De lo real a lo imaginario

El uso de los vegetales en el mundo ibérico

vegetales documentados en la cultura ibérica

En el último cuarto del siglo xx, la investigación arqueológica experimentó una renovación tanto de métodos como de planteamientos teóricos. En las excavaciones se recogían los restos materiales pero también se empezaron a recoger sistemáticamente los restos biológicos (fauna y flora). Conocer las relaciones de los grupos humanos con su entorno inmediato pasó a ser un objetivo prioritario, junto a las condiciones ambientales y los cambios climáticos. Este tipo de información lo podían aportar los vegetales por la sensibilidad que presentan al clima y por ser un recurso utilizado por todos los grupos humanos. La arqueobotánica se desarrolló con esos planteamientos y la identificación botánica de polen, carbón, madera, frutos y semillas recuperados en contextos arqueológicos aportaba nuevos datos.

El granado (Punica granatum) es un árbol introducido en la Península Ibérica. En los yacimientos ibéricos encontramos frutos, pero, sobre todo, se documentan imágenes de frutos y árboles pintados sobre cerámicas, como este recipiente con granadas de la necrópolis de Coimbra de Barranco Ancho (Jumilla). / © Museu de Jumilla/E. Collado

En las últimas décadas, con la puesta en marcha de tecnologías de la información, hay una nueva forma de difundir los conocimientos científicos: Internet. Ésta fue la apuesta del equipo que ha realizado el proyecto De lo real a lo imaginario. Aproximación a la flora ibérica durante la Edad del Hierro1 financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia desde el 2004 al 2007 y cuyos resultados están a disposición pública en <http://www.uv.es/floraiberica>. El proyecto, desarrollado por el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universitat de València junto con otros organismos, se ha centrado en la recopilación sistemática de todos los datos sobre vegetales documentados en la cultura ibérica entre los siglos vi al i aC, desde Cataluña hasta Andalucía, penetrando en ciertas zonas de la Meseta y Aragón.

Vegetales, de la planta al símbolo

Desde los tiempos más remotos, los vegetales han estado presentes en la vida humana tanto en lo cotidiano, pragmático y económico como en lo simbólico, religioso o lúdico; han formado parte del imaginario y de la identidad cultural de cada sociedad. Es el caso del olivo en las culturas del Mediterráneo desde la antigüedad clásica hasta la actualidad. Pero ¿cómo podemos encontrar el olivo en los yacimientos arqueológicos? ¿Y las demás plantas de la rica flora ibérica? El uso de las plantas es tan diverso que sus restos se pueden encontrar de muy diferentes formas y maneras en los yacimientos arqueológicos. Por ello ha sido necesario catalogar todos los ítems vegetales hallados en los yacimientos de la cultura ibérica y se han introducido en bases de datos. Hemos diferenciado dos grandes conjuntos documentales: los restos orgánicos (lo real) y las representaciones figurativas de vegetales (lo imaginario).

«El uso de las plantas es tan diverso que sus restos se pueden encontrar de muy diferentes formas y maneras en los yacimientos arqueológicos»

Lo real está constituido por los restos orgánicos, es decir, semillas, frutos, carbones y polen. Son testigos directos de los usos de las plantas en la sociedad ibérica. Con ellos podemos conocer las plantas locales, pero también las que viajan, las que se comen, las que se queman, las que se tejen, las que se tallan, la madera de construcción y un sinfín de cosas más.

Estela de piedra encontrada en Osuna (Sevilla) en la que se puede ver una cierva amamantando a su cría y tras ella una palmera (Phoenix dactylifera) cargada de frutos. Hasta el momento no se conocen restos orgánicos de palmeras en la cultura ibérica, por lo que esta representación se debe a claras influencias externas (Museo Arqueológico de Sevilla). / © E. Collado

Lo imaginario son las representaciones plásticas e iconográficas de elementos vegetales que entran dentro de lo simbólico y cultural. Los iberos tienen una rica cultura material donde se proyecta un mundo de imágenes muy diverso que integra representaciones vegetales. Esta iconografía se nutre de mitos, leyendas e historias difíciles de dilucidar ante la escasez de fuentes escritas, pero que si se sitúan en su contexto arqueológico pueden aportar datos sobre el uso simbólico o ideológico de la naturaleza. Las representaciones de vegetales han aparecido en diversos soportes: cerámica, escultura y arquitectura, numismática y objetos metálicos y otros.

El proyecto, desde su génesis, ha tenido la finalidad de compartir el conocimiento sobre la flora en el mundo ibérico, por eso está accesible en Internet. Esto supone un gran avance en la transferencia de los datos y facilita que se utilicen desde cualquier punto del planeta. La página web es un banco de datos completo de las plantas documentadas entre los siglos vi al i aC en el territorio de la cultura ibérica que seguramente será de interés para los profesionales de la arqueología y de la botánica, pero también para los aficionados de ambos campos del saber o, sencillamente, para las personas que quieran hacer una excursión botanicoarqueológica, que podrán localizar en el mapa que ofrece la página web de los yacimientos que deseen visitar y conocer. El curioso que quiera saber dónde se cultivó el olivo, dónde la vid, si la adormidera era usada o no por los iberos, qué plantas se usaban en los rituales fúnebres, con qué madera hacían las casas o los enseres, qué plantas decoran sus cerámicas, cuáles adornan sus festejos o rituales… podrá acudir a la página web del proyecto.

«El olivo es un árbol emblemático del Mediterráneo. La representación monetal del olivo se vincula normalmente a la diosa Atenea, porque ella lo donó a los atenienses, según la mitología griega»

El olivo ¿real o imaginario?

El olivo (Olea europaea L.) es un árbol emblemático del Mediterráneo. En la Península Ibérica, los restos orgánicos de olivo silvestre o acebuche están presentes en los momentos más benignos del Paleolítico pero sólo en las zonas más cálidas del sur. Hace unos 10.000 años, con la mejoría climática del Holoceno, el acebuche se expandió por las zonas litorales en el este y oeste de la Península. En la cultura ibérica, se han encontrado restos orgánicos de Olea europaea en veintiún yacimientos en forma de madera carbonizada, endocarpos y polen. La madera carbonizada procede de contextos domésticos y fue utilizada como leña para el fuego, como madera de construcción y para realizar objetos que fueron depositados como ofrendas en dos necrópolis (El Cigarralejo, en Mula, y Casa del Monte, en Valdeganga) y en una zona de culto doméstico en el Puntal dels Llops (Olocau). En el Castellet de Bernabé (Llíria) se hizo un arado con madera de Olea. Las semillas proceden de la recolección de acebuche o del cultivo del olivo, pues ambas especies pudieron ser utilizadas en la alimentación. En los yacimientos ibéricos se encuentran ya estructuras para fabricar aceite en cantidades importantes, lo que avala la arboricultura del olivo. Las semillas se encontraron en contexto doméstico, en sendas tumbas de El Cigarralejo y La Vital (Gandía) y en un depósito votivo de El Amarejo (Bonete). Esto indica un uso cotidiano y doméstico pero también ritual y simbólico. Polen de Olea sólo se ha encontrado en dos yacimientos: El Puig de La Nau (Benicarló) y Montón de Tierra (Griegos).

«Los iberos tienen una rica cultura material en la que se proyecta un mundo de imágenes muy diverso que integra representaciones vegetales»

La distribución de los hallazgos orgánicos de Olea europaea coincide con el piso bioclimático termomediterráneo, es decir, la zona más cálida de la Península Ibérica. Fuera de esa franja sólo se encuentra en un objeto en la necrópolis de Casa del Monte que pudo proceder de las áreas litorales y en el poblado de Kelin / Los Villares (Caudete de las Fuentes), que puede significar la introducción de este cultivo hacia zonas del interior a partir del siglo iv aC o el comercio de sus frutos, ya que no se ha encontrado madera de olivo en dicho yacimiento, pero sí estructuras de trasformación en yacimientos cercanos. Pero pese a la importancia económica y paisajística que tuvo el olivo entre los iberos, éstos apenas lo recogen en su imaginario. Algunas partes morfológicas se han identificado en monedas y en pintura sobre cerámica o piedra.

De la necrópolis de Zama (Hellín, Albacete) procede este fragmento de tinaja fechada en el siglo ii aC (Museo de Albacete). En él se puede ver un león junto a una palmera (Phoenix dactylifera) cargada de frutos. Tanto el león como la palmera formaron parte del imaginario de los iberos por influencia externa, pues ni uno ni otra son autóctonos de la Península. / © E. Collado

Durante la antigüedad clásica las ciudades utilizaron poco la figura del olivo como diseño monetal (por ejemplo, Sición, Atenas, Elis, Rhegion, Tarento, Gela, Panfilia). Sólo Atenas, por el gran volumen de monedas que acuñó y por su relevancia política y económica, lo difundió durante los siglos vii aC por todo el Mediterráneo. La representación monetal del olivo se vincula normalmente a la diosa Atenea, porque ella lo donó a los atenienses, según los autores clásicos que narran la mitología griega. El relato se enmarca en la competición que Atenea protagonizó con Poseidón por conseguir el patronazgo de la ciudad, consistente en ver quién de los dos concedía el mejor regalo. Atenea resultó la vencedora convirtiéndose en la divinidad protectora de dicha ciudad, que pasó a denominarse, de forma homónima, Atenas, pues a su donación, que proporcionaba madera, alimento y aceite, Poseidón contrapuso una fuente de agua salada.

En la Península Ibérica, el olivo como diseño monetal sólo se ha identificado en una emisión de monedas de plata de la colonia griega de Emporion (L’Escala) durante el siglo iv aC. Se trata de divisores en los que se reproducen con exactitud los diseños de las hemidracmas de Atenas, de los siglos v y iv aC. En el anverso muestran la cabeza galeada de Atenea y en el reverso una lechuza de frente, rodeada por dos ramas de olivo. El uso de diseños tomados de otras ciudades griegas del Mediterráneo fue una de las características más sobresalientes de las monedas de Emporion. La elección de estos diseños debió de producirse, además de por su significado mítico-religioso, por ser unos motivos bastante conocidos en el Mediterráneo central y oriental, ya que durante siglos fue una de las monedas más prestigiosas de cuantas existieron.

Kalathos de Belikiom / Piquete de la Atalaya (Azuara, Zaragoza) fechado en el siglo ii aC (Museo de Zaragoza). En la escena principal, una jauría de lobos está atacando a una cierva mientras amamanta a su cría. La escena está enmarcada en la parte superior por una vid (Vitis vinifera) en la que se han representado las hojas, los zarcillos y algún racimo de uva. / © M. Fonts

En las culturas nativas de la Península Ibérica, el olivo como diseño monetal no fue utilizado, a no ser que se encuentre representado en alguna de las múltiples coronas que se emplearon como símbolo o enmarcando alguna figura, pero su esquematismo no permite una identificación segura. Todo parece indicar que el olivo o cualquier parte del mismo no formó parte en Iberia del lenguaje visual que se difundió a través de las monedas.

En pintura, el olivo está representado en seis ocasiones, todas en Andalucía sobre piezas del siglo iv aC halladas en contextos funerarios, salvo una. Del olivo se representan casi siempre las hojas y su identificación se ha hecho por similitud con las decoraciones de la cerámica griega, a las que parecen copiar. En la tumba 155 de la necrópolis del Cerro del Santuario (Baza) se depositaron como ajuar cuatro tinajas decoradas con series de hojas ovoideas o lanceoladas. Un motivo similar se encuentra en una imitación de crátera de columnas procedente de Atalayuelas (Fuerte del Rey). En una caja de piedra de Alhonoz (Sevilla), posiblemente utilizada como urna funeraria, se puede ver un carro tirado por caballos sobre un fondo con dos árboles cuyas ramas salen de un tronco principal, con hojas ovoideas o lanceoladas, alternas y sentadas sobre las ramas, que podría tratarse de un olivo. Sobre las ramas hay pájaros posados.

«Los vegetales han estado presentes en la vida humana tanto en lo cotidiano, pragmático y económico como en lo simbólico, religioso o lúdico formando parte del imaginario y de la identidad cultural de cada sociedad»

El olivo no es, pues, un árbol propio de la iconografía indígena, ya que todos los ejemplos copian modelos externos. Las cerámicas y la caja de piedra proceden de contextos funerarios, por lo que pudieron tener un significado simbólico o religioso: ¿la longevidad, la dureza, la resistencia, la propiedad? Pero también, en el caso de las tinajas de la tumba de Baza pudieron indicar el contenido de los recipientes depositados como ofrendas o como alimento para el más allá.

En la cultura ibérica el uso del olivo fue más frecuente en lo material y real (leña, madera, objetos, frutos, aceite) que en lo simbólico (pinturas en cerámica) y en este caso siempre por influencia del mundo griego (monedas de Emporion e imitaciones en cerámica).

Esta breve exposición sobre los usos de Olea europaea en el mundo ibérico sirve para ilustrar el trabajo realizado sobre el imaginario ibérico y es un ejemplo de la información que puede ofrecer la base de datos que el proyecto ha puesto a disposición en su página web a todo aquél que acceda a ella. Una manera de acercarse a los usos y al simbolismo de las plantas en la antigüedad.

NOTES
1. El equipo que ha realizado este proyecto está constituido por: Ernestina Badal García, Eva Collado Mataix, Consuelo Mata Parreño, María Ntinou y Pere Pau Ripollès Alegre (Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universitat de València); Helena Bonet Rosado (Servicio de Investigación Prehistórica, Diputación de València); Francisco Javier Fabado Alós (Jardí Botànic de la Universitat de València); Mercedes Fuentes Albero y David Quixal Santos (Beca V Segles, Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universitat de València); Isabel Izquierdo Peraile (Subdirección General de Museos Estatales, Ministerio de Cultura, Madrid); Andrea Moreno Martín (Beca FPI, Departamento de Preshistoria y Arqueología, Universitat de València); Lucía Soria Combadiera (Departamento de Historia, Área de Prehistoria, Universidad Castilla-La Mancha).
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BIBLIOGRAFÍA
Toda la bibliografía relacionada con el proyecto se puede consultar en:
Mata, C. et al. Flora ibérica, de lo real a lo imaginario, disponible en: <http://www.uv.es/floraiberica>, Universitat de València.

AGRADECIMIENTOS
Proyecto financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia (HUM2004-04939/Hist) y la Conselleria d’Empresa, Universitat i Ciència de la Generalitat Valenciana (ACOMP06/012).
Queremos mostrar nuestro agradecimiento a todos los museos, instituciones y personas que han colaborado facilitando cualquier tipo de información para llevar a cabo dicho proyecto.

© Mètode 2009 - 63. Los miedos a la ciencia - Número 63. Otoño 2009

Departamento de Prehistoria y Arqueolo­gía. Universitat de València.

Departamento de Prehistoria y Arqueolo­gía. Universitat de València.

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