De la memoria insobornable

Alfons Cervera. Escriptor i coordinador del Fòrum de Debats de la Univer­sitat de València.

El saco familiar de historias tristes
se abría en cada casa…
Joan Margarit

Han pasado ochenta años desde aquel lejano 1 de abril de 1939. El final de la guerra de España. Dicen algunas voces que fue una guerra civil y fratricida. También dicen, las mismas voces, que no la ganó nadie, que la perdieron las dos partes en conflicto. Pero no fue una guerra eufemísticamente civil ni fratricida: fue una guerra política, ideológica, de clase. Los militares reaccionarios, las derechas políticas y económicas y la Iglesia, en un lado. En el otro, la defensa de la Segunda República, legítimamente ganada en las urnas otro lejano mes de abril de 1931. En medio, un golpe de estado militar que provocó la «guerra larga», como se la suele denominar algunas veces. Tampoco la guerra la perdieron unos y otros. La ganó el fascismo (con todos los matices que le queramos dar a la palabra) y la perdió la República.

Han pasado ochenta años desde abril de 1939 y muchas veces tengo la sensación de que aquella Victoria (escrita así, con una mayúscula tan orgullosa de sus excesos) sigue demasiado viva entre nosotros. Dicen que la memoria ha sucumbido a los desastres del olvido. Pero esto no es del todo verdad. Aquí no ha olvidado nadie. Lo que vivimos ahora mismo es, como escribe el historiador Francisco Espinosa Maestre, una lucha de memorias: la de quienes ganaron la guerra y la de quienes la perdieron.

La dictadura franquista abrió en la tierra agujeros donde fueron a parar los cuerpos de la derrota. Todavía continúan aquí, aquellos cuerpos. Invisibles. Aguerridos en su perdurable sequedad. Rumiando a través del silencio una espera interminable. Los herederos del franquismo continúan negándose radicalmente a exhumarlos. No sé cómo se puede vivir sin memoria. El tiempo nos construye y cuando miramos atrás lo que vemos es un tiempo que, como decía Eliot, no admite ninguna redención. Pero hablemos del presente, de lo que el presente es por venir de donde viene. De lo que somos, individual y colectivamente, por habitar el país que habitamos. De lo que quizás seremos mañana por no llenarnos de arañazos en el despertar ahora mismo de la tierra desmembrada. El relato de lo que pasó a partir de aquel 14 de abril de 1931 no puede estar, no tendría que estar, en manos de quienes levantaron una ficción heroica y cruel sobre los cimientos de la Segunda República. El lenguaje de la reconciliación y los consensos –tan habituales en los procesos de transición– no tendríamos que situarlo antes de la verdad. Porque la verdad –con todas sus complejidades– existe. Y ya va siendo hora, ochenta años después de acabar la guerra, que la hagamos valer en medio de tanta desvergüenza política, ideológica e intelectual que nos rodea.

«La exhumación de los cuerpos de las víctimas de la dictadura franquista es imprescindible»

La exhumación de los cuerpos de las víctimas de la dictadura franquista es imprescindible si queremos que su memoria no nos despierte por las noches como un fantasma vaporoso del pasado. Y es aquí donde la ciencia ejerce un papel fundamental para entender mejor el itinerario del pasado a la inmediatez muchas veces desconcertada del presente. La identificación de las víctimas –y no solo de las del franquismo, sino incluso mucho más lejanas en el tiempo– es hoy más posible que nunca con las pruebas de ADN, pero la ciencia forense va todavía más lejos, y gracias a sus investigaciones sabremos mucho más de la vida cotidiana de las víctimas, del tiempo doméstico que fue el suyo y que no siempre se refleja en los archivos. Cómo apunta Martí Domínguez, en lo que podría ser un acertado resumen de mis palabras: «Estas páginas nos muestran cómo la ciencia nos puede ayudar a conocer y recuperar nuestra historia, como por ejemplo para saber más sobre la población romana de Valencia o al servicio de diferentes instituciones que recuperan y dignifican las víctimas de la I Guerra Mundial».

Este número de Mètode es, por tanto, un buen lugar para debatir sobre el pasado. Sobre su historia. Sobre la muerte enterrada en la oscuridad de las fosas comunes. Y sobre la vida. También –y quizás principalmente– sobre­ tanta vida acumulada en la memoria más insobornable.

© Mètode 2019 - 101. La memoria de los huesos - Volumen II (2019)
Escritor y coordinador del Forum de Debates de la Universistat de València. Gran parte de su obra está vinculada a la recuperación de la memoria histórica. Su última novela es La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona (Piel de Zapa, 2018).