Entrevista a Anna Veiga

«Estamos muy cerca de conseguir que las mujeres se encuentren en igualdad de condiciones que los hombres»

Directora del Banco de Líneas Celulares del Centro de Medicina Regenerativa (Barcelona)

Anna Veiga

Ana Veiga es conocida por ser pionera en el campo de la reproducción in vitro en nuestro país. Ella fue la «madre» científica del primer bebé probeta en España en 1984. Una vida profesional llena de dedicación y de éxitos a lo largo de la cual la doctora Veiga no ha cesado en su interés por investigar nuevas técnicas en los laboratorios. En la actualidad, se enfrenta al reto de crear terapias para enfermedades que hoy en día son incurables en nuestra sociedad. 

Pero el trabajo de la científica Anna Veiga ha tenido, por encima de todo, una gran repercusión en la vida de las mujeres: les ha ofrecido la oportunidad de contemplar su maternidad desde una perspectiva distinta. Por ello, en un monográfico dedicado al papel de la mujer en el mundo científico y académico, pero también al propio papel de la ciencia como condicionante del rol femenino, su punto de vista es doblemente valioso.

A veces uno mismo se tiene que ir abriendo puertas. Es inevitable cuando se es pionero, como ha sido el caso de la doctora Anna Veiga (Barcelona, 1956). «Siempre busco la manera de aprender y formarme», nos explica. «Siempre me ha llamado la atención aprender cosas nuevas.»

«La maternidad en algunos casos puede dificultar que una mujer pueda alcanzar determinados objetivos profesionales. Es una elección personal, pero que las mujeres se tienen que plantear»

Se encontraba, sin duda, en el momento idóneo y en el lugar adecuado cuando en 1982 le propusieron que dirigiese el laboratorio de fecundación in vitro del Instituto Dexeus. Era un reto con el que no hubiese podido ni soñar cuando acabó la carrera de biología. La experiencia fue un éxito, dado que dos años más tarde consiguieron el primer nacimiento por fecundación in vitro realizado en España. Los padres llamaron a la criatura Victoria Anna en su honor, en reconocimiento a su tenacidad y dedicación. Ahora los procedimientos y los equipos se han estandarizado, pero en aquellos momentos todo estaba por hacer. Se trató de una proeza.

La historia de este hito la explica en el libro autobiográfico El milagro de la vida (RBA, 2011). Relata los 25 años –hasta el 2004– en que fue directora del laboratorio. Y también explica la coherente evolución de sus intereses hacia la investigación con células madre. Ya no se trata de crear vida, sino de que sea una vida que merezca la pena vivir el máximo de tiempo posible. El nuevo reto es crear terapias para enfermedades por ahora incurables y devastadoras.

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Foto: Jordi Play

En la actualidad continúa vinculada al Instituto Dexeus como directora científica del Servicio de Medicina de la Reproducción, trabajo que compagina con la tarea –en el privilegiado espacio cerca del mar del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona– como directora del Banco de Líneas Celulares del Centro de Medicina Regenerativa. También preside la European Society for Human Reproduction and Embryology (ESHRE).

En la entrevista, que tiene lugar en su mismo despacho, queremos conocer su opinión sobre las repercusiones que sus investigaciones han tenido para las mujeres. También nos interesamos por la fecundación in vitro, en tanto que se trata de una técnica que obliga a replantearnos lo que entendemos por ser humano. Nos fuerza, en definitiva, a enfrentarnos con nuestra estricta e inexcusable condición biológica.

¿Las técnicas de fecundación in vitro han modificado de alguna manera el rol social de las mujeres?

Les han dado sobre todo libertad. Igual que en su momento la anticoncepción –especialmente los anticonceptivos orales– les dio la libertad de decidir cuándo no querían quedarse embarazadas, las técnicas de reproducción asistida también les dan la libertad de poder decidir cuándo se pueden quedar embarazadas. Y en los casos de problemas de fertilidad, han permitido el acceso a una gestación. La mujer dispone de un abanico de posibilidades terapéuticas para decidir cuándo y cómo quiere tener hijos.

«No solo en ciencia, sino que en todos los ámbitos profesionales las mujeres han llegado a alcanzar niveles similares a los hombres. No creo que nos pongan de forma obligatoria o artificial»

En la actualidad trabaja en el Parque de Investigación Biomédica. ¿Aplican alguna clase de cuotas femeninas? ¿Qué piensa de la política de cuotas en general?

Pienso que las mujeres nos hemos ganado el hecho de ocupar determinados puestos. No creo que nos pongan allí de forma obligatoria o artificial. No solo en ciencia, sino que en todos los ámbitos profesionales las mujeres han llegado a alcanzar niveles similares a los hombres. Por otra parte, hay muchas mujeres que eligen formaciones biomédicas. Por tanto no hace falta poner cuotas porque hay una demanda de plazas de mujeres con formaciones excelentes. Probablemente en estos momentos la política de cuotas es aún necesaria, pero a mí me gustaría que eso acabase desapareciendo. Creo que estamos muy cerca de conseguir que las mujeres se encuentren en el mercado laboral en igualdad de condiciones que los hombres. Estas cuotas pasarán a ser historia.

¿Y en cargos de responsabilidad?

En la actualidad, es evidente que las mujeres ocupan posiciones intermedias claramente y sin ningún tipo de problema. Cuesta más llegar a posiciones más altas en la jerarquía, probablemente por un desfase en cuanto a la formación que aún vamos arrastrando, pero probablemente este desfase acabará desapareciendo y nos encontraremos en igualdad de condiciones.

¿Se encontró con alguna dificultad a la hora de elegir los estudios por el hecho de ser mujer?

Estudié biología porque me interesaba la vida en general sin entrar en más especificidades. A la hora de elegir los estudios no hubo absolutamente ningún problema por el hecho de que yo quisiese estudiar biología, aunque en mi casa no había antecedentes de nadie de la rama de la medicina o la biología. Mis padres respetaron en todo momento mi decisión.

¿Y en la Universidad?

En esta rama de estudios hay muchas mujeres, y ya éramos mayoría las que estudiábamos biología.

¿Cómo se puede combinar la maternidad con una carrera profesional [en su libro, Anna Veiga explica que es madre de un hijo llamado Ian]?

La maternidad en algunos casos puede dificultar que una mujer pueda alcanzar determinados objetivos profesionales. Es una elección personal, pero que las mujeres se tienen que plantear. A las mujeres aún nos cuesta compatibilizar la vertiente de la familia y la vertiente profesional, pero eso viene provocado básicamente porque nuestra dedicación a la familia y a la educación de los hijos tiene que ser superior a la de nuestras parejas. En el momento en que eso se iguale no hará falta que nadie tenga que hacer una elección. El tiempo se repartirá de manera igualitaria. No hemos llegado aún a esta situación, pero vamos por el buen camino para llegar a ella. La frase «mi marido me ayuda mucho» realmente me hace rebelarme y me hace pensar que aún no hemos llegado donde deberíamos llegar. Se trata de compartir tareas que son comunes a la pareja.

En el título de su libro se califica a la vida de milagro, pero la ciencia parece que se tendría que caracterizar por desmitificar la naturaleza.

Absolutamente. El título lo estuvimos pensando mucho. Puede parecer extraño que una persona dedicada a la ciencia hable de milagros. En todo caso, ya sabemos que no es un milagro, y que no hay nada dejado a la acción divina, sino que es el puro acontecimiento de la creación de la vida. Con este título he querido mostrar la admiración o la fascinación ante un mundo como este, el de la creación de la vida.

La primera concepción con el método de la fecundación in vitro tuvo lugar en una institución privada. ¿Fue un factor relevante?

Creo que este factor permitió que nos fuese más fácil realizar el trabajo. Seguramente todo fue más aprisa de lo que posiblemente hubiese ido en otro tipo de institución. En todo caso estamos hablando del Instituto Dexeus de los años ochenta, un centro que era muy avanzado y con muchas ganas de innovar y de aportar nuevas metodologías –una línea que en la actualidad no ha abandonado–. El proyecto nos entusiasmó desde el principio y tuvimos la habilidad de poderlo llevar a cabo lo más rápidamente posible. Eran momentos innovadores. Se pusieron en marcha, por ejemplo, los primeros trasplantes de riñón, o metodologías de cirugía cardíaca. Se estaban abriendo puertas y escenarios que después se han consolidado y ahora son pura rutina. Algunos tuvimos la suerte de poder contribuir en estos campos.

En un pasaje, explica que en el microscopio ha visto embriones que después se convierten en «criaturas llenas de vida y belleza». ¿Cuál es el criterio para distinguir entre un embrión que se puede usar para la investigación y una criatura que hay que respetar?

Hay una gran diferencia. Lo que no podemos hacer es considerar que un embrión es una persona. Es un proyecto de persona. Solo hablamos de personas cuando se ha producido el nacimiento. Así lo considero yo y otros científicos e investigadores. Eso no quiere decir que no tengamos que tener un respeto enorme por el embrión, pero hacer investigación con él nos abre unas posibilidades terapéuticas inmensas. En todo caso no podemos estar hablando de dos cosas similares porque no lo son. Finalmente son los padres los que deciden si quieren dar embriones o un feto de resultas de un aborto para poder hacer investigación. Esta decisión reporta unas ventajas innegables para toda la comunidad.

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Foto: Jordi Play

Según el filósofo Peter Singer, solo se puede hablar de ser humano cuando el organismo ya ha desarrollado todas las facultades mentales, y por tanto hasta los seis años. Antes de esta edad, los grandes simios, por ejemplo, pueden tener un grado de conciencia más desarrollado. Al final esta línea parece más una convención que otra cosa.

Puede haber criterios muy diferentes, pero la línea dominante es dar una consideración diferente a un embrión y un feto que a un recién nacido. Eso se aplica casi en todo el mundo. Si queremos aprovechar un material que las parejas que se están intentando reproducir ponen al alcance de la ciencia para intentar entender procesos, bienvenido sea. Y de hecho, lo que yo piense puede tener más o menos importancia, pero lo que es importante es la legislación. Yo lo único que puedo hacer es cumplir la ley, y lo que me dice la ley de mi país es que se puede hacer investigación con embriones y con fetos. Siempre que haya un consentimiento informado, el proyecto de investigación haya pasado por un comité de ética que haya aprobado el procedimiento, y siempre que la estructura central –en este caso el Instituto de Salud Carlos III– haya dado el visto bueno a este tipo de investigación.

Pero lo que usted piensa sí que es relevante, considerando la posición que ocupa.

Lo es, pero mi opinión debe ser relevante como técnica. Lo que puedo transmitir es la utilidad que puede llegar a tener hacer investigación con embriones. Pero la opinión se la tiene que formar cada uno, no puede venir inducida por lo que pensamos personas que trabajamos en este campo. Imaginémonos que yo fuese una persona muy conservadora y que no me pareciese bien utilizar embriones humanos para investigar con ellos. Evidentemente mi mensaje podría reflejar esta idea. Pero piense lo que piense, lo que debo hacer es transmitir de manera muy neutra por qué es bueno o es malo hacer investigación con embriones.

«Probablemente la política de cuotas es aún necesaria, pero creo que estamos muy cerca de conseguir que las mujeres se encuentren en el mercado laboral en igualdad de condiciones que los hombres»

Entonces, en último término, esta decisión final tiene que ser social y política.

Absolutamente. Quien hace las leyes son los gobiernos. En nuestro país tenemos dos leyes muy progresistas. Una del 2006 y otra del 2007. La del 2006 es una ley de reproducción asistida. Es una ley propuesta por el grupo socialista que abre la puerta a cualquier tipo de metodología que permita a las parejas tener criaturas. Y la ley de biomedicina también se promulgó en un momento en que se pensó que era muy importante experimentar con embriones y nos capacitaba para hacer investigación para ponernos a la altura de otros países de Europa.

En la actualidad investiga con células madre. 

Trabajamos en diferentes líneas de investigación. Primero empezamos trabajando con células madre embrionarias, procedentes de embriones donados por parejas de reproducción asistida, y ahora trabajamos con estas células y con otras que tienen la capacidad de convertirse en cualquier tipo celular. El objetivo final es conseguir, con estas células, hacer terapia. Quizá no lo conseguiremos en un futuro inmediato, pero trabajamos en esta línea.

Sobre las células madre se crearon muchas expectativas.

Hay que ser prudente. Es un campo de investigación que abrirá –y está abriendo– muchas puertas a conocimientos de temas donde teníamos agujeros importantes. No podemos afirmar que en un futuro muy próximo estaremos curando enfermedades incurables, pero es realmente probable que cambie el escenario en lo referente a las terapias. Eso no pasará de la noche a la mañana. Hay que trabajar mucho, se tiene que hacer mucha investigación. Investigación preclínica con animales, y experimentando diferentes tipos de modelos que nos conduzcan a la experimentación clínica. Pero sobre todo debemos ser prudentes antes de crear expectativas en grupos de pacientes que están en situaciones límite y son vulnerables. Las personas con problemas graves y enfermedades degenerativas deben tener acceso a toda la información, pero no se les puede prometer cosas que no seremos capaces de cumplir.

Desde posiciones humanistas y también religiosas a veces se ha criticado las terapias genéticas con la acusación de instrumentalizar al ser humano. 

Nuestro propósito es curar al ser humano de enfermedades. Si podemos ayudar a hacer que una persona que sufre una enfermedad genética viva mejor, este es un objetivo loable. Eso no es eugenismo, sino que hablamos de mejorar la calidad de vida de las personas. Y yo no conozco a nadie que realmente piense que eso sea perjudicial. Lo que es evidente es que lo debemos reflexionar entre todos y la sociedad se tiene que plantear estos temas. Todos vivimos más años, la esperanza de vida ha aumentado de manera impresionante, y por este motivo aparecen enfermedades que antes no existían, ya que morían antes y no las podían sufrir. Llegar a determinadas edades en condiciones realmente malas, para mí tiene un sentido bastante limitado. Lo ideal sería vivir muchos años pero en buenas condiciones. En caso contrario, no vale la pena.

¿En qué líneas de investigación en concreto trabajan en el Centro de Medicina Regenerativa?

Trabajamos con células cardíacas, con células de la retina, con problemas de degeneración macular. La retina, el corazón, el riñón, son algunos de los órganos de los que nos ocupamos.

¿Y qué sueña conseguir desde su posición actual?

La idea final es poder hacer terapia con células madre. Conseguir domesticar estas células en el laboratorio y usarlas en personas que están sufriendo una enfermedad degenerativa. Si no podemos curarlas, por lo menos debemos intentar paliar los síntomas de la enfermedad y mejorar la calidad de vida.

© Mètode 2013 - 76. Mujeres y ciencia - Invierno 2012/13

Periodista, Barcelona.