¡Al fuego con la ciencia!

Disertación sobre la controvertida relación entre ciencia y fallas

Monumento con el lema Leonardo da Vinci

Quizá cuando hablamos de fallas y ciencia lo primero que nos venga a la cabeza sea la teoría de la tectónica de placas propuesta en 1910 por Alfred Wegener (Català, 2004). Pero esta vez no nos referimos a este tipo de fallas, sino que hablamos de las que en marzo llenan las calles de Valencia y que en pocos días son consumidas por las llamas ante la admiración de los espectadores.

Falla con el lema La lucha por la vida

Falla con el lema La lucha por la vida, plantada por la comisión Visitación-Orihuela en 1959, que representa dos fieras luchando contra un hombre sobre un libro. / Falla Visitació-Oriola

Esta tradición no es exclusiva de la capital provincial, los pueblos próximos al Cap i Casal se impregnan de esta fiesta que se extiende incluso a municipios de Alicante y Castellón. En este sentido, y aprovechando la reciente candidatura de las Fallas de Valencia como Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, queremos dejar constancia de una relación que no siempre es plácida, pero que está presente, entre fallas y ciencia.

Cultura popular como fuente de estudio

Aunque no somos en absoluto los primeros en plantear una fuente de cultura popular para el estudio de la ciencia en clave historicosocial, hay que preguntarse en primer lugar si verdaderamente las fallas nos pueden decir algo sobre la manera como se populariza la ciencia.

Según la concepción de Vicent Borrego –historiador del arte y especialista del mundo fallero–, las fallas serían una «genuina expresión de un kitsch de carácter popular» (Borrego, 1996). Esta frase es muy interesante en el sentido de que en ella aparecen asociados los términos expresión y popular, lo cual nos permitiría interpretar que las fallas tienen una función comunicativa de carácter social. Es esta función comunicativa la que exige a sus constructores la elección de un tema para su discurso, y con esta elección, encontramos una manifestación alrededor de un hecho social que contiene intrínsecamente una interpretación.

Así pues, no resulta un disparate extrapolar este fenómeno y decir que las fallas también se ocupan de estos hechos o producciones sociales que son la ciencia y la técnica (Català, 2003a). Evidentemente, el discurso fallero no siempre empleará la ciencia con la misma intención, pero este uso diferencial es el que nos demuestra la integración de la ciencia en las fallas, viajando desde el tono satírico hasta perspectivas apologéticas, antimodernistas, groseras…

«Las fallas, pues, serían artefactos tecnológicos sometidos a un proceso de evolución continuo»

Entonces, lo que encontramos es una manifestación plástica que nos sirve como fuente de representación social. Muchos historiadores de la ciencia ya han empleado otras representaciones plásticas para sus estudios, como pueden ser las obras de arte. Así pues, y haciendo un paralelismo, lo que encontramos son producciones plásticas que fijan en un apoyo estático un proceso social dinámico e inspirador. Aun así, hay que ser consciente de que este proceso es solo indirectamente influyente, ya que no condiciona técnicamente ni materialmente la realización del producto en cuestión.

Un artefacto tecnológico

Boceto del monumento con el lema El Año Geofísico Internacional

Boceto del monumento con el lema El Año Geofísico Internacional plantado en 1958 por la Falla Plaza del Mercado Central. / Falla Plaça del Mercat Central

Formalmente, una falla es un artefacto tecnológico. Es decir, las fallas representan en sí mismas una muestra de la tensión esencial que existe entre tradición e innovación. Este rasgo, compartido con la ciencia, se hace claramente patente en la incorporación de nuevos usos tecnológicos en la elaboración de las fallas. Aun así, se puede llegar a una coexistencia de viejas prácticas técnicas con procedimientos absolutamente nuevos. Eso no es de extrañar, pese a la percepción popular de que nuevos inventos acaban de raíz con las viejas soluciones.

Las fallas que observamos hoy día, de hecho, son un conjunto de viejas prácticas artesanales –y básicamente de herencia tradicional– con nuevas técnicas de vanguardia directamente relacionadas con los avances científicos y técnicos. Eso también nos demuestra que ha habido una cierta evolución en la elaboración y construcción de nuevos materiales para mejorar la construcción de los monumentos falleros.

Las fallas, pues, serían artefactos tecnológicos sometidos a un proceso de evolución continuo. Así pues, las aparentes disrupciones o cambios súbitos son absorbidos en una matriz productiva que negocia el mantenimiento de usos antiguos y la incorporación de otros nuevos. Estos artefactos, además, son una herramienta para el estudio social de la ciencia y la técnica porque en los artefactos confluyen y se combinan técnicas diversas al servicio de un resultado complejo pero unitario.

A pesar de todo, los puntos de vista de los diferentes artistas falleros aún varían, y así lo demuestran los testimonios de todos ellos en la publicación La Falla: Un artefacte tecnològic. Quizá, la idea predominante en esta recopilación publicada por la Universidad Politécnica de Valencia es la que manifiesta el veterano maestro Miguel Santaeulalia –uno de los artistas más reconocidos dentro del gremio–: «Lo que verdaderamente vale son las ideas, no la tecnología.»

Sin embargo, ¿cuáles son las ideas que intentan representar? ¿Qué rasgos científicos son los más escenificados? ¿Qué características hacen un fenómeno científico apropiado o no para aparecer en una falla? Ciertamente, no parece que exista un criterio claro, pero a continuación presentamos un puñado de ejemplos curiosos y aclaratorios de esta relación controvertida entre ciencia y fallas.

Las grandes teorías

«Satírico y convulsivo, el discurso fallero ya era una herramienta empleada por los valencianos para hacer burla de su propio origen a principios del siglo pasado»

Las grandes teorías científicas evolucionan desde el ámbito recluido de las comunidades científicas hasta la aceptación por el conjunto de la sociedad. De este hecho hay numerosas evidencias, pero quizá uno de los ejemplos más llamativos es el de la teoría de la evolución. La comisión de las calles Visitación-Orihuela plantó en 1959 una falla con el lema La lucha por la vida que ganó el premio a la mejor falla de sección especial –sección donde se otorgan los premios a las fallas más monumentales y de mayor presupuesto de Valencia–. El cuerpo central representaba dos fieras luchando contra un hombre encima de un libro. Quién sabe si por un efecto azaroso –o por voluntad del artista–, esta falla se plantó justo cien años después de la publicación de El origen de las especies, en medio de una España dictatorial nada proclive aún al evolucionismo y con una censura muy operativa.

Son muchos más, en todo caso, los monumentos falleros que han representado el fenómeno evolutivo a lo largo de la historia. Así, la parodia de la transición de la especie humana desde nuestros antepasados simiescos hasta Homo sapiens es un referente habitual, usualmente plasmado de acuerdo con el recurso tan poco darwinista del curso evolutivo lineal que popularizaron Huxley y Haeckel, como representó la falla L’alba de la comisión Lepanto-Guillem de Castro en el año 2000.

Monumento Eureka

Monumento Eureka, plantado por la comisión Exposición-Micer Mascó en 2008. / Falla Exposició-Misser Mascó

Satírico y convulsivo, el discurso fallero ya era una herramienta empleada por los valencianos para burlarse de su propio origen a principios del siglo pasado. En 1933, la Falla de la Plaza del Mercado presentaba un tal Homo vivendis, un nuevo homínido antepasado del valenciano actual que constituía una crítica del meninfotisme, o actitud conformista que el tópico asocia al carácter del pueblo valenciano. Hay que hacer mención al uso de la nomenclatura linneana para la designación de esta nueva especie, fruto de la imaginación fallera. El chiste a partir de esta esotérica manera de llamar a las especies ha sido también un recurso habitual desde entonces, y prácticamente todos los años encontramos en las calles fallas que hacen uso de él, inventando binomios que se aplican a las más diversas situaciones de actualidad.

Grandes acontecimientos científicos

¿En qué grado llegan los grandes acontecimientos científicos a la sociedad? ¿Cómo repercuten más allá del ámbito de estudio? Es difícil predecirlo, pero en el caso de las fallas sí que parecen encontrarse de una forma muy clara. Evidenciando este caso, en 1958 la Falla Plaza del Mercado llevaba el lema El Año Geofísico Internacional. Una falla clásica, que tiene un punto de apología y de reivindicación de la ciencia: un Sol humanizado observa con un telescopio el sistema solar, representado con unas esferas portadoras de las representaciones clásicas de los dioses que dan nombre en los planetas. El monumento se hacía eco del magno proyecto que desde julio de 1957 y hasta el fin de 1958, con la implicación de muchas naciones y organismos, estaba escrutando la física, la química y la estructura geológica de nuestro planeta y sus alrededores. La Big Science, así, llegó también a la fiesta fallera, prueba posiblemente del esfuerzo divulgativo que el régimen y los medios de comunicación afines estaban haciendo en aquellos años en que España empezaba a salir de la autarquía.

«El sentimiento de ambivalencia frente a los efectos de la ciencia ha sido otro giro temático habitual en las fallas»

Una falla como la mencionada pone de relieve el optimismo habitualmente asociado a la retórica del progreso y el avance de la ciencia. Una orientación semejante, bajo condiciones socioeconómicas muy diferentes, presentaba por ejemplo la falla de 1901 de Ruzafa-Cirilo Amorós, que daba la bienvenida al siglo xx mediante la exaltación del desarrollo técnico en forma de inventos beneficiosos para la vida cotidiana de la gente. Pese a ello, el discurso de las fallas sobre el progreso no siempre ha sido construido con esta clave de aceptación, ya que muchas veces este se asocia a la pérdida de las tradiciones, lo que también ha sido criticado, como en Naufragan las tradiciones de la Falla Plaza Na Jordana en 1975.

El sentimiento de ambivalencia frente a los efectos de la ciencia ha sido, de hecho, otro giro temático habitual en las fallas. Así, en 1969, la ciencia presenta sus dos caras –buena y mala– en el monumento Gérmenes malignos de la Falla Plaza del Pilar. Magníficamente representada, una figura abstracta caracteriza la madre naturaleza que observa mediante un microscopio gigante los gérmenes malignos caricaturizados, asquerosos y desagradables. Lo más curioso, sin embargo, es cómo la biodiversidad representa un doble papel en esta propuesta. Es la propia naturaleza quien se estudia a sí misma, es la protagonista del trabajo científico y al mismo tiempo el problema a solucionar. Un discurso, pues, más complejo de lo que de entrada se esperaría en una manifestación de cultura popular festiva.

Nuevos descubrimientos

Falla con el título Gérmenes malignos

Falla con el título Gérmenes malignos plantada en 1969 por la comisión de la Plaza del Pilar. / Falla Plaça del Pilar

¿Qué hay de los nuevos descubrimientos científicos, de la investigación que acaba llegando al conocimiento del gran público? Parece que también tiene su lugar dentro del mundo fallero. Varios descubrimientos han despertado la curiosidad de las fallas y de su discurso, naturalmente; quizá uno de los más llamativos, o más satirizados, ha sido la clonación. Un ingenioso ejemplo fue el juego de palabras que empleó la Falla Convento de Jerusalem-Matemático Marzal en 1998 titulada Clon, clon. El uso de la reiteración de esta onomatopeya es verdaderamente divertido, ya que la falla mostraba ovejas haciendo de badajos en un campanario y un montón de campanas clonadas a sus pies.

Sin embargo, no solo de diversión se construye el discurso fallero. La crítica es otro de los elementos indispensables, y en este sentido reflexiones tan importantes como el uso de animales de laboratorio en ensayos científicos ha sido otro de los temas recurrentes. La más representativa, a nuestro parecer, sería la falla Rebelión en la granja de la comisión Avenida Burjassot-Padre Carbonell plantada en 2002, que, aparte de hacer referencia a la obra del gran escritor George Orwell, escenifica un laboratorio donde la oveja Dolly clona pequeños Einsteins que corren por ahí. La complejidad discursiva de esta escena es llamativa y sin duda invita a la reflexión: una oveja clona a un humano que resulta ser uno de los científicos más prestigiosos de la historia. Moralidad y funcionalidad se fusionan en este elemento plástico, que antes de ser devorado por las llamas es capaz de llegar al público en los cuatro días que ocupa las calles.

Por tanto, ya no son simplemente grandes acontecimientos o descubrimientos científicos de los que la falla se sirve. En este caso es la falla la que construye un discurso propio con un propósito, con una finalidad específica que va más allá de la mera diversión.

Científicos y divulgadores

Ninot indultado en 1998 de Jacques Cousteau

Ninot indultado en 1998 de Jacques Cousteau, que actualmente se encuentra en el Museo Fallero de Valencia. / Museu Faller de València

¿Y qué pasa con los transmisores, con los grandes inventores, con los personajes, con las personas? La figura de los investigadores y científicos tampoco la olvidan las fallas. Quizá muchos recuerdan el monumento que en el 2012 plantó la Falla Na Jordana, Leonardo da Vinci. Este tuvo un gran impacto por su particular ejecución. Mostraba la vertiente científico-técnica del gran creador italiano, con los descubrimientos que realizó saliéndole de la cabeza y a su alrededor. Empleando una técnica tradicional, con varillas de madera, obtuvo el premio de Ingenio y Gracia en sección especial.

A pesar de que la espectacularidad de este monumento pueda hacer sombra al resto, Da Vinci no es el único científico representado. En este sentido, un gran divulgador como Jacques Cousteau fue hecho ninot en 1998, con el añadido de que se salvó de las llamas siendo indultado por votación popular. La figura, de un impactante realismo, se puede visitar en el Museo Fallero de Valencia. Del ámbito español, destacan las representaciones de Juan Luis Arsuaga, codirector de las excavaciones de Atapuerca, representado por la comisión Jacinto Benavente-Reina Na Germana-Salamanca en el 2003, o del famoso comunicador Félix Rodríguez de la Fuente en la Falla el Túria este año.

¿Y qué pasa con las mujeres científicas? El ninot de Marie Curie de la comisión Exposición-Micer Mascó plantado en el 2008 nos demuestra que estas, aunque mucho menos representadas, también se encuentran en las fallas. La dos veces premiada con el Nobel aparecía en un monumento de los llamados infantiles, que, con volúmenes reducidos pero con acabados usualmente muy detallistas y repletos de virtuosismo, son concebidos para los niños. Curie-Skłodowska aparecía en una falla infantil que exaltaba el papel de los científicos en la sociedad. Su lema, Eureka, mostraba numerosos descubrimientos científicos que habían cambiado la concepción del mundo.

Una reivindicación racionalista

Ninot del monumento Eureka que representa a Marie Curie

Ninot del monumento Eureka que representa a Marie Curie, plantado por la comisión Exposición-Micer Mascó en 2008. / Falla Exposició-Misser Mascó

Como conclusión, podemos decir que las fallas son un objeto de investigación bastante interesante para los estudios sociales de la ciencia. Aun así, los esfuerzos de algunos estudiosos en las últimas décadas continúan viéndose con recelo y suspicacia, tanto desde las posiciones autodenominadas pomposamente de «falleros de base», como desde el elitismo antifallero determinante para algunos intelectuales y gente de la «corrección política» que continúan menospreciando las fallas por razones a menudo ancladas en el tópico y el desconocimiento (Hernández y Català, 2010). La normalización del discurso racional alrededor de las fallas, sin embargo, consiste en una condición necesaria para la resolución de los conflictos de todo tipo que se generan alrededor de la fiesta y para la exploración de nuevas vías de promoción de esta para pasar a una nueva fase (Català, 2003b).

No en vano, parece que es la ciencia la que también empieza a interesarse por las fallas, y no solo al revés. Uno de los casos más destados es el que se ha producido este año en la Falla Plaza de Jesús, que aprovechando la semana internacional del Cerebro –del 14 al 20 de marzo, es decir, coincidiendo con el núcleo de la semana fallera– organizó ciclos de conferencias alrededor de la neurobiología impartidas por diferentes profesores universitarios especialistas en el tema; ciclo que concluyó con lo que la propia comisión fallera ha bautizado como una neuromascletada, aunque en vez de hacerse con petardos, se realizó con globos.

Quizá nos encontramos en un proceso en el que el mundo fallero y la academia finalmente normalizan una relación cotidianamente colaborativa. Y es que las fallas son una fiesta que siempre tiene mucho que decir, incluso de ciencia.

REFERENCIAS

Borrego, V. (1996). El vessant estètic. En Associació d’Estudis Fallers (Eds.), La festa de les falles (pp. 91–124). Valencia: Consell Valencià de Cultura.

Català, J. I. (2003a). La festa de les falles de València com a font per l’estudi històric i social de la ciència i de la tècnica: Una proposta de treball. En Societat Catalana d’Història de la Ciència i de la Tècnica (Ed.), Actes de la VII Trobada d’Història de la Ciència i de la Tècnica (pp. 319–327). Barcelona: SCHCT.

Català, J. I. (2003b). La visió popular de la ciència i la tècnica a les falles de València: A la recerca de noves fonts. Revista d’Estudis Fallers, 8, 22–73.

Català, J. I. (2004). Fallas naturales. Historia Natural, 6, 40–41.

Hernández, G. M. & Català, J. I. (2010). Els estudis fallers. El desenvolupament de la investigació social sobre les Falles de València. Revista d’Estudis Fallers, 15, 83–100.

© Mètode 2016 - 89. Los secretos del cerebro - Primavera 2016

Profesor de Historia de la Ciencia. Departamento de Humanidades, Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia.

Estudiante de Biología de la Universitat de València.

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