«Why Animals Matter», de Marian Stamp Dawkins

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¿Qué es la consciencia? ¿Existe en los animales algo similar a la consciencia humana? Dicho de otro modo, ¿qué tipo de experiencias subjetivas acompañan a la existencia de una hormiga? ¿De un perro? ¿De un chimpancé? La naturaleza de la consciencia y la posibilidad de que fenómenos similares a la consciencia humana estén presentes en otros organismos han sido objeto de un encendido debate que dura ya varios siglos. Por un lado están los que opinan que la consciencia es un fenómeno exclusivamente humano, posiblemente relacionado con el lenguaje. Para estos, las experiencias subjetivas de un perro o de un chimpancé serían como las de un ladrillo o las de un pepino, es decir, inexistentes. Por otro lado están aquellos que atribuyen algún tipo de consciencia a otros animales. Darwin fue el primero que planteó la posibilidad de que los animales pudieran poseer sentimientos y emociones similares a los nuestros, y proporcionó numerosos ejemplos de animales cuyo comportamiento sugiere algún tipo de consciencia. ¿Cómo puede un perro, por ejemplo, sentir vergüenza o culpa si no es consciente? Darwin argumentaba que, igual que existe una continuidad evolutiva entre el hombre y los animales en todo tipo de características morfológicas, fisiológicas y de comportamiento, no sería descabellado pensar que los animales poseyeran algo similar a la consciencia humana. Algunos sostienen que negar la consciencia animal equivale a rechazar la continuidad evolutiva por la que abogaba Darwin. Pero lo que dijo Darwin es que, dado que todos somos productos del mismo proceso evolutivo, deberíamos esperar encontrar semejanzas entre el hombre y los animales, no que todos seamos necesariamente iguales. Afirmar que la especie humana es la única capaz de resolver ecuaciones de segundo grado no contradice en absoluto la continuidad evolutiva. La continuidad evolutiva hace plausible la consciencia animal, pero no la demuestra. 

La tesis del libro de Marian Stamp Dawkins (profesora de comportamiento animal en la Universidad de Oxford) es simple. Para Dawkins, la evidencia disponible no permite afirmar ni que los animales no humanos posean algún tipo de consciencia ni que carezcan de ella. Por tanto, en lugar de fiarnos de la intuición, de anécdotas o de atribuciones antropomórficas, es mejor admitir que hasta la fecha nadie ha demostrado de manera convincente que un animal no humano sea consciente. Este escepticismo, afirma Dawkins, no debería llevarnos a concluir que la consciencia es exclusivamente humana. Más bien al contrario: al reconocer que carecemos de evidencia concluyente en un sentido o en otro estamos dejando la puerta abierta a la posibilidad de que en algún momento descubramos que la consciencia está presente no solo en unos pocos animales (por ejemplo, primates o mamíferos), sino quizás en la mayoría de ellos. Según Dawkins es preferible reconocer que la ciencia actual no puede dar una respuesta definitiva al problema de la consciencia animal que defender su existencia con argumentos poco convincentes y que podrían ser fácilmente rebatidos. Esto, en opinión de Dawkins, sería especialmente perjudicial en relación al bienestar animal, ya que son muchos los que abrazan la causa de la defensa de los animales en la creencia de que comparten con nosotros la capacidad de pensamiento consciente. 

Dawkins defiende que, a falta del veredicto definitivo sobre la consciencia, existen muchos otros motivos para promover el bienestar animal. El bienestar de los animales que consumimos, por ejemplo, afecta a la calidad de los productos de origen animal y, en definitiva, a nuestra propia salud. En otras palabras: los animales saludables nos sirven mejor. Según Dawkins, deberíamos dejar de pelear con el problema de la consciencia y adoptar una concepción del bienestar animal que no dependa de la posibilidad de que estos sean en algún modo conscientes. 

No todos comparten este punto de vista. Mientras que Dawkins ve la botella de la consciencia animal medio vacía, otros ven la botella medio llena. El etólogo Mark Bekoff considera que la evidencia disponible, aunque imperfecta, es suficiente como para poder afirmar que con una elevada probabilidad los animales –al menos algunos de ellos– poseen experiencias subjetivas similares a las nuestras. Para Bekoff, el «agnosticismo militante» de Dawkins supone dar un paso atrás en los avances conseguidos en el estudio de la mente animal, especialmente durante las últimas décadas. 

Aunque muchos probablemente estarán más cerca de Bekoff que de Dawkins, es indudable que Why Animals Matter es un libro interesante, muy bien escrito y que plantea reflexiones valiosas acerca de los animales y del modo como los tratamos. En cualquier caso, las limitaciones que indudablemente existen en nuestra comprensión de la consciencia animal no deberían servir como excusa para no seguir progresando en el estudio de lo que los animales quieren y necesitan, en definitiva, de su bienestar.

Enrique Font. Institut Cavanilles de Biodiversitat i Biologia Evolutiva (UV).
© Mètode 79, Otoño 2013.

 

90-79Why Animals Matter
Animal Consciousness, Animal Welfare, and Human Well-Being
Marian Stamp Dawkins
Oxford University Press, 2012. 224 páginas.

 

 

 

«Darwin fue el primero que planteó la posibilidad de que los animales pudieran poseer sentimientos y emociones similares a los nuestros»

© Mètode 2013 - 79. Caminos de ciencia - Otoño 2013

Laboratorio de Etología, Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva. Universitat de València (Espanya).