¿Determinismo climático?

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Coincidí recientemente con David Livingstone, profesor de Historia Intelectual y Geografía en la Queen’s University de Belfast, en un simposio celebrado en la Universidad de Bergen donde se discutían, entre otros asuntos, las formas de conocimiento en las ciencias biomédicas. Livingstone es un reconocido especialista en la recepción del darwinismo que ha tenido un gran éxito con su último libro: The Empire of Climate, una especie de historia crítica de la pervivencia del determinismo climático en el pensamiento biológico y en la geología, desde la Antigüedad clásica hasta los actuales debates sobre el cambio climático.

«Livingstone nos plantea ahora una reflexión sobre la fuerte influencia de la idea actual de cambio climático, y aporta paralelismos
que lo representan como un ‘revival’ de aquel determinismo climático»

Las relaciones entre el clima, los seres vivos, las sociedades y la salud humanas fueron uno de los ejes fundamentales de la medicina hipocrática, que pervivió en mayor o menor medida hasta alcanzar una especie de edad de oro a finales del siglo xix con el ambientalismo médico, generador de topografíaso estudios sobre la salubridad del medio natural, donde las relaciones entre la salud y el medio físico y social adquirían una racionalidad sistemática. Tuve ocasión de debatir estas cuestiones con Livingstone en Bergen, particularmente desde su noción de determinismo climático, una especie de demiurgo que ha hecho del clima, en determinados momentos de la historia, el factor fundamental para comprender las relaciones entre la especie humana y su entorno natural y social. Si las filosofías naturales antiguas, basadas en la noción de armonía de la naturaleza, hacían del clima y sus variaciones causa de la salud y las enfermedades, en las postrimerías del siglo xix el darwinismo relanzó con fuerza la importancia del clima como elemento esencial en el proceso de adaptación al medio.

Las doctrinas paleoantropológicas y evolucionistas de principios del siglo xx sobre la distribución geográfica de las razas, las cualidades sociales, intelectuales y morales que exhibían las poblaciones humanas en Asia, África o América, la pluralidad cultural o el grado de desarrollo material, en definitiva, la concepción de la pluralidad humana, estaban imbuidas de un profundo determinismo climático que caló profundamente en el pensamiento social y antropológico, generando una especie de ética política justificadora del colonialismo y la superioridad occidental. El clima aparecía entre los paleoantropólogos como un elemento de naturalización de las formas existentes de dominación, jerarquía, dependencia política y desigualdad racial.

Aunque muchas de estas ideas fueron desacreditadas e incluso el concepto de raza desapareció del universo científico desde mitad del siglo xx, Livingstone nos plantea ahora una reflexión sobre la fuerte influencia de la idea actual de cambio climático, y aporta paralelismos que lo representan como un revival de aquel determinismo climático. ¿Qué consecuencias podría tener el retorno al clima como nudo del pensamiento medioambiental, especialmente teniendo en cuenta que se ha convertido en una de las fuerzas clave que configura la política internacional, la economía global y la teoría social? Hemos llegado al convencimiento de que la evolución del clima está íntimamente relacionada con las enfermedades, el uso de la energía, el poder político, la producción y distribución de alimentos, la explotación de combustibles fósiles o la conservación de los recursos naturales. Livingstone hace ver cómo actualmente la dimensión y las repercusiones del cambio climático están siendo permanentemente negociadas a través de una serie de conocimientos y prácticas, ninguna de ellas dominantes o generadoras de un discurso paradigmático, excepto la visión reduccionista y determinista del cambio climático. Un discurso que hace del clima una fuerza exterior que impacta en la economía, afecta a los países, perjudica la seguridad nacional y las regiones pobres y representa un elemento potencial de conflicto mundial.

El informe de las Naciones Unidas sobre desarrollo humano llama a luchar contra el cambio climático, como tantas otras instancias presentes en la opinión pública, generadoras de una retórica que presenta el clima como algo más que un simple elemento de referencia exterior, sino más bien como un mecanismo autónomo con capacidad de configurar nuestra vida cotidiana y nuestra manera de pensar y diseñar el futuro. Livingstone se interroga sobre si estamos asistiendo a un retorno a otra forma de determinismo climático, que tendría un precedente en el pensamiento paleoantropológico y racial que hizo del clima un factor esencial para la geografía humana y las teorías políticas hace ahora cien años. Sin duda, sus ideas son críticas y sugerentes, y hacen pensar en el papel de sociólogos e historiadores para analizar los problemas actuales de la tecnociencia. Nuestra interacción con el clima vuelve a ser fundamental.

© Mètode 2011 - 70. Cuando se quema el bosque - Número 70. Verano 2011

Catedrático de Historia de la Ciencia de la Universitat de València.