De la lucha ecologista a una prioridad global

La eclosión de la comunicación medioambiental

 

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Las campañas y acciones de grupos ecologistas, tanto locales como de ámbito mundial, han promovido la comunicación ambiental al concienciar a la sociedad sobre la necesidad de conservar nuestro entorno. / WWF

El medio ambiente se ha instalado, para no irse, en la agenda mediática. El camino hasta conseguirlo ha estado minado de tropiezos desde el principio, a finales de la pasada década de los setenta. Porque esta especialidad periodística, seguramente, es una de las más críticas con las bases del sistema económico y el modelo social imperantes en los países desarrollados. Los aliados de las informaciones ambientales tampoco han sido, hasta hace poco, grupos gigantescos de influencia financiera ni líderes políticos de prestigio. Pese a ello, las evidencias sobre el deterioro del entorno, los accidentes ecológicos, la destrucción de hábitats y paisajes, la pérdida de biodiversidad o el impacto de las emisiones atmosféricas –también para nuestra salud– han hecho irrebatible la importancia de la actualidad ambiental.

Esta victoria de los contenidos ambientales en la lucha por conseguir espacio y tiempo ha seguido un proceso gradual. Muchas han sido las voces, tanto individuales como colectivas, que han hecho posible el protagonismo del medio ambiente. La primavera silenciosa (1962) de Rachel Carson fue una obra pionera en la denuncia, mientras que una de las primeras advertencias sobre los impactos del modelo productivo industrial llegó una década después, con el trabajo Los límites del crecimiento (1972), coordinado por el profesor Dennis L. Meadows. Ese mismo año, las Naciones Unidas aprobaron su «Programa para el medio ambiente». Y después se han sucedido diagnosis, protocolos, normativas europeas, etc., así como la acción reivindicativa ecologista, que no solo ha mejorado la conciencia ambiental, sino que ha aportado el contrapunto a las informaciones y opiniones más próximas al desarrollismo dominante. Las catástrofes naturales –cada vez más próximas en la aldea global gracias a los avances de las nuevas tecnologías de transmisión de información– también han ayudado a elevar el periodismo ambiental a la categoría de imprescindible.

«La victoria de los contenidos ambientales en la lucha por conseguir espacio y tiempo ha seguido un proceso gradual. Muchas han sido las voces que han hecho posible el protagonismo del medio ambiente»

Durante la década de los noventa del siglo xx, en el contexto de la Cumbre de la Tierra de 1992, se produjo el primer período de esplendor de la información sobre medio ambiente en el estado español, cuando proliferaron revistas especializadas como Geo (1989), Ecología y Sociedad (1992), Ecosistemas (1992), La Tierra (1996) o Biológica (1997), aunque Quercus ya había llegado a los quioscos en 1981 y Naturaleza, dos años después. Paralelamente, en diarios generalistas creció la demanda de periodistas especializados y la edición de suplementos de ecología. Al mismo tiempo, se creó la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA) y la Asociación Catalana de Comunicación Científica, desde las que se promovió el Grupo de Informadores Ambientales (GIA).

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WWF

El mal del sensacionalismo y el cambio climático como detonante

La noticia ambiental, sin embargo, continuó en tierra de nadie: saltando de las secciones de local, sociedad o cultura y flirteando con las páginas de economía. Mientras tanto, los periodistas ambientales tampoco alcanzaron la condición de esenciales en las redacciones. La especialización constituye uno de los grandes retos de futuro, con el fin de superar el tratamiento superficial, anecdótico o el vicio del sensacionalismo de las noticias sobre naturaleza y ecología. Y, entre otros, el reto diario de descifrar, con el máximo rigor, la complejidad y las incertidumbres.

La huella del calentamiento global ha tenido una magnitud incalculable en el periodismo ambiental, sumada a dos variables capitales: el impacto económico global y el altavoz de la industria cinematográfica. La publicación del cuarto informe del Grupo Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas en 2007 representó su lanzamiento a la fama, con un efecto colateral: eclipsó otras materias ambientales. Esta detonación no surgía aisladamente, estuvo precedida por el Informe Stern del Gobierno Británico –donde se anunciaban los perjuicios del cambio climático para la economía global– y el documental Una verdad incómoda, del líder político norteamericano Al Gore, sobre el que volveremos más adelante al abordar la expresión audiovisual.

«La especialización constituye uno de los grandes retos de futuro, con el fin de superar el tratamiento superficial, anecdótico o el vicio del sensacionalismo de las noticias sobre naturaleza y ecología»

El éxito coyuntural de los contenidos con el sello «cambio climático» se desinfló con la llegada de la crisis financiera actual. De nuevo comprobamos que la salud del periodismo de medio ambiente es muy poco vigorosa porque, con el descenso de anuncios publicitarios, el medio ambiente revela su debilidad en comparación con la política, los deportes o la economía. Y no solo eso, los periodistas formados y de prestigio en el sector ambiental son muy vulnerables. Un caso que ha tenido mucho eco fue la baja en The New York Times del influyente periodista científico de medio ambiente Andrew C. Revkin a finales de 2009, así como, un año antes, la decisión de la CNN de anular su sección de ciencia, tecnología y medio ambiente, y despedir a todo el equipo, incluso al responsable, Miles O’Brien. En nuestro territorio, la Universitat Pompeu Fabra mantiene su prestigioso Máster de Comunicación Científica, Ambiental y Sanitaria, pero la Universidad de Columbia decidió, hace un año, dejar de impartir la licenciatura de periodismo ambiental, que se había iniciado alrededor del 1995, eminentemente por motivos económicos.

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Mosaico de paisajes urbanizados, rurales y naturales de la Vall de la Valldigna (Valencia). / M. J. Picó

Del papel a la red

La crisis retiene la información ambiental en unos niveles latentes. No puede desaparecer, pero tampoco conquistar secciones de más peso, como la económica; ni tampoco progresar en la especialización de los periodistas ni avanzar hacia la ansiada transversalidad. En este panorama, se mantienen suplementos semanales o quincenales –como «Tierra» de El País, «Abc Natural» del Abc o «Eureka» de El Mundo– sobre ciencia, salud y medio ambiente, y otros, efímeros, de carácter puramente publicitario.

Los límites a la información ambiental en los medios convencionales se flexibilizan en la red. Las webs aportan mucha más versatilidad a la hora de acoger contenidos supuestamente menos estrella como el medio ambiente. Así, los diarios electrónicos apuestan por espacios exclusivos, dado el tránsito digital de usuarios. Una demanda social desatendida en el papel. A veces lo hacen bajo el epígrafe de «medio ambiente» (The Guardian) y más a menudo integrados en «ciencia» (El País, El Mundo, The New York Times), mientras que otros proponen alternativas más amplias como «Planète» de Le Monde. Las secciones científicas que se imponen al medio ambiente son salud y, cada vez más, tecnología, dos ámbitos con lobbies económicos muy poderosos.

«La potente industria audiovisual norteamericana, pero también la europea, han empezado a invertir en grandes producciones sobre la naturaleza adscritas tanto al mercado cinematográfico como al televisivo»

El medio ambiente triunfa en la red, donde confluyen las ONG, los ecologistas, las fundaciones, instituciones… En Cataluña tiene una gran audiencia la revista digital Sostenible, pero hay muchas otras, basta hacer un clic. Estas páginas crean nuevos consumos informativos, por este motivo la agencia Efe acaba de crear el servicio de noticias Efe Verde, dirigido por Arturo Larena. Mientras tanto, los blogs electrónicos abren ventanas al diálogo, donde el papel de emisores y receptores se alterna, con todos los peligros y ventajas que esta situación conlleva.

En la inmensidad de la red, la selección, la calidad y el rigor de las noticias ambientales pasa a ser una prioridad. Al mismo tiempo, mantenemos viva la aspiración de integrar el medio ambiente en la actualidad diaria, con normalidad, sin necesidad de catástrofes naturales ni de espectáculos ecológicos.

El audiovisual ambiental

Los formatos audiovisuales se han mostrado siempre especialmente eficaces en la comunicación mediática. En particular, aquellos que permiten profundizar en los relatos de hechos y divulgar conocimientos, como el reportaje y el documental. Si el primero arraigó con fuerza desde el principio en la televisión, el documental ha evolucionado en paralelo al desarrollo del cine, la matriz de donde bebe la expresión audiovisual. Como otras modalidades discursivas, el documental encontró muy pronto ubicación en la televisión. Incluso, podemos decir que, gracias al binomio cine-televisión, el documental ha podido ampliar su hábitat, lo que le ha permitido alcanzar una cierta estabilidad en un momento en el que las modalidades discursivas audiovisuales están sometidas a una redefinición constante y a una adaptación a las nuevas demandas. Es más, en los últimos tiempos ha pasado a ser un formato con una proyección inédita, tanto en el cine como en la televisión.

La utilización abusiva del territorio y de los recursos naturales, más allá de una ocupación y uso sostenible, ha sido una de las temáticas ambientales tratadas extensamente por los medios durante los últimos años. Arriba, cordón dunar de El Saler (Valencia), prácticamente destruido durante el proyecto de urbanización de los años setenta, y actualmente en proceso de recuperación. Hoy en día, forma parte del Parque Natural de la Albufera. / M. J. Picó

De eso se han beneficiado, entre otros, los relatos científicos y medioambientales. Por una parte, porque estos temas preocupan e interesan a la opinión pública. Interesa la biodiversidad del planeta, el equilibrio ecológico, como interesa la salud, la alimentación o la tecnología, entre otras materias. Podemos decir que asistimos a una «ola verde» que se proyecta en muchos ámbitos de la sociedad. Sellos como «ecológico», «verde» o «sostenible» son frecuentes ahora en muchos productos y en muchas iniciativas. En este sentido, es significativo el hecho de que esta temporada dos diarios como El País y Público han empleado para promocionarse documentales medioambientales y de naturaleza, es decir, que los estrategas de marketing han constatado que estos temas interesan cada día más y que el formato del documental es un buen reclamo. También es significativa la presencia en festivales cinematográficos de este tipo de trabajos y la proliferación de premios y de certámenes especializados, como el Festival Internacional de Cine Ecológico y de Naturaleza de Canarias, la Bienal Internacional de Cine Científico de Ronda, Tele-Natura en Pamplona o Urban-TV en Madrid.

Por otro lado, el documental permite profundizar y divulgar conocimientos. En un contexto en el que los relatos audiovisuales se han ido acortando por efecto de la «cultura clip» –una muestra son los informativos diarios–, el documental, así como el reportaje, se han convertido en modalidades discursivas que, por su morfología, aportan y divulgan conocimiento. También, y muy importante, porque el documental ha potenciado la componente espectacular de los relatos. Eso ha sido posible, en parte, gracias a las mejoras en los sistemas de captación, de reproducción y de posproducción de las imágenes. Por una parte, al desarrollo de los formatos digitales y de la alta definición (HDTV), pero también a la mejora de dispositivos que permiten incorporar nuevos puntos de vista a los relatos, como las microcámaras, las cámaras por control remoto, o los sistemas time-lapse (secuencia acelerada), steadycam (estabilizador de cámara), las ópticas macro y los teleobjetivos, además de la proliferación de software para la animación digital. Sin menospreciar utensilios como helicópteros, globos, ultraligeros o avionetas para mostrar nuevos puntos de vista y hacer más atractivos los productos.

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En la misma línea que Oceans, encontramos el documental Home (2009). A la izquierda, vemos a su director, Yan Arthus-Bertran, durante el rodaje y a la derecha, una de las espectaculares imágenes que ofrece esta película, una impresionante fuente termal del Parque Nacional de Yellowstone, en Wyoming (EE UU). / T. Thuaud

Además, como consecuencia de la «hibridación» de géneros que caracteriza al presente audiovisual, a la larga tradición del documental clásico se han ido incorporando elementos de otros formatos, tanto de los relatos de hechos como de ficción. De los primeros, ha adoptado, según los casos, la simplificación de los procesos de producción, además de otros aspectos como los recursos de la dramatización. De los formatos de ficción, ha incorporado, en otros casos, las recreaciones, las reconstrucciones de acciones que exigen tratamientos audiovisuales más complejos.

Todo eso se ha traducido en una popularización del formato, así que ahora es habitual que muchas instituciones, empresas, centros de investigación, universidades u ONG, e incluso muchos aficionados particulares, hayan adoptado el formato documental para divulgar sus actividades. Así, la Universitat de València ha concluido el año Darwin con la presentación de Tras la huella de Darwin (2010), un documental que relaciona la teoría de la evolución con el caso Maeso, el contagio masivo por hepatitis C que afectó en los años noventa a cerca de 300 personas en Valencia, a partir del principio de origen común, que permite reseguir los niveles de ancestrabilidad entre todos los seres vivos, incluyendo los virus.

«El documental, así como el reportaje, se han convertido en modalidades discursivas que por su morfología aportan y divulgan conocimiento»

También se ha traducido en una mejora de este tipo de productos audiovisuales, hasta el punto de que se han incorporado a la oferta de ocio hasta representar un porcentaje importante de la demanda. En la medida en que ha crecido el interés por este tipo de producciones, la potente industria audiovisual norteamericana, pero también la europea, han empezado a invertir en grandes producciones, adscritas tanto al mercado cinematográfico como al televisivo. Una buena muestra de esto son trabajos recientes como Home (2009), con un rodaje de más de un año y una inversión de 12 millones de euros, y la más reciente Océanos (2010), del mismo equipo de Microcosmos (1996) y Nómadas del viento (2001), con un presupuesto de 50 millones de euros y cuatro años de rodaje subacuático.

Pero el trabajo que marcó un punto de inflexión en la promoción del documental medioambiental fue el ya señalado Una verdad incómoda (2006), protagonizado por Al Gore. Con una puesta en escena de lo más espectacular y una retórica catastrofista, Una verdad incómoda ha conseguido trasladar la preocupación por los efectos del calentamiento global del planeta a la opinión pública y convencerla de la necesidad de tomar medidas de manera inmediata, a pesar de contener algunos errores, como ha denunciado la comunidad científica.

Ahora bien, todo este impulso que vive en estos momentos el formato documental no hubiese sido posible sin las contribuciones de David Attenborough en la BBC, Jacques Cousteau o Félix Rodríguez de la Fuente. Y más recientemente, siguiendo su estela, y entre nosotros, las producciones de Joaquín Gutiérrez Acha o Luis Miguel Domínguez. Además de la ingente producción de la National Geographic Society y Discovery Channel. Un conjunto que ha sido valorado en otro texto de este monográfico en tanto que trabajos concebidos para la televisión.

En definitiva, la expresión escrita, en papel o en red, y el audiovisual configuran un amplio abanico de posibilidades de hacerse eco de las cuestiones medioambientales, hasta situarlas en las agendas de los medios de comunicación. A partir de aquí, audiencias y medios han puesto de manifiesto el interés sobre este campo temático. Más allá de tendencias y modas pasajeras, es necesaria, sin embargo, una integración y una pervivencia en el discurso mediático global de estos temas con naturalidad, solvencia y rigor.

Para ver

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Algunos trabajos documentales interesantes sobre medio ambiente:

Baraka
(1992). Dir. Ron Fricke.


Microcosmos
(1996). Dir. Claude Nuridsany y Marie Pérennou.


Nómadas del viento
(2001). Dir. Jacques Perrin, Jacques Cluzaud y Michel Debats.


La pesadilla de Darwin
(2005). Dir. Hubert Sauper.


El viaje del emperador (2005). Dir. Luc Jacquet.


Una verdad incómoda (2006). Dir. Davis Guggenheim.


Tierra: la película de nuestro planeta (2007). Dir. Alastair Fothergill y Mark Linfield.


Home (2009). Dir. Yann Arthus-Bertran.


Tras la huella de Darwin (2010). Dir. Harmonia Carmona y Maria Sales.


Océanos (2010). Dir. Jacques Perrin y Jacques Cluzaud.

APIA, 2003. Conclusiones del V Congreso Nacional de Periodismo Ambiental. Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA). Madrid.
Armesto, F. & C. Armesto, 2004. Supervivencia o suicidio. Hacia el futuro de la Humanidad. Alianza Ensayo. Madrid.
Castells, M., 2001. La galaxia internet. Reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad. Editorial Areté. Barcelona.
Castells, M., 1999. La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol. 2. El poder de la identidad. Alianza Editorial. Madrid.
Cerrillo, A. (coord), 2008. El periodismo ambiental. Análisis de un cambio cultural en España. Fundación Gas Natural. Barcelona.
De la Rosa, R., 2001. La revolución ecológica. La búsqueda de la libertad a través de la ecología. Icaria Editorial. Barcelona.
García, E., 2004. Medio Ambiente y sociedad. La civilización industrial y los límites del planeta. Alianza Editorial. Madrid.
Meadows, D.; Randers, J. & D. Meadows, 2004. Limits to Growth: The 30-Year Update. White River Junction, Chelsea Green.
Terradas, J., 2006. Biografia del món. De l’origen de la vida al col·lapse ecològic. Columna. Barcelona.

© Mètode 2010 - 66. Onda verde - Número 66. Verano 2010

Periodista especializada en medio ambiente y Premio Nacional de Periodismo Ambiental. Cátedra de Divulgación de la Ciencia de la Universitat de València.

Reporter for the TV programme Medi ambient on Canal 9 Dos and Professor of Audiovisual Communication of the University of Valencia.