Ideología

Dime qué ciencia distorsionas y te diré qué votas

Dice el mito que la ciencia no tiene ideología. Quizá la ciencia no, pero los científicos bien seguro que sí. Y los legos aún más, con la ventaja de que no tienen que sufrir por la exactitud de lo que dicen. Todo el mundo tiene derecho a elegir una opinión, pero no a elegir los hechos. Esta frase, atribuida a varias personas del siglo pasado, resume el caso.

James Watson explica la decepción que tuvo cuando su maestro Salvador Luria (responsable de la letra L del caldo LB para cultivar bacterias) le dijo que la política era más importante que la ciencia. El motivo de la disputa era la pasividad de Luria, que no hizo nada para evitar que en los años setenta algunos grupos de presión forzasen la prohibición de la investigación en ADN recombinante en el MIT, donde era profesor, a pesar de que esta prohibición se basaba en afirmaciones científicas erróneas.

El patrón se repite. Pueden ser negacionistas del cambio climático, antivacunas, teóricos de la conspiración sobre sida o activistas antitransgénicos: en todos los casos, los escritos científicos que les dan apoyo han pasado por el filtro de la ideología y, siguiendo el ejemplo de Luria, la hacen pasar por delante de la evidencia.

Cualquier ideología ha encontrado apoyo científico, aunque sea a base de distorsionar la evidencia. El racismo, el darwinismo social y el igualitarismo, por citar algunos. Un documento que muestra crudamente el impacto de la ciencia al servicio de la ideología es la historia de Lysenko que escribió Zhores Medvedev. Allí se explica cómo la combinación de mala ciencia e ideología devastó la agricultura de la Unión Soviética durante décadas.

Todo tipo de materiales que nos llegan, tanto en la prensa general como en publicaciones de organizaciones, pone la ciencia al servicio de la ideología. Con una predictibilidad monótona, la gente de izquierdas tiende a distorsionar la biotecnología –los transgénicos–, y la gente de derechas tiende a distorsionar el impacto de los humanos en el cambio climático. Las referencias que hacen a la ciencia siempre eligen, manipulan y omiten para que el argumento se ajuste a la ideología.

La oposición de Greenpeace al arroz dorado es quizá el caso más escandaloso de cómo subordinar la ciencia a la ideología tiene un impacto inmediato sobre la salud de las personas. La literatura de Greenpeace sobre el arroz dorado es ideológica, por mucho que se vista con lenguaje científico, y está saboteando un producto indiscutiblemente humanitario.

Cuando la ciencia queda subordinada a la ideología lo que resulta es mala política y mala ciencia.

REFERENCIAS

Medvedev, Z. A. (1969). The rise and fall of T. D. Lysenko. Nueva York: Columbia University Press.

Mulet, J. M. Greenpeace y el arroz dorado: Historia de una infamia. Consultado el 2 de mayo, 2015, en http://jmmulet.naukas.com/2014/06/09/greenpeace-y-el-arroz-dorado-historia-de-una-infamia/

Watson, J. D. (2001). A passion for DNA. Cold Spring Harbor: Cold Spring Harbor Laboratory Press.

© Mètode 2016 - 90. Interferencias - Verano 2016

Biólogo y escritor (Barcelona)