Génova, Barcelona y Valencia en las cartas portulanas de los siglos XIV y XV

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© Germanische Nationalmuseum. Nürnberg. La. 4017

Carta portulana realizada por Pere Rossell (1464), adscrita a la corriente pictórica hispanoflamenca.

Genoa, Barcelona and Valencia in the portolan charts of the 14th and 15th centuries
Several portolan charts dating from the 14th and 15th centuries, considered as works of art, contain pictorial representations of cities. In this article the author look at the cases of Genoa, Barcelona and Valencia. The Italian city stands out as the cradle of portolan cartography. These small images are a synthesis of the mediaeval city, with the architecture reduced to a minimum of expression.

Las cartas portulanas decoradas de época medieval han llamado desde hace tiempo la atención de los geógrafos e historiadores, pero no han sido muy estudiadas desde el punto de vista artístico. Es una carencia llamativa, porque estas obras pictóricas cartográficas tienen un valor eminentemente ornamental. Las cartas portulanas de lujo eran un bien codiciado, digno de ser obsequio de reyes y príncipes. La pintura cartográfica constituyó un mundo artístico propio no subsidiario, pero influido por las corrientes estilísticas que se sucedieron en la época. Hasta finales del siglo XIV son de estilo gótico italianizante o directamente italiano. Entre 1400 y 1450 identificamos el gótico internacional, por ejemplo, en la Carta de Florencia o en las de Gabriel de Vallseca. Después, en la segunda mitad del siglo XV, llegó el gótico hispanoflamenco en las cartas de Pere Rossell y Jaume Bertran.

La cartografía fue estableciendo desde muy antiguo un sistema codificado de símbolos o dibujos arquitectónicos esquemáticos que situaban las ciudades. Las dimensiones de la viñeta indicaban si se trataba de una villa, una ciudad o una capital. Otro elemento jerárquico de los lugares de poblamiento urbano era el número de torres: una, dos, tres… La importancia de la ciudad se establece teniendo en cuenta el comercio, el número de habitantes, el poder político y el prestigio.

Estas viñetas, de carácter representativo y decorativo, alcanzarán en algunas cartas portulanas del siglo XIV y, sobre todo del XV, una dimensión artística. En las cartas cuatrocentistas las ciudades mostrarán más detalles emblemáticos, alguno de los cuales servirá para identificarlas de una vez, excluyendo al resto. Es el caso de la Lanterna de Génova o el Montjuic de Barcelona. Estas marcas iconográficas permitían que personas iletradas, sin saber leer los rótulos, pudieran identificar la ciudad. El nombre escrito en rojo de las ciudades costeras señalaba su importancia portuaria y llamaba la atención entre el resto de topónimos vecinos en negro. Los colores tenían también, pues, una función categórica y de prelación. La intención era proporcionar una información útil para la navegación y el comercio, con un reclamo visual. Este recurso cromático provenía de la tradición de los manuscritos, en los que, a menudo, se escribían en rojo los títulos o palabras remarcables: la práctica aludida era la «rúbrica» (de rubrus, “rojo”). Este color, caliente, en contraposición al negro, frío, pasaba a primer término el topónimo que se quería remarcar.

Las banderas también ayudaban a identificar las ciudades reforzando una primera identificación de situación geográfica. Así, localizamos Venecia primero porque se encuentra al norte de la Península Itálica a orillas del mar Adriático y, después, porque ondea la bandera con el león de San Marcos. Identificada la ciudad, en su caso, podemos confirmar la percepción con algunos detalles arquitectónicos del paisaje urbano.

Las ciudades siempre han tenido una fachada oficial, reproducida insistentemente en pinturas, dibujos, grabados, relieves… Solía ser la vista más monumental. En el caso de las cartas portulanas esta vista tópica se hacía coincidir con la fachada portuaria. El carácter marítimo de la cartografía demandaba que los pintores mostraran las ciudades tal como las veían los marineros arribando al puerto. A veces, sin embargo, como veremos en el caso de la ciudad de Valencia, se forzaba la perspectiva porque la fachada tópica no coincidía con la marítima.

Génova, la cuna de la cartografía portulana

La ciudad representada más a menudo pictóricamente en las cartas portulanas es Génova. Su puerto era y es la puerta marítima de la Península Itálica. Incluso en la actualidad es el puerto más importante del Mediterráneo, después de Marsella. Génova o Genua, capital de Liguria, situada en un lugar privilegiado, entre el llano y las sierras prelitorales, constituyó una república nobiliaria marítima durante la Edad Media. Además fue la cuna de la cartografía portulana.

 

«La cartografía fue estableciendo desde muy pronto un sistema codificado de símbolos o dibujos arquitectónicos esquemáticos que situaban las ciudades. Las dimensiones indicaban si se trataba de una villa, una ciudad o una capital»

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1. Representación de Gé̀nova en el atlas de Francesco Pizigano de 1373.
2. Gé̀nova, F. Beccari, 1403.
3. Gé̀nova, B. Beccari, 1435.
4. Gé̀nova, G. Vallseca, 1449.
5. Gé̀nova, P. Rossell, 1449.
6. Gé̀nova, P. Rossell, 1465.
7. Gé̀nova, J. Bertran, 1456.
8. Gé̀nova, J. Bertran, 1489.

 «El puerto de Génoca era y es el más importante del Mediterráneo, después del de Marsella»

La ciudad utiliza la bandera de Sant Jordi: cruz roja sobre fondo blanco, similar a la mixta de la ciudad de Barcelona con las cuatro barras. El edificio que identificaba la ciudad y que desde época medieval se convirtió en el símbolo arquitectónico fue el faro de la entrada del puerto, llamado popularmente la Lanterna. Estaba situado en el muelle de poniente, muy cerca de la horca de los ajusticiados. El faro de Génova era uno de los más antiguos del Mediterráneo, como los de Alejandría y Palermo. Esta torre anunciaba la llegada a los navegantes y era también al mismo tiempo una torre avanzada de vigía que permitía vigilar cualquier peligro militar que llegase por mar. La Lanterna era visible desde muchos lugares de la ciudad. La torre sufrió varias transformaciones hasta que alcanzó el aspecto actual. Sobre la base, más antigua, se añadió un cuerpo superior, más esbelto. Las señales que indicaban la presencia de embarcaciones se hacían con banderas de día y con fuegos por la noche. En el siglo xiv el sistema se sustituyó por una lámpara de aceite que señalaba a los navegantes la boca del puerto. De aquella época se conserva un libro de administración portuaria que recoge los gastos de la iluminación y el nombre de los guardianes del faro. En la cubierta aparece un dibujo del año 1371 que muestra la torre y el puerto. Se aprecia muy bien en el segundo piso el palo que utilizaba el sistema de señales de esferas metálicas y una linterna de aceite sobre las almenas. En el tercer piso vemos la vela para indicar la dirección y la fuerza del viento y un ave que quizá nos informa de un sistema de mensajería con palomas. Nos encontramos, pues, ante una verdadera torre de comunicaciones de la época. La Lanterna es reproducida en las cartas portulanas en compañía de otra torre más pequeña al otro lado del puerto, en el muelle viejo. Las linternas pintadas por Bertran y Rossell, en la segunda mitad del siglo XV, tienen en la cima una veleta en forma de pez. En la dársena se ven los barcos resguardados, que eran asegurados con cadenas.

Génova era una ciudad de edificios abigarrados y calles estrechas, con muchos caserones con torre, cuya altura máxima estaba regulada en la edad media: 80 palmos. La escasez de solares dentro de las murallas provocó que se edificase a cuatro o cinco alturas, tanto las viviendas como los palacios. El resultado fue una ciudad de calles oscuras en muchos sitios. Justo enmedio de la ciudad encontramos el palacio de la Señoría, donde vivía il Doge. La catedral, dedicada a san Lorenzo, con las tres puertas, es con la Lanterna y el otro faro secundario, el elemento determinante que constituye la ciudad en la representación que hace de ella Pizigano. Un rasgo común en las cartas portulanas es la presencia de una torre alta que preside la ciudad, sobre la cual ondea la bandera. Esta torre representa il Castelletto. Otro edificio importante en el centro de la ciudad era el palacio de San Giorgio.

Barcelona y la montaña de Montjuic

Los elementos definidores de la ciudad de Barcelona en las cartas portuláneas son la señera de la ciudad con la cruz de Sant Jordi y, sobre todo, la montaña y la torre de señales de Montjuic. Esta montaña, donde estaba el cementerio de los hebreos, era el primer accidente orográfico que se divisaba por mar al acercarse una nave al puerto. El hecho de que algunos cartógrafos medievales fueran de origen judío pudo contribuir, desde el sentimiento afectivo, a establecer este elemento geográfico como un rasgo definidor de la ciudad. Pero recordemos que está al lado del puerto y que era insoslayable en cualquier representación marítima de Barcelona. El edificio que los marineros identificaban con Montjuic era la torre de señales del puerto, con el sistema de esferas metálicas y banderas que informaba de la llegada y salida de los barcos. La primera representación cartográfica de la torre de Montjuic la encontramos en la obra de Vallseca, posiblemente barcelonés, de 1449. Podemos ver en ella torres portuarias con un sistema similar al de otras representaciones cartográficas, como por ejemplo, las cartas portulanas de Oliva (1582, 1592). El sistema de señales, más o menos evolucionadas y generalizadas, sobrevivió en muchos puertos europeos hasta comienzo del siglo XX. En la ciudad de Valencia aún funcionaba a finales del siglo XIX en la torre de la catedral para informar sobre el movimiento y la procedencia de barcos. Por lo que respecta a la ciudad condal, sólo identificamos en algunos casos la catedral con la torre (Bertran, 1456 y 1489) y quizá los astilleros (Bertran, 1489).

  
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De izquierda a derecha, Barcelona, G. Vallseca, 1449; Barcelona, J. Bertran, 1456; Barcelona, J. Bertran, 1489.

 «En Barcelona el edificio que los marineros identificaron con Montjuic era la torre de señales del puerto»

Valencia, la representación impersonal

La ciudad de Valencia durante la Edad Media no tenía un puerto, sino un grao con un precario cargador o puente de madera a mar abierto, al lado de la Villa Nueva. La ciudad estaba a una respetuosa distancia y aquel barrio constituyó un arrabal marítimo, aunque algunas calles de la ciudad desarrollaban actividades relacionadas con el mar.

La muralla de Valencia que miraba a levante no era la más monumental. La fachada representativa de la ciudad era la septentrional, con la puerta de Serranos y el camino de Barcelona. La primera representación que conocemos es el escudo de la ciudad que se utilizaba antes de que se utilizaran las armas reales, y el grabado de la crónica de Beuter, con el río y los puentes.

Las cartas portulanas que representan la ciudad de Valencia no proporcionan una vista personalizada de la ciudad, con algún carácter singular que pueda identificarla, salvo la señera. Unas veces ondea la señera real y otras la municipal con franja azul. Por lo que parece, en el siglo xiv utilizaban la señera real y en el XV se consolida el añadido de la corona sobre azur por privilegio real concedido a la ciudad. Sin embargo hay cierta indefinición y tanto encontramos una señera como la otra.

  
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De izquierda a derecha, Valencia, autor catalán desconocido, 1ª mitad s. xv; Valencia, March?, 1487; Valencia, J. Bertran, 1489.

 «El único elemento que se repite en las viñetas de Valencia es una torre indefinida que podría evocar al Miguelete, la torre de la catedral»

Sólo la carta portulana de Viladesters (1413) podría parecer que reproduce las torres de Serranos, sin embargo, al dar una ojeada al resto de ciudades vemos que se trata de un diseño estándar. Esta carta, a la derecha de la viñeta de Valencia, tiene un dibujo oxidado que recuerda al escudo municipal de Valencia, coronado por el murciélago.

El único elemento que aparece con frecuencia en las viñetas de Valencia es una torre indefinida que podría evocar el Miguelete, la torre de la catedral, un auténtico hito urbano. Tendremos que esperar hasta el año 1571 para encontrar una torre del Miguelete claramente definida, en una carta portulana de Olivas, con un templete en lo alto que protegía la campana horaria. Quizá sólo Bertran se aproxima un poco a sugerir la torre y el cimborrio de la catedral en 1489.

La cartografía portulana medieval sitúa cerca del Mediterráneo otras ciudades representadas con entidad arquitectónica, como por ejemplo Venecia o Tremecén. Las pequeñas vistas urbanas son una síntesis de la ciudad medieval, conformada por torres, murallas, puertas y ventanas, tejados… y el puerto en primer término. Las arquitecturas imaginarias y simplificadas, reducidas a la mínima expresión, tienen sin embargo el poder de sugerir más de lo que vemos. Con los colores vivos y el dibujo sumario se adivina la urdimbre urbana y se señala el prestigio en un inventario que no deja de ser un conjunto codificado de pequeñas obras de arte.

BIBLIOGRAFÍA
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© Mètode, Anuario 2008.

  
© Mètode 2011 - 53. Cartografía - Contenido disponible solo en versión digital. Primavera 2007

Biblioteca Gregori Maians. Universitat de València.