La retórica del bosón

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Uno de los científicos más mediáticos del año pasado fue, sin duda, Peter Higgs. El ganador del Nobel de Física, junto a François Englert, por anticipar, allá por los años sesenta, la existencia del bosón que lleva su nombre, ha protagonizado las noticias de los diarios de todo el mundo. La física teórica hace años que está de moda. Desde que el CERN anunció que estaba cerca de poder confirmar la existencia del escurridizo bosón en 2011, la física acaparó rápidamente la atención mediática.

¿Por que un tema tan abstracto ha generado tanto interés periodístico? Podemos encontrar una explicación en el análisis del discurso empleado por los propios medios de comunicación al tratar el tema. Y esto es precisamente lo que hace un artículo publicado en Journal of Catalan Studies, por Aina Monferrer y Vicent Salvador, investigadores de la Universidad Jaume I de Castellón.

Los autores del estudio apuntan a tres causas que han podido originar este interés: el aura de misterio que envuelve al descubrimiento, la fecundidad metafórica que ha permitido al público hacerse una imagen del fenómeno y la polémica suscitada entre ciencia y religión a partir de la asignación del nombre «partícula de Dios».

 

 

«¿Por que un tema tan abstracto ha generado tanto interés periodístico? Los autores de este estudio ofrecen una explicación desde el análisis del discurso»

Juegos de palabras y metáforas

Entre los recursos empleados para presentar la narración del bosón, los autores identifican –a través del corpus de textos analizados– cuatro estrategias discursivas. En primer lugar, encuentran la construcción de la figura del héroe, del genio solitario. Así, los diarios destacan elementos de la infancia de Higgs que despiertan empatía con el lector, como sus orígenes humildes, la enfermedad o su carácter curioso: «Higgs fue un niño con una educación poco habitual. Debido a un problema de asma, faltó mucho a la escuela y debió compensarlo con trabajo en casa» (El Periódico, 5/7/2012). De la misma manera, se insiste en la narración en que va de la incomprensión del genio (ya que en primera instancia le fue rechazado el artículo en que desarrollaba la idea del bosón) al reconocimiento final (con el premio Nobel, honor máximo al que puede llegar un científico).

Otro elemento que Monferrer y Salvador apuntan es el de la activación de la intriga como ingrediente del relato. En este sentido, la búsqueda del bosón remite a la idea de encontrar la pieza que falta en el rompecabezas para que todo encaje en el camino que sigue la física actual. De la misma forma, funciona como una narración detectivesca donde las diferentes pistas conducen a los detectives (CERN) a solucionar un enigma lanzado sesenta años antes (probar la existencia de la partícula).

En la narración de la intriga juega un papel destacado la gestión del tiempo, ya que se van desvelando «capítulos» que avanzan finalmente hacia la solución de la trama. De este modo, los investigadores destacan tres fechas clave. La primera, el 18 de noviembre de 2011, cuando los científicos del CERN comunicaron que habían obtenido la franja de valores dentro de la cual se esperaba encontrar el bosón de Higgs. Desde entonces, la presencia del físico en los medios de comunicación se hace constante. La segunda fecha es un mes más tarde, el 13 de diciembre de 2011, cuando se informa del hallazgo de una partícula entre los valores predichos de la masa de Higgs, aunque se advierte de que el margen de error es todavía demasiado elevado. Y la tercera es el 4 de julio de 2012, cuando se confirma el descubrimiento y el bosón adquiere un verdadero protagonismo en todos los medios: «El hallazgo de la “partícula de Dios” inaugura una nueva era de la física» (El Periódico, 5/7/12), «Una vez “cazado” el Higgs, ahora toca la supersimetría» (El Punt Avui, 8/7/12).

 

 

 

«La búsqueda del bosón remite a la idea de encontrar la pieza que falta en el rompecabezas para que todo encaje en el camino que sigue la física actual»

El tercer elemento presente en el discurso empleado por los medios de comunicación sería el del misterio. En las noticias sobre el bosón aparece todo un campo semántico relacionado con esta idea del interrogante, de algo desconocido. «También existe la idea del bosón como clave para abrir nuevas puertas, que suscita el miedo atávico al descubrimiento, el miedo al saber» afirman los autores. Este conocimiento, continúan en el artículo, puede ser visto «como pecado de soberbia y, asimismo, por el equívoco del nombre partícula de Dios». Quizás por eso, la Iglesia emitió un comunicado descartando que el hallazgo supusiera una amenaza para la fe católica: «Esta partícula es de Dios como lo somos todos» (La Razón, 12/7/12). 

Finalmente, el estudio se fija en los otros recursos de literaturización empleados: juegos de palabras («la partícula mal dicha», en catalán «mal dita»), comparaciones y analogías («las partículas se ven frenadas de manera similar a como el agua de la piscina frena a un nadador») y metáforas (encajar la pieza del rompecabezas o la cacería del bosón –como si se tratara de un animal exótico).

Entre estos recursos, otro elemento que destaca es el de las imágenes plásticas. Los medios de comunicación necesitan ilustrar la información, pero ¿cómo se muestra al público la partícula del bosón de Higgs? Una de las representaciones visuales analizadas muestra la explosión que genera la captura de un indicio del bosón. Esta, según los investigadores, es una imagen que recuerda a las recreaciones sobre la explosión que originó el universo: «Esta analogía icónica no es casual, sino que se basa en la hipótesis que se esconde detrás del Modelo Estándar de la física: la supersimetría; es decir, que los mismos elementos y procesos que se dan a un nivel mínimo de partículas elementales tienen su equivalente idéntico pero de proporciones infinitamente grandes».

Lucía Sapiña. Observatorio de las Dos Culturas. Revista Mètode. Universitat de València.
© Mètode 2014.

   
© Mètode 2014

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.