«Los amamos, los odiamos y… los comemos», de Hal Herzog

El gato en casa y la vaca en el plato

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Los amamos, los odiamos y… los comemos. Esa relación tan especial con los animales / Hal Herzog, Traducción de Fina Marfà. / Kairós. Barcelona, 2012. / 456 páginas.

¿Es cierto que la compañía de una mascota puede mejorar nuestra salud y calidad de vida? ¿Por qué un perro es un miembro más de la familia en Valencia, un paria en Kenia y comida en Corea del Sur? ¿Son distintas las actitudes de hombres y mujeres con respecto a los animales?¿Es realmente útil la experimentación con animales?

Bienvenido a la antrozoología, la disciplina que estudia las siempre complicadas relaciones entre el hombre y otros animales. Hal Herzog es uno de los pioneros de esta moderna disciplina y desarrolla su actividad profesional en el Departamento de Psicología de la Western Carolina University (EE UU). Su libro, traducido ya a siete idiomas, expone la inconsistencia y la hipocresía de nuestras actitudes con los animales, a menudo basadas en prejuicios, en la ignorancia, o en la voluntad deliberada de no saber (¿Cuántos estarían dispuestos a seguir el rastro –desde la vaca hasta el plato– de ese filete que están a punto de ingerir?). A poco que escarbemos, afirma Herzog, inmediatamente afloran las contradicciones y la doble moral en el tratamiento que dispensamos a los animales dependiendo, por ejemplo, de que los consideremos mascotas (el gato en casa) o comida (la vaca en el plato).

Fijémonos en los ratones. En los animalarios de muchas universidades y centros de investigación hay millones de ratones que son utilizados para la investigación biomédica. Estos ratones son atendidos por personal especializado y gozan de todo tipo de atenciones, cuidados veterinarios incluidos. Los protocolos experimentales a que son sometidos deben contar con la aprobación de un comité de ética que vela por que el dolor y el sufrimiento que experimenten sean los mínimos estrictamente necesarios para obtener resultados fiables. Son los ratones buenos que pierden la vida en aras de la ciencia. Pero en los animalarios también hay ratones malos. Son los ratones que no están encerrados en jaulas y campan a sus anchas. Estos ratones son considerados una plaga: son perseguidos y eliminados sin ningún miramiento, incluso utilizando métodos extremadamente crueles como las trampas adhesivas. Lo paradójico es que muchos de los ratones malos son en realidad ratones buenos que han escapado de sus jaulas. Pero una vez tocan el suelo, el estatus moral de que gozaban como ratones buenos se desvanece y se convierten en proscritos que hay que eliminar a toda costa.

«Bienvenido a la antrozoología, la disciplina que estudia las siempre complicadas relaciones entre el hombre y otros animales. Hal Herzog es uno de los pioneros de esta moderna disciplina»

Uno de los ejemplos favoritos de Herzog son las peleas de gallos. Los criadores de gallos de pelea tratan a sus pupilos con un cuidado y esmero exquisitos. Los mantienen en condiciones de semilibertad e incluso les proporcionan alimentos orgánicos y suplementos vitamínicos. Para ellos, los gallos son auténticos atletas que merecen la misma consideración que un caballo de carreras. Pero cuando cumplen dos años, los someten al cruel ritual de las peleas de gallos: les colocan espolones metálicos y los meten por parejas en un recinto circular en el que tienen que luchar hasta que uno de los dos contrincantes muere o resulta seriamente herido. Las peleas apenas duran unos minutos, pero en ese tiempo un gallo puede recibir una veintena de puñaladas, muchas de ellas de consecuencias fatales. Cuando un gallo muere en la pelea, su cuidador simplemente lo arroja a un barril que se va llenando de cadáveres conforme transcurre la velada. Sorprendentemente, los criadores de gallos no perciben ninguna disonancia entre el amor que confiesan sentir por sus animales y el macabro ritual al que los someten cada vez que se reúnen para practicar su deporte favorito.

Herzog intenta explicar algunos de los motivos por los que nos resulta difícil pensar racionalmente y con claridad acerca de los animales y del modo en que los tratamos. Desgraciadamente, en cuestiones de moralidad no podemos fiarnos ni de nuestra cabeza ni de nuestro corazón. ¿Preferirías ser un gallo de pelea o un pollo criado en un gallinero industrial? Estos últimos pasan toda su triste existencia encerrados en jaulas, en condiciones dantescas, padeciendo terribles dolores que les provoca su crecimiento acelerado, y sin ni siquiera ver la luz del sol. A las seis o siete semanas de vida son transportados al matadero, donde una máquina los suspende por las patas mientras reciben una descarga eléctrica que con suerte los dejará inconscientes y a continuación una cuchilla giratoria les rebana el pescuezo. Visto desde esta perspectiva, la vida de un gallo de pelea ya no nos parece tan terrible. En un mundo complejo no existen certezas absolutas y al final Herzog se ve obligado a reconocer que muchas de sus actitudes con los animales son, como las del resto de nosotros, inconsistentes: «No tendría reparos en sacrificar millones de ratones para erradicar el dengue. Pero, ¿para curar la alopecia o la disfunción eréctil? Hmmm… probablemente no.»

Los amamos… es un libro ameno, inteligente y bien documentado, que proporciona abundantes datos para el debate, y que sin duda hará reflexionar al lector sobre cuestiones que desgraciadamente no reciben la atención que merecen. Como dice el etólogo Marc Bekoff, nuestras actitudes con respecto a los animales dicen mucho acerca de nosotros mismos. Tomen buena nota los que defienden la barbarie toricida en nombre de la cultura.

© Mètode 2013 - 77. La línea roja - Primavera 2013

Laboratorio de Etología, Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva. Universitat de València (Espanya).