«Por qué creemos en cosas raras», de Michael Shermer

119-69

Muchos lectores, especialmente los de cierta edad, recordarán un popular programa de televisión que, allá por el año 1975, divulgó las proezas de un joven Uri Geller que doblaba cucharillas, arre-glaba relojes y era capaz de leer la mente (no la suya, sino la de otros). Una patraña, obviamente. Y sin embargo, a día de hoy, mucha gente sigue firmemente convencida de que Geller podría, equipado únicamente con sus poderes mentales, destrozarle la cubertería a cualquiera. ¿Y qué me dicen de la creencia (muy extendida si hacemos caso a algunos periodistas) de que un pulpo sea capaz de predecir los resul-tados de una competición de-portiva? 

Por qué creemos en cosas raras intenta desvelar los motivos por los que la gente cree en estas y otras muchas cosas extrañas, como la astrología, los fantasmas, la percepción extrasensorial, los extraterrestres, la telequinesia o la criónica. Las credenciales del autor son inequívocas. Michael Shermer es especialista en historia de la ciencia, columnista de Scientific American, fundador de la revista Skeptic, y director ejecutivo de la Skeptics Society, una sociedad dedicada a «promocionar la ciencia y el pensamiento crítico». No sorprende, por tanto, que la primera parte del libro sea un auténtico manifiesto del escéptico. En ella Shermer defiende el pensamiento racional y el método científico como antídotos frente a todo tipo de supersticiones y falsas creencias, expone con claridad las diferencias entre ciencia y pseudociencia, y enumera hasta 25 falacias muy extendidas que pueden llevar a cualquiera a creer en cosas extrañas. El resto del libro contiene una colección heterogénea de capítulos que abordan temas como las abducciones por extraterrestres, las experiencias cercanas a la muerte, los rituales satánicos, y lo que Shermer denomina «epidemias de acusaciones». Estas últimas pueden desencadenar procesos muy similares a las cazas de brujas medievales. Un ejemplo es el denominado «movimiento de recuperación de la memoria» que intenta, por medio de la hipnosis, acceder a recuerdos de supuestos abusos sexuales sufridos durante la niñez y presuntamente reprimidos y olvidados. Shermer dedica tres capítulos a la controversia entre creacionismo y evolución y a los escarceos entre biólogos evolucionistas y partidarios del diseño inteligente en la corte suprema de los EUA. El libro se ocupa también de la pseudohistoria y del revisionismo histórico ilegítimo, dedicando dos capítulos a analizar el negacionismo del Holocausto. 

Un tema recurrente a lo largo del libro es el de que la creencia en cosas extrañas no es patrimonio exclusivo de los ignorantes; mucha gente inteligente también cree en cosas extrañas. Shermer menciona el caso de Frank Tipler, un reputado matemático y cosmólogo de la Universidad de Tulane (EEUU). En 1994, Tipler publicó un libro titulado La física de la inmortalidad: Cosmología moderna, Dios y la resurrección de los muertos. En su libro Tipler «demuestra» matemáticamente que Dios existe, que existe el más allá, y que en un futuro lejano todos resucitaremos gracias a un superordenador con una memoria suficientemente potente como para recrear una realidad virtual indistinguible de la no virtual. El motivo por el que personas inteligentes como Tipler pueden mantener creencias tan extrañas es, según Shermer, que las personas inteligentes son muy hábiles defendiendo creencias a las que llegaron por medios no racionales. A ello contribuyen sesgos cognitivos bien conocidos como el sesgo de confirmación, que es la tendencia a prestar atención preferente a las pruebas que apoyan o confirman nuestras creencias, al mismo tiempo que ignoramos o menospreciamos las pruebas contrarias a dichas creencias. Shermer relata como en cierta ocasión una mujer que asistía a un seminario sobre percepción extrasensorial le espetó: «¿Cómo explica Vd. que, justo cuando iba a llamar a mi amiga, sonase el teléfono y fuese precisamente ella la que se encontraba en ese momento al otro lado de la línea? ¿No es este un buen ejemplo de comunicación psíquica?» Shermer contestó explicando que se trataba de una mera coincidencia y animando a la mujer a reflexionar sobre las docenas de veces en que el teléfono no había sonado cuando ella se disponía a llamar a su amiga. La mujer reconoció que su memoria de los acontecimientos era claramente selectiva, pero añadió: «Esto solo demuestra que los poderes psíquicos unas veces funcionan y otras no».

El libro, publicado en 2007 en edición revisada y ampliada en inglés, recibió el premio Prisma al mejor libro de divulgación científica editado en España en 2008. En el lado negativo, el tratamiento que da Shermer a los distintos temas es muy desigual y pone de manifiesto lo que parecen ser algunas obsesiones personales del autor (como el movimiento objetivista de los seguidores de Ayn Rand, que confieso desconocía totalmente antes de leer el libro). El estilo es a veces farragoso y algunas secciones del libro resultan repetitivas. No obstante, es un libro interesante al que vale la pena dedicar unos días de lectura. Por cierto, un amigo me comentaba hace poco que Uri Geller ha conseguido amasar una importante fortuna trabajando como «geólogo psíquico» para varias compañías petrolíferas.

Enrique Font. Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (UV).
© Mètode 69, Primavera 2011.

 

119-69Por qué creemos en cosas raras. Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo
Michael Shermer
Traducció d’Amado Diéguez. Alba. Barcelona, 2008. 520 pàgines.

 

 

«Shermer defiende en este libro el pensamiento racional y el método científico como antídotos frente a todo tipo de supersticiones y falsas creencias»

© Mètode 2011 - 69. Afinidades electivas - Número 69. Primavera 2011

Laboratorio de Etología, Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva. Universitat de València (Espanya).