Cambio climático y perspectiva vital

Entrando en la fase de aceleración del calentamiento global

Sequía y agricultura

Rupert Read, líder de la organización Extinction Rebellion británica, se dirige así a los postadolescentes que entran en la Universidad de Anglia Oriental en Inglaterra: «Hay una posibilidad muy real de que la última parte de la vida de la mayoría de los que estáis en esta sala sea sombría o inexistente» (Read, 2022).

Por otra parte, la filósofa catalana Marina Garcés, en el ensayo Nueva ilustración radical, acuñó la expresión condición póstuma. Y escribió:

Lo que estamos experimentando en la condición póstuma no es un retorno al pasado o una gran regresión, como algunos debates actuales parecen plantear, sino la ruptura del presente eterno y la puesta en marcha de un no tiempo. Del presente de la salvación al presente de la condena. Nuestro presente es el tiempo que queda. Cada día, un día menos. (Garcés, 2017)

Se asegura –pese a que no hay constancia suficiente– que T. S. Elliot se preguntó cuánta verdad es capaz de soportar el ser humano. Partiendo de esto, algunos autores, como el mirmecólogo Edward O. Wilson, justificaron la ignorancia o el engaño a partir de una supuesta ventaja evolutiva. Pero, si la evolución debe cesar, ¿qué ventaja encontraremos en la mentira, por acción o por omisión?

También hay que tener en cuenta dónde nos ha llevado la estrategia de moderación expresiva, la supuesta necesidad de «no alarmar» a la gente. Nos ha llevado hasta donde estamos, donde ya es tarde para casi todo. Más allá de la imposibilidad estructural de los medios de comunicación corporativos para abordar el problema y extraer todas sus consecuencias, todavía hay muchos posibilistas que sostienen la inadecuación de la verdad como vehículo de movilización. Entienden que lleva al desánimo o al nihilismo. Veamos cuál es esa verdad.

El sistema climático es un sistema complejo y responde a las leyes de los sistemas complejos. Conviene recordar que son leyes fundamentales, de aplicación universal. En cuanto al sistema climático, interesan especialmente los «puntos de vuelco», aquellos valores umbral –normalmente en clave de temperatura– que llevan a un subsistema del sistema climático, o a su conjunto, a cambiar de estado. Se considera el umbral de los + 1,5 °C como el valor máximo que nunca debe excederse, ya que a partir de este punto se habría superado el umbral de estabilidad de muchos subsistemas, y del sistema climático en su conjunto. Este hecho comportará un cambio fundamental del estado del planeta, que será completamente reconfigurado (Armstrong Mckay et al., 2022). La Tierra jamás tendrá de nuevo el aspecto que conocemos. Algunos autores de gran relevancia apuntan a que este umbral podría estar situado a + 1 °C –como ya se había establecido en los años ochenta–, en la medida en que ya hay al menos nueve subsistemas desestabilizados. Esto ha sido recientemente reivindicado en la última actualización de los planetary boundaries (‘los límites del planeta’) (Rockström et al., 2023).

huracán Sandy

El sistema climático es un sistema complejo, y responde a las leyes de los sistemas complejos. En la imagen, huracán Sandy a su paso por Estados Unidos. / Fuente: b0jangles CC BY 2.0

Lo cierto es que, en estos momentos, todo el mundo tiene claro que no alcanzar los + 1,5 °C sugeridos por el Acuerdo de París es ya imposible. De hecho, los cuatro primeros meses de 2023 ya han visto superado este incremento de temperatura. Si bien un pequeño intervalo no es del todo significativo, lo cierto es que nunca había pasado durante tanto tiempo seguido. Esto significa, además, que detenerse en + 2 °C es virtualmente inalcanzable, dado que en el intervalo entre 1,5 °C y 2 °C seguro que ya se habrán activado estos fenómenos de realimentación que impiden el control del sistema climático por la vía estándar de la reducción de las emisiones antropogénicas: gran parte de los subsistemas biológicos –selvas tropicales y boreales, permafrost– se están convirtiendo en emisores netos de gases de efecto invernadero, y los sumideros comienzan a presentar signos de saturación.

Mucho peor de lo esperado y anunciado

Este empeoramiento de las perspectivas responde a una curiosa dinámica del progreso de la ciencia en los asuntos socialmente sensibles: cuanto más avanza el conocimiento formalmente expresado, peores son las previsiones. No porque haya pasado el tiempo y el sistema en cuestión haya evolucionado. No: a igualdad de condiciones. En el terreno climático, en general se puede afirmar que todo aquello que, en términos de impactos, durante los años 2000 los científicos esperaban que (no) pasara en 2100, en los años 2010 ya se preveía para 2050. Y en la década actual ya se anuncian grandes afectaciones de cara al 2030, más allá de los que ya vamos sufriendo. Este hecho se debe a varios fenómenos, algunos de ellos evitables y otros no tanto, al ser inherentes al proceso de avance de la ciencia en el marco del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o IPCC –por sus siglas en inglés– (Puig Vilar, 2019).

Lo evitable habría sido no invitar nunca a participar a los economistas ortodoxos. Hay razones para pensar que el IPCC se constituyó sobre todo para incluirlos, ya que en los años ochenta ya se tenía información suficiente para haber tomado las medidas necesarias –aún había tiempo; ahora ya no. La presencia de este colectivo, que no entiende la economía si no es en clave de crecimiento, ha prostituido al IPCC a través del Grupo III, el dedicado a la mitigación. El resto de los participantes de otras disciplinas, creyendo que estos profesionales saben lo que hacen, no les han objetado a tiempo las trampas «científicas» que hace poco se han ido destapando. Porque el problema no es otro que el crecimiento económico: existe una relación directa (correlación del 0,99) entre el crecimiento económico y las emisiones, hecho que el tipo de economistas con influencia decisiva en el IPCC no incluyen en su teoría. Estorba demasiado, ya que se hundiría todo el edificio teórico.

A partir de este informe del Grupo III se toman decisiones políticas en el marco de la UNFCCC (Convención Marco sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, por sus siglas en inglés). La mayor parte del IPCC ha ido evitando la infiltración del negacionismo –a excepción de estos economistas, que lo son por defecto. Sin embargo, el IPCC actual está presidido por un economista que había trabajado para Exxon. Por su parte, UNFCCC está ya totalmente cooptada –lo ha estado siempre– no solo por los principales países emisores, sino también por las grandes corporaciones. El colmo de esta toma de poder tendrá lugar en la próxima Cumbre del Clima, presidida por un empresario del petróleo de Arabia Saudí.

Todo esto ha supuesto que los acuerdos –como el de París– estén basados en una ciencia obsoleta y que, además, contengan unas trampas descaradas que hacen que su logro sea totalmente imposible (Thompson, 2023). Por ejemplo, se cuenta que a partir de 2050 se podrá extraer de la atmósfera y enterrar el CO2 en exceso, cuando está claro que esta tecnología no es viable en la escala necesaria, que genera más emisiones de las que absorbe, que la superficie necesaria para la empresa equivaldría a tres veces la de la India y que su coste, económico y humano, es prohibitivo. Y todo esto ha comportado que a lo largo de la década pasada se planteara no solo que + 2 °C no tienen nada de seguros, y menos de umbral, sino que + 1,5 °C son peligrosos, + 3 °C son catastróficos y que + 5 °C presentan una «amenaza existencial» (Xu y Ramanathan, 2017), entendida como la posibilidad de la extinción humana (Kemp et al., 2022).

temperatura global IPCC

Gráfico semafórico con los impactos estimados del calentamiento global en función del incremento de temperatura en el último informe de síntesis del IPCC. Se observa el empeoramiento en relación con el informe anterior de 2014 (AR5), donde a su vez ya habían sido modificados a mayor gravedad que el AR4 de 2007, y lo mismo sucedía en este respecto del informe de 2001. En el gráfico observamos cómo se marca el punto medio de transición, donde la previsión para los mismos efectos se produce a menor aumento de la temperatura en el último informe respecto al anterior. / Adaptado de: IPCC. (2021). Synthesis report of IPCC Sixth Assessment Report (AR6). IPCC.

Temperatura global

Sin duda, se puede afirmar que el cambio climático se está acelerando (Hansen et al., 2023). Este es el escenario donde hay que situarse. La temperatura de la atmósfera alcanzará en 2024 los + 1,5 °C de media anual, y probablemente más. De hecho, este valor ya fue superado durante los primeros cuatro meses de 2023. El fenómeno de El Niño lo potenciará, y en 2025 quizá habrá cierta ralentización. La temperatura, hasta ahora con una evolución relativamente lineal de + 0,18 °C/década, está empezando ya a acelerarse, como corresponde a un sistema realimentado ya desestabilizado. Se prevé que en las próximas décadas –de hecho, ya en la actual– el aumento será de entre + 0,3 °C y 0,4 °C/década. No es descartable que se alcancen los + 2 °C en la década de 2030, según manifestó (informalmente) la actual presidenta del Comité de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial, la tortosina Manola Brunet (Riechmann, 2019); en todo caso, seguro que será antes de 2050. Esto se debe a que la sensibilidad del sistema climático es bastante mayor que lo que se ha considerado como cierto hasta ahora (Hansen et al., 2022).

Todo esto por lo que respecta a la atmósfera. En los océanos, que absorben el 90 % del calor provocado por el efecto invernadero en exceso, las olas de calor que se producen son especialmente letales, en la medida que la biosfera marina que no se puede desplazar es mucho menos tolerante a los cambios de temperatura. Además, la acidificación es un problema al que no se le da la importancia que debería tener, dado que las alteraciones en el fitoplancton pueden alterar la producción de oxígeno atmosférico. Antes que esto pase, entre el aumento de la temperatura, la acidificación y la hipoxia habrán muerto los corales, que constituyen la base de gran parte de la cadena trófica de la biosfera marina.

Impactos

¿Qué impactos nos aguardan con este panorama? Los fenómenos extremos –olas de calor, precipitaciones tormentosas, inundaciones, sequías…– serán más frecuentes, más intensos y más perdurables. Cada vez será más probable que se dé más de un fenómeno a la vez, como una larga sequía seguida de un gran incendio forestal. El fuego es el más temible, puesto que la vegetación existente ya no corresponde a la zona climática donde está situada: se debilita, envejece y muere o pide quemarse para renovarse. En este marco han aparecido los incendios de sexta generación, también llamados incendios del cambio climático, que avanzan a gran velocidad y son imposibles de extinguir.

huracán Sandy Haití

Los fenómenos extremos serán más frecuentes, intensos y perdurables. En la imagen, consecuencias del huracán Sandy a su paso por Haití en 2012. / Logan Abassi / UN Photo

Todo esto tiene una traducción especialmente severa en la península ibérica. En primer lugar, por estar geográficamente situada en la línea de desertización que se desplaza hacia el norte y ya está rozando el norte de África, y, en segundo lugar, por su pertenencia a la cuenca mediterránea, la zona más afectada del mundo por el cambio climático. Por ahora, solo con + 1,2 °C globales, el número de días del verano meteorológico ha pasado de 90 a 145. De hecho, la mayor parte de la península ha superado ya los + 2 °C, especialmente en la mitad oriental. El aumento de la temperatura del mar en verano está favoreciendo la aparición creciente de los llamados medicanes, minihuracanes mediterráneos.

También el aumento del nivel del mar se está acelerando. Tanto por expansión térmica como por la fusión de las masas de hielo, no es inverosímil que en 2050 haya aumentado ya alrededor de un metro. Al ritmo actual de emisiones, el IPCC prevé alrededor de dos metros a finales de siglo, si bien algunos autores sospechan que serán cinco. Esto inundará el delta del Ebro y otros ecosistemas acuáticos mediterráneos, salinizará las aguas freáticas cercanas a la costa y reducirá considerablemente la superficie de las playas, con lo que muchas de ellas quedarán condenadas a la desaparición como consecuencia de temporales marinos cada vez más violentos. De hecho, el crecimiento del nivel del mar no se detendrá durante siglos: registros paleoclimáticos muestran que el nivel del mar en equilibrio que corresponde a un planeta a + 2 °C es unos 15 metros más elevado que el actual, y lo más probable es que nos estemos dirigiendo hacia un planeta sin hielo, con un nivel del mar 72 metros más alto, pero que tardaría algunos milenios en completarse. Sea como fuere, este crecimiento no se producirá de forma siempre regular y poco perceptible.

Todo esto comportará consecuencias personales y sociales de gran importancia. El nuevo clima favorecerá la aparición de enfermedades transmitidas por insectos hasta ahora tropicales, como la malaria, el dengue o el Zika, si no el Ébola. Gran parte del turismo de playa desaparecerá: además de haber menos playas, el exceso de calor las hará menos atractivas, y nos daremos cuenta de que los baños no refrescarán, como ha pasado ya el verano de 2022. Las propiedades en primera línea de mar comienzan ya a dejar de ser aseguradas por el sistema financiero (Aronoff, 2023).

tempestad de nieve en Nueva York

Un operario limpia las vías en Queens (Nueva York), después de una tormenta de nieve en 2022. / Marc A. Hermann / MTA

Las infraestructuras públicas e industriales, no pensadas para climas tan extremos, se deteriorarán más rápido. La actividad económica se reducirá y cada vez será más difícil la provisión de servicios a la población. Después de un tiempo de restaurar los daños en un intento de adaptación maladaptativa, esa pretensión será abandonada. Además, se deberán asumir las fuertes oleadas de inmigración del sur que buscarán refugio en el norte cuando se den cuenta de que les resulta imposible cultivar alimentos, así como importarlos.

Sin embargo, la mayor afectación del cambio climático será en términos de seguridad alimentaria. La alimentación es el aspecto más agudo del cambio climático. A nivel global está previsto que, en 2050, la escasez de agua llegue al 80 % de las tierras actuales de cultivo. Las sequías serán extremadamente duras y afectarán sobre todo al arco definido entre la península ibérica y Pakistán, que constituyen actualmente el grueso de los graneros del mundo. En el oeste de Estados Unidos, el principal productor, no han conocido una sequía como la actual en los últimos 1.200 años, y las oleadas de calor extremo en India e Indonesia están reduciendo muy considerablemente el rendimiento de los monocultivos.

Los efectos no lineales –hasta ahora no tenidos en cuenta– llevan a estimar que, de no cambiarse la ubicación de los cultivos, las reducciones de trigo y soja se producirán en un porcentaje de dos tercios. A finales de siglo, las temperaturas medias en todas las zonas agrícolas del mundo serán superiores a las más altas hasta ahora registradas, con afectaciones tanto en la agricultura como en la ganadería: el trabajo en el exterior no será soportable. De manera general se estima que, por encima de + 2 °C, alrededor de un tercio de la producción alimentaria mundial quedará fuera del llamado espacio alimenticio seguro, aquel que permite tanto la supervivencia del cultivo como la de los animales de ganadería y los humanos (Kummu et al., 2021). En cualquier caso, las posibilidades de adaptación de la agricultura resultan ser bastante más escasas que las que hasta ahora se pensaba (Carleton y Hsiang, 2016).

El papel de la universidad

El sistema climático, y por lo general el sistema Tierra, se encuentra en estado de extralimitación (overshoot), tanto en términos de huella ecológica como de concentración de CO2 en la atmósfera, situación que conduce inexorablemente a una corrección sistémica. Los propios científicos se manifiestan incapaces de imaginar el «terrible futuro» que nos espera (Bradshaw et al., 2021). Más aún teniendo en cuenta que la crisis energética, que ya está mermando la energía limpia a disposición de la sociedad, reducirá las posibilidades de adaptación. Y aún más dándonos cuenta de que muchas de las filosofías, cosmovisiones e ideologías, del presente y del pasado, pierden su dominio de aplicación en el nuevo entorno, y hay que encontrar nuevas.

incendios

En el marco del cambio climático, han aparecido los incendios de sexta generación, que avanzan a gran velocidad y son imposibles de extinguir. En la imagen, operaciones de extinción durante el incendio de Pine Gulch, en Colorado (EE. UU.), en agosto de 2020. / Kyle Miller / Wyoming Hotshots / USFS

A diferencia de la crisis energética, capaz por sí misma de provocar una gran mortandad, el cambio climático y la crisis ecológica tienen el potencial de hacer desaparecer a la especie humana. La sexta gran extinción está ya viva y comprobada (Ceballos et al., 2020), y no hay ningún motivo para pensar que los humanos nos lo ahorraremos. El exencionalismo humano, tan propio de diversas ciencias sociales, es un carcinoma cerebral que nos ha bebido el entendimiento desde hace más de un siglo.

Ante este panorama debemos reflexionar sobre la utilidad de muchos estudios universitarios y profesiones estándar, que ya no tendrán ningún sentido cuando sus practicantes quieran ejercerlas. ¿No sería mejor que estas competencias vayan siendo orientadas desde ahora mismo en busca de estrategias de cara a procurar la máxima supervivencia posible en entornos siempre cambiantes en el marco de sociedades espiritualmente enriquecedoras?

Referencias

Armstrong Mckay, D. I., Staal, A., Abrams, J. F., Winkemann, R., Sakschewski, B., Loriani, S., Fetzer, I., Cornell, S. E., Rockström, J., & Lenton, T. M. (2022). Exceeding 1.5 °C global warming could trigger multiple climate tipping points. Science, 377(6611), eabn7950. https://doi.org/10.1126/science.abn7950

Aronoff, K. (2023, 6 de junio). Climate risks are making California uninsurable. When will we wake up? The Guardian. https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/jun/06/climate-risks-are-making-california-uninsurable-when-will-we-wake-up

Bradshaw, C. J. A., Ehrlich, P. R., Beattie, A., Ceballos, G., Crist, E., Diamond, J., Dirzo, R., Ehrlich, A. H., Harte, J., Harte, M. E., Pyke, G., Raven, P. H., Ripple, W. J., Saltré, F., Turnbull, C., Wackernagel, M., & Blumstein, D. T. (2021). Underestimating the challenges of avoiding a ghastly future. Frontiers in Conservation Science, 1, 615419. https://doi.org/10.3389/fcosc.2020.615419

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Ceballos, G., Ehrlich, P. R., & Raven, P. H. (2020). Vertebrates on the brink as indicators of biological annihilation and the sixth mass extinction. Proceedings of the National Academy of Sciences, 117(24), 13596–13602. https://doi.org/10.1073/pnas.1922686117

Garcés, M. (2017). Nueva ilustración radical. Anagrama.

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Kemp, L., Xu, C., Depledge, J., Ebi, K. L., Gibbins, G., Kohler, T. A., Rockström, J., Scheffer, M., Schellnhuber, H. J., Steffen, W., & Lenton, T. M. (2022). Climate endgame: Exploring catastrophic climate change scenarios. Proceedings of the National Academy of Science, 119(34), e2108146119. https://doi.org/10.1073/pnas.2108146119

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© Mètode 2023 - 118. Parientes primates - Volumen 3 (2023)
Investigador independiente. Ingeniero superior de Telecomunicación y periodista científico (Barcelona).