldo de cultivo para la exageración.

Hemos hablado de los errores de los periodistas. Aunque ya se han apuntado algunos, ¿cuáles serían los principales errores que cometen los investigadores?
Si queremos simplificar, el error se reduce a la exageración y por exageración hay que entender todo lo que no se ajusta a la realidad de los hechos estudiados. Los investigadores pueden tener la tendencia a seleccionar las estadísticas que les son más favorables pero también cometen errores al diseñar los estudios, hay también errores estadísticos, hay mucha ciencia irrelevante… En la jornada utilizo el ejemplo de presentar un beneficio, o la reducción de un riesgo, en valores relativos. Esto puede implicar una distorsión si el valor relativo no se acompaña del valor absoluto. Si decimos, por ejemplo, que un tratamiento o una intervención médica cualquiera, reduce a la mitad el riesgo de muerte en una enfermedad, no es lo mismo una reducción del riesgo de muerte del 20% al 10% que del 0’2% al 0’1%. En ambos casos se reduce a la mitad pero es importante que nos den el valor absoluto porque es el que nos indica la envergadura de la amenaza de la que estamos hablando.

«Para informar de ciencia lo que importa es la formación continua y adaptada a las necesidades de un campo tan exigente como la ciencia y la salud»

¿Qué formación debería tener el periodista especializado en ciencia y salud?
Yo creo que el debate sobre si el informador debe tener formación científica o solo periodística se ha superado. Para informar de ciencia lo que importa es la formación continua y adaptada a las necesidades de un campo tan exigente como la ciencia y la salud que, además, está en evolución permanentemente. Y ya que hablamos de estadística, sin duda, el periodista necesita tener formación en bioestadística para entender los mensajes de salud porque todos los estudios médicos, al final, expresan sus resultados en estadísticas, en números que condensan toda esa información.

En su caso estudió y se doctoró en Medicina. ¿Qué le llevó a dedicarse a la comunicación?
La verdad es que fue una evolución natural. Mientras estudiaba medicina ya escribía en los periódicos y editaba revistas, aunque no eran precisamente de ciencia sino más bien de cosas literarias, de humanidades… pero bueno, decidí dedicarme al periodismo. Y a la postre, pienso que el periodismo científico y biomédico acaba siendo una especialidad médica más.

© Mètode 2015

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.