La pintura que desató el grafiti

Aiser

La comercialización masiva de los primeros espráis de pintura coincide en el tiempo con el surgimiento del grafiti contemporáneo. En 1970, Cornbread había llenado Filadelfia con su nombre. A su vez, Taki 183 había hecho lo mismo en Nueva York. Gracias al metro, en poco tiempo su firma estaba por todo Manhattan. The New York Times publicó un reportaje sobre Taki 183 que lo elevó a categoría de icono. Fue imitado por cientos de jóvenes en todo el mundo. El grafiti se convertiría en el fenómeno que hoy conocemos.

Además de la pulsión artística y vandálica que llevó a aquellos jóvenes a pintar el entorno urbano, fue determinante la reciente tecnología del aerosol, la ciencia de la pintura acrílica y los pintores muralistas que les precedieron.

El desarrollo de la pintura acrílica a principios del siglo xx, inicialmente concebida para usos prácticos y de marcado carácter industrial, se inmiscuyó en el mundo del arte. En los años veinte, un grupo de pintores mexicanos, en especial Orozco, Siqueiros y Rivera, querían pintar grandes murales para edificios públicos. Necesitaban una pintura que permaneciera estable a la intemperie y secase rápidamente. Esto era imposible por medio de técnicas ya conocidas como el óleo o el fresco. Lo que necesitaban existía desde hacía unos años, pero hasta entonces nunca se había empleado como vehículo para pigmentos: los polímeros acrílicos.

Los polímeros acrílicos están formados por unidades de ácido acrílico. Lo que coloquialmente llamamos pintura acrílica se trata de una emulsión de polímero acrílico y agua en la que están contenidos los pigmentos, las sustancias responsables del color. El óleo tarda días en secar, es un secado lento que sucede por oxidación. Sin embargo, la pintura acrílica se seca en cuestión de minutos. Lo que ocurre es que el agua que contiene se evapora y una vez que esto sucede ya no tiene lugar ningún otro cambio, ni físico ni químico. Esto significa que el artista puede repintar y aplicar, en el mismo día, tantas capas de pintura como desee.

«Para el surgimiento del grafiti contemporáneo fue determinante la reciente tecnología del aerosol, la ciencia de la pintura acrílica y los pintores muralistas que les precedieron»

El siguiente gran invento para pintar exteriores no tardaría mucho en llegar. En 1929, el ingeniero químico noruego Erik Rotheim inventó el aerosol. Al principio los aerosoles se utilizaban como insecticidas. No fue hasta los años cincuenta que a los fabricantes de aerosoles se les ocurrió inventar el espray de pintura, principalmente para pintar electrodomésticos de forma sencilla y con un acabado profesional.

Los espráis de pintura están formados por dos fases: pintura acrílica y propelente. La pintura acrílica lleva disolventes que garantizan el secado inmediato y la fluidez. El propelente suele ser un hidrocarburo que dentro del aerosol se encuentra a presión en estado líquido. Por eso hay que agitar el espray antes de pintar y, cuando lo hacemos, escuchamos una bola golpear las paredes del recipiente para que las dos fases se mezclen. Una vez presionamos la boquilla, sale una mezcla de pintura y propelente. El propelente se evapora instantáneamente y la pintura es la que se fija sobre la superficie.

Las marcas de espráis que primero empezaron a utilizarse en grafiti fueron, sobre todo, Krylon y Felton. Los colores y los acabados eran muy limitados. En vista de la creciente demanda, en los noventa se fundó la empresa española líder en productos para grafiti: Montana Colors.

El grafiti no ha dejado de evolucionar. Su historia puede escribirse desde el prisma de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, la historia del grafiti es, ante todo, historia del arte.

© Mètode 2018 - 96. Narrar la salud - Hivern 2017/18

Licenciada en Química, divulgadora científica y especialista en arte contemporáneo, La Coruña.