La gestión de la huerta medieval (I)

A veces encuentras un libro que arroja luz sobre una materia largo tiempo buscada. Es el caso de Arbitris i notes per a Quart i València: la gestió agrícola d’un terratinent de l’Horta, publicado por la Universitat de València en 2007 y editado por los profesores Manuel Ardit y Rafael Valldecabres. Un libro único y curioso que nos habla de los modelos tradicionales de producción de alimentos. De hecho, es el primer documento en lengua catalana de literatura memorialista sobre la dirección de una hacienda agraria.

Se trata de un dietario redactado entre 1679 y 1698 por el terrateniente Joan Peris Perdiguer, que en la época tiene bienes en enfiteusis en el término de Quart y Manises. Es decir, el derecho de uso a cambio de un censo, pero el dominio completo lo tienen los monjes del Monasterio-Hospital de San Vicente de Valencia. Así, nuestro autor tiene que hacer frente a diezmos, primicias, el excusado... además de la obligación de utilizar los hornos, molinos y almazaras del priorato, situación que originaba numerosos conflictos y litigios.

Peris no es un burgués rentista, sino que vive de la venta de sus cosechas y negocios. Continuamente toma decisiones ante circunstancias cambiantes y se encuentra a veces en situaciones financieras difíciles. Trabaja directamente algunas tierras, con la colaboración de braceros y jornaleros; otras las gestiona en aparcería o arrendamiento. De hecho, está muy atento a las condiciones de los arrendamientos, y exige al arrendatario claramente «[…] que no pueda sembrar tres años en cualquier parte, aunque abone, ni después de dos años de trigo que no pueda hacer maíz sino habas […]» para mantener la fertilidad de sus tierras.

La agricultura de la época era la típica del secano mediterráneo (cereal, olivo y viña), ampliada con algarrobas para los animales de trabajo, más todos los cultivos de regadío extensivos (cáñamo, alfalfa, maíz…), moreras para los gusanos de seda, frutales y cosechas de huerta. La finca comprendía tierras de secano en Manises y de regadío en Quart, así como numerosas equipaciones situadas en varias casas: bodega, granero, establo, gallinero y corral para el ganado, barracas de los arrendatarios, balsas de estiércol y de cáñamo, almazara propia, andenes para los gusanos de seda, peroles para calentar los capullos, y tornos de hilar la seda. Todo un dolor de cabeza constante.

Destaca la atención que dedica al huerto y el número de especies y variedades presentes. Pide a los trabajadores que le planten o injerten perales de las variedades «sucrenyes», «mosqueroles», «de Sant Miquel» y «de cuixa de dona», granados de la ley «de Carcaixent», membrillos y «codonyetes» (“membrillo dulce”), limones de zumo, comunes e imperiales, «poncillers» (“cidro”) y naranjos. Busca para el huerto nogales, «serveres» (“serbal”), «prunyoneres» (“endrino”) y «nespleres» (“níspero europeo”) de la Hoya. Incluso tiene una palmera datilera que liga para aprovechar las palmas. En cuanto a las verduras, se preocupa por tener calabazas largas y para confitar, calabacines, sandías, alcachofas y cardos, espárragos y garbanzos, habas y maíz, berenjenas y alcaparras.

Joan Peris Perdiguer conocía el arte de seleccionar y guardar las semillas de muchas especies: dedicaba un trocito de tierra a sembrar solo para semilla, como hace con el cáñamo o el trigo, ya muy limpio del campo quitando la «xeixa» (“trigo candeal”) y el «rebordonit» (“fofo”), o ponía unas docenas de cebollas grandes para obtener simiente. Otras semillas las compraba en el almudín o las cambiaba. Escribía que cambiar la semilla frecuentemente da mejor resultado, y lo hacía, pero siempre sabía qué semilla era la mejor para cada terreno.

Toda la leña era necesaria: si a un aparcero se le moría una morera, tenía que recogerle la ramalla y arrancar el tronco y traérselos. Peris aprovecha los sarmientos de la poda, los lleva a Valencia para venderlos en gavillas a los hornos y pastelerías o para calentar su casa; también para escaldar los capullos del gusano de seda en el perol, y todavía de las cenizas finales hacía jabón. Un ejemplo de la economía circular de la época, donde todo se aprovechaba, de la que podríamos aprender en la actualidad.

(Continuará…)

© Mètode 2021 - 109. El secuestro de la voluntad - Volumen 2 (2021)

Técnico agrícola. Estación Experimental Agrícola de Carcaixent.