Juzgar un artículo por la portada

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Que la realidad no te estropee un buen titular. O una buena portada, podríamos añadir. Esta frase, que se acostumbra a citar para hablar del periodismo más sensacionalista,  se ajusta a este caso. A principios del mes de abril, la revista Time sorprendía con una rotunda portada que anunciaba a toda página y en mayúsculas: «COMO CURAR EL CÁNCER». El titular, cosa también poco habitual, incluía un asterisco (*) que remitía a la siguiente leyenda: «Sí, ahora es posible –gracias a los nuevos dream teams del cáncer que están ofreciendo mejores y más rápidos resultados».

Decir así, en portada, y sin más explicación que sí, que ahora es posible curar el cáncer, resulta exagerado y –en última instancia- falso. Podemos imaginarnos el nerviosismo que despiertan este tipo de titulares entre los pacientes de cáncer y sus familiares que esperan una cura definitiva contra la enfermedad. Y así, mientras la mayor parte de médicos oncólogos repiten allá donde se les quiera escuchar que no hay ninguna fórmula mágica y que lo que hace falta es seguir trabajando para conocer mejor cada una de las múltiples y variadas manifestaciones de la enfermedad, portadas como ésta echan por tierra cualquier intento de aproximación rigurosa al tema. 

El artículo, que dentro de la revista se titula «La conspiración para acabar con el cáncer», viene firmado por Bill Saporito que hace una introducción al tema en clave puramente bélica: «Actúa (el cáncer) como una gran fuerza armada, de manera equivalente a atacar por aire, tierra y mar con sigilo, y creemos que lo vamos a aniquilar ¿Con qué? ¿Con un francotirador en bata blanca?». Cita al investigador del MIT Philip Sharp para destacar que la enfermedad «es mucho más compleja de lo que hemos estado tratándola»  y que, por tanto: «Eso requerirá no un héroe, sino muchos. Sharp –el biólogo molecular y premio Nobel que estudia las causas genéticas del cáncer- está reclutando unidades de fuerzas especiales para combatirlo». Estas unidades de fuerzas especiales son los dream teams a los que hacen referencia en la portada y que, desde hace cuatro años están promoviéndose desde Stand Up to Cancer, un organismo dedicado a la lucha contra el cáncer fundado por personas vinculadas a la industria del entretenimiento con capacidad para recaudar grandes sumas de dinero.

Por descontado, equipos formados por investigadores de primera fila y con una financiación potentísima contribuirán a generar avances importantes para el tratamiento de determinados casos de cáncer en un tiempo menor de lo que se necesitaría si no se tuviese el dinero. En este sentido, son iniciativas destacadas y necesarias. Aún así, relacionar directamente la existencia de estos grupos de excelencia científica con  una especie de fórmula mágica que permita curar el cáncer es, como mínimo, exagerado y poco riguroso.

Por todas estas razones, desde algunos medios se han alzado voces críticas contra el tratamiento informativo que sobre el tema ha hecho la revista. En un artículo en Slate.com, el periodista y escriptor Seth Mnookin se pregunta si no nos encontramos ante la peor portada del año. También Paul Raeburn realiza un análisis crítico de la portada y del artículo en Tracker, el blog del Knight Science Journalism Program del MIT. En los medios españoles, el médico y colaborador de El Mundo José Luis de la Serna, ha calificado la portada de «exceso».

Una práctica con precedentes

¿Por qué esta necesidad de arriesgar tanto cuando se habla de cáncer? Evidentemente, la portada ha de atraer suficientemente la atención como para que la gente se interese por los contenidos. La cuestión es hasta qué punto se pueden deformar y exagerar las ideas. En este sentido, la revista ha buscado tener un impacto importante. El problema es que cuando se habla de cáncer se ha de ser especialmente riguroso porque las expectativas que se generan son mayores que cuando se hace referencia de manera sensacionalista a otros temas. El cáncer afecta directamente a muchísimas personas y de manera muy grave. Afirmaciones como que es posible curar el cáncer, en general y ahora mismo, son demasiado atrevidas como para que se hagan desde un medio con tanta influencia como la revista Time.

Pero, de hecho, no es la primera vez que medios de comunicación de prestigio «curan el cáncer». Un interesante artículo de Gemma Revuelta a la revista Quark de 1998 analiza y reflexiona sobre el sensacionalismo de este tipo de portadas a raíz  de otro caso protagonizado por el prestigioso diario The New York Times. El medio publicó en portada y en la edición dominical un artículo excesivamente optimista sobre un nuevo tratamiento que abría las puertas a la curación del cáncer y experimentado… sólo en ratones.

Como se afirmaba en un editorial de la revista Nature Clinical Practice Oncology (2007) los medios de comunicación tienen un papel fundamental a la hora de definir las actitudes públicas que se tienen sobre el cáncer: «Desafortunadamente, la cobertura del cáncer en los medios es a menudo de baja calidad. Este tipo de información puede reforzar el mito de que el cáncer es una sentencia de muerte automática, promover el miedo y el estigma, y difundir falsas esperanzas promoviendo de manera acrítica “curas milagrosas”». Este último punto es especialmente decepcionante para los pacientes y familiares que acceden a la información.

Medios de comunicación con la influencia de la revista Time deberían tener presente que la forma en que aborden este tema contribuye a fijar una imagen determinada de la enfermedad en la sociedad. Contribuir a generar falsas expectativas con un titular llamativo pensando que después el texto ya matizará las exageraciones, resulta erróneo. Es como si ya no fuese necesario respetar ciertas normas o tener en cuenta las formas. Una de las bases del periodismo radica en el «contrato» de credibilidad que se establece con el lector. Parece que éste ha pasado a ser algo más laxo y que la precisión puede dejarse de lado cuando molesta para obtener un buen titular.  

Lucía Sapiña. Observatorio de las Dos Culturas.
© Mètode 2013.

 

 

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La polémica portada de la revista Time.

 

 

«Contribuir a generar falsas expectativas con un titular llamativo pensando que después el texto ya matizará las exageraciones, resulta erróneo»

© Mètode 2013

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.