«Lab lit»

Los científicos de ficción suelen ser de dos clases. Está el megalomaníaco de ojos abiertos como platos y está el inadaptado social que tropieza con los cordones de los zapatos. No suele pasar que los personajes científicos sean de carne y hueso, y que su trabajo sea representado con verosimilitud. Seguramente eso es porque no hay muchos científicos que escriban novelas. Médicos, abogados y escritores escriben sobre ellos mismos con regularidad, en novelas de calidad, pero no hay muchos investigadores que hayan triunfado en esta tarea.

La solución es cubrir esta falta con los propios recursos. La aparición de novelas sobre ciencia no ha dejado de aumentar desde los años ochenta del siglo pasado. El año 2001 Jennifer Rohn llamó a este género lab lit, jugando con el doble sentido de lit como literatura y como iluminado (www.lablit.com). No es ciencia ficción, sino ciencia-en-la-ficción, ficción que pone el foco sobre las historias que pasan allá donde se hace ciencia.

Aquí tenemos ejemplos ilustres de este género, desde el Virus de la glòria de Marià Alemany o El gen escarlata de Pere Puigdoménech, hasta el más reciente Codi genètic de Amàlia Lafuente. La medida del éxito del género será que alguna de estas novelas llegue al público lector general. Hasta ahora no podemos decir que eso haya pasado en nuestro país. A nivel global está Ian McEwan, que ha introducido en sus novelas Sábado y Solar argumentos y personajes científicos y ha tenido buena aceptación.

Uno de los primeros ejemplos de lab lit que conozco –y uno de los mejores libros que he leído nunca– es una novela coral que tiene como personaje central a un físico que trabaja en el programa nuclear de los soviéticos mientras a su alrededor se desarrolla la Segunda Guerra Mundial. Viktor Shtrum es un científico ficticio absolutamente creíble, y las peripecias que le pasan dentro y fuera del laboratorio son el eje de Vida y destino, de Vassili Grossman. Grossman era químico y escribió esta obra maestra a final de los cincuenta a partir de material recogido mientras hizo de corresponsal de guerra. Vida y destino muestra que una buena novela puede incorporar argumentos científicos y ser un éxito de ventas.

Si han de tener una mínima verosimilitud, este tipo de novelas solo las pueden escribir los científicos –ya sabemos qué pasa cuando alguien que no sabe cómo es un laboratorio introduce a un científico en su obra de ficción–. La ciencia es difícil de dominar, pero la literatura tampoco es llegar y besar el santo. Hay muchas historias por explicar y no las explicará nadie que no domine ambos idiomas. Como en tantas otras cosas, si queremos ir bien servidos tendremos que aprender a hacernos la cama.

BIBLIOGRAFÍA
Alemany, M., 1999. El virus de la glòria. La Campana. Barcelona.
Grossman, V., 2008. Vida i destí. Galaxia Gutenberg. Barcelona.
Lafuente, A., 2010. Codi genètic. Proa. Barcelona.
McEwan, I., 2005. Dissabte. Empúries. Barcelona.
Puigdomènech, P., 2000. El gen escarlata. Rubes. Barcelona.

Jesús Purroy. Director de investigación e innovación. Parque Científico de Barcelona.
© Mètode 67, Otoño 2010.

  «El género lab lit no es ciencia ficción, sino ciencia-en-la-ficción, ficción que pone el foco sobre las historias que pasan allá donde se hace ciencia»
© Mètode 2011 - 67. Naturaleza humana - Número 67. Otoño 2010

Biólogo y escritor (Barcelona)